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sábado, 26 de marzo de 2016

Este es el verdadero significado de la Vigilia Pascual



REDACCION CENTRAL, 26 Mar. 16 / 05:11 am (ACI).-  Vigilia significa pasar “una noche en vela”. En la noche de Sábado Santo, acontece el hecho más trascendente e importante para el cristiano: La Resurrección de Cristo.

Luego de conmemorar y reflexionar sobre la Pasión y la Muerte de Jesús, celebramos el cumplimiento de la promesa de la salvación.

En la Vigilia Pascual recordamos que llegan las mujeres de madrugada al sepulcro para terminar de embalsamar a Jesús, quien fue colocado con prisa debido a la celebración de la Pascua Judía. Cuando llegan, no encuentran el cuerpo del Señor y se les aparece un ángel quien les dice: “¿Buscan a Jesús el Nazareno? No está aquí. Ha resucitado. Decidles a sus discípulos que vayan a Galilea y allí lo verán”.

Homilía del Papa Francisco en la Vigilia Pascual 2016





VATICANO, 26 Mar. 16 / 10:30 pm (ACI).- El Papa Francisco presidió hoy la Vigilia Pascual a las 20: 30 hora local en la Basílica de San Pedro del Vaticano, donde pidió a los fieles no dejarse vencer por los miedos, la tristeza y la desesperanza, sino abrir “al Señor nuestros sepulcros sellados para que Jesús entre y lo llene de vida”.

“Al igual que Pedro y las mujeres, tampoco nosotros encontraremos la vida si permanecemos tristes y sin esperanza y encerrados en nosotros mismos”, dijo. “Abramos en cambio al Señor nuestros sepulcros sellados, para que Jesús entre y lo llene de vida; llevémosle las piedras del rencor y las losas del pasado, las rocas pesadas de las debilidades y de las caídas. Él desea venir y tomarnos de la mano, para sacarnos de la angustia. Pero la primera piedra que debemos remover esta noche es ésta: la falta de esperanza que nos encierra en nosotros mismos”, explicó el Pontífice.



A continuación, el texto completo de la Homilía del Papa Francisco:

