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viernes, 22 de abril de 2016

Jesús, es la Paz


En un momento histórico como el nuestro, tan convulsionado por la violencia de todo género, Jesús no sólo nos desea la paz, sino que la otorga a todos. Porque no es lo mismo desear la paz para alguien, que ser paz para alguien. Jesús es paz para quien mantiene una estrecha relación con Él. Los discípulos son el mejor ejemplo de esta cercana amistad con el Señor, porque ellos, muchas veces sin comprenderlo del todo, se mantuvieron cerca de Jesús. Sin embargo, en momentos tan complicados e impactantes como los de la crucifixión del Señor, los discípulos perdieron la paz, es decir el dolor y el desconcierto hicieron que se les escapara de las manos la presencia de Jesús. Seamos sinceros, uno de los elementos esenciales de nuestra existencia y que tal vez nos hemos pasado toda la vida buscando es la paz. La paz que Jesús ofrece es paz verdadera, no ilusión, no es ausencia de problemas, es tenacidad serena para enfrentarlos, no es reposo egoísta sino tranquilidad generosa y compartida. Es paz que está al alcance de la mano, y la cortísima distancia que nos separa de ella se remedia con la oración. Y cuando ya la hemos recibido esa paz se mantiene unida a nuestra vida a través de la fe. ¿Tienes hambre de paz? Ve a Jesús que te espera paciente en el sagrario.

¡Alabado sea el nombre de Jesús!

Escrita por: Pbro. Eliezer Israel Sandoval Espinoza

8 consejos de los santos para amar la Eucaristía



REDACCIÓN CENTRAL, 04 Jun. 15 / 09:19 pm (ACI).- La Iglesia siempre ha destacado la presencia real del Señor en el Santísimo Sacramento y por varios siglos se ha animado el amor a este gran milagro de Dios. A continuación, 8 consejos de los santos sobre la Eucaristía.

1.- "La Eucaristía produce una transformación progresiva en el cristiano. Es el Sol de las familias y de las Comunidades". Santo Tomás de Aquino.

2.- "Señor, tú alegras mi mente de alegría espiritual. Cómo es glorioso tu cáliz que supera todos los placeres probados anteriormente”. San Agustín.


3.- "Cuando no puedo asistir a la Santa Misa, adoro el Cuerpo de Cristo con los ojos del espíritu en la oración, lo mismo que le adoro cuando le veo en la Misa”. San Francisco de Asís.

4.- "Tened por cierto el tiempo que empleéis con devoción delante de este divinísimo Sacramento, será el tiempo que más bien os reportará en esta vida y más os consolará en vuestra muerte y en la eternidad. Y sabed que acaso ganaréis más en un cuarto de hora de adoración en la presencia de Jesús Sacramentado que en todos los demás ejercicios espirituales del día”. San Alfonso María de Ligorio.

5.- "La oración, unida con ese divino sacrificio de la Misa, tiene una fuerza indecible; de modo que por este medio abunda el alma de celestiales favores como apoyada sobre su Amado". San Francisco de Sales.

6.- "La Santa Eucaristía es la perfecta expresión del amor de Jesucristo por el hombre, es la quinta esencia de todos los misterios de su vida”. Santa María Goretti.

7.- "Antes de la Comunión... suplica a esta bondadosa Madre que te preste su corazón para recibir en él a su Hijo con sus propias disposiciones”. San Luis María Griñón de Monfort.

8.- "Acabando de recibir al Señor, pues tenéis la misma persona delante, procurad cerrar los ojos del cuerpo y abrir los del alma, y miraros al corazón”. Santa Teresa de Jesús.

Cristo está presente en la Eucaristía


Siguiendo a Santo Tomás de Aquino hablamos que Dios está en todas las cosas creadas de tres modos diferentes: Por su acción (en cuanto que Dios es quien crea y conserva todas las cosas); por presencia (en cuanto que todo está presente a la vista de Dios); y por esencia (en cuanto que se halla según su esencia en las cosas creadas que le están presentes). Pero cuando hablamos de la presencia de Cristo en la Eucaristía no nos referimos a estos modos de presencia.

Decimos también que Dios está presente en las Sagradas Escrituras, pues Él es el autor principal de las mismas; razón por la cual hablamos de la “inerrancia” de las Sagradas Escrituras. Pero cuando hablamos de la presencia de Cristo en la Eucaristía no nos referimos a este modo de presencia.

Decimos también que Cristo está presente en los Sacramentos; en cuanto que todos los sacramentos contienen y dan la gracia de Dios. Pero cuando hablamos de la presencia de Cristo en la Eucaristía no nos referimos a este modo de presencia.

Sólo cuando hablamos de la Eucaristía es cuando decimos que Cristo está realmente presente en este sacramento. Los demás sacramentos nos dan la gracia de Cristo, pero sólo en la Eucaristía está realmente presente el Autor de la gracia.

La Eucaristía: el alimento que nutre nuestro cuerpo y formtalece nuestro espíritu



Hay alimentos que nos nutren, y algunos otros que nos impiden desarrollarnos de una forma correcta.

Pero existe un alimento que no solo nutre nuestro cuerpo, sino que fortalece el espíritu para darnos la energía y el valor necesario para caminar dignamente en este mundo: LA EUCARISTÍA.

De toda Eucaristía, vivida plena, consciente y activamente, debe nacer en cada uno de nosotros un mayor aprecio de las realidades espirituales, un mayor compromiso de solidaridad con el prójimo y una mayor confianza en la eficacia de nuestro esfuerzo cotidiano.

Participar de la Santa Misa y recibir el Alimento Divino, en la Palabra y en la Comunión, nos hará salir del letargo espiritual en el que muchos se han dejado caer por seguir lo novedoso de algunas acciones esporádicas y llamativas que son promovidas por quienes buscan atraer adeptos para su beneficio personal, aprovechándose del hambre espiritual que viven muchos hermanos.

Quienes buscan con sinceridad compartir la vida de gracia y el alimento que nutre, no deben desesperarse al ver que hay una multitud hambrienta, pensando, como le pasó a los apóstoles en el Evangelio, ¿cómo los alimentaremos? (Cfr. Jn 6, 1 - 15).

Recordemos que el que alimentó a una gran multitud, repite el milagro diariamente en la Eucaristía, ofreciendo su palabra, multiplicando su presencia, transformando los dones puestos sobre el altar en su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad.

Necesitamos fortalecer nuestra fe, tener esperanza e ilusión en la vida para vivir el amor. Por falta de esta fe, hay muchos “desnutridos espirituales”. Cuando el alma carece de Dios, el ser humano se empobrece.

Dios sabe muy bien lo que necesitamos, por eso el Hijo se ha quedado como EL ALIMENTO QUE NUTRE, saciando nuestra alma, llevándonos al aprecio por lo divino y transformándonos en nuevas criaturas.