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domingo, 1 de noviembre de 2015

TEXTO Homilía del Papa Francisco en la Santa Misa por la Fiesta de Todos los Santos



VATICANO, 01 Nov. 15 / 10:40 am (ACI).- El Papa Francisco presidió esta tarde en el Cementerio de Verano de Roma la Santa Misa de Todos los Santos. En su homilía reflexionó sobre las Bienaventuranzas y afirmó que son “la vía de la felicidad”, el camino a través del cual se puede entrar en la vida eterna.

A continuación, gracias a Radio Vaticana ofrecemos el texto completo:

En el Evangelio hemos escuchado a Jesús que enseñaba a sus discípulos y a la gente reunida sobre la colina del lago de Galilea (Cfr. Mt 5,1-12). La palabra del Señor resucitado y vivo indica también a nosotros, hoy, el camino para alcanzar la verdadera felicidad, el camino que conduce al Cielo. Es un camino difícil de comprender por qué va contra corriente, pero el Señor nos dice que quien va por este camino es feliz, tarde o temprano alcanza la felicidad.



“Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos”. Podemos preguntarnos, ¿cómo puede ser feliz una persona pobre de corazón, cuyo único tesoro es el Reino de los cielos? Pero la razón esta propio aquí: que teniendo el corazón vacío y libre de tantas cosas mundanas, esta persona está en “espera” del Reino de los Cielos.

“Bienaventurados los que ahora lloran, porque serán consolados”. ¿Cómo pueden ser felices aquellos que lloran? Es más, quién en la vida nunca ha experimentado la tristeza, la angustia, el dolor, no conocerá jamás la fuerza de la consolación. En cambio, pueden ser felices cuantos tienen la capacidad de conmoverse, la capacidad de sentir en el corazón el dolor que hay en sus vidas y en la vida de los demás. ¡Ellos serán felices! Porque la compasiva mano de Dios Padre los consolará y los acariciará.

“Bienaventurados los mansos”. Y nosotros al contrario, ¡cuántas veces somos impacientes, nerviosos, siempre listos a lamentarnos! Hacia los demás tenemos tantas pretensiones, pero cuando nos tocan, reaccionamos alzando la voz, como si fuéramos dueños del mundo, mientras que en realidad todos somos hijos de Dios. En cambio, pensemos en aquellas mamas y en aquellos papas que son tan pacientes con sus hijos, que “los hacen enloquecer”. Este es el camino del Señor: el camino de la humidad y de la paciencia. Jesús ha recorrido este camino: desde pequeño ha soportado la persecución y el exilio; y después, de adulto, las calumnias, los engaños, las falsas acusaciones en los tribunales; y todo lo ha soportado con humildad. Ha soportado por amor a nosotros incluso la cruz.

“Bienaventurados los que tiene hambre y sed de justicia, porque serán saciados”. Si, aquellos que tienen un fuerte sentido de la justicia, y no solo hacia los demás, sino sobre todo hacia ellos mismos, estos serán saciados, porque están listos para recibir la justicia más grande, aquella que solo Dios puede dar.

Y luego, “bienaventurados los misericordiosos, porque encontraran misericordia”. Felices los que saben perdonar, que tiene misericordia por los demás, que no juzgan todo ni a todos, sino que buscan ponerse en el lugar de los otros. El perdón es la cosa de lo cual todos tenemos necesidad, nadie está excluido. Por eso al inicio de la Misa nos reconocemos por aquello que somos, es decir pecadores. Y no es un modo de decir, una formalidad: es un acto de verdad. “Señor, aquí estoy, ten piedad de mi”. Y si sabemos dar a los demás el perdón que pedimos para nosotros, somos bienaventurados. Como decimos en el “Padre Nuestro”: Perdona nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a los que nos ofenden.

“Bienaventurados los constructores de paz, porque serán llamados hijos de Dios”. Miremos el rostro de aquellos que van por ahí sembrando cizaña: ¿son felices? Aquellos que buscan siempre la ocasión para engañar, para aprovecharse de los demás, ¿son felices? No, no pueden ser felices. En cambio, aquellos que cada día, con paciencia, buscan sembrar la paz, son artesanos de paz, de reconciliación, ellos son bienaventurados, porque son verdaderos hijos de nuestro Padre del Cielo, que siembra siempre y solo paz, al punto que ha enviado al mundo su Hijo como semilla de paz para la humanidad.

Queridos hermanos y hermanas, este es el camino de la santidad, y es el mismo camino de la felicidad. Es el camino que ha recorrido Jesús, es más, es Él mismo este camino: quien camina con Él y pasa a través de Él entra en la vida, en la vida eterna. Pidamos al Señor la gracia de ser personas sencillas y humildes, la gracia de saber llorar, la gracia de ser humildes, la gracia de trabajar por la justicia y la paz, y sobre todo la gracia de dejarnos perdonar por Dios para convertirnos en instrumentos de su misericordia.

