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jueves, 29 de marzo de 2018

JUEVES SANTO



En este día recordamos la Última Cena de Jesús con sus Apóstoles en las que les lavó los pies dándonos un ejemplo de servicialidad. En la Última Cena, Jesús se quedó con nosotros en el pan y en el vino, nos dejó su Cuerpo y su Sangre. Es el Jueves Santo cuando instituyó la Eucaristía y el Sacerdocio. 
Al terminar la Última Cena, Jesús se fue a orar al Huerto de los Olivos. Ahí pasó toda la noche y después de mucho tiempo de oración, llegaron a aprehenderlo.
Sede Parroquial: Iglesia “Señor del Milagro”

20:00 hs. Santa Misa de la Cena del Señor y procesión con el Santísimo Sacramento hacia la Comunidad “San Martín de Porres”: Adoramos a Jesús hasta las 02:00 hs. Durante este tiempo habrá confesiones.

jueves, 24 de marzo de 2016

Homilía del Papa Francisco en la Misa de la Cena del Señor del Jueves Santo




VATICANO, 24 Mar. 16 / 03:41 pm (ACI).- El Papa Francisco celebró este Jueves Santo la Misa de la Cena del Señor en el Centro de Acogida para los Solicitantes de Asilo a las afueras de Roma (Italia), donde lavó los pies a una voluntaria y once refugiados, entre ellos tres musulmanes y un hindú.

En su homilía, el Santo Padre hizo un llamado a la fraternidad entre los miembros de las diversas religiones y dijo que mientras Jesús, siendo el Maestro, lava los pies; en el atentado de Bruselas (Bélgica), estuvo un Judas que detrás tiene a los traficantes de armas que quieren sangre y guerra, y no la hermandad.

A continuación la homilía del Papa Francisco:

Los gestos hablan más que las imágenes y que las palabras. Los gestos...hay, en esta Palabra de Dios que hemos leído, dos gestos: Jesús que sirve, que lava los pies...Él, que era el ‘jefe’, lava los pies de los demás, a los suyos, a los más pequeños. Un gesto. El segundo gesto: Judas que va donde los enemigos de Jesús, donde aquellos que no quieren la paz con Jesús, a tomar el dinero con el que lo traicionó, las 30 monedas. Dos gestos.

También hoy, aquí, hay dos gestos: esto, todos nosotros, juntos: musulmanes, hindúes, católicos, coptos, evangélicos, pero hermanos, hijos del mismo Dios que queremos vivir en paz, integrados. Un gesto. Tres días atrás, un gesto de guerra, de destrucción en una ciudad de Europa, de gente que no quiere vivir en paz. Pero detrás de aquel gesto, como detrás de Judas, habían otros.

Detrás de Judas estaban aquellos que dieron el dinero para que Jesús fuese entregado. Detrás de ‘aquel’ gesto, están los fabricantes, los traficantes de armas que quieren la sangre, no la paz; que quieren la guerra, no la fraternidad.

Dos gestos, lo mismo: Jesús lava los pies, Judas vende a Jesús por dinero. Ustedes, nosotros, todos juntos, diversas religiones, diversas culturas, pero hijos del mismo Padre, hermanos. Y allá, pobrecitos aquellos, que compran las armas para destruir la fraternidad.

Hoy, en este momento, cuando haga el mismo gesto de Jesús de lavar los pies a ustedes doce, todos estamos haciendo el gesto de la fraternidad y todos decimos: ‘Somos diversos, somos diferentes, tenemos diferentes culturas y religiones, pero somos hermanos y queremos vivir en paz’. Y este es el gesto que hago con ustedes.

Cada uno de nosotros tiene una historia encima, cada uno de ustedes tiene una historia encima. Tantas cruces, tantos dolores, pero también tiene un corazón abierto que quiere la fraternidad. Cada uno, en su propia lengua religiosa, rece al Señor para que esta fraternidad se contagie en el mundo, para que no haya las 30 monedas para matar al hermano, para que siempre haya la fraternidad y la bondad. Así sea. 


El Papa lava pies a refugiados y denuncia que un Judas estuvo tras ataque en Bruselas



VATICANO, 24 Mar. 16 / 01:24 pm (ACI/EWTN Noticias).- El Papa Francisco presidió este Jueves Santo la Misa de la Cena del Señor en el Centro de Acogida para los Solicitantes de Asilo a las afueras de Roma (Italia), donde lavó los pies a una voluntaria y once refugiados –entre ellos tres musulmanes y un hindú-; y en su homilía denunció que mientras Jesús, siendo el Maestro, lava los pies; en el atentado de Bruselas estuvo un Judas que detrás tiene a los traficantes de armas que quieren sangre y guerra, y no la fraternidad.

El Pontífice llegó al Centro de Acogida para los Solicitantes de Asilo (CARA por sus siglas en italiano) de Castelnuovo di Porto, donde son acogidos 892 refugiados, de los cuales 554 son musulmanes, 337 cristianos y dos hindúes.


