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domingo, 19 de junio de 2016

Ángelus: Papa Francisco explica qué significa “cargar la cruz” y seguir a Cristo




VATICANO, 19 Jun. 16 / 06:25 am (ACI/EWTN Noticias).- “¿Quién es Jesús para cada uno de nosotros?”, invitó el Papa Francisco a reflexionar en sus palabras previas al rezo del Ángelus dominical, donde explicó a los fieles qué significa cargar con la cruz personal para seguir al Señor y llevarlo a un mundo que “tiene más que nunca necesidad de Cristo”.

Desde el balcón del Palacio Apostólico, el Santo Padre reflexionó sobre el Evangelio del día para explicar a los fieles las palabras de Jesús cuando dice “el que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz cada día y me siga”.

“No se trata de una cruz ornamental, o ideológica –señaló Francisco-, sino es la cruz de la vida, es la cruz del propio deber, la cruz del sacrificarse por los demás con amor, por los padres, por los hijos, por la familia, por los amigos, también por los enemigos; la cruz de la disponibilidad a ser solidario con los pobres, a comprometerse por la justicia y la paz”.

El Pontífice señaló que “en el asumir esta actitud, estas cruces, siempre se pierde algo. No debemos olvidar jamás que ‘el que pierda su vida – por Cristo – la salvará’. Es perder, para ganar. Y recordemos a todos nuestros hermanos que todavía hoy ponen en práctica estas palabras de Jesús, ofreciendo su tiempo, su trabajo, sus fatigas e incluso su propia vida para no negar su fe a Cristo”.


El Papa recordó a los fieles reunidos en la Plaza de San Pedro que “Jesús, mediante su Santo Espíritu, nos dará la fuerza de ir adelante en el camino de la fe y del testimonio: hacer aquello en lo cual creemos; no decir una cosa y hacer otra. Y en este camino siempre está cerca de nosotros y nos precede la Virgen: dejémonos tomar de la mano por ella, cuando atravesamos los momentos más oscuros y difíciles”.

En su reflexión, el Papa Francisco dijo que el Evangelio de este domingo también “nos llama una vez más a confrontarnos, por así decir, ‘cara a cara’ con Jesús”.

El Santo Padre explicó que en aquel tiempo la gente “tenía estima por Jesús y lo consideraba un gran profeta, pero aún no eran conscientes de su verdadera identidad, es decir que Él fuera el Mesías, el Hijo de Dios enviado por el Padre para la salvación de todos”.

Por ello, ante la pregunta que hace a los apóstoles: “¿Quién dice la gente que soy yo?”; estos le responden: “Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, alguno de los antiguos profetas que ha resucitado”.

Sin embargo, lo que más interesa a Cristo es qué piensan los apóstoles y por ello les pregunta: “Pero ustedes, ¿quién dicen que soy yo?”. “Enseguida, a nombre de todos, Pedro responde: ‘Tú eres el Mesías de Dios’, es decir: Tú eres el Mesías, el Consagrado de Dios, enviado por Él a salvar su pueblo según la Alianza y la promesa”.

“Así Jesús se da cuenta que los Doce, y en particular Pedro, han recibido del Padre el don de la fe; y por esto inicia a hablar con ellos abiertamente – así dice el Evangelio: ‘abiertamente’ – de aquello que le espera en Jerusalén: ‘El Hijo del hombre – dice – debe sufrir mucho, ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser condenado a muerte y resucitar al tercer día’”.

Francisco dijo que “aquellas mismas preguntas hoy son propuestas a cada uno de nosotros: ¿Quién es Jesús para la gente de nuestro tiempo? Pero la otra es más importante: ¿Quién es Jesús para cada uno de nosotros? ¿Para mí, para ti, para ti, para ti, para ti…? ¿Quién es Jesús para cada uno de nosotros?”.

El Papa señaló que “estamos llamados a hacer de la respuesta de Pedro nuestra respuesta, profesando con alegría que Jesús es el Hijo de Dios, la Palabra eterna del Padre que se ha hecho hombre para redimir la humanidad, vertiendo sobre ella la abundancia de la misericordia divina. El mundo tiene más que nunca necesidad de Cristo, de su salvación, de su amor misericordioso”.

“Muchas personas experimentan un vacío a su alrededor y dentro de sí – tal vez, algunas veces, también nosotros –; otras viven en la inquietud y en la inseguridad a causa de la precariedad y de los conflictos. Todos tenemos necesidad de respuestas adecuadas a nuestras interrogantes, a nuestras preguntas concretas. En Cristo, solo en Él, es posible encontrar la paz verdadera y el cumplimiento de toda humana aspiración. Jesús conoce el corazón del hombre como ningún otro. Por esto lo puede sanar, dándole vida y consolación”, afirmó.


domingo, 22 de mayo de 2016

El Papa en la Santísima Trinidad: Seamos levadura de comunión, consuelo y misericordia



VATICANO, 22 May. 16 / 05:25 am (ACI).- El Papa Francisco presidió el rezo del Ángelus en la fiesta de la Santísima Trinidad y explicó que esta fecha “nos invita a emplearnos en los acontecimientos cotidianos para ser levadura de comunión, de consuelo y de misericordia”.