Así han hecho los Santos, que nos han precedido en la patria celestial. Ellos nos acompañan en nuestra peregrinación terrena, nos animan a ir adelante. Su intercesión nos ayude a caminar en la vía de Jesús, y obtenga la felicidad eterna para nuestros hermanos y hermanas difuntos, para los que ofrecemos esta Misa. Así sea.

Papa Francisco: Los Santos son los que viven la gracia del Bautismo e imitan a Jesús



VATICANO, 01 Nov. 15 / 07:01 am (ACI).- El Papa Francisco presidió esta mañana desde el balcón del estudio pontificio el rezo del Ángelus, dedicado a la Fiesta de Todos los Santos que se celebra hoy.

Antes de orar, el Santo Padre destacó que existen personas santas cuyo ejemplo se debe imitar y afirmó que la vocación a la santidad está en vivir la gracia del Bautismo e imitar a Jesús.

“Los santos que hoy recordamos son aquellos que han vivido en la gracia de su Bautismo, han conservado íntegro el ‘sello’ comportándose como hijos de Dios, buscando imitar a Jesús; y ahora han alcanzado la meta, porque finalmente ‘ven a Dios como es’”.

“¿Qué significa llevar el sello de Dios en la propia vida y en la propia persona? Nos lo dice todavía el apóstol Juan: significa que en Jesucristo somos verdaderamente hijos de Dios”.

“¿Somos conscientes de este don?”, se preguntó. “¿Recordamos que en el Bautismo hemos recibido el ‘sello’ de nuestro Padre celeste y somos sus hijos?”. “Por decirlo de una forma sencilla, llevamos el apellido de Dios, nuestro apellido es Dios porque somos hijos de Dios”, agregó.



Francisco subrayó que los santos “son ejemplos a imitar”. “No sólo los que han sido canonizados, sino los santos, por decir así, ‘de la puerta de al lado’, que, con la gracia de Dios, se han esforzado en practicar el Evangelio en lo ordinario de su vida”.

Y como ellos “quizás hemos encontrado alguno en la familia, o entre los amigos y conocidos”. “¡Cuántas personas buenas hemos conocido y conocemos! Y decimos: ‘esta persona es un santo’, nos viene decirlo espontáneamente”.

“Tenemos que serles agradecidos, y sobre todo debemos ser agradecidos a Dios que nos los ha donado, que nos los ha puesto cerca, como ejemplos vivos y contagiosos del modo en el que vivir y morir en la fidelidad al Señor Jesús y a su Evangelio”.

“Imitar sus gestos de amor y de misericordia es un poco como perpetuar su presencia en este mundo”, afirmó Francisco.

“En efecto, estos gestos evangélicos son los únicos que resisten a la destrucción de la muerte: un acto de ternura, una ayuda generosa, un tiempo pasado que escuchar, una visita, una buena palabra, una sonrisa…”.

El Papa señaló que quizás “a nuestros ojos estos gestos pueden parecer insignificantes, pero a los ojos de Dios son eternos, porque el amor y la compasión son más fuertes que la muerte”.

Hoy “sentimos particularmente viva la realidad de la comunión de los santos, nuestra gran familia, formada por todos los miembros de la Iglesia, sea con los que todavía peregrinan en la tierra o con aquellos que ya la han dejado por el Cielo”. “Estamos todos unidos, y a esto se le llama la ‘comunión de los santos’, es decir, la comunidad de todos los bautizados”.

El Papa explicó que en el Libro del Apocalipsis se recuerda que los santos “son personas que pertenecen totalmente a Dios” y se les presenta “como a una multitud inmensa de ‘elegidos’, vestidos de blanco y marcados por el ‘sello de Dios’”.

De esta manera se subraya “que los santos pertenecen a Dios de modo pleno y exclusivo, son su propiedad”. Antes de orar, el Santo Padre pidió a la Virgen María “Reina de Todos los Santos que nos ayude a confiar siempre de la gracia de Dios, para caminar con entusiasmo sobre la vía de la santidad”.