Además de los tres musulmanes y el refugiado hindú, el Papa Francisco lavó los pies a tres cristianas coptas originarias de Eritrea, cuatro jóvenes católicos de Nigeria y una voluntaria católica de Italia.

La Misa se celebró en las afueras del centro y por medida de seguridad solo se permitió el ingreso de la prensa vaticana. También estuvieron presentes el imán musulmán que se ocupa de los refugiados y otro imán que trabaja en una ciudad cercana.

En su homilía, el Santo Padre destacó la convivencia pacífica que hay entre los refugiados de diferentes religiones, en contraposición con quienes, como en el ataque a Bruselas (Bélgica), solo buscan el odio y la guerra.




En ese sentido, el Papa quiso destacar dos gestos que se dan en la celebración del Jueves Santo; por un lado “Jesús que sirve, que lava los pies, él que era el jefe le lava los pies a los suyos, a los más pequeños”, y el por otro la actitud “de los enemigos de Jesús, de aquellos que no quieren la paz con Jesús, que toman el dinero con el que lo traicionan, las 30 monedas”.

Francisco dijo que esto mismo se repite hoy en día, pues mientras en el centro de acogida “todos nosotros juntos, musulmanes, hindúes, católicos, coptos, evangélicos, hermanos, hijos del mismo Dios, que queremos vivir en paz, integrados, un gesto”; tres días atrás en Bélgica ocurrió “un gesto de guerra, de destrucción, en una ciudad de Europa, gente que no quiere vivir en paz”.

El Pontífice denunció que “detrás de ese gesto, como detrás de Judas estaban quienes habían dado el dinero para que Jesús fuese entregado; detrás de ese otro gesto están los traficantes de armas que quieren la sangre, no la paz, que quieren la guerra, no la fraternidad”.

En ese sentido, dijo a los refugiados que “ustedes, nosotros, todos juntos tenemos diversas religiones, diversas culturas, pero somos hijos de un mismo Padre, hermanos”. “Cuando yo haré el mismo gesto de Jesús, de lavar los pies a los doce, todos nosotros hacemos el gesto de la fraternidad y todos nosotros decimos, somos diversos, somos diferentes, tenemos diversas culturas y religiones, pero somos hermanos y queremos vivir en paz. Y este es el gesto que yo hago con ustedes”, explicó.

Asimismo, dijo que aunque cada uno de los 892 refugiados tiene “una historia encima”, con “tantas cruces y tantos dolores”, a la vez “tienen un corazón abierto que quiere la fraternidad”.


Por ello los alentó a que “cada uno en su lengua religiosa rece al Señor para que esta fraternidad se contagie en el mundo, para que no hayan más las treinta monedas para asesinar al hermano y para que siempre haya fraternidad y bondad”.

A quiénes lavó los pies Francisco

En información difundida previamente por CARA, se pudo conocer brevemente quiénes fueron los once refugiados elegidos para el lavatorio de pies, todos ellos con “experiencias turbulentas y situaciones límite físicas y psicológicas en sus países donde reina el dolor y el sufrimiento, de los cuales escaparon para llegar a Italia”.

Así, el primero de ellos es Sira, un musulmán de 37 años y proveniente de Mali. Llegó a CARA hace menos de dos meses después de haber pasado por Niger y Libia. “Mohamed es otro de los musulmanes y ha cumplido hoy 22 años y llegó al centro de acogida también hace dos meses. Nació en Siria, del cual escapó hacia Libia y de ahí se embarcó a la isla de Lampedusa, a donde arribó el 11 de enero”, indicó CARA.

El tercer musulmán es Khurram, que cumplirá 26 años el 1 de junio y nació en Pakistán. Debió atravesar Irán, Turquía, Grecia, Macedonia, Serbia, Hungría y Austria, hasta llegar a Caltanissetta (Italia), el 1 de septiembre de 2015.

El único refugiado hindú es Kunal de 29 años, que siguió el mismo camino de Khurram, pero partiendo de la India.

El Pontífice también lavó los pies a tres cristianas coptas originarias de Eritrea, que llegaron a (Sicilia) Italia luego de atravesar Etiopía, Sudán y Libia. La mayor es Luchia de 26 años y llegó el 7 de octubre de 2015. La segunda es Kbra que cumplirá 23 años el 1 de abril y llegó a la isla el 5 de noviembre. La menor es Lucía de 20 años y llegó el 4 de diciembre.

De los cinco fieles católicos, solo una es mujer. Se trata de la italiana Angela Ferri, de 30 años, proveniente de Stigliano y que labora en el centro de acogida. Los otros cuatro son jóvenes nigerianos, de los cuales dos son hermanos. Los cuatro son estudiantes y llegaron luego de atravesar Níger y Libia.

Los hermanos son Shadrach Osahon y Endurance de 26 y 21 años. Para salvarse se separaron por unos meses. El mayor llegó a Italia el 16 agosto de 2014 mientras el menor llegó el 17 de octubre del mismo año. Los otros dos nigerianos son Miminu Bright de 26 años y Osma de 22 años y licenciado en física.

