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jueves, 5 de abril de 2018

Segundo Domingo de Pascua: Fiesta de la Divina Misericordia




"La humanidad no conseguirá la paz hasta que no se dirija con confianza a Mi misericordia" (Diario, 300)
La Fiesta de la Divina Misericordia tiene como fin principal hacer llegar a los corazones de cada persona el siguiente mensaje: Dios es Misericordioso y nos ama a todos ... "y cuanto más grande es el pecador, tanto más grande es el derecho que tiene a Mi misericordia" (Diario, 723). En este mensaje, que Nuestro Señor nos ha hecho llegar por medio de Santa Faustina, se nos pide que tengamos plena confianza en la Misericordia de Dios, y que seamos siempre misericordiosos con el prójimo a través de nuestras palabras, acciones y oraciones... "porque la fe sin obras, por fuerte que sea, es inútil" (Diario, 742).
Jesús, en Vos Confío!

lunes, 4 de abril de 2016

Homilía del Papa Francisco en Misa por el Jubileo de la Divina Misericordia



VATICANO, 03 Abr. 16 / 04:15 am (ACI).- La Plaza de San Pedro del Vaticano albergó esta mañana la Santa Misa por el Jubileo de las personas que se adhieren a la espiritualidad de la Divina Misericordia, cuya fiesta se celebra hoy en todo el mundo.

El Pontífice, explicó que Cristo, “que con la resurrección venció el miedo y el temor que nos aprisiona, quiere abrir nuestras puertas cerradas y enviarnos”.

“El camino que el Señor resucitado nos indica es de una sola vía, va en una única dirección: salir de nosotros mismos, para dar testimonio de la fuerza sanadora del amor que nos ha conquistado”, añadió.



A continuación, el texto completo de la homilía:

«Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos» (Jn 20,30). El Evangelio es el libro de la misericordia de Dios, para leer y releer, porque todo lo que Jesús ha dicho y hecho es expresión de la misericordia del Padre. Sin embargo, no todo fue escrito; el Evangelio de la misericordia continúa siendo un libro abierto, donde se siguen escribiendo los signos de los discípulos de Cristo, gestos concretos de amor, que son el mejor testimonio de la misericordia. Todos estamos llamados a ser escritores vivos del Evangelio, portadores de la Buena Noticia a todo hombre y mujer de hoy. Lo podemos hacer realizando las obras de misericordia corporales y espirituales, que son el estilo de vida del cristiano. Por medio de estos gestos sencillos y fuertes, a veces hasta invisibles, podemos visitar a los necesitados, llevándoles la ternura y el consuelo de Dios. Se sigue así aquello que cumplió Jesús en el día de Pascua, cuando derramó en los corazones de los discípulos temerosos la misericordia del Padre, el Espíritu Santo que perdona los pecados y da la alegría.

Sin embargo, en el relato que hemos escuchado surge un contraste evidente: por un lado, está el miedo de los discípulos que cierran las puertas de la casa; por otro lado, el mandato misionero de parte de Jesús, que los envía al mundo a llevar el anuncio del perdón. Este contraste puede manifestarse también en nosotros, una lucha interior entre el corazón cerrado y la llamada del amor a abrir las puertas cerradas y a salir de nosotros mismos. Cristo, que por amor entró a través de las puertas cerradas del pecado, de la muerte y del infierno, desea entrar también en cada uno para abrir de par en par las puertas cerradas del corazón. Él, que con la resurrección venció el miedo y el temor que nos aprisiona, quiere abrir nuestras puertas cerradas y enviarnos. El camino que el Señor resucitado nos indica es de una sola vía, va en una única dirección: salir de nosotros mismos, para dar testimonio de la fuerza sanadora del amor que nos ha conquistado. Vemos ante nosotros una humanidad continuamente herida y temerosa, que tiene las cicatrices del dolor y de la incertidumbre. Ante el sufrido grito de misericordia y de paz, escuchamos hoy la invitación esperanzadora que Jesús dirige a cada uno: «Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo» (v. 21).

Toda enfermedad puede encontrar en la misericordia de Dios una ayuda eficaz. De hecho, su misericordia no se queda lejos: desea salir al encuentro de todas las pobrezas y liberar de tantas formas de esclavitud que afligen a nuestro mundo. Quiere llegar a las heridas de cada uno, para curarlas. Ser apóstoles de misericordia significa tocar y acariciar sus llagas, presentes también hoy en el cuerpo y en el alma de muchos hermanos y hermanas suyos. Al curar estas heridas, confesamos a Jesús, lo hacemos presente y vivo; permitimos a otros que toquen su misericordia y que lo reconozcan como «Señor y Dios» (cf. v. 28), como hizo el apóstol Tomás. Esta es la misión que se nos confía. Muchas personas piden ser escuchadas y comprendidas. El Evangelio de la misericordia, para anunciarlo y escribirlo en la vida, busca personas con el corazón paciente y abierto, “buenos samaritanos” que conocen la compasión y el silencio ante el misterio del hermano y de la hermana; pide siervos generosos y alegres que aman gratuitamente sin pretender nada a cambio.