“A nuestra Madre confiamos nuestro empeño cotidiano y rezamos también por nuestros queridos difuntos, en la íntima esperanza de volvernos a encontrar un día, todos juntos, en la comunión gloriosa del Cielo”.

domingo, 2 de noviembre de 2014

Ser santos y ser hijos es la misma cosa, lo recuerda el Papa

(RV).- La tarde del sábado 1 de noviembre el Papa Francisco presidió en el Cementerio romano del Verano, la Misa en la Solemnidad de Todos los Santos. “Personas que pertenecen totalmente a Dios”, así definió el Obispo de Roma a todos aquellos, la mayor parte desconocidos hombres y mujeres  que, en lo escondido, han vivido el ideal de las Bienaventuranzas: han sido pobres de espíritu, es decir humildes; han sentido la aflicción por sus males  y por el de los demás; se han comprometido a construir la paz y la concordia, comenzando por sus propios ambientes de vida; han practicado con alegría la misericordia y la caridad; han conservado la pureza del corazón; han sabido elegir con valentía, a costo de ser ridiculizados, incomprendidos, marginados. Dios los recuerda uno por uno, nombre por nombre. “La santidad consiste en una vida filial, a imagen de Jesús”, observó también el Papa, puntualizando que “ser santos y ser hijos es la misma cosa”. Durante esta celebración, que congregó especialmente a gran cantidad de fieles romanos, se expusieron para la veneración de los fieles, las reliquias de los dos Papas canonizados recientemente: Juan XXIII y Juan Pablo II. Se dirigieron oraciones especiales por los cristianos perseguidos por causa de la fe y una vez más por los pobres, los sufrientes y los que no tienen esperanza. Al final de la liturgia, el Papa pronunció una oración de bendición de las tumbas. (RC)

sábado, 1 de noviembre de 2014

01 de Noviembre: Solemnidad de todos los Santos


LIMA, 01 Nov. 14 / 12:02 am (ACI).- El 1° de noviembre la Iglesia Católica se llena de alegría al celebrar la Solemnidad de todos los Santos, aquellos conocidos y los no tan conocidos, que con su vida son ejemplo de que sí es posible la santidad.


“Hoy nosotros estamos inmersos con el espíritu entre esta muchedumbre innumerable de santos, de salvados, los cuales, a partir del justo Abel, hasta elque quizá está muriendo en este momento en alguna parte del mundo, nos rodean, nos animan, y cantan todos juntos un poderoso himno de gloria”, decía San Juan Pablo II un primero de noviembre de 1980.

Esta celebración fue instaurada como consecuencia de la Gran Persecución de Diocleciano, a inicios del S. IV, por la gran cantidad de mártires causados por el poder romano.

El Papa Gregorio III la fijó para el 1 de noviembre en el S. VIII, como respuesta a la celebración pagana del “Samhain” o año nuevo celta que se celebra la noche del 31 de octubre. Más adelante Gregorio IV extendería esta festividad a toda la Iglesia.

El Papa Francisco, el 2 de octubre del 2013, ante una gran multitud de gente, enfatizó: “Dios te dice: no tengas miedo de la santidad, no tengas miedo de apuntar alto, de dejarte amar y purificar por Dios, no tengas miedo de dejarte guiar por el Espíritu Santo. Dejémonos contagiar por la santidad de Dios”.

Catequesis del Papa Francisco para la Solemnidad de todos los santos/2013

A través del siguiente enlace, podemos acceder a la catequesis del santo padre:


http://vicariasanmartindeporres.blogspot.com.ar/2013/11/1-de-noviembre-solemnidad-de-todos-los.html

sábado, 2 de noviembre de 2013

Solemnidad de todos los santos: "Los santos no son superhombres ni han nacido perfectos" - Papa Francisco



En una soleada Plaza de San Pedro y ante miles de fieles y peregrinos el Papa Francisco, antes de rezar el ángelus en la fiesta de Todos los Santos, afirmó que “la meta de nuestra existencia no es la muerte, sino el Paraíso. Y recordó que los Santos son los amigos de Dios, que han transcurrido su existencia terrena en comunión profunda con Dios, hasta el punto de llegar a ser semejantes a Él, porque han visto en el rostro de los hermanos más pequeños y despreciados el rostro de Dios, y ahora lo contemplan cara a cara en su belleza gloriosa.

El Santo Padre también afirmó que los Santos “no son superhombres, ni han nacido perfectos”. Sino que son personas que antes de alcanzar la gloria del cielo han vivido una vida normal, con alegrías y dolores, fatigas y esperanzas. Son hombres y mujeres que tienen la alegría en el corazón y la transmiten a los demás.

Francisco no olvidó destacar que ser santos “no es un privilegio de pocos, sino que es una vocación para todos”. De modo que todos estamos llamados a caminar por la vía de la santidad, que tiene un nombre y un rostro: Jesucristo.

Además, el Obispo de Roma preguntó ¿qué nos dicen los Santos, hoy? Y respondió afirmando que nos dicen que debemos confiar en el Señor, ¡porque Él no decepciona! A la vez que con su testimonio nos animan a “no tener miedo de ir contracorriente o de ser incomprendidos y escarnecidos cuando hablamos de Él y del Evangelio”.