Al final de la celebración, el Papa se acercó a saludar a varios de los refugiados, con quienes pudo intercambiar palabras gracias a tres traductores, uno de Afganistán, uno de Malí y otro de Eritrea.


Homilía del Papa Francisco en la Misa Crismal de Jueves Santo



VATICANO, 24 Mar. 16 / 05:50 am (ACI).- El Papa Francisco presidió esta mañana (hora local) la Misa Crismal en la Basílica de San Pedro en la que consagró el óleo que será utilizado durante todo el año para los distintos sacramentos en las parroquias de Roma.

A continuación el texto completo de su homilía gracias a Radio Vaticano:

Después de la lectura del pasaje de Isaías, al escuchar en labios de Jesús las palabras: «Hoy mismo se ha cumplido esto que acaban de oír», bien podría haber estallado un aplauso en la Sinagoga de Nazaret. Y luego podrían haber llorado mansamente, con íntima alegría, como lloraba el pueblo cuando Nehemías y el sacerdote Esdras le leían el libro de la Ley que habían encontrado reconstruyendo el muro. Pero los evangelios nos dicen que hubo sentimientos encontrados en los paisanos de Jesús: le pusieron distancia y le cerraron el corazón.

Primero, «todos hablaban bien de él, se maravillaban de las palabras llenas de gracia que salían de su boca» (Lc 4,22); pero después, una pregunta insidiosa fue ganando espacio: «¿Pero no es este el hijo de José, el carpintero?». Y al final: «Se llenaron de ira» (Lc 4,28). Lo querían despeñar... Se cumplía así lo que el anciano Simeón le había profetizado a nuestra Señora: «Será bandera discutida» (Lc 2,34). Jesús, con sus palabras y sus gestos, hace que se muestre lo que cada hombre y mujer tiene en su corazón.

Y allí donde el Señor anuncia el evangelio de la Misericordia incondicional del Padre para con los más pobres, los más alejados y oprimidos, allí precisamente somos interpelados a optar, a «combatir el buen combate de la Fe» (1 Tm 6,12). La lucha del Señor no es contra los hombres sino contra el demonio (cf. Ef 6,12), enemigo de la humanidad. Pero el Señor «pasa en medio» de los que buscan detenerlo «y sigue su camino» (Lc 4,30). Jesús no confronta para consolidar un espacio de poder. Si rompe cercos y cuestiona seguridades es para abrir una brecha al torrente de la Misericordia que, con el Padre y el Espíritu, desea derramar sobre la tierra. Una Misericordia que procede de bien en mejor: anuncia y trae algo nuevo: cura, libera y proclama el año de gracia del Señor.

La Misericordia de nuestro Dios es infinita e inefable y expresamos el dinamismo de este misterio como una Misericordia «siempre más grande», una Misericordia en camino, una Misericordia que cada día busca el modo de dar un paso adelante, un pasito más allá, avanzando sobre las tierras de nadie, en las que reinaba la indiferencia y la violencia.



Y esta fue la dinámica del buen Samaritano que «practicó la misericordia» (Lc10,37): primer paso, se conmovió, se acercó al herido, vendó sus heridas, lo llevó a la posada, se quedó esa noche y prometió volver a pagar lo que se gastara de más. Esta es la dinámica de la Misericordia, que enlaza un pequeño gesto con otro, y sin maltratar ninguna fragilidad, se extiende un poquito más en la ayuda y el amor. Cada uno de nosotros, mirando su propia vida con la mirada buena de Dios, puede hacer un ejercicio con la memoria y descubrir cómo ha practicado el Señor su misericordia para con nosotros, cómo ha sido mucho más misericordioso de lo que creíamos y, así, animarnos a desear y a pedirle que dé un pasito más, que se muestre mucho más misericordioso en el futuro. «Muéstranos Señor tu misericordia» (Sal 85,8).

Esta manera paradójica de rezar a un Dios siempre más misericordioso ayuda a romper esos moldes estrechos en los que tantas veces encasillamos la sobreabundancia de su Corazón. Nos hace bien salir de nuestros encierros, porque lo propio del Corazón de Dios es desbordarse de misericordia, desparramarse, derrochando su ternura, de manera tal que siempre sobre, ya que el Señor prefiere que se pierda algo antes de que falte una gota, que muchas semillas se la coman los pájaros antes de que se deje de sembrar una sola, ya que todas son capaces de portar fruto abundante, el 30, el 60 y hasta el ciento por uno.

Y como sacerdotes, nosotros somos testigos y ministros de la Misericordia siempre más grande de nuestro Padre; tenemos la dulce y confortadora tarea de encarnarla, como hizo Jesús, que «pasó haciendo el bien» (Hch 10,38), de mil maneras, para que llegue a todos. Nosotros podemos contribuir a inculturarla, a fin de que cada persona la reciba en su propia experiencia de vida y así la pueda entender y practicar —creativamente— en el modo de ser propio de su pueblo y de su familia y también de su persona.