«Pedro fue corriendo al sepulcro» (Lc 24,12). ¿Qué pensamientos bullían en la mente y en el corazón de Pedro mientras corría? El Evangelio nos dice que los Once, y Pedro entre ellos, no creyeron el testimonio de las mujeres, su anuncio pascual. Es más, «lo tomaron por un delirio» (v.11). En el corazón de Pedro había por tanto duda, junto a muchos sentimientos negativos: la tristeza por la muerte del Maestro amado y la desilusión por haberlo negado tres veces durante la Pasión. Hay en cambio un detalle que marca un cambio: Pedro, después de haber escuchado a las mujeres y de no haberlas creído, «sin embargo, se levantó» (v.12). No se quedó sentado a pensar, no se encerró en casa como los demás. No se dejó atrapar por la densa atmósfera de aquellos días, ni dominar por sus dudas; no se dejó hundir por los remordimientos, el miedo y las continuas habladurías que no llevan a nada. Buscó a Jesús, no a sí mismo. Prefirió la vía del encuentro y de la confianza y, tal como estaba, se levantó y corrió hacia el sepulcro, de dónde regresó «admirándose de lo sucedido» (v.12). Este fue el comienzo de la «resurrección» de Pedro, la resurrección de su corazón. Sin ceder a la tristeza o a la oscuridad, se abrió a la voz de la esperanza: dejó que la luz de Dios entrara en su corazón sin apagarla. También las mujeres, que habían salido muy temprano por la mañana para realizar una obra de misericordia, para llevar los aromas a la tumba, tuvieron la misma experiencia. Estaban «despavoridas y mirando al suelo», pero se impresionaron cuando oyeron las palabras del ángel: «¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?» (v.5). Al igual que Pedro y las mujeres, tampoco nosotros encontraremos la vida si permanecemos tristes y sin esperanza y encerrados en nosotros mismos. Abramos en cambio al Señor nuestros sepulcros sellados, para que Jesús entre y lo llene de vida; llevémosle las piedras del rencor y las losas del pasado, las rocas pesadas de las debilidades y de las caídas. Él desea venir y tomarnos de la mano, para sacarnos de la angustia. Pero la primera piedra que debemos remover esta noche es ésta: la falta de esperanza que nos encierra en nosotros mismos. Que el Señor nos libre de esta terrible trampa de ser cristianos sin esperanza, que viven como si el Señor no hubiera resucitado y nuestros problemas fueran el centro de la vida. Continuamente vemos, y veremos, problemas cerca de nosotros y dentro de nosotros. Siempre los habrá, pero en esta noche hay que iluminar esos problemas con la luz del Resucitado, en cierto modo hay que «evangelizarlos». No permitamos que la oscuridad y los miedos atraigan la mirada del alma y se apoderen del corazón, sino escuchemos las palabras del Ángel: el Señor «no está aquí. Ha resucitado» (v.6); Él es nuestra mayor alegría, siempre está a nuestro lado y nunca nos defraudará. Este es el fundamento de la esperanza, que no es simple optimismo, y ni siquiera una actitud psicológica o una hermosa invitación a tener ánimo. La esperanza cristiana es un don que Dios nos da si salimos de nosotros mismos y nos abrimos a él. Esta esperanza no defrauda porque el Espíritu Santo ha sido infundido en nuestros corazones (cf. Rm 5,5). El Paráclito no hace que todo parezca bonito, no elimina el mal con una varita mágica, sino que infunde la auténtica fuerza de la vida, que no consiste en la ausencia de problemas, sino en la seguridad de que Cristo, que por nosotros ha vencido el pecado, la muerte y el temor, siempre nos ama y nos perdona. Hoy es la fiesta de nuestra esperanza, la celebración de esta certeza: nada ni nadie nos podrá apartar nunca de su amor (cf. Rm 8,39). El Señor está vivo y quiere que lo busquemos entre los vivos. Después de haberlo encontrado, invita a cada uno a llevar el anuncio de Pascua, a suscitar y resucitar la esperanza en los corazones abrumados por la tristeza, en quienes no consiguen encontrar la luz de la vida. Hay tanta necesidad de ella hoy. Olvidándonos de nosotros mismos, como siervos alegres de la esperanza, estamos llamados a anunciar al Resucitado con la vida y mediante el amor; si no es así seremos un organismo internacional con un gran número de seguidores y buenas normas, pero incapaz de apagar la sed de esperanza que tiene el mundo. ¿Cómo podemos alimentar nuestra esperanza? La liturgia de esta noche nos propone un buen consejo. Nos enseña a hacer memoria de las obras de Dios. Las lecturas, en efecto, nos han narrado su fidelidad, la historia de su amor por nosotros. La Palabra viva de Dios es capaz de implicarnos en esta historia de amor, alimentando la esperanza y reavivando la alegría. Nos lo recuerda también el Evangelio que hemos escuchado: los ángeles, para infundir la esperanza en las mujeres, dicen: «Recordad cómo [Jesús] os habló» (v.6). No olvidemos su Palabra y sus acciones, de lo contrario perderemos la esperanza; hagamos en cambio memoria del Señor, de su bondad y de sus palabras de vida que nos han conmovido; recordémoslas y hagámoslas nuestras, para ser centinelas del alba que saben descubrir los signos del Resucitado. Queridos hermanos y hermanas, ¡Cristo ha resucitado! Abrámonos a la esperanza y pongámonos en camino; que el recuerdo de sus obras y de sus palabras sea la luz resplandeciente que oriente nuestros pasos confiadamente hacia la Pascua que no conocerá ocaso.

Hoy es Sábado Santo: Esta noche celebramos la Vigilia Pascual






REDACCIÓN CENTRAL, 26 Mar. 16 / 12:04 am (ACI).- Hoy se lleva  a cabo la celebración del Sábado Santo, la Iglesia Católica medita la pasión y muerte del Señor, así como su descenso a los infiernos, y espera en oración su resurrección, se realiza además la Vigilia Pascual que concluye con la Liturgia Eucarística.

[Puede ver: ¿Qué significa que Jesús descendió a los infiernos?]



Durante este día se le da especial atención a la Santísima Virgen María acompañandola en su soledad que vela junto a la tumba de su amado Hijo.

Durante la Vigilia Pascual se realiza tres actos importantes que inicia con la Celebración del fuego en donde el sacerdote bendice el fuego y enciende el cirio pascual. En este acto se entona el Pregón Pascual que es un poema escrito alrededor del año 300 que proclama que Jesús es el fuego nuevo.