Antes de rezar a la intercesión de María, Reina de todos los Santos, el Pontífice dijo que nuestra oración de alabanza a Dios y de veneración de los espíritus bienaventurados se une a la oración de sufragio por cuantos nos han precedido en el pasaje de este mundo a la vida eterna.

(María Fernanda Bernasconi – RV).


Texto completo de la alocución del Papa Francisco antes de rezar el ángelus

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

La fiesta de Todos los Santos, que hoy celebramos, nos recuerda que la meta de nuestra existencia no es la muerte, ¡es el Paraíso! Lo escribe el Apóstol Juan: “Aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a Él, porque le veremos tal cual es” (1 Jn 3, 2). Los Santos, los amigos de Dios, nos aseguran que esta promesa no decepciona. En efecto, en su existencia terrena, han vivido en comunión profunda con Dios. En el rostro de los hermanos más pequeños y despreciados han visto el rostro de Dios, y ahora lo contemplan cara a cara en su belleza gloriosa.

Los Santos no son superhombres, ni han nacido perfectos. Son como nosotros, como cada uno de nosotros, son personas que antes de alcanzar la gloria del cielo han vivido una vida normal, con alegrías y dolores, fatigas y esperanzas. Pero ¿qué ha cambiado su vida? Cuando han conocido el amor de Dios, lo han seguido con todo el corazón, sin condiciones o hipocresías; han gastado su vida al servicio de los demás, han soportado sufrimientos y adversidades sin odiar y respondiendo al mal con el bien, difundiendo alegría y paz. Ésta es la vida de los Santos, personas que por el amor de Dios no han hecho su vida con condiciones a Dios, no han sido hipócritas, han gastado su vida al servicio de los demás, servir al prójimo, han sufrido tantas adversidades, pero sin odiar. Los Santos jamás han odiado. Porque, comprendan bien esto, el amor es de Dios, pero el odio, de quién viene, ¿viene de Dios el odio? ¡No, viene del diablo! Y los Santos se han alejado del diablo. Los Santos son hombres y mujeres que tienen la alegría en el corazón y la transmiten a los demás.

Jamás odiar, servir a los demás, a los más necesitados, rezar, y alegría. Este es el camino de la santidad. Ser Santos no es un privilegio de pocos, como si alguno hubiera recibido una gran herencia. Todos nosotros tenemos la herencia de poder llegar a ser Santos en el Bautismo. Es una vocación para todos. Por tanto, todos estamos llamados a caminar por la vía de la santidad, y esta vía tiene un nombre, la vía que lleva a la santidad tiene un nombre, tiene un rostro: el rostro de Jesús. Él nos enseña a llegar a ser Santos. Jesucristo, Él en el Evangelio nos muestra el camino: el de las Bienaventuranzas (Cfr. Mt 5, 1-12). En efecto, el Reino de los cielos es para cuantos no ponen su seguridad en las cosas, sino en el amor de Dios; para cuantos tienen un corazón sencillo, humilde, no presumen ser justos y no juzgan a los demás, cuantos saben sufrir con quien sufre y alegrarse con quien se alegra, no son violentos sino misericordiosos y tratan de ser artífices de reconciliación y de paz. Esto último, eh, el santo, la santa, es un artífice de reconciliación y de paz. Siempre ayuda a reconciliar a la gente, siempre ayuda a que exista la paz. Y así es bella la santidad. Es un bello camino.

Hoy lo Santos nos dan un mensaje en esta fiesta. Nos dicen: ¡confíen en el Señor, porque Él no decepciona! ¡El Señor no decepciona jamás! Es un buen amigo. Siempre a nuestro lado. ¡No decepciona jamás! Con su testimonio los Santos nos animan a no tener miedo de ir contracorriente o de ser incomprendidos y escarnecidos cuando hablamos de Él y del Evangelio; nos demuestran con su vida que quien permanece fiel a Dios y a su Palabra experimenta ya en esta tierra el consuelo de su amor, y después el “céntuplo” en la eternidad. Esto es lo que esperamos y pedimos al Señor por nuestros hermanos y hermanas difuntos.

Con sabiduría la Iglesia ha puesto en estrecha secuencia la fiesta de Todos los Santos y la Conmemoración de todos los fieles difuntos. A nuestra oración de alabanza a Dios y de veneración de los espíritus bienaventurados se une la oración de sufragio por cuantos nos han precedido en el pasaje de este mundo a la vida eterna.

Encomendamos nuestra oración a la intercesión de María, Reina de Todos los Santos.