Hoy, en este Jueves Santo del Año Jubilar de la Misericordia, quisiera hablar de dos ámbitos en los que el Señor se excede en su Misericordia. Dado que es él quien nos da ejemplo, no tenemos que tener miedo a excedernos nosotros también: un ámbito es el del encuentro; el otro, el de su perdón que nos avergüenza y dignifica.

El primer ámbito en el que vemos que Dios se excede en una Misericordia siempre más grande, es en el encuentro. Él se da todo y de manera tal que, en todo encuentro, directamente pasa a celebrar una fiesta. En la parábola del Padre Misericordioso quedamos pasmados ante ese hombre que corre, conmovido, a echarse al cuello de su hijo; cómo lo abraza y lo besa y se preocupa de ponerle el anillo que lo hace sentir como igual, y las sandalias del que es hijo y no empleado; y luego, cómo pone a todos en movimiento y manda organizar una fiesta.

Al contemplar siempre maravillados este derroche de alegría del Padre, a quien el regreso de su hijo le permite expresar su amor libremente, sin resistencias ni distancias, nosotros no debemos tener miedo a exagerar en nuestro agradecimiento. La actitud podemos tomarla de aquel pobre leproso, que al sentirse curado, deja a sus nueve compañeros que van a cumplir lo que les mandó Jesús y vuelve a arrodillarse a los pies del Señor, glorificando y dando gracias a Dios a grandes voces.

La misericordia restaura todo y devuelve a las personas a su dignidad original. Por eso, el agradecimiento efusivo es la respuesta adecuada: hay que entrar rápido en la fiesta, ponerse el vestido, sacarse los enojos del hijo mayor, alegrarse y festejar... Porque sólo así, participando plenamente en ese ámbito de celebración, uno puede después pensar bien, uno puede pedir perdón y ver más claramente cómo podrá reparar el mal que hizo.

A todos nosotros, puede hacernos bien preguntarnos: Después de confesarme, ¿festejo? O paso rápido a otra cosa, como cuando después de ir al médico, uno ve que los análisis no dieron tan mal y los mete en el sobre y pasa a otra cosa. Y cuando doy una limosna, ¿le doy tiempo al otro a que me exprese su agradecimiento y festejo su sonrisa y esas bendiciones que nos dan los pobres, o sigo apurado con mis cosas después de «dejar caer la moneda»?

El otro ámbito en el que vemos que Dios se excede en una Misericordia siempre más grande, es el perdón mismo. No sólo perdona deudas incalculables, como al siervo que le suplica y que luego se mostrará mezquino con su compañero, sino que nos hace pasar directamente de Ia vergüenza más vergonzante a la dignidad más alta sin pasos intermedios. El Señor deja que la pecadora perdonada le lave familiarmente los pies con sus lágrimas. Apenas Simón Pedro le confiesa su pecado y le pide que se aleje, Él lo eleva a la dignidad de pescador de hombres. Nosotros, en cambio, tendemos a separar ambas actitudes: cuando nos avergonzamos del pecado, nos escondemos y andamos con la cabeza gacha, como Adán y Eva, y cuando somos elevados a alguna dignidad tratamos de tapar los pecados y nos gusta hacernos ver, casi pavonearnos.

Nuestra respuesta al perdón excesivo del Señor debería consistir en mantenernos siempre en esa tensión sana entre una digna vergüenza y una avergonzada dignidad: actitud de quien por sí mismo busca humillarse y abajarse, pero es capaz de aceptar que el Señor lo ensalce en bien de la misión, sin creérselo. El modelo que el Evangelio consagra, y que puede servirnos cuando nos confesamos, es el de Pedro, que se deja interrogar prolijamente sobre su amor y, al mismo tiempo, renueva su aceptación del ministerio de pastorear las ovejas que el Señor le confía.

Para entrar más hondo en esta avergonzada dignidad, que nos salva de creernos, más o menos, de lo que somos por gracia, nos puede ayudar ver cómo en el pasaje de Isaías que el Señor lee hoy en su Sinagoga de Nazaret, el Profeta continúa diciendo: «Ustedes serán llamados sacerdotes del Señor, ministros de nuestro Dios» (Is 61,6). Es el pueblo pobre, hambreado, prisionero de guerra, sin futuro, el pueblo sobrante y descartado, a quien el Señor convierte en pueblo sacerdotal.

Como sacerdotes, nos identificamos con ese pueblo descartado, al que el Señor salva y recordamos que hay multitudes incontables de personas pobres, ignorantes, prisioneras, que se encuentran en esa situación porque otros los oprimen. Pero también recordamos que cada uno de nosotros conoce en qué medida, tantas veces estamos ciegos de la luz linda de la fe, no por no tener a mano el evangelio sino por exceso de teologías complicadas. Sentimos que nuestra alma anda sedienta de espiritualidad, pero no por falta de Agua Viva —que bebemos sólo en sorbos—, sino por exceso de espiritualidades «gaseosas», de espiritualidades light.