Se da también la liturgia de la Palabra donde se leen siete lecturas, desde la Creación hasta la Resurrección, siendo la lectura del líbro del Éxodo la más importante que narra el paso de los israelitas por el Mar Rojo cuando huían de las tropas egipcias siendo así salvados por Dios, de la misma manera recuerda que Dios esta noche nos salva por su Hijo.

El tercer acto es cuando la Iglesia entera renueva sus promesas bautismales renunciando a Satanás a sus seducciones y a sus obras, se bendice la pila bautismal o un recipiente en representación y se recita la letanía de los Santos que nos une en oración con la Iglesia militante y triunfante.

domingo, 5 de abril de 2015

Homilía del Papa Francisco en la Vigilia Pascual 2015


VATICANO, 04 Abr. 15 / 02:52 pm (ACI).- El Papa Francisco presidió esta noche la Vigilia Pascual en la Basílica de San Pedro, en la cual llamó a los fieles a entrar en el Misterio de la Pascua con humildad y de la mano de la Virgen María, siguiendo el ejemplo de las primeras discípulas de Jesús.

A continuación el texto completo de la homilía del Papa:

Esta noche es noche de vigilia.

El Señor no duerme, vela el guardián de su pueblo (cf. Sal 121,4), para sacarlo de la esclavitud y para abrirle el camino de la libertad.

El Señor vela y, con la fuerza de su amor, hace pasar al pueblo a través del Mar Rojo; y hace pasar a Jesús a través del abismo de la muerte y de los infiernos.

Esta fue una noche de vela para los discípulos y las discípulas de Jesús. Noche de dolor y de temor. Los hombres permanecieron cerrados en el Cenáculo. Las mujeres, sin embargo, al alba del día siguiente, fueron al sepulcro para ungir el cuerpo de Jesús. Sus corazones estaban llenos de emoción y se preguntaban: «¿Cómo haremos para entrar?, ¿quién nos removerá la piedra de la tumba?...». Pero he aquí el primer signo del Acontecimiento: la gran piedra ya había sido removida, y la tumba estaba abierta.

«Entraron en el sepulcro y vieron a un joven sentado a la derecha, vestido de blanco» (Mc 16,5). Las mujeres fueron las primeras que vieron este gran signo: el sepulcro vacío; y fueron las primeras en entrar.

«Entraron en el sepulcro». En esta noche de vigilia, nos viene bien detenernos en reflexionar sobre la experiencia de las discípulas de Jesús, que también nos interpela a nosotros. Efectivamente, para eso estamos aquí: para entrar, para entrar en el misterio que Dios ha realizado con su vigilia de amor.

No se puede vivir la Pascua sin entrar en el misterio. No es un hecho intelectual, no es sólo conocer, leer... Es más, es mucho más.

«Entrar en el misterio» significa capacidad de asombro, de contemplación; capacidad de escuchar el silencio y sentir el susurro de ese hilo de silencio sonoro en el que Dios nos habla (cf. 1 Re 19,12).

Entrar en el misterio nos exige no tener miedo de la realidad: no cerrarse en sí mismos, no huir ante lo que no entendemos, no cerrar los ojos frente a los problemas, no negarlos, no eliminar los interrogantes... Entrar en el misterio significa ir más allá de las cómodas certezas, más allá de la pereza y la indiferencia que nos frenan, y ponerse en busca de la verdad, la belleza y el amor, buscar un sentido no ya descontado, una respuesta no trivial a las cuestiones que ponen en crisis nuestra fe, nuestra fidelidad y nuestra razón.

Para entrar en el misterio se necesita humildad, la humildad de abajarse, de apearse del pedestal de nuestro yo, tan orgulloso, de nuestra presunción; la humildad para redimensionar la propia estima, reconociendo lo que realmente somos: criaturas con virtudes y defectos, pecadores necesitados de perdón. Para entrar en el misterio hace falta este abajamiento, que es impotencia, vaciándonos de las propias idolatrías... adoración. Sin adorar no se puede entrar en el misterio.