Las víctimas de la violencia, los cristianos perseguidos y los hermanos y hermanas migrantes muertos en el desierto de Nigeria, entre ellos numerosos niños, en el corazón y la oración del Papa,

como dijo él mismo, después del rezo a la Madre de Dios, en la solemnidad de Todos los Santos, víspera de la conmemoración de Todos los Fieles Difuntos, anunciando que por la tarde irá al cementerio romano del Campo Verano: 

«Esta tarde iré al cementerio del Verano y allí celebraré la Santa Misa, uniéndome espiritualmente a cuantos en estos días visitan los cementerios, donde duermen los que nos han precedido en el signo de la fe y esperan el día de la resurrección. En particular, rezaré por las víctimas de la violencia, especialmente por los cristianos que han perdido la vida a causa de las persecuciones. En especial rezaré por cuantos, hermanos y hermanas nuestras, hombres mujeres y niños, han muerto de sed, hambre y fatiga en el trayecto para lograr llegar a una condición de vida mejor: en estos días hemos visto las imágenes del cruel desierto. Recemos todos en silencio una oración por estos hermanos y hermanas nuestros».

Las imágenes del cruel desierto, citadas por el Obispo de Roma son las de la muerte de 92 migrantes, entre ellos 52 niños, cuyos cuerpos sin vida fueron encontrados en días pasados en el desierto nigeriano, a unos diez kilómetros de la frontera con Argelia.

El Papa Francisco saludó cordialmente a los numerosos fieles romanos y peregrinos presentes en la Plaza de San Pedro, en particular a las familias, grupos parroquiales y asociaciones. Así como a los participantes en la «Carrera de los Santos», que también este año, coincidiendo con la solemnidad de Todos los Santos, tuvo su meta final en la Plaza de San Pedro, para rezar con el Santo Padre, escuchar sus palabras y recibir su bendición: 

Dirijo un caluroso saludo a cuantos han participado esta mañana en la ‘Carrera de los Santos’, organizada por la Fundación ‘Don Bosco en el mundo’. San Pablo diría que toda la vida es una ‘carrera’ para conquistar el premio de la santidad: ¡ustedes nos dan un buen ejemplo!

Esta sexta edición, de la iniciativa promovida por la Fundación Don Bosco en el Mundo, para sostener cada año un proyecto solidario, contó con unos seis mil participantes, de 31 países. Este año, con el lema «Una ayuda para los confines del mundo», se propone ayudar un proyecto misionero en las Islas Salomón. Con la creación de un puesto móvil de asistencia sanitaria y de formación de personal sanitario para combatir enfermedades como el VIH – virus de inmunodeficiencia - la malaria, la tuberculosis y especialmente la Bakwa, que es una grave infección fúngica cutánea, difundida en las islas más remotas del archipiélago, las Shortlands.

Con su nombre y con la fecha elegida – 1 de noviembre, solemnidad de Todos los Santos - esta carrera anhela impulsar y afianzar el significado de la fiesta y devoción popular a Todos los Santos. Poner en primer plano una emergencia de ayuda humanitaria para organizar acciones concretas de solidaridad activa. Y proponer los valores del deporte según la tradición educativa salesiana.

En las pasadas ediciones, se recogieron fondos para las ‘Obras Mamá Margarita’ de Lubumbashi, en el Congo. Para sostener un proyecto misionero en favor de los niños soldado de Sri Lanka. Ayudas para Pakistán y Haití, donde después de una primera fase de abastecimiento para las necesidades inmediatas de supervivencia – gracias a la entrega de alimentos, como harina y aceite, lentejas, azúcar, té y medicinas, el proyecto se propuso ayudar a las familias damnificadas por el trágico terremoto a volver a contar con un techo y a reanudar las actividades que tuvieron que abandonar. El año pasado, se ayudó el proyecto de una casa de acogida para chicos y chicas de la calle, en Porto Alegre, Brasil.

(CdM - RV)

viernes, 1 de noviembre de 2013

1 de Noviembre: Solemnidad de todos los santos - Catequesis del Papa Francisco: "Comunión de los santos"


La Iglesia Católica ha llamado "santos" a aquellos que se han dedicado a que su propia vida le sea lo más agradable posible a Nuestro Señor.
Los santos "canonizados" oficialmente por la Iglesia Católica son varios millares. Pero existe una inmensa cantidad de santos no canonizados, pero que ya están gozando de Dios en el cielo. A ellos especialmente está dedicada esta fiesta de hoy.
  