También nos sentimos prisioneros, pero no rodeados como tantos pueblos, por infranqueables muros de piedra o de alambrados de acero, sino por una mundanidad virtual que se abre o cierra con un simple click. Estamos oprimidos pero no por amenazas ni empujones, como tanta pobre gente, sino por la fascinación de mil propuestas de consumo que no nos podemos quitar de encima para caminar, libres, por los senderos que nos llevan al amor de nuestros hermanos, a los rebaños del Señor, a Ias ovejitas que esperan la voz de sus pastores.

Y Jesús viene a rescatarnos, a hacernos salir, para convertirnos de pobres y ciegos, de cautivos y oprimidos. en ministros de misericordia y consolación. Y nos dice, con las palabras del profeta Ezequiel al pueblo que se prostituyó y traicionó tanto a su Señor: «Yo me acordaré de la alianza que hice contigo cuando eras joven... Y tú te acordarás de tu conducta y te avergonzarás de ella, cuando recibas a tus hermanas, las mayores y las menores, y yo te las daré como hijas, si bien no en virtud de tu alianza. Yo mismo restableceré mi alianza contigo, y sabrás que yo soy el Señor. Así, cuando te haya perdonado todo lo que has hecho, te acordarás y te avergonzarás, y la vergüenza ya no te dejará volver a abrir la boca —oráculo del Señor—» (Ez 16,60-63).

En este Año Santo Jubilar, celebramos con todo el agradecimiento de que sea capaz nuestro corazón, a nuestro Padre, y le rogamos que "se acuerde siempre de su Misericordia"; recibimos con avergonzada dignidad Ia Misericordia en Ia carne herida de nuestro Señor Jesucristo y le pedimos que nos lave de todo pecado y nos libre de todo mal; y con la gracia del Espíritu Santo nos comprometemos a comunicar la Misericordia de Dios a todos los hombres, practicando Ias obras que el Espíritu suscita en cada uno para el bien común de todo el pueblo fiel de Dios.

Jueves Santo: Hoy también es el día del sacerdote - Oración de Santa Teresita del Niño Jesús




REDACCIÓN CENTRAL, 24 Mar. 16 / 02:30 am (ACI).- El Jueves Santo, día en que Jesús instituyó el Sacramento del Orden sacerdotal, se celebra el día del sacerdote. ¿Quién no conoce algún obispo o presbítero que ayudó a ver la vida más alegre con un gesto o una palabra?

“Este día es especialmente grande para nosotros, queridos hermanos sacerdotes. Es la fiesta de los sacerdotes. Es el día en que nació nuestro Sacerdocio, el cual es participación del único Sacerdocio de Cristo Mediador”, escribió San Juan Pablo II a los presbíteros con ocasión del Jueves Santo de 1986.

“En este día, los sacerdotes del mundo entero son invitados a concelebrar la Eucaristía con sus obispos y a renovar a su alrededor las promesas de sus compromisos sacerdotales al servicio de Cristo y de su Iglesia”, añadió.

Según las estadísticas de la Iglesia Católica del 2014, el número de sacerdotes en el mundo ha crecido, alcanzando la cifra de 414.313. Ellos tienen la gracia de hacer que Cristo se haga presente en cuerpo, sangre, alma y divinidad con la consagración del pan y del vino. Así como la de perdonar los pecados.



Con la gracia de Dios se ha mantenido en la Iglesia Católica una línea de sucesión jerárquica desde los apóstoles y que se mantiene hasta hoy. Sólo los Obispos pueden ordenar sacerdotes y todos ellos le deben obediencia al Papa, el Obispo de Roma, sucesor de Pedro y Vicario de Cristo.

La vida del sacerdote no es fácil. Tiene que dejar el hogar de sus padres y privarse de tener una familia propia. Educan y forman a miles de fieles, que muchas veces terminan haciendo lo contrario a sus consejos.

Algunos incluso pasan hambre, sed y frío por llevar el Evangelio a lugares recónditos. Otros son incomprendidos, perseguidos y calumniados por anunciar la verdad.

Lo importante, como recordó el Papa Francisco el Jueves Santo del 2013, es que el sacerdote debe hacer “que nuestra gente nos sienta discípulos del Señor, sienta que estamos revestidos con sus nombres, que no buscamos otra identidad; y pueda recibir a través de nuestras palabras y obras ese óleo de alegría que les vino a traer Jesús, el Ungido”.

A continuación una Oración por la Santificación de los Sacerdotes, de Santa Teresita del Niño Jesús.

Oh Jesús que has instituido el sacerdocio para continuar en la tierra
la obra divina de salvar a las almas
protege a tus sacerdotes (especialmente a: ..............)
en el refugio de tu SAGRADO CORAZÓN.