Además, el Pontífice recordó que en esta misión “somos sostenidos por la fuerza que el Espíritu Santo nos dona: la de curar la carne de la humanidad herida de la injusticia, de la explotación, del odio y de la codicia”.

Francisco comentó el Evangelio del día en el que Jesús, poco antes de su Pasión, “explica a sus discípulos la verdad más profunda sobre Él, y así viene dibujada la relación entre Jesús, el Padre y el Espíritu Santo”.

“Jesús revela en qué consiste esta misión, ante todo el Espíritu Santo nos guía a entender las muchas cosas que Jesús mismo tiene todavía que decir”.

El Santo Padre añadió que “no se trata de doctrinas nuevas o especiales, sino de una plena comprensión de todo aquello que el Hijo ha escuchado al Padre y que ha hecho conocer a sus discípulos”.

“El Espíritu nos guía en las nuevas situaciones existenciales con la vista puesta en Jesús y, al mismo tiempo, abierto a los eventos y al futuro. Él nos ayuda a caminar en la historia firme radicada en el Evangelio y también con dinámica fidelidad a nuestras tradiciones y costumbres”.

El Pontífice dijo a los fieles que el misterio de la Trinidad habla a todos también hoy “de nuestra relación con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo”.

“Dios es una ‘familia’ de tres Personas que se aman tanto que forman una sola persona” y “ésta ‘familia divina’ no está encerrada en sí misma, sino abierta, se comunica a la creación y a la historia y ha entrado en medio de los hombres para llamar a todos a formar parte”.

Francisco también aseguró que el misterio de la Trinidad “nos envuelve y nos estimula a vivir en el amor y en el compartir con los demás, seguros de que allí donde hay amor está Dios”.

El Papa también habló de la importancia de las relaciones personales en las comunidades eclesiales y pidió que allí “sea siempre evidente la imagen de la Iglesia como icono de la Trinidad”.

domingo, 13 de marzo de 2016

Papa Francisco: Todos somos como mujer adúltera ante Dios, Él nos salva y pide conversión



VATICANO, 13 Mar. 16 / 06:18 am (ACI).- El Papa Francisco comentó el Evangelio de este domingo en el que se narra el episodio de la mujer adúltera, “poniendo a la luz el tema de la misericordia de Dios, que no quiere nunca la muerte del pecador, sino que se convierta y viva”.

“Él es la gracia, que salva del pecado y de la muerte”, subrayó. “Dios no nos clava a nuestro pecado, no nos identifica con el mal que hemos cometido” sino que “nos quiere liberar, y quiere que nosotros también lo queramos junto a Él. Quiere que nuestra libertad se convierta del mal al bien, y esto es posible con su gracia”, dijo desde la Plaza de San Pedro.

Francisco explicó que a Jesús “le tienden una trampa” aquellos que le preguntan qué hacer con la mujer. “Si Jesús siguiera la severidad de la ley, aprobando la lapidación de la mujer, perderá su fama de manso y bondadoso que tanto fascina al pueblo; si en lugar de eso quiere ser misericordioso, deberá ir contra la ley, que Él mimos ha dicho no querer abolir sino cumplir”.

Jesús con su respuesta al inclinarse y escribir con un dedo en la tierra “invita a todos a la calma, a no actuar por la impulsividad, y a buscar la justicia de Dios”.


“Pero los otros insisten y esperan de Él una respuesta”, recordó el Papa. “Entonces Jesús alzó la mirada y dijo: Quién de ustedes no tenga pecado que tire la primera piedra”.

“Esta respuesta ‘desplazada’ a los acusadores, desarmándoles a todos en el verdadero sentido de la palabra: todos depusieron las ‘armas’, es decir, las piedras preparadas para ser arrojadas, las que eran visibles para esa mujer, las ocultas contra Jesús”.

"¡Cuánto bien nos hace ser conscientes de que también nosotros somos pecadores!. Cuando hablamos de los otros, porque todos hacemos esto, cuanto bien nos hará tener la valentía de hacer caer por tierra las piedras que tenemos para arrojar contra los otros, y pensar un poco en nuestros pecados", añadió.

Finalmente, se quedan solos la mujer y Jesús: “la miseria y la misericordia, una frente a la otra”. Y "esto cuantas veces sucede con nosotros cuantos nos detenemos en el confesionario".

La mirada de Jesús “está llena de misericordia y de amor, para hacer sentir a esa persona –quizás por primera vez- que tiene una dignidad, que ella no es su pecado, que puede cambiar de vida, puede salir de sus esclavitudes y caminar en un camino nuevo”.

El Pontífice señaló entonces que “esta mujer nos representa a todos nosotros, pecadores, es decir, adúlteros delante de Dios, traidores de su fidelidad". Y "su experiencia representa la voluntad de Dio para cada uno de nosotros: no nuestra condena sino nuestra salvación a través de Jesús”.

miércoles, 9 de marzo de 2016

“Un mundo donde las mujeres son marginadas es estéril” Francisco



El Pontífice agradece la labor de todas las mujeres que «buscan construir una sociedad más humana y acogedora».
El Papa Francisco ha clamado este domingo, Día Internacional de la Mujer, que «un mundo donde las mujeres son excluidas es un mundo estéril».