Benedicto XVI:

«A veces se piensa que la santidad es un privilegio reservado a unos pocos elegidos. En realidad, ¡llegar a ser santo es la tarea de cada cristiano, es más, podríamos decir, de cada hombre!».
"El santo es aquel que está tan fascinado por la belleza de Dios y por su perfecta verdad que éstas lo irán progresivamente transformando. Por esta belleza y verdad está dispuesto a renunciar a todo, también a sí mismo. Le es suficiente el amor de Dios, que experimenta y transmite en el servicio humilde y desinteresado del prójimo”

Queridos Hermanos:
Desde el bautismo, todos somos santos y llamados a la santidad!
En esta patria peregrina, santifiquemos nuestras vidas, allí donde el Señor, nos ha enviado. Caminemos santificando cada acto de nuestras vidas, con la mirada puesta en la Patria Celestial, donde podremos contemplar el rostro de Dios, tres veces Santo junto a Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra!!!!


Elevamos nuestras súplicas al Creador, para dar gracias por todos los santos que fueron reconocidos oficialmente por la Iglesia, que están en los altares y a todos aquellos santos, que siéndolo, son desconocidos para nosotros, pero no, para Dios, que interceden por nosotros!!!

En Dios, tres veces Santo: FELIZ DÍA DE LOS SANTOS!!!


 
A través del siguiente enlace, podemos acceder a la Catequesis del Papa Francisco, sobre la "Comunión de los Santos", del pasado miércoles 30 de Octubre de 2013
http://vicariasanmartindeporres.blogspot.com.ar/2013/10/audiencia-general.html

jueves, 1 de noviembre de 2012

SOLEMNIDAD DE TODOS LOS SANTOS



La Iglesia Católica ha llamado "santos" a aquellos que se han dedicado a que su propia vida le sea lo más agradable posible a Nuestro Señor.


Hay unos que han sido "canonizados", o sea declarados oficialmente santos por el Sumo Pontífice, por lo que por su intercesión se han conseguido admirables milagros, y porque después de haber examinado minuciosamente sus escritos y de haber hecho una cuidadosa investigación e interrogatorio a los testigos que lo acompañaron en su vida, se ha llegado a la conclusión de que practicaron las virtudes en grado heroico.


Para ser declarado "santo" por la Iglesia Católica se necesita toda una serie de trámites rigurosos. Primero una exhaustiva averiguación con personas que lo conocieron, para saber si en verdad su vida fue ejemplar y virtuosa. Si se logra comprobar por el testimonio de muchos que su comportamiento fue ejemplar, se le declara "Siervo de Dios". Si por detalladas averiguaciones se llega a la conclusión de que sus virtudes, fueron heroicas, es declarado "Venerable". Más tarde, si por su intercesión se consigue algún milagro totalmente inexplicable por medios humanos, es declarado "Beato". Finalmente si se consigue un nuevo y maravillosos milagro por haber pedido su intercesión, el Papa lo declara "santo".

En el caso de algunos santos el procedimiento de canonización ha sido rápido, como por ejemplo para San Francisco de Asís y San Antonio, que sólo duró 2 años.

Poquísimos otros han sido declarados santos seis años después de su muerte, o a los 15 o 20 años. Para la inmensa mayoría, los trámites para su beatificación y canonización duran 30, 40, 50 y hasta cien años o más. Después de 20 o 30 años de averiguaciones, la mayor o menor rapidez para la beatificación o canonización, depende de quien obtenga más o menos pronto los milagros requeridos.

Los santos "canonizados" oficialmente por la Iglesia Católica son varios millares. Pero existe una inmensa cantidad de santos no canonizados, pero que ya están gozando de Dios en el cielo. A ellos especialmente está dedicada esta fiesta de hoy.


Fiesta de Todos los Santos: Publicación Noviembre/2011


miércoles, 2 de noviembre de 2011

SOLEMNIDAD DE LOS FIELES DIFUNTOS

En este día rezamos por los difuntos que están en el purgatorio. Los que están en el cielo, son santos y no necesitan oración. Los que están en el infierno no pueden beneficiarse de la oración ni la desean. Solo rezamos por las almas que están en el purgatorio. Pero como no sabemos con seguridad si un difunto está en el purgatorio, (a no ser que la Iglesia lo haya declarado santo, en cuyo caso está en el cielo), es bueno rezar por todos los difuntos.

Intercedemos por todos los difuntos, en especial nuestros familiares y conocidos, para que pronto se encuentren con el Señor en el cielo.

Es antigua costumbre cristiana visitar los cementerios el día de los difuntos y llevar flores como signo de amor y honra. Recordamos nuestros ancestros sobre todo en la Santa Misa ofrecida por ellos.

Santo Tomás dijo: Rezar por los difuntos es la mayor obra de misericordia, aún más que rezar por los vivos, ya que éstos pueden valerse por sí mismos.

En el Purgatorio están salvadas todas las almas. No hay almas condenadas allí, ellas están limpiando, purgando sus culpas, porque no pueden ver a Dios si no están totalmente limpios.