«Paz a vosotros” (v. 21): es el saludo que Cristo trae a sus discípulos; es la misma paz, que esperan los hombres de nuestro tiempo. No es una paz negociada, no es la suspensión de algo malo: es su paz, la paz que procede del corazón del Resucitado, la paz que venció el pecado, la muerte y el miedo. Es la paz que no divide, sino que une; es la paz que no nos deja solos, sino que nos hace sentir acogidos y amados; es la paz que permanece en el dolor y hace florecer la esperanza. Esta paz, como en el día de Pascua, nace y renace siempre desde el perdón de Dios, que disipa la inquietud del corazón. Ser portadores de su paz: esta es la misión confiada a la Iglesia en el día de Pascua. Hemos nacido en Cristo como instrumentos de reconciliación, para llevar a todos el perdón del Padre, para revelar su rostro de amor único en los signos de la misericordia.

En el Salmo responsorial se ha proclamado: «Su amor es para siempre» (117/118,2). Es verdad, la misericordia de Dios es eterna; no termina, no se agota, no se rinde ante la adversidad y no se cansa jamás. En este “para siempre” encontramos consuelo en los momentos de prueba y de debilidad, porque estamos seguros que Dios no nos abandona. Él permanece con nosotros para siempre. Le agradecemos su amor tan inmenso, que no podemos comprender. Pidamos la gracia de no cansarnos nunca de acudir a la misericordia del Padre y de llevarla al mundo; pidamos ser nosotros mismos misericordiosos, para difundir en todas partes la fuerza del Evangelio.

domingo, 3 de abril de 2016

Devoción a la Divina Misericordia



"Prometo que el alma que venere esta imagen no perecerá" (Diario 48) 

Movido de su constante e incansable misericordia, el Señor vuelve a inivitar a la humanidad, a cada uno de nosotros, a confiar en su Amor y a arrepentirse de sus pecados. Y por ello, a través de su Iglesia, ofrece a los hombres canales de gracia para restituir en el hombre Su vida divina.

"Hija mía, di que soy el Amor y la Misericordia en persona", pidió Jesús a santa Faustina, a esta sencilla monja polaca, sin estudios, pero valerosa y abandonada totalmente en Dios. El Señor Jesús le confió una gran misión: el mensaje de la misericordia dirigido a todo el mundo. "Te envío, dijo, a toda la humanidad con mi Misericordia. No quiero castigar a la humanidad doliente, sino que deseo sanarla, abrazarla a mi Corazón Misericordioso" (Diario 1588). "Tú eres la secretaria de mi Misericordia; te he escogido para este cargo, en ésta y en la vida futura (Diario 1605), para que des a conocer a las almas la gran misericordia que tengo con ellas, y que las invites a confiar en el abismo de mi Misericordia" (Diario 1567) 

Condiciones fundamentales de la devoción

La Confianza

La confianza es la esencia de la devoción a la Divina Misericordia ya que es necesaria para obtener las gracias y recibir el amor de Dios. Nuestro Señor nos invita a confiar en Él como los niños en sus padres. "Que los más grandes pecadores pongan su confianza en mi Misericordia. Ellos más que nadie tienen derecho a confiar en el abismo de mi Misericordia. Hija mía, escribe sobre mi Misericordia para las almas afligidas. Me deleitan las almas que recurren a mi Misericordia. A estas almas les concedo gracias por encima de lo que piden. No puedo castigar aún al pecador más grande si él suplica mi Compasión, sino que lo justifico en mi insondable e impenetrable Misericordia. Escribe: antes de venir como Juez justo abro de par en par la puerta de mi Misericordia. Quien no quiere pasar por la puerta de mi Misericordia, tendrá que pasar por la puerta de mi Justicia..." (Diario 1146).


Misericordia hacia el prójimo

El amor activo al prójimo es, como el mismo Jesús dice, lo que glorifica a la Divina Misericordia. Es por elo que la práctica de las obras de misericordia es esencial en esta devoción y condición para recibir las gracias, al igual que la confianza. Practicar la misericordia no es un consejo sino un deber para cada creyente y en particular para los que desean ser devotos y apóstoles de la Divina Misericordia. Jesús dijo a Santa Faustina: "Exijo de ti obras de misericordia que deben surgir del amor hacia Mí. Debes mostrar misericordia al prójimo siempre y en todas partes. No puedes dejar de hacerlo, ni excusarte ni justificarte. Te doy tres formas de ejercer misericordia con el prójimo: la primera, la acción, la segunda, la palabra; la tercera, la oración. En estas tres formas está contenida la plenitud de la misericordia y es el testimonio irrefutable del amor haci Mí" (Diario 742) 

Veneración de la imagen de la Divina Misericordia



Jesús es el Amor y la Misericordia misma, y por ello hizo pintar su imagen. En ella resume todo el amor que Dios tiene por el hombre: amor que lo hizo hacerse hombre, morir y resucitar por nosotros, y hasta quedarse en la Eucaristía y darnos su perdón continuamente por la Confesión (rayos rojo y pálido de la imagen, que son la Sangre y Agua). 
Jesús dijo a santa Faustina: "pinta una imagen según el modelo que ves, y firma: Jesús, en Vos Confío". Deseo que esta imagen sea venerada primero en tu capilla y luego en el mundo entero. Prometo que el alma que venera esta imagen no perecerá. Tambuén prometo, ya quí en la tierra, la victoria sobre los enemigos y, sobre todo, a la hora de la muerte. Yo Mismo la defenderá como Mi gloria" (Diario 47, 48).
"A través de esta imagen concederé muchas gracias a las almas; ella ha de recordar a los hombre las exigencias de mi Misericordia, proque la fe sin obras, por fuerte que sea, es inútil" (Diario 742).