Tras el rezo del Ángelus, el Pontífice ha agradecido la labor de todas las mujeres que «buscan construir una sociedad más humana y acogedora», en especial, a todas aquellas que «testimonian el Evangelio y trabajan en la Iglesia».

En este sentido, el Obispo de Roma ha reivindicado «la importancia y la necesidad de las mujeres en la vida» no sólo «porque las mujeres dan la vida, sino porque trasmiten la capacidad de ver más allá». Así, ha destacado que las mujeres «trasmiten la capacidad de ver el mundo con ojos distintos y con un corazón más tierno».

El Pontífice argentino ha reflexionado sobre el episodio del Evangelio que narra cuando Jesús echó del templo a los mercaderes. «Los verdaderos adoradores de Dios no son los custodios del templo material, detentores del poder y del saber religioso, sino aquellos que adoran a Dios en Espíritu y Verdad», ha sentenciado.

Así, ha llamado a los miles de fieles reunidos en la Plaza de San Pedro a buscar la «belleza del encuentro con Cristo» y a permitir que Dios haga limpieza en los corazones. En este sentido, ha preguntado: «¿Permito a Dios hacer limpieza en mi corazón y echar a los ídolos a de la envidia, la mundanidad, el odio?».

Finalmente, el Papa Francisco ha agregado que Dios hace limpieza «no con la fusta sino con la misericordia».

http://www.abc.es

domingo, 6 de marzo de 2016

El Papa sobre el Hijo Pródigo: Nuestros errores nunca dañan el amor que Dios nos tiene



VATICANO, 06 Mar. 16 / 06:34 am (ACI).- “Como el padre del Evangelio, también Dios continua a considerarnos sus hijos cuando nos hemos perdido”, dijo el Papa Francisco al explicar esta mañana la Parábola del Hijo Pródigo en el Ángelus.

Francisco señaló que “los errores que cometemos, también si son grandes, no hacen daño a la fidelidad de su amor”. “En el Sacramento de la Reconciliación podemos comenzar siempre de nuevo: Él nos acoge, nos restituye la dignidad de ser hijos suyos”.

“El Evangelio nos presenta esta última parábola, que tiene como protagonista a un padre con sus dos hijos. El relato nos hace conocer algunas actitudes de este padre: es un hombre siempre dispuesto a perdonar que espera contra toda esperanza”, explicó Francisco invitando a leer el Evangelio de San Lucas.

“Sorprende sobre todo su tolerancia ante la decisión del hijo más joven de irse de cada: habría podido oponerse, sabiendo que todavía es un inmaduro, peor en lugar de eso le permite irse, incluso previendo los posibles riesgos”.



El Papa señaló que “esto es lo que hace Dios con nosotros: nos deja libres, también para equivocarnos, porque creándonos nos ha dado el gran donde la libertad” pero “nos queda a nosotros hacer buen uso de ella”.

“El desapego de este padre respecto a su hijo es solo físico; el padre lo lleva siempre en el corazón; espera confiado su retorno; escruta el camino en la esperanza de volverlo a ver”.

“Un día lo ve aparecer desde la lejanía y se conmueve, va a su encuentro, lo abraza, lo besa”, recordó el Papa. “¡Cuánta ternura! La misma actitud tiene el padre respecto al hijo mayor, que siempre permaneció en casa y ahora está indignado y protesta porque no entiende y no comparte toda esa bondad hacia el hermano que se ha equivocado”.

El Santo Padre indicó que “el padre sale también al encuentro de este hijo y le recuerda que ellos han estado siempre juntos, tienen todo en común, pero necesita acoger con alegría al hermano que finalmente ha regresado a casa”.

“Cuando uno se siente un pecador, se siente de verdad poca cosa o ‘sucio’ es uno el que va al Padre, pero cuando uno se siente justo y piensa que siempre hace las cosas bien, también el Padre le busca porque es un pensamiento malo, es la soberbia, es del diablo. El Padre espera a aquellos que se reconocen pecadores y va a buscar a aquellos que se sienten justos. Este es nuestro Padre”.

Francisco dijo además que “hay un tercer hijo escondido”. “Es el que no consideró como un privilegio ser como el Padre y se vació de sí mismo, asumiendo la condición de siervo”.

“Este Hijo-Siervo es la extensión de los brazos y del corazón del Padre: Él ha acogido al pródigo y ha lavado sus pies sucios; Él ha preparado el banquete para la fiesta del perdón. Él, Jesús, nos enseña a ser “misericordiosos como el Padre”

Francisco afirmó que el corazón de Dios es como el de este padre. “Él es el Padre misericordioso que en Jesús nos ama más allá de toda medida, espera siempre nuestra conversión cada vez que nos equivocamos, espera a nuestro regreso cada vez que nos alejamos de Él; está siempre dispuesto a abrir sus brazos a cualquier cosa que suceda”.