La culpa de nuestros pecados, es perdonada en el Sacramento de la Reconciliación, pero queda el daño que hemos causado a los hermanos, que es la pena. Cuando la pena es material, se repara devolviendo lo material por ejemplo si estafé a un hermano, reparo eso devolviendo el dinero.

Pero si el daño es espiritual, por ejemplo cuando hablamos mal de una persona, la reparación se realiza por ejemplo comenzando a hablar bien de esa persona.

La iglesia concede la gracia de poder ganar la indulgencia para que se nos perdone la pena.

En este día la Iglesia permite que nosotros los peregrinos, que estamos en la Iglesia Caminante podamos ganar indulgencia para las almas que están en la Iglesia Purgante.

Es un gran regalo que podemos hacer para ganar una indulgencia para salvar un alma que está en el Purgatorio.

Las almas del Purgatorio no pueden hacer nada por si mismas, esperan de nosotros para que puedan salir. Ellas no pueden hacer ningún mérito para salir.

Nosotros hemos sido creados para contemplar el rostro de Dios. No hay tristeza más grande que no ver el Rostro de Dios. Las almas del Purgatorio no pueden verlo y ese es su mayor sufrimiento.

Solo se puede ganar una indulgencia plenaria por día.

Desde el 1 (Somlenidad de Todos Los Santos) al 8 de Noviembre inclusive, podemos ganar una indulgencia plenaria por día y sacar un alma por día del purgatorio, cumpliendo con las condiciones ordinarias para ello. Otros días del año la indulgencia es parcial.

El alma salvada, no se va a olvidar de nosotros y cuando llegue a contemplar el Rostro de nuestro Señor, intercederá por nosotros.

Condiciones Ordinarias para ganar una Indulgencia Plenaria

- Confesar (ocho días antes o después)

- Participar en la Eucaristía y comulgar

- Rezar por las intenciones del Santo Padre

Y a parte

- Debemos ir al cementerio

Intenciones del Santo Padre Benedicto XVI para el mes de Noviembre de 2011

Intención General

Por las Iglesias orientales, para que su venerable tradición sea conocida y estimada como riqueza espiritual para toda la Iglesia

Intención Misionera


Para que el continente africano encuentre en Cristo la fuerza para realizar el camino de reconciliación y justicia, indicado en el segundo Sínodo de los Obispos para África.

El Catecismo de la Iglesia Católica dispone:

958 La comunión con los difuntos. “La Iglesia peregrina, perfectamente consciente de esta comunión de todo el Cuerpo Místico de Jesucristo, desde los primeros tiempos del cristianismo honró con gran piedad el recuerdo de los difuntos y también ofreció por ellos oraciones “pues es una idea santa y provechosa orar por los difuntos para que se vean libres de sus pecados” (2M 12, 45) (LG 50). Nuestra oración por ellos puede no solamente ayudarles, sino también hacer eficaz su intercesión en nuestro favor.

1032 … Desde los primeros tiempos, la Iglesia ha honrado la memoria de los difuntos y ha ofrecido sufragios en su favor, en particular el sacrificio eucarístico (Cf. DS 856), para que, una vez purificados, pueden llegar a la visión beatífica de Dios. La Iglesia también recomienda las limosnas, las indulgencias y las obras de penitencia en favor de los difuntos.

Llevémosles socorros y hagamos su conmemoración. Si los hijos de Job purificados por el sacrificio de su padre (Cf. Jb 1, 5), ¿por qué habríamos de dudar de que nuestras ofrendas por los muertos les lleven un cierto consuelo? No dudemos, pues, en socorrer a los que han partido y en ofrecer nuestras plegarias por ellos (San Juan Crisóstomo, hom. in 1Cor. 41, 5).

También debemos saber que ofrecer la Santa Misa por nuestros difuntos, es la mejor oración que podemos hacer, pero, no solo debemos anotar sus nombres en las intenciones de la Santa Misa, sino asistir a las Misas que ofrecemos por ellos.


“Jesús, María, os amo, Salvad las Almas”