Misericordia con el prójimo





El amor activo al prójimo es, como el mismo Jesús dice, lo que glorifica a la Divina Misericordia. Es por elo que la práctica de las obras de misericordia es esencial en esta devoción y condición para recibir las gracias, al igual que la confianza. Practicar la misericordia no es un consejo sino un deber para cada creyente y en particular para los que desean ser devotos y apóstoles de la Divina Misericordia. Jesús dijo a Santa Faustina: "Exijo de ti obras de misericordia que deben surgir del amor hacia Mí. Debes mostrar misericordia al prójimo siempre y en todas partes. No puedes dejar de hacerlo, ni excusarte ni justificarte. Te doy tres formas de ejercer misericordia con el prójimo: la primera, la acción, la segunda, la palabra; la tercera, la oración. En estas tres formas está contenida la plenitud de la misericordia y es el testimonio irrefutable del amor haci Mí" (Diario 742) 

La Hora de la Misericordia



Las 15:00 hs (3 pm) es la hora designada como el final de la Crucifixión, el momento de la muerte de Nuestro Señor, el momento más trascendental desde la Creación. Y en la revelación que Jesucristo hizo a Sor Faustina Kowalska, es la hora de su misericordia para el mundo entero, “en esta hora, no le rehusaré nada al alma que me lo pida por los méritos de Mi Pasión”. 

En 1931, la Hermana Faustina Kowalska (1905-1938) de las Hermanas de Nuestra Señora de la Misericordia comenzó a recibir revelaciones divinas de Nuestro Señor Jesucristo. En estas revelaciones, Jesús le pidió a Sor Faustina registrar estas experiencias que ella recopiló en seis cuadernos, ahora ampliamente conocido como la Divina Misericordia en Mi Alma. 

Dentro del mensaje central de Cristo a Santa Faustina está su extraordinaria invitación a cada uno de nosotros a diario para sumergimos en su pasión a la hora de las 3 pm, 3 de la tarde o 15 hs, y al mismo tiempo implorar su misericordia para nosotros y para el mundo entero.

Estas son las palabras exactas de Cristo a Santa Faustina que conste su llamada específica:
“A las tres en punto, implora Mi misericordia, especialmente para los pecadores y, aunque sólo sea por un breve momento, sumérgete en Mi Pasión, especialmente en Mi abandono en el momento de la agonía. Esta es la hora de la gran misericordia… En esta hora nada le será negado al alma que lo pida por mí en virtud de Mi Pasión” (Diario, 1320)

“Cada vez que oigas el reloj dando las tres, sumérgete totalmente en Mi misericordia, adorándola y glorificándola; suplica su omnipotencia para el mundo entero, y especialmente para los pobres pecadores, ya que en ese momento se abre por cada alma. En esta hora puedes obtener todo por ti misma y por los demás con sólo pedirlo, es la hora de gracia para todo el mundo – la misericordia triunfó sobre la justicia” (Diario, 1572)
“Hija mía, haz todo lo posible para hacer las Estaciones de la Cruz en esta hora, siempre que tus obligaciones lo permitan, y si no eres capaz de hacer las Estaciones de la Cruz, entonces por lo menos pasa a la capilla por un momento y adora en el Santísimo Sacramento a Mi Corazón que está lleno de misericordia, y en caso de que no puedas entrar en la capilla, sumérgete en oración allí donde te encuentres, aunque sea por un brevísimo instante” (Diario, 1572)
En esta hora el gran alcance de la misericordia y el amor se abre por completo al corazón a cada alma, invitándonos a recordar y encontrar su pasión – muy particularmente su “abandono en el momento de la agonía”.

Su pasión es la mayor muestra de amor hacia nosotros, pecadores, y nos hace crecer en la verdadera confianza. Jesús mismo le dijo a Santa Faustina: "Si mi muerte no los ha convencido de mi amor, ¿qué es lo que los convencerá?" Y "si no creen en mis palabras, crean al menos en mis llagas". Su Pasión nos enseña mucho más que millones de libros. 

NO HAY PECADO DE ESCAPE A SU MISERICORDIA

Santa Faustina también registró las palabras de Cristo, haciendo hincapié en que nadie tiene por qué tener miedo de acercarse a su misericordia, no importa qué tan extenso o grave sean sus pecados:
“Que ningún alma tema acercarse a mí, aunque sus pecados sean como escarlata” (Diario, 699) y
“Mi misericordia es más grande que vuestros pecados y los del mundo entero” (Diario, 1485).
Aquí Cristo invita a los más grandes pecadores (en unión con el sacramento de la confesión) a ser abrazados por su amor misericordioso de una manera especial para encontrar la redención, descanso y renovación en él.
Al igual que un buen médico que desee ahorrar sufrimientos a sus pacientes, hay que traer también la culpa, la tristeza, las dificultades, las adicciones, las enfermedades físicas y unirlas con sus heridas, para que Cristo las sane como dijo a Sor Faustina:
“Ningún alma que ha invocado Mi misericordia ha quedado decepcionada ni ha sentido confusión“ (Diario, 1541)



LA RUTINA DE LA ORACIÓN

Una vez que comiences la práctica de la poderosa llamada de Cristo para la oración a las 3 de la tarde todos los días, encontrarás que el tiempo se convertirá en una segunda naturaleza para ti.