“En esta Cuaresma que todavía nos separa de la Pascua, estamos llamados a intensificar el camino interior de conversión. Dejémonos alcanzar por su mirada lleno de amor de nuestro Padre, y volvamos a Él con todo el corazón, rechazando a todo compromiso por el pecado”.

domingo, 28 de febrero de 2016

Papa Francisco recuerda en Cuaresma: Nunca es tarde para convertirse, ¡pero es urgente!



VATICANO, 28 Feb. 16 / 06:23 am (ACI).- El Papa Francisco presidió hoy de nuevo el Ángelus desde la ventana de su estudio pontificio en el tercer domingo de Cuaresma y recordó el significado de la Cuaresma al invitar a los fieles a convertirse con la mirada fija en la paciencia de Dios.

El Papa explicó que nos encontramos en un “año de gracia”: “el ministerio de Cristo, el tiempo de la Iglesia antes de su regreso glorioso, el tiempo de nuestra vida, que está marcada por una serie de Cuaresmas que nos son ofrecidas como ocasión de arrepentimiento y salvación”.

Aludiendo a la paciencia de Dios, el Santo Padre aseguró que “nunca es tarde para convertirse, ¡pero es urgente, es la hora!”.

Francisco, como es habitual, comentó las lecturas de la liturgia del día y se refirió también a los terribles sucesos y tragedias que acontecen. “Cada día, por desgracia, las crónicas reportan noticias feas: homicidios, incidentes, catástrofes… en el pasaje del Evangelio de hoy, Jesús se refiere a dos acontecimientos trágicos que en aquel tiempo habían suscitado un gran revuelo: una represión cruenta a manos de los soldados romanos en el interior del templo; y el derrumbe de la torre de Siloé, en Jerusalén”.



El Papa explicó que “Jesús conoce la mentalidad supersticiosa de aquellos que le escuchan y sabe que interpretan ese tipo de acontecimientos de modo equivocado”. Creen que “esos hombres que han muerto han sido castigados por Dios”.

Sin embargo, Jesús “rechaza esta visión porque Dios no permite las tragedias para castigar las culpas, y afirma que aquellas pobres víctimas no eran peor que los otros”. Incluso les dice: “Si ustedes no se convierten, morirán de la misma manera”.

“También hoy, frente a ciertas desgracias y eventos de luto, puede venir la tentación de ‘descargar’ la responsabilidad sobre las víctimas, o incluso sobre el mismo Dios”, alertó Francisco.

“Pero el Evangelio nos invita a reflexionar: ¿qué idea nos hemos hecho de Dios?, ¿estamos convencidos de que Dios es así o no es más que una proyección nuestra, un dios hecho ‘a nuestra imagen y semejanza’?”.

El Pontífice recordó entonces que Jesús “nos llama a cambiar el corazón, a hacer una inversión radical en el camino de nuestra vida, abandonando los compromisos con el mal, las hipocresías, para tomar decididamente el camino del Evangelio”.

A su vez, pidió a los fieles que no intenten justificarse porque “cada uno de nosotros se parece a un árbol que durante años ha dado múltiples pruebas de su esterilidad”, como narra la parábola del Evangelio del día.

“Que la Virgen María nos sostenga, para que podamos abrir el corazón a la gracia de Dios, a su misericordia; y nos ayude a no juzgar nunca a los otros, sino a dejarnos provocar por las desgracias cotidianas para hacer un serio examen de conciencia y arrepentirnos”


miércoles, 6 de enero de 2016

¿Qué enseñan los pastores de Belén y los Reyes Magos? El Papa responde en el Ángelus



VATICANO, 06 Ene. 16 / 06:33 am (ACI).- Luego de la Santa Misa por la Solemnidad de la Epifanía del Señor, el Papa Francisco presidió el rezo del ángelus como es habitual desde la ventana del estudio del Palacio Apostólico.

Francisco explicó el significado de los Reyes Magos y de los pastores de Belén que fueron a adorar al Niño Jesús al ver la estrella.

Los primeros le dan a la Epifanía “un aire de universalidad”. “Este es el respirar de la Iglesia, la cual desea que todos los pueblos de la tierra puedan encontrar a Jesús, tener experiencia de su amor misericordioso”, dijo el Papa.

El Pontífice manifestó que para todos “hay una gran consuelo al ver la estrella, es decir, en el sentirse guiados y no abandonados a nuestro destino”.

“La estrella es el Evangelio, la Palabra del Señor”. “Esta luz nos guía hacia Cristo. ¡Sin la escucha del Evangelio no es posible encontrarlo!”, exclamó.



“Los pastores y los Magos son muy distintos entre ellos, pero tienen algo en común: el cielo. Los pastores de Belén corrieron a ver a Jesús no porque fueran particularmente buenos, sino porque velaban en la noche y, alzando los ojos al cielo, vieron una señal, escucharon su mensaje y lo siguieron”.

Los Magos “escrutaron el cielo, vieron una nueva estrella, interpretaron la señal y se pusieron en camino”, dijo Francisco.

Así, “los pastores y los Magos nos enseñan que para encontrar a Jesús es necesario saber alzar la mirada al cielo, no replegarse sobre sí mismo, sino tener el corazón y la mente abiertos al horizonte de Dios, que siempre nos sorprende, saber acoger sus mensajes y responder con prontitud y generosidad”.