martes, 1 de noviembre de 2011

SOLEMNIDAD DE TODOS LOS SANTOS


Todos los bautizados, somos santos desde el bautismo.
El Señor, no hizo Santos en la Pila Bautismal y estamos llamados a la Santidad, desde ese mismo momento y para toda la vida, desde lo simple de nuestras vidas, allí donde nos toque actuar. En la casa, en la oficina, en el barrio, en la comunidad: como amas de casa, gobernantes, doctores, ingenieros, estudiantes, albañiles, sacerdotes, religiosas, misioneros, en fin, en cada lugar y desde cada profesión, que el Señor, nos llame a vivir y obrar.
Nosotros aceptamos ese desafío de ser fieles al Espíritu Santo y transmitir a Dios en obras, palabras y acciones concretas, cumpliendo con nuestra misión de profetas, misión que nos fuera encomendada desde nuestro Bautismo.
Que es la santidad?: Es un llamado de Dios a vivir de una manera particular el sentido de la vida.
En el dolor, en la soledad, en el estudio, en la tristeza, en la enfermedad, la santidad es un llamado.
La santidad está al alcance de la mano de aquel que quiera seguir a Jesús y reflejar su vida.
La santidad no se logra porque ingrese a un convento o un seminario. Hay ejemplos de santidad en el mercado, en la carnicería, en la peluquería, etc.
No es mérito nuestro, es un Don de Dios, que nos capacita para el servicio.
La santidad la logramos en la medida que tomemos nuestra profesión como servicio, en nuestro consultorio médico, en el estudio jurídico, en nuestro comercio, en la escuela, etc.
Jesús, en el Evangelio de hoy, nos habla de las bienaventuranzas. La palabra bienaventuranza significa Feliz. Es decir que la santidad es un llamado a ser Feliz.
La Felicidad no es la que nos ofrece el mundo, la Felicidad a la que nos llama Jesús, radica en dar sentido a la vida que nos toque vivir, por eso, hay santos analfabetos, jóvenes, niños, ricos, pobres, santos que vivieron en la simpleza del campo, sirviendo en las obras más denigrantes, etc., y que fueron felices, a pesar de haberse esforzado y sufrido, porque la vida de ellos tuvo sentido.
Las angustias, renuncias, dolores, enfermedades, son tenidas en cuenta por el Padre y hay una recompensa. Tienen sentido. Lo que nos toca vivir: alegría, dolor, cruz, gozo, pérdida de nuestros seres queridos, cansancio, rutina, esfuerzos por ser fieles y perseverar, aún en las noches oscuras y de desierto, todo eso, tiene sentido y es tenido en cuenta por el Padre.
En los santos se refleja la misma vida de Cristo. Nuestra vida tiene sentido cuando entendemos que todo lo que hoy y aquí vivimos, es recompensado por el Padre.
La vida de San Martín de Pores, San Agustín, Santa Mónica, San Pablo, San José, San Nicolás de Bari, Santa Gianna, la vida de todos los santos fue una vida feliz, por el sentido de esas vidas.
La memoria de todos los Santos, redunda en beneficio nuestro. Hace nacer en nosotros el deseo imitar la vida de ese Santo, de que Jesús se manifieste en nosotros, y que nosotros lo manifestemos a Cristo través de nuestra vida de santidad.
El Amor de Dios, tres veces Santo, se hace presente,a través de todos los Santos que interceden por nosotros, y nos invita a imitar la vida de santidad de ellos. Y nuestro Amor a Dios, se manifiesta en la forma de obrar con los hermanos que nos necesitan, cada vez que convertimos en amor, las enseñanzas de Jesús: tuve hambre y me diste de comer, estuve preso y me visitaste, estaba desnudo y me vestiste.
No solo debemos rezarle al Santo de nuestra devoción, asistir a sus novenas, procesiones, o elegir sus nombres para nuestros hijos, sino también, conocer la vida de esos santos, pedirle a ellos que nos ayuden a ser el reflejo de esas vidas, en el servicio de cada día, contagiando y dando testimonio de la santidad.
A nuestro Amado, San Martín de Porres, le pedimos que nos ayude a crecer en la humildad, la caridad y el servicio, que podamos descubrir y a amar a Jesús en cada hermano, haciéndolo presente a nuestro Señor con nuestra vida, allí, donde nos toque estar.
Hermanos Queridos, debemos tener presente, que la santidad es un llamado para vivirla hoy, aquí en la tierra y que nadie, está excluido de esa invitación, que nuestro Padre Amoroso y Misericordioso, nos hace.

“San Martín de Porres, que tu santidad,
Nos ayude a respetar y amar la vida”

Invocamos a todos los Santos y Santas de Dios, que reinan con Cristo en el Cielo, pidiendo su intercesión, para que le lleven a Nuestro Señor, todas las intenciones que guardamos en lo más profundo del corazón.
A cada invocación decimos: ¡Ruega Por Nosotros!
San Martín de Porres,
San Nicolás de Bari,
Santa Mónica,
San Expedito,
San Agustín,
Santa Ana,
San José,
San Pantaleón,
Santa Rita,
Santo Cura de Ars,
Santa Gianna,
San Francisco de Asís,
Santa Cecilia,
San Francisco Solano,
Santa Lucía,(Podemos agregar el Santo de nuestra devoción)
Todos los Santos y Santas de Dios
¡Rueguen por nosotros y por el mundo entero!