Como todo lo que desea hacer con regularidad, tomará algún tiempo para desarrollarse. Puede que te resulte útil configurar tu reloj de pulsera o poner un recordatorio en su calendario todos los días, hasta que se convierta en un hábito.
Oraciones cortas relacionadas con la Coronilla de la Divina Misericordia, tales como:
Oh sangre y agua que brotaste del Corazón de Jesús como una fuente de misericordia para nosotros, en ti confío , o,
.
por su dolorosa pasión, ten misericordia de nosotros y del mundo entero,

nos permitirán hacer una pausa mental y encontrar a Cristo al pie de su cruz para implorar su misericordia, si fueras incapaz de rezar las estaciones o de visitar una capilla.

EL PERDÓN DE LOS PECADOS

En el año 2000, el Papa Juan Pablo II canonizó a Sor Faustina, llamándola “la gran apóstol de la Divina Misericordia en nuestro tiempo”, lo que establece el Domingo de la Divina Misericordia como un día de fiesta oficial católico que ocurre el domingo después de Pascua.
En este Día de Fiesta de Nuestro Señor las almas que van a la confesión y reciban la Santa Comunión obtendrán el perdón total de las culpas y de las penas. 

Las palabras exactas de Cristo con respecto a la Fiesta se registran en el diario de Santa Faustina:
“El alma que se confiese y reciba la Santa Comunión obtendrá el perdón total de las culpas y de las penas. Ese día todas las compuertas divinas a través de las cuales fluyen las gracias se abren. Que ningún alma tema acercarse a Mí, aunque sus pecados sean como escarlata…. La humanidad no encontrará paz hasta que se vuelva a la Fuente de Mi Misericordia“(Diario, 699).


Letanías a la Divina Misericordia



V. Señor, ten misericordia de nosotros
R. Señor, ten misericordia de nosotros
V. Cristo, ten misericordia de nosotros
R. Cristo, ten misericordia de nosotros
V. Señor, ten misericordia de nosotros
R. Señor, ten misericordia de nosotros
V. Cristo, óyenos
R. Cristo, óyenos
V. Cristo, escúchanos
R. Cristo, escúchanos
V. Dios, Padre celestial
R. Ten misericordia de nosotros
V. Dios Hijo Redentor del mundo
R. Ten misericordia de nosotros
V. Dios Espíritu Santo
R. Ten misericordia de nosotros
V. Trinidad Santa, un solo Dios
R. Ten misericordia de nosotros
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Después de cada invocación se dice: "En ti confío"
1. Misericordia Divina, que brota del seno del Padre.
2. Misericordia Divina, supremo atributo de Dios.
3. Misericordia Divina, misterio incomprensible.
4. Misericordia Divina, fuente que brota del misterio de la Santísima Trinidad.
5. Misericordia Divina, insondable para todo entendimiento humano o angélico.
6. Misericordia Divina, de donde brotan toda vida y felicidad.
7. Misericordia Divina, más sublime que los cielos.
8. Misericordia Divina, fuente de milagros y maravillas.
9. Misericordia Divina, que abarca todo el universo.
10. Misericordia Divina, que baja al mundo en la Persona del Verbo Encarnado.
11. Misericordia Divina, que manó de la herida abierta del Corazón de Jesús.
12. Misericordia Divina, encerrada en el Corazón de Jesús para los pecadores.
13. Misericordia Divina, impenetrable en la institución de la Sagrada Hostia.
14. Misericordia Divina, en la institución de la Santa Iglesia.
15. Misericordia Divina, en el sacramento del Santo Bautismo.
16. Misericordia Divina, en nuestra justificación por Jesucristo.
17. Misericordia Divina, que nos acompaña durante toda la vida.
18. Misericordia Divina, que nos abraza especialmente a la hora de la muerte.
19. Misericordia Divina, que nos otorga la vida inmortal.
20. Misericordia Divina, que nos acompaña en cada momento de nuestra vida.
21. Misericordia Divina, que nos protege del fuego infernal.
22. Misericordia Divina, en la conversión de los pecadores empedernidos.
23. Misericordia Divina, asombro para los ángeles, incomprensible para los Santos.
24. Misericordia Divina, insondable en todos los misterios de Dios.
25. Misericordia Divina, que nos rescata de toda miseria.
26. Misericordia Divina, fuente de nuestra felicidad y deleite.
27. Misericordia Divina, que de la nada nos llamó a la existencia.
28. Misericordia Divina, que abarca todas las obras de sus manos.
29. Misericordia Divina, corona de todas las obras de Dios.
30. Misericordia Divina, en la que estamos todos sumergidos.
31. Misericordia Divina, dulce consuelo para los corazones angustiados.
32. Misericordia Divina, única esperanza de las almas desesperadas.
33. Misericordia Divina, remanso de corazones, paz ante el temor.
34. Misericordia Divina, gozo y éxtasis de las almas santas.
35. Misericordia Divina, que infunde esperanza, perdida ya toda esperanza".
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Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo. 
Perdónanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo. 
Escúchanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo.
Ten misericordia nosotros.
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V. Las Misericordias de Dios son más grandes que todas sus obras.
R. Por eso cantaré las Misericordias de Dios para siempre.
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ORACIÓN
"Oh Dios Eterno, en quien la misericordia es infinita y el tesoro de compasión inagotable, vuelve a nosotros Tu mirada bondadosa y aumenta Tu misericordia en nosotros, para que en momentos difíciles no nos desesperemos ni nos desalentemos, sino que, con gran confianza, nos sometamos a Tu santa voluntad, que es el Amor y la Misericordia Mismos. Amén"

Oración a Jesús Misericordioso




Ayúdame, oh Señor, a ser misericordioso.