“Los Magos, en efecto, siguiendo la estrella llegaron al lugar donde se encontraba Jesús” y su experiencia “nos exhorta a no contentarnos con la mediocridad, a no ‘ir tirando’, sino a buscar el sentido de las cosas, a escrutar con pasión el gran misterio de la vida”, dijo el Papa.

Además, “nos enseña a no escandalizarnos de la pequeñez y de la pobreza, sino a reconocer la majestad en la humildad y sabernos arrodillar frente a ella”.

En definitiva, “eran hombres prestigiosos, de regiones lejanas y culturas diversas, y se habían encaminado hacia la tierra de Israel para adorar al rey que había nacido”.

“La Iglesia desde siempre ha visto en ellos la imagen de toda la humanidad, y con la celebración de la Epifanía quiere casi guiar respetuosamente a cada hombre y mujer de este mundo hacia el Niño que ha nacido para la salvación de todos”.

El Santo Padre también recordó que en la noche de Navidad Jesús se manifestó a los pastores, “hombres humildes y despreciados”. “Fueron ellos los primeros en llevar un poco de calor en aquella fría gruta de Belén”, añadió.

Después de rezar el ángelus, el Papa saludó a los fieles que se encontraban en la Plaza de San Pedro y envió un saluda especial a los cristianos de Oriente Medio. “Hoy expresamos nuestra cercanía espiritual a los hermanos y hermanas del Oriente Cristiano, católicos y ortodoxos, muchos de los cuales celebran mañana la Navidad del Señor”. “Que les llegue nuestro deseo de paz y de bien”, dijo Francisco.

También recordó que en este día se celebra la Jornada Mundial de la Infancia Misionera: “es la fiesta de los niños que, con sus oraciones y sacrificios, ayudan a los de su misma edad más necesitados haciéndose misioneros y testimonio de fraternidad y del compartir”.

sábado, 2 de enero de 2016

El Papa en el Ángelus da las claves para lograr la paz y que 2016 sea “un poco mejor”



VATICANO, 01 Ene. 16 / 06:51 am (ACI).- El Papa Francisco inició 2016 poniendo una tarea: “comenzamos a abrir el corazón, despertando la atención del prójimo” porque esta “es la vía para la conquista de la paz”.

Esta mañana, el Pontífice presidió una Misa en la Basílica de San Pedro por la Solemnidad de Santa María Madre de Dios y después rezó el Ángelus desde la ventana del estudio del Palacio Apostólico, donde dio las claves de cómo “conquistar” la paz, puesto que hoy también se celebra la Jornada Mundial por la Paz.

“La paz, que Dios Padre desea sembrar en el mundo, debe ser cultivada por nosotros, pero no solo, porque debe ser también conquistada”, aseguró.

“Esto implica una verdadera lucha, un combate espiritual que tiene lugar en nuestro corazón”, añadió.

El Papa también afirmó que, además de la guerra, también es “enemiga de la paz” la “indiferencia, que hace pensar solo en sí misma y crea barreras, sospechas, miedos y cerrajones”.



En su saludo a los fieles, Francisco felicitó el nuevo año y pidió renovar “el deseo de que aquello que venga sea un poco mejor”. “Es, en el fondo un signo de esperanza que nos anima y nos invita a creer en la vida. Sabemos que con el año nuevo no cambiará todo y que muchos problemas de ayer permanecerán también mañana”.

El Papa, sirviéndose de las lecturas de la liturgia del día, manifestó un deseo: “que el Señor pose la mirada sobre ustedes y que puedan alegrarse, sabiendo que cada día su rostro misericordioso, más radiante que el sol, resplandece sobre ustedes y no desaparece nunca”.

Por tanto, “descubrir el rostro de Dios hace nueva la vida” porque “es un Padre enamorado del hombre, que no se cansa nunca de recomenzar de nuevo con nosotros para renovarnos”.

Sin embargo, Francisco advirtió que Dios “no promete cambios mágicos, Él no usa la varita mágica” sino que “ama cambiar la realidad desde dentro, con paciencia y amor; pide entrar en nuestra vida con delicadeza, como la lluvia en la tierra, para traer fruto”.

En este contexto, el Santo Padre aprovechó para denunciar que “a veces estamos tan inundados de noticias que nos distraemos de la realidad, del hermano y de la hermana que nos necesitan”.

Francisco pidió la ayuda de la Virgen María, “Reina de la Paz, la Madre de Dios” y aprovechó para explicar qué significa lo que dice el Evangelio del día “Y Ella custodiaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón”. “¿De qué se trata?”, preguntó.

“Ciertamente de la alegría por el nacimiento de Jesús, pero también de las dificultades que había encontrado: tuvo que poner a su Hijo en un pesebre porque no había sitio para ellos en la posada y el futuro era muy incierto”.

El Papa dijo que eran también “las esperanzas y las preocupaciones, la gratitud y los problemas: todo aquello que acontecía en la vida se transformaba, en el corazón de María, oración, diálogo con Dios”.