Todo esto nos enseñan las mujeres discípulas de Jesús. Velaron aquella noche, junto la Madre. Y ella, la Virgen Madre, las ayudó a no perder la fe y la esperanza. Así, no permanecieron prisioneras del miedo y del dolor, sino que salieron con las primeras luces del alba, llevando en las manos sus ungüentos y con el corazón ungido de amor. Salieron y encontraron la tumba abierta. Y entraron. Velaron, salieron y entraron en el misterio. Aprendamos de ellas a velar con Dios y con María, nuestra Madre, para entrar en el misterio que nos hace pasar de la muerte a la vida.

sábado, 19 de abril de 2014

Homilía del Papa Francisco en Vigilia Pascual 2014


VATICANO, 19 Abr. 14 / 02:58 pm (ACI).- El Papa Francisco presidió hoy la celebración de la Vigilia Pascual en la Basílica de San Pedro, en la que reflexionó sobre el mandato del Señor de que los discípulos vayan a Galilea, la cual, dijo el Santo Padre, es “el lugar de la primera llamada, donde todo empezó”.

“Hoy, en esta noche, cada uno de nosotros puede preguntarse: ¿Cuál es mi Galilea? ¿Dónde está mi Galilea? ¿La recuerdo? ¿La he olvidado? He andado por caminos y senderos que me la han hecho olvidar. Señor, ayúdame: dime cuál es mi Galilea; sabes, yo quiero volver allí para encontrarte y dejarme abrazar por tu misericordia”, dijo el Papa.

A continuación, ACI Prensa comparte con sus lectores el texto completo de la homilía del Papa Francisco en la Vigilia Pascual:

El Evangelio de la resurrección de Jesucristo comienza con el ir de las mujeres hacia el sepulcro, temprano en la mañana del día después del sábado. Se dirigen a la tumba, para honrar el cuerpo del Señor, pero la encuentran abierta y vacía. Un ángel poderoso les dice: «Vosotras no temáis» (Mt 28,5), y les manda llevar la noticia a los discípulos: «Ha resucitado de entre los muertos y va por delante de vosotros a Galilea» (v. 7). Las mujeres se marcharon a toda prisa y, durante el camino, Jesús les salió al encuentro y les dijo: «No temáis: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán» (v. 10).

Después de la muerte del Maestro, los discípulos se habían dispersado; su fe se deshizo, todo parecía que había terminado, derrumbadas las certezas, muertas las esperanzas. Pero entonces, aquel anuncio de las mujeres, aunque increíble, se presentó como un rayo de luz en la oscuridad. La noticia se difundió: Jesús ha resucitado, como había dicho… Y también el mandato de ir a Galilea; las mujeres lo habían oído por dos veces, primero del ángel, después de Jesús mismo: «Que vayan a Galilea; allí me verán».

Galilea es el lugar de la primera llamada, donde todo empezó. Volver allí, volver al lugar de la primera llamada. Jesús pasó por la orilla del lago, mientras los pescadores estaban arreglando las redes. Los llamó, y ellos lo dejaron todo y lo siguieron (cf. Mt 4,18-22).

Volver a Galilea quiere decir releer todo a partir de la cruz y de la victoria. Releer todo: la predicación, los milagros, la nueva comunidad, los entusiasmos y las defecciones, hasta la traición; releer todo a partir del final, que es un nuevo comienzo, de este acto supremo de amor.

También para cada uno de nosotros hay una «Galilea» en el comienzo del camino con Jesús. «Ir a Galilea» tiene un significado bonito, significa para nosotros redescubrir nuestro bautismo como fuente viva, sacar energías nuevas de la raíz de nuestra fe y de nuestra experiencia cristiana. Volver a Galilea significa sobre todo volver allí, a ese punto incandescente en que la gracia de Dios me tocó al comienzo del camino.

Con esta chispa puedo encender el fuego para el hoy, para cada día, y llevar calor y luz a mis hermanos y hermanas. Con esta chispa se enciende una alegría humilde, una alegría que no ofende el dolor y la desesperación, una alegría buena y serena.

En la vida del cristiano, después del bautismo, hay también una «Galilea» más existencial: la experiencia del encuentro personal con Jesucristo, que me ha llamado a seguirlo y participar en su misión. En este sentido, volver a Galilea significa custodiar en el corazón la memoria viva de esta llamada, cuando Jesús pasó por mi camino, me miró con misericordia, me pidió de seguirlo; recuperar la memoria de aquel momento en el que sus ojos se cruzaron con los míos, el momento en que me hizo sentir que me amaba.