Guarda sin mancha sus MANOS CONSAGRADAS,
que a diario tocan tu SAGRADO CUERPO,
y conserva puros sus labios teñidos con tu PRECIOSA SANGRE.

Haz que se preserven puros sus Corazones,
marcados con el sello sublime del SACERDOCIO,
y no permitas que el espíritu del mundo los contamine.

Aumenta el número de tus apóstoles,
y que tu Santo Amor los proteja de todo peligro.

Bendice Sus trabajos y fatigas,
y que como fruto de su apostolado obtenga la salvación de muchas almas
que sean su consuelo aquí en la tierra y su corona eterna en el Cielo. Amén.






Jueves Santo









jueves, 2 de abril de 2015

Jueves Santo: Hoy también es el día del sacerdote - Oración por la Santificación de los Sacerdotes, de Santa Teresita del Niño Jesús.


REDACCIÓN CENTRAL, 02 Abr. 15 / 02:30 am (ACI).- El Jueves Santo, día en que Jesús instituyó el Sacramento del Orden sacerdotal, se celebra el día del sacerdote. ¿Quién no conoce algún obispo o presbítero que ayudó a ver la vida más alegre con un gesto o una palabra? A todos esos buenos pastores van dedicadas estas canciones y una oración especial.

“Este día es especialmente grande para nosotros, queridos hermanos sacerdotes. Es la fiesta de los sacerdotes. Es el día en que nació nuestro Sacerdocio, el cual es participación del único Sacerdocio de Cristo Mediador”, escribió San Juan Pablo II a los presbíteros con ocasión del Jueves Santo de 1986.

“En este día, los sacerdotes del mundo entero son invitados a concelebrar la Eucaristía con sus obispos y a renovar a su alrededor las promesas de sus compromisos sacerdotales al servicio de Cristo y de su Iglesia”, añadió.



Según las estadísticas de la Iglesia Católica del 2014, el número de sacerdotes en el mundo ha crecido, alcanzando la cifra de 414.313. Ellos tienen la gracia de hacer que Cristo se haga presente en cuerpo, sangre, alma y divinidad con la consagración del pan y del vino. Así como la de perdonar los pecados.

Con la gracia de Dios se ha mantenido en la Iglesia Católica una línea de sucesión jerárquica desde los apóstoles y que se mantiene hasta hoy. Sólo los Obispos pueden ordenar sacerdotes y todos ellos le deben obediencia al Papa, el Obispo de Roma, sucesor de Pedro y Vicario de Cristo.



La vida del sacerdote no es fácil. Tiene que dejar el hogar de sus padres y privarse de tener una familia propia. Educan y forman a miles de fieles, que muchas veces terminan haciendo lo contrario a sus consejos.

Algunos incluso pasan hambre, sed y frío por llevar el Evangelio a lugares recónditos. Otros son incomprendidos, perseguidos y calumniados por anunciar la verdad.

Lo importante, como recordó el Papa Francisco el Jueves Santo del 2013, es que el sacerdote debe hacer “que nuestra gente nos sienta discípulos del Señor, sienta que estamos revestidos con sus nombres, que no buscamos otra identidad; y pueda recibir a través de nuestras palabras y obras ese óleo de alegría que les vino a traer Jesús, el Ungido”.



A continuación una Oración por la Santificación de los Sacerdotes, de Santa Teresita del Niño Jesús.

Oh Jesús que has instituido el sacerdocio para continuar en la tierra

la obra divina de salvar a las almas

protege a tus sacerdotes (especialmente a: ..............)

en el refugio de tu SAGRADO CORAZÓN.

Guarda sin mancha sus MANOS CONSAGRADAS,

que a diario tocan tu SAGRADO CUERPO,

y conserva puros sus labios teñidos con tu PRECIOSA SANGRE.

Haz que se preserven puros sus Corazones,

marcados con el sello sublime del SACERDOCIO,

y no permitas que el espíritu del mundo los contamine.

Aumenta el número de tus apóstoles,

y que tu Santo Amor los proteja de todo peligro.

Bendice Sus trabajos y fatigas,

y que como fruto de su apostolado obtenga la salvación de muchas almas

que sean su consuelo aquí en la tierra y su corona eterna en el Cielo. Amén.

Papa Francisco en Misa de la Cena del Señor: Dios no se cansa de abrazarnos


VATICANO, 02 Abr. 15 / 12:02 pm (ACI/EWTN Noticias).- El Papa Francisco recordó este Jueves Santo que Dios “nunca defrauda” y “no se cansa de abrazarnos”. Subrayó además que Dios amó tanto al mundo que ofreció a su Hijo para la salvación de todos y “se ha hecho esclavo para servirnos”.

El Pontífice celebró la Misa de la Cena del Señor a las 17, 30 horas de Roma en la Iglesia del Padre Nuestro, perteneciente al Nuevo Complejo Penitenciario de Rebibbia, en la periferia de la ciudad. Allí, lavó los pies a dos mujeres detenidas nigerianas, una congoleña, dos italianas y una ecuatoriana. También a un hombre detenido de nacionalidad brasileña, a otro nigeriano y a cuatro italianos. Comenzó lavando el pie de un niño africano hijo de una de las reclusas.