Ayúdame, oh Señor, a que mis ojos sean misericordiosos, para que yo jamás recele o juzgue según las apariencias, sino que busque lo bello en el alma de mi prójimo y acuda a ayudarle.

Ayúdame, oh Señor, a que mis oídos sean misericordiosos, para que tome en cuenta las necesidades de mi prójimo y no sea indiferente a sus penas y gemidos.

Ayúdame, oh Señor, a que mi lengua sea misericordiosa, para que jamás hable negativamente de mi prójimo, sino que tenga una palabra de consuelo y de perdón para todos.

Ayúdame, oh Señor, a que mis manos sean misericordiosas y llenas de buenas obras, para que sepa hacer sólo el bien a mi prójimo y cargar sobre mí las tareas más difíciles y penosas
.
Ayúdame, oh Señor, a que mis pies sean misericordiosos, para que siempre me apresure a socorrer a mi prójimo, dominando mi propia fatiga y mi cansancio. Mi reposo verdadero está en el servicio a mi prójimo.

Ayúdame, oh Señor, a que mi corazón sea misericordioso, para que yo sienta todos los sufrimientos de mi prójimo. A nadie le rehusaré mi corazón. Seré sincero incluso con aquellos de los cuales sé que abusarán de mi bondad. Y yo mismo me encerraré en el Misericordioso Corazón de Jesús. Soportaré mis propios sufrimientos en silencio. Que tu misericordia, oh Señor, repose dentro de mí.

Letanías a Jesús



A cada letanía respondemos: "Ten misericordia de nosotros" 

- Jesús, Resucitado,
- Jesús, amable, 
- Jesús, admirable,
- Jesús, Dios fuerte,
- Jesús, mensajero del plan divino, 
- Jesús, todopoderoso, 
- Jesús, pacintísimo, 
- Jesús, obedientísimo, 
- Jesús, manso y humilde de corazón, 
- Jesús, amante de la castidad, 
- Jesús, amador nuestro, 
- Jesús, Dios de paz, 
- Jesús, autor de la vida, 
- Jesús, modelo de virtudes, 
- Jesús, celoso de la salvación de las almas,
- Jesús, nuestro Dios,
- Jesús, nuestro refugio,
- Jesús, padre de los pobres,
- Jesús, tesoro de los fieles,
- Jesús, pastor bueno
- Jesús, verdadera luz, 
- Jesús, sabiduría eterna, 
- Jesús, bondad infinita, 
- Jesús, camino y vida nuestra, 
- Jesús, alegría de los ángeles,
- Jesús, rey de los patriarcas, 
- Jesús, maestro de los apóstoles, 
- Jesús, doctor de los evangelistas, 
- Jesús, fortaleza de los mártires, 
- Jesús, luz de los confesores, 
- Jesús, pureza de las vírgenes, 
- Jesús, corona de todos los santos

Líbranos, Señor

- De todo mal,
- De todos pecado,
- De tu ira,
- De las asechanzas del demonio,
- Del espíritu impuro,
- De la muerte eterna, 
- Del menosprecio de tus inspiraciones,
- Por el misterio de tu santa encarnaci´n, 
-Por tu natividad, 
- Por tu infancia, 
- Por tu divinísima vida, 
- Por tus trabajos, 
- Por tu agonía y Pasión, 
- Por tu cruz y desamparo, 
- Por tus sufrimientos, 
- Por tu muerte y sepultura, 
- Por tu resurrección,
- Por tu ascensión, 
- Por tu institución de la santísima Eucaristía, 
- Por tus gozo,
- Por tu gloria.

- Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, 
Perdónanos, Jesús.

- Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, 
Escúchanos, Jesús.

- Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, 
ten misericordia de nosotros, Jesús.

- Jesús, óyenos.
- Jesús, escúchanos 
(Se repite)

Oración: Te pedimos Señor, que quienes veneramos el Santísmo Nombre de Jesús disfrutemos en esta vida de la dulzura de su gracia y de su gozo eterno en el Cielo. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.  


Extraídas del libro "Rosario de Resurrección" del padre Gustavo Jamut

¿Cómo ser un verdadero apóstol de misericordia? Papa Francisco lo explica en su Jubileo



VATICANO, 03 Abr. 16 / 04:28 am (ACI).- “Ser apóstoles de misericordia significa tocar y acariciar las llagas de Jesús, presentes también hoy en el cuerpo y en el alma de muchos hermanos y hermanas suyos”, dijo el Papa Francisco en la homilía que pronunció esta mañana.

Miles de personas se reunieron hoy en la Plaza de San Pedro para participar en la Misa del Jubileo de las personas que se adhieren a la espiritualidad de la Divina Misericordia, que presidió el Papa Francisco.

“Toda enfermedad puede encontrar en la misericordia de Dios una ayuda eficaz”, dijo para agregar a continuación: “De hecho, su misericordia no se queda lejos: desea salir al encuentro de todas las pobrezas y liberar de tantas formas de esclavitud que afligen a nuestro mundo”.

El Papa indicó que “todos estamos llamados a ser escritores vivos del Evangelio, portadores de la Buena Noticia a todo hombre y mujer de hoy”.



“El camino que el Señor resucitado nos indica es de una sola vía, va en una única dirección: salir de nosotros mismos, para dar testimonio de la fuerza sanadora del amor que nos ha conquistado”.

Por eso Dios “quiere llegar a las heridas de cada uno, para curarlas”. “Al curar estas heridas, confesamos a Jesús, lo hacemos presente y vivo; permitimos a otros que toquen su misericordia y que lo reconozcan como ‘Señor y Dios’ (cf. v. 28), como hizo el apóstol Tomás”.