“He aquí el secreto de la Madre de Dios. Y Ella hace así también por nosotros: custodia las alegrías y desata los nudos de nuestra vida, llevándonos al Señor”.

Después, el Papa improvisó y propuso a los fieles acordarse de unas palabras de la Escritura y repetirlas todos los días. “Cada mañana, cuando os despertéis recuerden aquel pasaje de la bendición de Dios: ‘Hoy el Señor hace resplandecer su rostro sobre mí’. ¡Todos! –dijo invitando a repetirlo–. Hoy el Señor hace resplandecer su rostro sobre mí. ¡Otra vez! Hoy el Señor hace resplandecer su rostro sobre mí".

martes, 1 de septiembre de 2015

Papa Francisco: Cuánto dañan a la Iglesia los "católicos" que dan antitestimonio cristiano



VATICANO, 30 Ago. 15 / 11:00 am (ACI).- El Papa Francisco reflexionó sobre el Evangelio de hoy domingo durante el tradicional rezo del Ángelus en la Plaza de San Pedro y advirtió que muchos se proclaman católicos por cumplir los preceptos pero dañan a la Iglesia con un "antitestimonio cristiano".

El Pontífice explicó que "el Evangelio de este domingo presenta una disputa entre Jesús y algunos fariseos y escribas" quienes le recriminan transgredir las normas.

"La respuesta de Jesús tiene la fuerza de un pronunciamento profético: 'Ustedes dejan de lado el mandamiento de Dios, por seguir la tradición de los hombres'. Son palabras que nos colman de admiración por nuestro Maestro: sentimos que en Él está la verdad y que su sabiduría nos libra de los prejuicios".

El Papa Francisco advirtió que "con estas palabras, Jesús quiere poner en guardia también a nosotros, hoy, del considerar que la observancia exterior de la ley sea suficiente para ser buenos cristianos".

"Existe también para nosotros el peligro de creernos en lo correcto, o peor, mejores de los otros por el sólo hecho de observar las reglas, las usanzas, también si no amamos al prójimo, somos duros de corazón, somos soberbios y orgullosos. La observancia literal de los preceptos es algo estéril si no cambia el corazón y no se traduce en actitudes concretas: abrirse al encuentro con Dios y a su Palabra, buscar la justicia y la paz, socorrer a los pobres, a los débiles, a los oprimidos".

"Todos sabemos: en nuestras comunidades, en nuestras parroquias, en nuestros barrios, cuánto daño hacen a la Iglesia y son motivo de escándalo, aquellas personas que se profesan tan católicas y van a menudo a la iglesia, pero después, en su vida cotidiana descuidan a la familia, hablan mal de los demás, etc. Esto es lo que Jesús condena porque es un antitestimonio cristiano", agregó.

El Santo Padre indicó que "no son las cosas exteriores las que nos hacen o no santos, sino el corazón que expresa nuestras intenciones, nuestras elecciones y el deseo de hacerlo todo por amor de Dios. Las actitudes exteriores son la consecuencia de lo que hemos decidido en el corazón. No al revés".

"Si el corazón no cambia, no somos buenos cristianos. La frontera entre el bien y el mal no pasa fuera de nosotros sino más bien dentro de nosotros, podemos preguntarnos: ¿dónde está mi corazón? Jesús decía: 'tu tesoro está donde está tu corazón'. ¿Cuál es mi tesoro? ¿Es Jesús y su doctrina? Entonces el corazón es bueno. O el tesoro ¿es otra cosa? Por lo tanto, es el corazón el que debe ser purificado y debe convertirse".

"Sin un corazón purificado, no se pueden tener manos verdaderamente limpias y labios que pronuncian palabras sinceras de amor - todo tiene un doblez, una doble vida-, labios que pronuncian palabras de misericordia, de perdón. Esto lo puede hacer solamente el corazón sincero y purificado", dijo.

Finalmente, invitó a los fieles pedir al Señor, "por intercesión de la Virgen Santa, darnos un corazón puro, libre de toda hipocresía. Este es el adjetivo que Jesús da a los fariseos: 'hipócritas', porque dicen una cosa y hacen otra. Un corazón libre de hipocresía, para que seamos capaces de vivir según el espíritu de la ley y alcanzar su finalidad, que es el amor".

domingo, 9 de agosto de 2015

“Busquemos el ‘Pan vivo’ con animo abierto y sin prejuicios”, dijo el Papa en el Ángelus



Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En este domingo prosigue la lectura del capítulo sexto del Evangelio de Juan, donde Jesús, habiendo cumplido el gran milagro de la multiplicación de los panes, explica a la gente el significado de aquel “signo” (Jn 6,41-51).
Como había hecho antes con la Samaritana, a partir de la experiencia de la sed y del signo del agua, Jesús aquí parte de la experiencia del hambre y del signo del pan, para revelarse e invitarnos a creer en Él.