Hoy, en esta noche, cada uno de nosotros puede preguntarse: ¿Cuál es mi Galilea? ¿Dónde está mi Galilea? ¿La recuerdo? ¿La he olvidado? He andado por caminos y senderos que me la han hecho olvidar. Señor, ayúdame: dime cuál es mi Galilea; sabes, yo quiero volver allí para encontrarte y dejarme abrazar por tu misericordia.

El evangelio de Pascua es claro: es necesario volver allí, para ver a Jesús resucitado, y convertirse en testigos de su resurrección. No es un volver atrás, no es una nostalgia. Es volver al primer amor, para recibir el fuego que Jesús ha encendido en el mundo, y llevarlo a todos, a todos los extremos de la tierra.

«Galilea de los gentiles» (Mt 4,15; Is 8,23): horizonte del Resucitado, horizonte de la Iglesia; deseo intenso de encuentro… ¡Pongámonos en camino!


Vigilia Pascual



El Triduo culmina con la Vigilia Pascual de hoy, sábado por la noche, con la que comienza el tiempo pascual.
La vigilia pascual, la noche santa de la Resurrección del Señor, se considera como la madre de todas las santas vigilias (San Agustín). Durante ella, la Iglesia espera velando la resurrección de Cristo y la celebra en los sacramentos.

La Vigilia Pascual comprende:

1- El rito del fuego y de la luz,
2- La Liturgia de la Palabra,
3- La Liturgia de la iniciación cristiana y
4- La Eucaristía.

Rito del fuego y de la luz


Con las luces de la Iglesia apagadas, se bendice el fuego nuevo y se pide al Señor que estas fiestas no enciendan en el amor de Dios para vivir la Pascua con un corazón renovado. El fuego nuevo, simboliza, el paso de las tinieblas a la luz, de la noche al día, es decir, del pecado y la muerte a la resurrección.
Con las llamas del fuego nuevo, se enciende el Cirio Pascual, que simboliza a Cristo resucitado y se reparte su fuego para encender las velas que todos los fieles llevan a la celebración, significando que Cristo, "Luz del Mundo", ilumina la vida de los hombres con su Resurrección.


El cirio pascual es el más importante de todos los cirios. Con el cirio encendido, se realiza una procesión hacia la Iglesia y por tres veces repetimos la aclamación: "Luz de cristo. Demos gracias a Dios".  
El sacerdote entra al templo, llevando el Cirio Pascual en Alto, lo que significa que somos el Nuevo Pueblo de Dios, nacido de la Pascua; peregrinos seguimos a Cristo Resucitado, Luz del Mundo. Llegados al presbiterio se coloca el Cirio Pascual, en el centro del mismo, junto al altar o junto al ambón. Se encienden todas las luces del templo y continúa el pregón pascual. 


El pregón pascual



 
Antiguo himno alusivo a la noche de Pascua que proclama la gloria de la Resurrección de Cristo, que envolverá toda la liturgia de esta noche.
Es el anuncio gozoso en la vigilia pascual de la resurrección de Cristo, en esa noche santa, tan dichosa. El pueblo de pie lo escucha teniendo en sus manos los cirios encendidos. 

La Liturgia de la Palabra



Las lecturas presentan la Historia de la Salvación. Se hacen a manera de diálogo entre Dios y la comunidad, cada una está precedida de momentos de silencio, y oraciones. Las primeras lecturas se hacen del Antiguo Testamento, para admirar la obra de la Creación (Génesis); recordar los prodigios que hizo Dios con Israel su Pueblo (Éxodo); leer a los profetas que anunciaron la Salvación que Dios realizaría para todos los hombres; las siguientes dos lecturas son, una de San Pablo que anuncia a la nueva Iglesia que Cristo resucitado de entre los muertos, ya no muere más y la más importante, el Evangelio, que narra la Resurrección del Señor. Se canta el gloria y el aleluya.
El aleluya es una aclamación comunitaria que inicia el ritual de la proclamación del Evangelio. Es una invitación a la alabanza y expresión de júbilo. Con el aleluya, la asamblea de fieles recibimos y saludamos al Señor, los glorificamos porque Él, se dispone para hablar a nuestro corazón.
Ese canto gozoso se interrumpió en cuaresma, vuelve a sonar jubilosamente en la vigilia pascual.    