 El Papa Francisco entró en procesión en la iglesia y fue recibido por aplausos por las 150 mujeres (incluidas 15 madres con sus hijos) que cumplen condena en la cárcel, así como por los 150 hombres que también se encuentran en esta prisión.

Francisco explicó que Jesús, “habiendo amado a los suyos, que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo, hasta el final”.

“Jesús nos amó, Jesús nos ama sin límites, siempre, hasta el final. El amor de Jesús por nosotros no tienen límites. Siempre es más, siempre es más. No se cansa de amar, a ninguno”, dijo el Papa.

 Durante su breve homilía, remarcó en varias ocasiones que Cristo “nos ama a todos nosotros hasta el punto de dar la vida por nosotros” y aseguró que cada uno puede decir “ha dado su vida por mí”.

El Santo Padre destacó además que “su amor es así, personal. El amor de Jesús no defrauda jamás, porque no se cansa de amar, como no se cansa de perdonar, no se cansa de abrazarnos”.

Sobre el gesto de Jesús de lavar los pies a sus discípulos, el Papa aclaró que “en aquel tiempo se usaba esto, era habitual. La gente cuando llegaba a una casa tenía los pies sucios del polvo del camino” y “a la entraba de la casa se lavaban los pies”.

“Esto no lo hacía el dueño de la casa, lo hacían los esclavos, era trabajo de esclavos. Y Jesús lava como esclavo nuestros pies. Y por eso les dice a Pedro: ‘esto que yo hago no lo entenderás ahora, sino después’”.

“Es tanto el amor de Jesús que se ha hecho esclavo para servirnos, para sanarnos, para limpiarnos y hoy en esta Misa  la Iglesia quiere que el sacerdote lave los pies de doce personas, como memoria de los Doce Apóstoles”.


El Papa explicó que “en nuestro corazón debemos tener la certeza de que el Señor, cuando nos lava los pies, nos lava todo, nos purifica, nos hace sentir una vez más su amor”.

A continuación, recordó un pasaje de la Escritura en el que el Profeta Isaías se pregunta: ‘¿Puede una madre olvidarse de su hijo? Pero si una madre se olvidara de su hijo yo jamás me olvidare de ti’”.

“Así es el amor de Dios por nosotros. Yo hoy lavaré los pies de doce de ustedes. Pero en estos hermanos y hermanas están representados todos, todos aquellos que viven aquí. Ustedes los representan”, dijo a los detenidos.

“Pero yo también necesito ser lavado por el Señor, por esto recen por esta Misa para que el Señor también me lave la suciedad, para que yo me haga más esclavo de vosotros, más esclavo en el servicio de la gente como ha sido Jesús”, concluyó para dar paso al lavatorio de los pies.

jueves, 17 de abril de 2014

Los monumentos y la visita de las siete iglesias - Reflexiones de la Madre Teresa de Calcuta






Esta noche de Jueves Santo, la misa no termina con la bendición final, el sacerdote, traslada el Santísimo al monumento, especialmente preparado para su adoración.

El altar se despoja de los manteles y permanece así también durante el Viernes Santo, y no vuelve a celebrarse la Eucaristía hasta la Solemne Vigilia Pascual.

La Reserva Eucarística nos lleva a permanecer en adoración y, Jesús Eucaristía, es reservado para la comunión del Viernes Santo, -único día que en el mundo entero-, no se celebra la Santa Misa.

Se acostumbra hacer un monumento para resaltar la Eucaristía y exponerla de una manera solemne para la adoración de los fieles.

La Iglesia pide dedicar un momento de adoración y de agradecimiento a Jesús, acompañarlo en la oración del huerto. Es por esta razón que las Iglesias preparan sus monumentos, en este día.

Esta práctica de piedad, busca dar gracias a Jesús por la institución de la Eucaristía y desagraviar los ultrajes que El recibió. Simboliza el ir y venir de Jesús en la noche de la traición.

Visita a los siete Monumentos o Siete Iglesias

Se visitan las siete iglesias, según una antiquísima tradición heredada de la Iglesia de Jerusalén, en la noche del jueves santo, para evocar a los siete juicios o interrogatorios a los que fue sometido Jesús.

Esta práctica de piedad busca dar gracias a Jesús por la institución de la Eucaristía y desagraviar los ultrajes que Él recibió.

Los monumentos que se preparan especialmente, constituyen lugares distintos a los habituales en los que se reserva al Santísimo.

Si no podemos trasladarnos o no tenemos la posibilidad de visitar siete iglesias, podemos hacer la meditación en la misma parroquia.