“El Evangelio de la misericordia continúa siendo un libro abierto, donde se siguen escribiendo los signos de los discípulos de Cristo, gestos concretos de amor, que son el mejor testimonio de la misericordia”.

Francisco explicó que una manera de anunciar esta Buena Noticia es realizar “las obras de misericordia corporales y espirituales, que son el estilo de vida del cristiano” porque “por medio de estos gestos sencillos y fuertes, a veces hasta invisibles, podemos visitar a los necesitados, llevándoles la ternura y el consuelo de Dios”.

“Se sigue así aquello que cumplió Jesús en el día de Pascua, cuando derramó en los corazones de los discípulos temerosos la misericordia del Padre, el Espíritu Santo que perdona los pecados y da la alegría”.

El Papa destacó la necesidad de “salir de nosotros mismos” porque “Cristo, que por amor entró a través de las puertas cerradas del pecado, de la muerte y del infierno, desea entrar también en cada uno para abrir de par en par las puertas cerradas del corazón”.

El Santo Padre también manifestó que “el Evangelio de la misericordia, para anunciarlo y escribirlo en la vida, busca personas con el corazón paciente y abierto, ‘buenos samaritanos’ que conocen la compasión y el silencio ante el misterio del hermano y de la hermana; pide siervos generosos y alegres que aman gratuitamente sin pretender nada a cambio”.

“Hemos nacido en Cristo como instrumentos de reconciliación, para llevar a todos el perdón del Padre, para revelar su rostro de amor único en los signos de la misericordia”.

Divina Misericordia: Esta es la verdadera historia de la imagen




REDACCIÓN CENTRAL, 03 Abr. 16 / 02:02 am (ACI).- Esta imagen le fue revelada a Santa Faustina en 1931 y Jesús mismo le pidió que se pintara. Luego el Señor le explicaría su significado y lo que los fieles alcanzarán con ella. No obstante Santa Faustina lloró al ver que la imagen, en su opinión, “no reflejaba” toda la belleza de Jesús, pero Él la animó.

Tres imágenes significativas se pintaron cuando se empezó a propagar la devoción a la Divina Misericordia. La primera es la que se hizo según indicaciones de Santa Faustina y por la mano de Eugenio Kazimirowski, culminada en 1934.



El segundo cuadro fue hecho por encargo de la Congregación de la Hermanas de la Madre de Dios de la Misericordia en 1942 y por el artista Estanislao Batowski, pero, durante la insurrección de Varsovia, la capilla y la imagen fueron consumidas por el fuego. Luego se le encomendó al artista pintar otra para la Capilla de la Divina Misericordia en Cracovia.

Por ese entonces el pintor Adolfo Hyla llegó a la casa cracoviana de la Congregación con la propuesta de pintar un cuadro como voto por haberse salvado en la guerra. Le dieron una estampa de la Divina Misericordia y las descripciones de Santa Faustina. El pintor terminó el cuadro en 1943 y fue bendecida en la capilla por el P. Andrasz, confesor de Faustina.



Más adelante llegó la imagen de Batowski, pero sólo el cuadro de Hyla se quedó en la capilla por recomendación del Cardenal Adan Sapieha, quien lo eligió porque había sido pintado como voto.

Como el cuadro de Hyla no entraba en el altar a la Misericordia, en la capilla, el pintor hizo una imagen más pequeña, que fue bendecida el Segundo Domingo de Pascua de 1944 también por el P. Andrasz. En 1954 el artista repintó el lienzo, eliminando la pradera y el matorral que había puesto, y colocó el fondo oscuro con el suelo bajo los pies de Jesús.

Esta imagen de Hyla se hizo famosa por las gracias que recibían los fieles y es la más difundida en el mundo. De esta manera se cumplió el pedido de Jesús a Santa Faustina: “Deseo que esta imagen sea venerada primero en su capilla y en el mundo entero”.

La revelación

Cuenta Santa Faustina en su diario: “Al anochecer, estando en mi celda, vi al Señor Jesús vestido con una túnica blanca. Tenía una mano levantada para bendecir y con la otra tocaba la túnica sobre el pecho. De la abertura de la túnica en el pecho, salían dos grandes rayos: uno rojo y otro pálido”.

“Después de un momento, Jesús me dijo: Pinta una imagen según el modelo que ves, y firma: ‘Jesús, en ti confío’. Deseo que esta imagen sea venerada primero en su capilla y [luego] en el mundo entero”.

Jesús le señaló: “Prometo que el alma que venera esta imagen no perecerá. También prometo, ya aquí en la tierra, la victoria sobre los enemigos y, sobre todo, a la hora de la muerte. Yo mismo la defenderé como mi gloria”.

Otro día, estando Santa Faustina en oración, Cristo le dijo: “Los dos rayos significan la Sangre y el Agua. El rayo pálido simboliza el Agua que justifica a las almas. El rayo rojo simboliza la Sangre que es la vida de las almas”.

“Ambos rayos brotaron de las entrañas más profundas de mi misericordia cuando mi Corazón agonizante fue abierto en la cruz por la lanza. Estos rayos protegen a las almas de la indignación de mi Padre. Bienaventurado quien viva a la sombra de ellos, porque no le alcanzará la justa mano de Dios”.