La gente lo busca, la gente lo escucha, porque se ha quedado entusiasmada con el milagro: ¡querían hacerlo rey! Pero cuando Jesús afirma que el verdadero pan, donado por Dios, es Él mismo, muchos se escandalizan, no comprenden, y comienzan a murmurar entre ellos: «¿Acaso este – decían - no es Jesús, el hijo de José? Nosotros conocemos a su padre y a su madre. ¿Cómo puede decir ahora: «Yo he bajado del cielo»? (Jn 6,42). Y comienzan a murmurar. Entonces Jesús responde: «Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me envió», y añade «Les aseguro que el que cree, tiene Vida eterna» (vv 44.47).

Nos sorprende, y nos hace reflexionar esta palabra del Señor: “Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el padre”, “el que cree en mí, tiene Vida eterna”. Nos hace reflexionar. Esta palabra se introduce en la dinámica de la fe, que es una relación: la relación entre la persona humana, todos nosotros, y la Persona de Jesús, donde un papel decisivo juega el Padre, y naturalmente, también el Espíritu Santo, que está implícito aquí. No basta encontrar a Jesús para creer en Él, no basta leer la Biblia, el Evangelio: esto es importante ¿eh? Pero no basta. No basta ni siquiera asistir a un milagro, como aquel de la multiplicación de los panes. Muchas personas estuvieron en estrecho contacto con Jesús y no le creyeron, es más, también lo despreciaron y condenaron. Y yo me pregunto: ¿por qué, esto? ¿No fueron atraídos por el padre? No: esto sucedió porque su corazón estaba cerrado a la acción del Espíritu de Dios. Y si tú tienes el corazón cerrado la fe no entra. Dios Padre siempre nos atrae hacia Jesús: somos nosotros quienes abrimos nuestro corazón o lo cerramos.

En cambio la fe, que es como una semilla en lo profundo del corazón, florece cuando nos dejamos “atraer” por el Padre hacia Jesús, y “vamos a Él” con ánimo abierto, con corazón abierto, sin prejuicios; entonces reconocemos en su rostro el Rostro de Dios y en sus palabras la Palabra de Dios, porque el Espíritu Santo nos ha hecho entrar en la relación de amor y de vida que hay entre Jesús y Dios Padre. Y allí nosotros recibimos el don, el regalo de la fe.

Así, con esta actitud de fe, podemos comprender el sentido del “Pan de la vida” que Jesús nos dona, y que Él expresa de esta manera: «Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo» (Jn 06:51). En Jesús, en su “carne” - es decir, en su concreta humanidad – está presente todo el amor de Dios, que es el Espíritu Santo. Quien se deja atraer por este amor va hacia Jesús, y va con fe, y recibe de Él la vida, la vida eterna.

Aquella que ha vivido esta experiencia en modo ejemplar es la Virgen de Nazaret, María: la primera persona humana que ha creído en Dios recibiendo la carne de Jesús. Aprendamos de Ella, nuestra Madre, la alegría y la gratitud por el don de la fe. Un don que no es “privado”, un don que no es “propiedad privada”, sino que es un don para compartir: es un don «para la vida del mundo».

Traducción del italiano: Griselda Mutual, Radio Vaticano

domingo, 2 de noviembre de 2014

Papa, Ángelus, Fieles Difuntos: recordar a todos, también aquellos que nadie recuerda


En la Solemnidad de Todos los Fieles Difuntos, el Papa Francisco rezó el Ángelus dominical junto a miles de fieles romanos y peregrinos procedentes de Italia y de diversos países que se dieron cita en la Plaza de San Pedro para escuchar sus palabras y recibir su bendición. 
Recordando la celebración de Todos los Santos en el día de ayer,  el Obispo de Roma destacó el vínculo que une estas dos solemnidades, unidas entre ellas como “la alegría y las lágrimas  encuentran en Jesucristo una síntesis que es fundamento de nuestra fe y de nuestra esperanza”.
Jesús mismo nos ha revelado que la muerte del cuerpo es como un sueño del cual Él nos despierta, y con esta fe, constató el Papa, nos detenemos también espiritualmente ante las tumbas de nuestros seres queridos.
Pero hoy, subrayó el Obispo de Roma, estamos llamados a recordar a todos, también aquellos que nadie recuerda: las víctimas de las guerras y de las violencias, tantos pequeños del mundo aplastados por el hambre y por la miseria. Los hermanos y hermanas asesinados por ser cristianos y cuantos han sacrificado su vida por servir a los demás. 
Invitando a confiar al Señor a quienes nos han dejado en el curso de este último año, el Papa recordó la tradición de la Iglesia que exhorta a rezar por los difuntos ofreciendo, en particular, la Celebración Eucarística. Y destacó que el fundamento de la oración del sufragio se encuentra en la comunión del Cuerpo Místico.
El recuerdo de los difuntos, el cuidado de los sepulcros y los sufragios , agregó el Pontífice,  son testimonio de una confiada esperanza, radicada en la certeza que la muerte no es la última palabra sobre el destino humano, porque el hombre no está destinado a una vida sin límites, que tiene su raíz y su cumplimiento en Dios. 
Finalmente, la invitación a dirigirnos con ”esta fe en el destino supremo del hombre” a la Virgen, para que ella, Puerta del cielo, nos ayude a comprender siempre más el valor de la oración de sufragio por los difuntos y a no perder jamás de vista la meta última de la vida que es el Paraíso.