Los juicios o interrogatorios  a los que fue sometido Jesús

1º y 2º interrogatorios: por Anás y Caifás (Jn 28, 19-24).
3º interrogatorio por el sanedrín, por la noche (Mc 14, 53-64).
4º interrogatorio: por el sanedrín, al amanecer (Mc. 15,1)
5º interrogatorio: el 1º por Poncio Pilato (Mc 15, 2-15).
6º interrogatorio: por Herodes Antipas (Lc 23, 6-12).
7º interrogatorio: el 2º de Poncio Pilato (Mc 15, 15-19)

Visita a los 7 Monumentos - Reflexiones de la Beata Madre Teresa de Calcuta

La Madre Teresa, propuso las siguientes reflexiones, para acompañar a Jesús en la noche en que fue “juguete de los hombres.

Iº - Jesús en el Huerto de Getsemaní
IIº- Jesús es atado y llevado a la casa de Anás
IIIº- Jesús llevado ante Caifás
IVº- Jesús llevado ante Poncio Pilato
Vº - Jesús llevado ante Herodes
VIº- Jesús es regresado con Pilato
VIIº - Jesús llevado a su Pasión

Después de cada visita se reza: un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria.

1- Oración de Jesús en el Huerto

El mundo va mal porque hay poco amor, y hay poco amor porque se ora poco. En la oración hay cosas que impiden elevar nuestra mente y corazón a Dios. Hay muchos obstáculos para orar, pero el más peligroso es el poco deseo que los corazones sienten de encontrarse con Jesús y contemplar el amor que nos tiene, porque el mundo actual relaciona el nombre de Dios con la venganza, el odio y la violencia (Cf. Deus Caritas est, introducción). La oración de Jesús en el huerto nos habla de que nada podemos enfrentar en nuestra vida sin la oración.

2- La traición de Judas

El que no ama a Dios no se ama a si mismo, el que no se ama a sí mismo no ama al prójimo. Judas idolatraba su yo, quería que el Mesías fuera a la medida de sus caprichos. Judas no conoció ni vivió el amor de su Maestro. Frente a Judas tenemos que ver nuestras crisis, que en el fondo es crisis de amor. Meditando sobre la figura del traidor nos olvidamos de que en Judas se había enfriado el amor a su Maestro; él tenía en su cabeza la satisfacción personal, la ambición de honores, el deseo de tener más dinero y poder.

3- El abandono de sus discípulos

En el huerto de Getsemaní se presentan la oración perseverante de Jusucristo y el abandono de la nuestra. Los Apóstoles abandonaron al Maestro en los momentos más difíciles porque sus corazones estaban llenos de sí mismos y vacíos de Dios por la falta de oración. Reflexionemos: ¿Señor, por qué te abandonaron tus discípulos?. Sencillamente porque no pudieron orar una hora contigo. ¿No habéis podido velar una hora contigo?. ¡Velad y orad, para no caer en tentación!.

4- Ante los tribunales religiosos

El Papa nos decía: “Hemos creído en el amor de Dios… (Cf. Deus Caritas est, Introducción). Anás, el Sumo Sacerdote, no entendió que el Hijo de Dios pudiera tomar nuestra naturaleza. Esa persona llamada Jesús iba contra los mezquinos intereses de los hombres que usan la religión para su provecho personal. Reflexionemos: Cuántas veces también nosotros condenamos a Jesús porque nos exige salir de nuestra comodidad, de nuestra religión hecha a nuestra manera. En este episodio estamos todos los cómodos que no queremos reconocer que ser cristianos no es portarse bien sino seguir a Jesús.

5- Mofas y burlas

La violencia religiosa también la sufrió Jesús. Los mismos miembros del Sanedrín se dedicaron a maltratarlo. ¡A lo que puede llegar el odio bajo el nombre de Dios!
Reflexionemos: ¡Cuántas veces en nombre de la religión se cometen tantas injusticias que claman al cielo! Es el momento de detenernos en la violencia de los fundamentalismos religiosos y pedirle a Jesús que su amor nos reconcilie.

6- La negación de Pedro

Pedro se enfrió en su amor porque no aceptó el misterio de la Cruz, y quien no entra en este misterio, tarde o temprano termina negando el amor.
Reflexionemos: La conversión de Pedro, quien lo había negado tres veces, se realiza con una mirada de amor. Con estos mismos ojos nos mira Jesús después de nuestras caídas. Ojalá podamos decirle sin miedo a la cruz: “Señor, Tú lo sabes todo, Tú sabes que te amo”.

7- Tratado como loco

Herodes, egoísta y sensual, no conocía el amor. Jesús ama al pecador pero no al impenitente, por eso ni una palabra frente a Herodes. Porque este tirano tenía su corazón endurecido, embriagado de poder y no cabía en él más que lo que satisfacía sus caprichos. En el fondo de sus burlas está el miedo y la debilidad.
Reflexionemos: Los santos fueron tratados como locos como Jesús porque supieron amar. Hoy, hay muchos que se ríen de ellos porque no conocen el amor sino el egoísmo.

Extraído de la publicación “Viva la Semana Santa con las reflexiones de la Madre de los Pobres”