Santa Faustina contaba todo esto a su confesor, el actual Beato P. Miguel Sopocko, quien designó al pintor Eugenio Kazimirowski para que realizara la imagen según las indicaciones de la santa.

“Una vez, cuando estaba en [el taller] de aquel pintor que pintaba esa imagen, vi que no era tan bella como es Jesús. Me afligí mucho por eso, sin embargo lo oculté profundamente en mi corazón”, escribió Santa Faustina en su diario.

“Fui a la capilla y lloré muchísimo. ¿Quién te pintará tan bello como Tú eres? Como respuesta oí estas palabras: ‘No en la belleza del color, ni en la del pincel, está la grandeza de esta imagen, sino en Mi gracia’”.

CARTA ENCÍCLICA «DIVES IN MISERICORDIA» DE JUAN PABLO II SOBRE LA MISERICORDIA DIVINA, 1980



La Iglesia debe profesar y proclamar la misericordia divina en toda su verdad, cual nos ha sido transmitida por la revelación. [...]
En la vida cotidiana de la Iglesia la verdad acerca de la misericordia de Dios, expresada en la Biblia, resuena cual eco perenne a través de numerosas lecturas de la Sagrada Liturgia. La percibe el auténtico sentido de la fe del Pueblo de Dios, como atestiguan varias expresiones de la piedad personal y comunitaria. Sería ciertamente difícil enumerarlas y resumirlas todas, ya que la mayor parte de ellas están vivamente inscritas en lo íntimo de los corazones y de las conciencias humanas. Si algunos teólogos afirman que la misericordia es el más grande entre los atributos y las perfecciones de Dios, la Biblia, la Tradición y toda la vida de fe del Pueblo de Dios dan testimonios exhaustivos de ello. No se trata aquí de la perfección de la inescrutable esencia de Dios dentro del misterio de la misma divinidad, sino de la perfección y del atributo con que el hombre, en la verdad intima de su existencia, se encuentra particularmente cerca y no raras veces con el Dios vivo. Conforme a las palabras dirigidas por Cristo a Felipe, « la visión del Padre »—visión de Dios mediante la fe—halla precisamente en el encuentro con su misericordia un momento singular de sencillez interior y de verdad, semejante a la que encontramos en la parábola del hijo pródigo.
« Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre ». La Iglesia profesa la misericordia de Dios, la Iglesia vive de ella en su amplia experiencia de fe y también en sus enseñanzas, contemplando constantemente a Cristo, concentrándose en EL, en su vida y en su evangelio, en su cruz y en su resurrección, en su misterio entero. Todo esto que forma la « visión » de Cristo en la fe viva y en la enseñanza de la Iglesia nos acerca a la « visión del Padre » en la santidad de su misericordia.

Hermana Glenda: Explicación de la Divina Misericordia


Himno a la Divina Misericordia


San Juan Pablo II: El gran devoto de la Divina Misericordia



REDACCIÓN CENTRAL, 02 Abr. 16 / 04:40 pm (ACI).- “‘Jesús, en ti confío’. Esta jaculatoria que rezan numerosos devotos, expresa muy bien la actitud con la que también nosotros queremos abandonarnos con confianza en tus manos, oh Señor”, dijo San Juan Pablo II en la Fiesta de la Misericordia en el año 2001. Conozca todo lo que hizo el Papa peregrino para propagar esta devoción.

“He amado a Polonia de modo especial y si obedece mi voluntad, la enalteceré en poder y en santidad. De ella saldrá una chispa que preparará el mundo para mi última venida”, escuchó Santa Faustina, cierto día, en profunda oración.

Tiempo después de la muerte de Santa María Faustina Kowalska, se empezó a recopilar todos los datos y testimonios sobre la vida y obra de la religiosa.

En 1967, el entonces Cardenal Karol Wojtyla presidió la sesión solemne que puso punto final al proceso informativo diocesano. Las actas del proceso fueron enviadas a Roma para que se abra el proceso de beatificación de la vidente del Señor de la Divina Misericordia.



Más adelante el Papa Juan Pablo II beatificó (1993) y canonizó (2000) a Santa Faustina, justamente en el segundo domingo de Pascua de ambos años.

“Y tú, Faustina, don de Dios a nuestro tiempo, don de la tierra de Polonia a toda la Iglesia, concédenos percibir la profundidad de la misericordia divina, ayúdanos a experimentarla en nuestra vida y a testimoniarla a nuestros hermanos”, dijo el Papa en la canonización de su compatriota polaca.

Años antes, en 1980, San Juan Pablo II, ya había publicado su carta encíclica titulada “Dives in Misericordia”, sobre la misericordia divina, en la que anima a los fieles a regresar la mirada al misterio del amor misericordioso de Dios.

"Es conveniente ahora que volvamos la mirada a este misterio: lo están sugiriendo múltiples experiencias de la Iglesia y del hombre contemporáneo; lo exigen también las invocaciones de tantos corazones humanos, con sus sufrimientos y esperanzas, sus angustias y expectación", escribió.

El 30 de abril de 2000, el Papa proclamó el segundo domingo de Pascua como el “Domingo de la Misericordia Divina” para todo el mundo.

En el 2002, el Pontífice estableció que el “Domingo de la Misericordia Divina” se enriquezca con indulgencias, con las que se pueden beneficiar también los enfermos, navegantes de altamar o aquellos que por causa justa no puedan abandonar su casa o desempeñen una actividad impostergable.

Ese mismo año, el Santo Padre viajó a Cracovia (Polonia) y en el Santuario de la Misericordia Divina consagró el mundo a Jesús de la Divina Misericordia.