La Liturgia de iniciación cristiana 


 Luego de la homilía, se cantan las Letanías de la Iglesia. Se bendice el agua con la que serán bautizeados quienes se hayan preparado. Tomando la luz del Cirio Pacual, se reparte la luz a los fieles, quiens renuevan sus promesas bautismales. Con el agua bendita, el sacerdote los asperja.Finalmente continúa la Misa con la liturgia eucarística de la manera acostumbrada.
En esta vigilia pascual, reciben el bautismo los catecúmenos, primer sacramento de los cristianos. El bautismo es un morir al pecado y un vivir para Cristo. Nuestro bautismo, además de limpiarnos del pecado y darnos el don del Espíritu Santo, es también expresión de la Pasión de Cristo. 

La Liturgia Eucarística 



Con la proclamación de la resurrección en la espera de la segunda venida, celebramos el Amor y la entrega de Jesús presente en el Pan y el Vino.
Como en todas las Celebraciones Eucarísticas (Misas), se prepara el altar con los dones de pan y el vino, para hacer presente la Pascua de Cristo, como Él lo enseñó. La celebración eucarística es el centro de toda la vigilia. La palabra eucaristía, significa "acción de gracias". En esta noche pascual, la Iglesia celebra su acción de gracias al Padre por habernos dado a su Hijo.

El Cirio Pascual




Es el símbolo más destacado del Tiempo Pascual. El cirio más importante es el que se enciende en la vigilia Pascual como símbolo de Cristo, Luz del Mundo y que se sitúa en un candelabro adornado.


Es uno de los símbolos más expresivos de la Vigilia Pascual. El Sábado Santo, se prepara una hoguera y la Santa Misa comienza con las luces apagada. El sacerdote bendice el fuego y de allí, se enciende el Cirio.

Tiene una inscripción en forma de cruz, acompañada de la fecha del año y de las letras Alfa y Omega, la primera y la última del alfabeto griego, para indicar que la Pascua del Señor Jesús, principio y fin del tiempo y de la eternidad, nos alcanza con fuerza nueva en el año concreto que vivimos.
Se incrustan en la cera, cinco granos de incienso, simbolizando las cinco llagas santas u gloriosas del Señor en la Cruz.

Con el cirio encendido, se realiza una procesión y se canta por tres veces la aclamación al Cristo: "Luz de cristo. Demos gracias a Dios", mientras se van encendiendo los cirios de los fieles presentes y las luces de la iglesia. Luego se coloca el cirio en el candelabro y después de inciensarlo, se proclama el solemne Pregón Pascual.


El Cirio Pascual estará encendido en todas las celebraciones durante las siete semanas de la cincuentena pascual, al lado del ambón de la Palabra, hasta la tarde del domingo de Pentecostés. 


Una vez concluido el tiempo Pascual, el Cirio Pascual se usa durante los bautizos y en las exequias, es decir al principio y el término de la vida temporal, para simbolizar que un cristiano participa de la luz de Cristo a lo largo de todo su camino terreno, como garantía de su definitiva incorporación a Luz de la vida eterna.



sábado, 30 de marzo de 2013

La Vigilia Pascual!


El tiempo de Pascua es el más importante de la liturgia cristiana y tiene una duración de 50 días.
La Cuaresma terminó la tarde del Jueves Santo con la liturgia de la Cena del Señor, que dio comienzo al Triduo Pascual.
El Viernes Santo, acompañamos a nuestro Señor en los acontecimientos de su Pasión y Muerte en la cruz.
El Triduo culmina con la Vigilia Pascual de hoy, sábado por la noche, con la que comienza el tiempo pascual.

La Vigilia Pascual

Durante la Vigilia Pascual esperamos con intensa alegría la Resurrección de Jesús. Está dividida en cuatro momentos:
La Liturgia de la luz,
La Liturgia de la Palabra,
La Liturgia Bautismal y
La Liturgia Eucarística.

La Liturgia de la luz: en la que se bendice el fuego nuevo y se pide al Señor que es estas fiestas no enciendan en el amor de Dios para vivir la Pascua con un corazón renovado.


La Liturgia de la Palabra: en la que se recorre a través de la Palabra de Dios los puntos salientes de la Historia de la Salvación.