(MCM-RV)

domingo, 3 de agosto de 2014

Jesús nos enseña a anteponer las necesidades de los pobres a las nuestras, el Papa en el Ángelus



Refiriéndose al Evangelio del décimo octavo domingo que muestra a Jesús que se retiró con sus discípulos a un lugar aislado, pero la gente lo buscó y lo encontró. Entonces, Jesús sintió compasión y curó a los enfermos, el Obispo de Roma reflexionó con los peregrinos llegados a la plaza del Santuario de san Pedro. Dijo que frente a la multitud que no lo deja en paz, “Jesús no reacciona con irritación sino que siente compasión, porque sabe que no lo buscan por curiosidad sino por necesidad”. Y explicó que: “Jesús nos enseña a anteponer las necesidades de los pobres a las nuestras. Nuestras exigencias, aunque sean legítimas, no serán jamás así tan urgentes como aquellas de los pobres que no tienen lo necesario para vivir”.

En este evangelio, los discípulos preocupados por la hora, le sugieren despedir a la gente para que pudieran ir al pueblo a comprarse comida. Pero Jesús responde: “Dénles de comer ustedes mismos” (Mt. 14,16). Y haciéndose llevar los únicos cinco panes y dos peces que había, los bendijo, inició a partirlos y a darlos a los discípulos para que los distribuyeran a la gente. Todos comieron hasta saciarse y ¡sobró!

El Papa expresó que frente a la gente cansada y hambrienta “los discípulos razonan según la mentalidad del mundo, para el que cada uno debe pensar en sí mismo; mientras que Jesús razona según la lógica de Dios, que es aquella de compartir”, y agregó: “Si hubieran despedido a la multitud, tantas personas se hubieran quedado sin comer. Mientras que con pocos panes y pescados compartidos y bendecidos por Dios bastaron para todos”.

Pero “!atención!, no es una magia sino un signo –aclaró Francisco-. Un signo que invita a tener fe en Dios, Padre providente que no nos hace faltar 'el pan de cada día', ¡si nosotros sabemos compartirlo con los hermanos!” Y manifestó que en tercer lugar, el prodigio de los panes preanuncia la Eucaristía, afirmando que “en la Eucaristía Jesús no nos da pan, sino El pan de la Vida eterna, se dona a Si mismo, ofreciéndose al Padre por amor nuestro”.

El Sucesor de Pedro concluyó sintetizando su reflexión y pidiendo que la Virgen María nos acompañe: “Compasión, compartir, Eucaristía –dijo-. Este es el camino que Jesús nos indica en este Evangelio. Un camino que nos lleva a afrontar con fraternidad las necesidades de este mundo, pero que nos conduce más allá del mundo, porque parte de Dios Padre y regresa a Él. La Virgen María, Madre de la divina Providencia, nos acompañe en este camino.”

Jesuita Guillermo Ortiz – RADIO VATICANA

jueves, 1 de diciembre de 2011

ÁNGELUS


Tres veces al día -al amanecer, al mediodía y al anochecer-, los cristianos estamos invitados a elevar al cielo la sublime plegaria del Ángelus para saludar a María y recordarle la escena más grandiosa de su vida: la anunciación del ángel en Nazareth y el misterio de la Encarnación del Verbo en sus virginales entrañas: “El ángel del Señor anunció a María, y concibió del Espíritu Santo...”

El Ángelus sufrió un lento proceso evolutivo hasta alcanzar su forma definitiva tal como lo rezamos hoy. El primer documento conocido en el que encontramos el Ángelus en su forma actual, con indulgencia concedida por el Papa Paulo III, en un catecismo impreso en Venecia en 1560.
En 1571, San Pío V inserta el Ángelus en un Oficio Parvo de la Virgen aprobado por él.
Benedicto XIII, el 14 de septiembre de 1724, con el breve Iniunctae nobis, concedía cien días de indulgencia por cada vez que se rezara y una plenaria al mes al que lo rezase diariamente de rodillas por la mañana, a mediodía y por la tarde al toque de las campanas.
Benedicto XIV estableció el 20 de abril de 1742 que durante el tiempo pascual se sustituyese el Ángelus por la antífona: Reginal Coeli.
Finalmente, Pío VII en 1815, añadió al Ángelus tres “glorias al Padre...” en acción de gracias por los dones copiosamente otorgados por la Santísima Trinidad a la Virgen, particularmente por su gloriosa Asunción a los cielos.

Forma de Rezar el Ángelus


El ángel del Señor anunció a María.
Y concibió por obra y gracia del Espíritu Santo.

Ave María.

He aquí la esclava del Señor.
Hágase en mí, según tu palabra.

Ave María.

Y el verbo se hizo carne.
Y habitó entre nosotros.

Ave María.

Oremos:

Derrama Señor tu gracia sobre nuestros corazones y concede a quienes hemos conocido por el anuncio del Ángel la Encarnación de tu Hijo, que por su Pasión y su Cruz alcancemos la gloria de la Resurrección. Por el Señor Jesús, tu Hijo, que contigo vive y reina, en unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos. 
Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.
(tres veces)