“Dios, Padre misericordioso, que has revelado tu amor en tu Hijo Jesucristo y lo has derramado sobre nosotros en el Espíritu Santo, Consolador, te encomendamos hoy el destino del mundo y de todo hombre”, fueron algunas de las palabras de su oración.

San Juan Pablo II murió el 2 de abril de 2005, la noche previa al Domingo de la Divina Misericordia de aquel año, Fiesta de la Misericordia que él instituyó siguiendo el pedido de Jesucristo a Santa Faustina.

El Papa Benedicto XVI beatificó a Juan Pablo II el 1 de mayo de 2011, en el segundo domingo de Pascua, y el Papa Francisco lo canonizó el 27 de abril de 2014, también Fiesta de la Misericordia.


viernes, 1 de abril de 2016

7 cosas que debes saber sobre el Domingo de la Divina Misericordia



REDACCIÓN CENTRAL, 01 Abr. 16 / 06:05 pm (ACI).- La Iglesia está cerca de la celebración del segundo Domingo de Pascua o Domingo de la Divina de la Misericordia. ¿Qué es y por qué es tan importante este día para los católicos? Estas son 7 cosas que debes saber al respecto:

1. ¿Qué es el Domingo de la Misericordia?

Esta celebración se lleva a cabo en el segundo Domingo de Pascua. Se basa en las revelaciones privadas de Santa Faustina Kowalska, religiosa polaca que recibió mensajes de Jesús sobre su Divina Misericordia en el pueblo de Plock, Polonia.

[Puede leer: 5 de octubre: Santa Faustina Kowalska, servidora del Señor de la Divina Misericordia]

2. ¿Cuándo empezó a formar parte del calendario de la Iglesia?

En el año 2000 el Papa Juan Pablo II canonizó a Santa Faustina y durante la ceremonia declaró: “así pues, es importante que acojamos íntegramente el mensaje que nos transmite la palabra de Dios en este segundo domingo de Pascua, que a partir de ahora en toda la Iglesia se designará con el nombre de ‘Domingo de la Divina Misericordia’”. [Homilía, 30 de Abril, 2000]



3. Si esto se basa en una revelación privada, ¿por qué se encuentra en el calendario de la Iglesia?

En su comentario teológico sobre el mensaje de Fátima, el entonces Cardenal Joseph Ratzinger, ahora Papa Emérito Benedicto XVI, escribió: “podemos añadir que a menudo las revelaciones privadas provienen sobre todo de la piedad popular y se apoyan en ella, le dan nuevos impulsos y abren para ella nuevas formas. Eso no excluye que tengan efectos incluso sobre la liturgia, como por ejemplo muestran las fiestas del Corpus Domini y del Sagrado Corazón de Jesús”.

4. ¿Qué hace la Iglesia para animar a la celebración de la devoción a la Divina Misericordia en este día?

Entre otras cosas, ofrece una indulgencia plenaria: “para hacer que los fieles vivan con intensa piedad esta celebración, el mismo Sumo Pontífice (Juan Pablo II) ha establecido que el citado domingo se enriquezca con la indulgencia plenaria para que los fieles reciban con más abundancia el don de la consolación del Espíritu Santo y cultiven así una creciente caridad hacia Dios y hacia el prójimo, y una vez obtenido de Dios el perdón de sus pecados, ellos a su vez perdonen generosamente a sus hermanos”. [Decreto de la Penitenciaría Apostólica del 2002]

5. ¿Qué es la imagen de la Divina Misericordia?

Esta imagen le fue revelada a Santa Faustina en 1931 y Jesús mismo le pidió que se pintara. Luego el Señor le explicaría su significado y lo que los fieles alcanzarán con ella.

En la mayoría de versiones Jesús se muestra levantando su mano derecha en señal de bendición, y apuntando con su mano izquierda sobre su pecho fluyen dos rayos: uno rojo y otro blanco.

“El rayo pálido simboliza el Agua que justifica a las almas. El rayo rojo simboliza la Sangre que es la vida de las almas (….). Bienaventurado quien viva a la sombra de ellos” (Diario, 299). Toda la imagen es un símbolo de la caridad, el perdón y el amor de Dios, conocida como la "Fuente de la Misericordia".

[Puede leer: El significado de la imagen de la Divina Misericordia]

6. ¿Qué es la Coronilla de la Divina Misericordia?

La Coronilla es un conjunto de oraciones utilizadas como parte de la devoción a la Divina Misericordia.

Se suele rezar a las 3:00 pm (el momento de la muerte de Jesús) utilizando las cuentas del Santo Rosario, pero con un conjunto diferente de oraciones. 

7. ¿Está la devoción a la Divina Misericordia vinculada a las lecturas del Evangelio del Segundo Domingo de Pascua?

La imagen de la Divina Misericordia representa a Jesús en el momento en que se aparece a los discípulos en el Cenáculo -tras la resurrección-, cuando se les da el poder de perdonar o retener los pecados.

Este momento está registrado en Juan 20: 19-31, que es la lectura del Evangelio de este domingo.

La lectura se coloca en ese día porque incluye la aparición de Jesús al apóstol Tomás (en la que Jesús lo invita a tocar sus llagas). Este evento ocurrió en el octavo día después de la Resurrección (Juan 20:26) y por ello se utiliza en la liturgia ocho días después de la Pascua.

Traducido y adaptado por Diego López Marina. Publicado originalmente en National Catholic Register.