La Liturgia Bautismal: en la que se reciben el bautismo los catecúmenos, y la renovación de nuestras promesas bautismales.



La Liturgia Eucarística: en la que se celebra el Amor y la entrega de Jesús presente en el Pan y el Vino.
Al ser la Palabra la celebración fundamental de nuestra fe, se la celebra durante ocho días seguidos, que constituyen la denominada Octava de Pascua y se celebran como solemnidades.




Siguiendo los tiempos que se relatan en los evangelios, a los 40 días de la Resurrección, se celebra la Ascensión del Señor, y los días que siguen son de intensa preparación para la Venida del Espíritu Santo en la fiesta de Pentecostés. 

Si quieres profundizar sobre la Vigilia Pascual, te invitamos a visitar la publicación realizada en nuestro blog, ingresando al siguiente enlace: 




sábado, 23 de abril de 2011

VIGILIA PASCUAL


















La celebración de la Vigilia Pascual debe hacerse el sábado, sin comenzar antes del inicio de la noche ni terminar después del alba del domingo. Comienza con el templo a oscuras, encendiéndose y bendiciéndose un fuego, en un lugar fuera del templo. La celebración de la Vigilia Pascual tiene cuatro partes:
1. Bendición del Fuego Nuevo y preparación del Cirio Pascual - Pregón Pascual.
2. Liturgia de la Palabra (Siete lecturas del Antiguo Testamento y dos del Nuevo Testamento)
3. Liturgia Bautismal. Bendición del Agua Bautismal y/o Bendición del Agua Común. Bautismo de los Catecúmenos y renovación de las promesas bautismales de los fieles.
4. Liturgia Eucarística.

BENDICIÓN DEL FUEGO - CIRIO PASCUAL - PROCESIÓN

El fuego nuevo, simboliza, el paso de las tinieblas a la luz, de la noche al día, es decir, del pecado y la muerte a la resurrección.
Con las llamas del fuego nuevo, se enciende el Cirio Pascual, que simboliza a Cristo resucitado y se reparte su fuego para encender las velas que todos los fieles llevan a la celebración, significando que Cristo, "Luz del Mundo", ilumina la vida de los hombres con su Resurrección. El sacerdote entra al templo, llevando el Cirio Pascual en Alto, lo que significa que somos el Nuevo Pueblo de Dios, nacido de la Pascua; peregrinos seguimos a Cristo Resucitado, Luz del Mundo. Llegados al presbiterio se coloca el Cirio Pascual, en el centro del mismo, junto al altar o junto al ambón. Se encienden todas las luces del templo y continúa el pregón pascual, antiguo himno alusivo a la noche de Pascua que proclama la gloria de la Resurrección de Cristo, que envolverá toda la liturgia de esta noche.


LITURGIA DE LA PALABRA

Las lecturas presentan la Historia de la Salvación. Se hacen a manera de diálogo entre Dios y la comunidad, cada una está precedida de momentos de silencio, y oraciones. Las primeras lecturas se hacen del Antiguo Testamento, para admirar la obra de la Creación (Génesis); recordar los prodigios que hizo Dios con Israel su Pueblo (Éxodo); leer a los profetas que anunciaron la Salvación que Dios realizaría para todos los hombres; las siguientes dos lecturas son, una de San Pablo que anuncia a la nueva Iglesia que Cristo resucitado de entre los muertos, ya no muere más y la más importante, el Evangelio, que narra la Resurrección del Señor.


LITURGIA BAUTISMAL

Luego de la homilía, se cantan las Letanías de la Iglesia. Se bendice el agua con la que serán bautizeados quienes se hayan preparado. Tomando la luz del Cirio Pacual, se reparte la luz a los fieles, quiens renuevan sus promesas bautismales. Con el agua bendita, el sacerdote los asperja.Finalmente continúa la Misa con la liturgia eucarística de la manera acostumbrada.


LITURGIA EUCARÍSTICA

Como en todas las Celebraciones Eucarísticas (Misas), se prepara el altar con los dones de pan y el vino, para hacer presente la Pascua de Cristo, como Él lo enseñó. La celebración eucarística es el centro de toda la vigilia. La palabra eucaristía, significa "acción de gracias". En esta noche pascual, la Iglesia celebra su acción de gracias al Padre por habernos dado a su Hijo.