Mostrando entradas con la etiqueta Aborto. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Aborto. Mostrar todas las entradas

viernes, 25 de noviembre de 2016

¿Cómo afrontar la tragedia del aborto y el profundo dolor que genera?



MADRID, 24 Nov. 16 / 01:05 pm (ACI).- La decisión del Papa Francisco de extender a todos los sacerdotes la posibilidad de perdonar el pecado del aborto es una noticia que han acogido con ilusión desde el Proyecto Raquel, que ayuda cada año a más de 300 mujeres y hombres en toda España a superar el síndrome postaborto, un dolor que en ocasiones acompaña a las personas toda una vida.

El síndrome postaborto son las secuelas psicológicas que mujeres y hombres sufren después de haber abortado. Entre los síntomas destacan la ansiedad, las pesadillas, el estrés post-traumático y la depresión acompañada de un sentimiento de culpa que se agudiza en la fecha en la que el bebé hubiera nacido.

La Presidenta de Spei Mater-Proyecto Raquel en España, María José Mansilla, cuenta a ACI Prensa que además de agradecer el anuncio del Santo Padre, es necesario “acompañar a estas personas, darles luz y acogida. Esto es un reto tanto para los sacerdotes como para los laicos”.

Según explica Mansilla a ACI Prensa, lo que hace su organización es “una ayuda psicológica y espiritual, porque se trata de un problema que afecta a toda la persona” y que se divide en 10 sesiones que se realizan en unos 3 meses aproximadamente, pero “todo depende de las necesidades de cada una de las personas que participan”.

En ese itinerario hay tres figuras fundamentales: el consejero, el sacerdote y el profesional de la salud mental, que en ocasiones puede obviarse.


“Se sigue una metodología de acompañamiento y no de terapia para que, como dice San Juan Pablo II en la Evangelium Vitae, ‘se comprenda lo que ha sucedido y asuma la verdad de las cosas’”.

En ese sentido, Mansilla señala a ACI Prensa que, si bien es muy importante “el perdón y la reconciliación sacramental,  muchas personas no son capaces de asimilarlo y por eso necesitan un proceso para también perdonarse a sí mismas”.

De hecho, la presidenta de Spei Mater-Proyecto Raquel, asegura que es necesario “vivir el duelo por la pérdida del bebé, despedirse de él. En el proyecto se les hace un pequeño funeral en el que los padres y las madres se despiden del pequeño no físicamente sino con la oración”.

Pero no sólo acuden mujeres al Proyecto Mater, sino que “uno de cada cuatro personas afectadas por el síndrome postaborto es un hombre”, asegura Mansilla. Ellos lo sufren de manera parecida a las mujeres, pero con algunas diferencias, “en muchos casos no se sienten con derecho a estar tristes y sufrir la pérdida de ese hijo”.

“El plan en el proyecto Raquel para ellos está adaptado en algunos puntos, ya que ellos no han pasado por la experiencia física, y también depende del papel que tuvieron en ese aborto: si se negaron, si dejaron a la mujer sola o si lo supieron años después”, asegura la presidenta.

“Los casos que más me llaman la atención son las personas que abortaron hace muchos años, y que llevan como 40 años con ese dolor en su corazón y que llegan buscando acabar con un sufrimiento que les ha acompañado toda una vida”.

“A veces, después del acompañamiento dejan una medicación que tomaban desde años. Ahí se ve la mano de Dios, al igual que cuando acuden chicas muy jóvenes de apenas 15 años que tienen un dolor en el corazón que les hace pensar que nada tiene sentido”.


“Tras esta ayuda vuelven a nacer. También hay quienes cambian su vida por completo y llegan a decir, que a pesar de que parece increíble, de algo tan horrible, puede salir algo bueno, porque conoces la misericordia y eso cambia la vida”.

El Proyecto Raquel comenzó en el año 2010 y actualmente se encuentran en unas 33 diócesis españolas. Según precisa a pesar de que no llevan unas estadísticas “podemos atender a unas 300 mujeres al año entre todas las diócesis, pero sería lo mismo si atendiéramos tan solo a una”.

Este proyecto de ayuda a mujeres y hombres afectados por este síndrome nació en Estados Unidos pero se ha extendido a muchos países en el mundo.

¿QUÉ HA DICHO REALMENTE EL PAPA FRANCISCO SOBRE EL ABORTO?


Queridos amigos, en estos días estamos leyendo artículos en algunos medios de comunicación y comentarios en las redes sociales que dan la impresión de que las palabras del Papa Francisco sobre el aborto en la carta apostólica “Misericordia et misera” no han sido transmitidas o comprendidas correctamente. Para algunos, incluso es como si el Papa hubiera dicho que el aborto es aceptable.

Por eso hemos pensado en compartir con ustedes el texto de la carta donde el Papa habla de la cuestión. En primer lugar, el Papa afirma que es necesario volver a dar al sacramento de la confesión un lugar central en la vida cristiana, de forma que toda persona sinceramente arrepentida pueda acceder al perdón de Dios.

En segundo lugar, el Papa reafirma con fuerza que “el aborto es un pecado grave, porque pone fin a una vida humana inocente”.

Pero el Pontífice desea que quien ha pecado y se ha arrepentido verdaderamente, pueda reconciliarse con el Señor. Para facilitar el retorno al Padre de las personas verdaderamente arrepentidas, el Papa ha concedido a todos los sacerdotes la facultad de absolver a quienes hayan cometido el pecado del aborto. Con anterioridad, este pecado solo podía ser absuelto por el obispo o por los sacerdotes que él hubiera delegado.

En definitiva: El aborto sigue siendo un pecado gravísimo. En palabras del propio Papa Francisco, es “un crimen, es un mal absoluto", como ha declarado en numerosas ocasiones. Pero quien comprende la gravedad de lo que ha hecho y se arrepiente de corazón, encontrará ahora menos obstáculos para reconciliarse con Dios.

Cabe subrayar que el sacerdote absuelve, pero es Dios quien perdona los pecados (este es otro punto en el que existe confusión). Basta recordar la fórmula que utiliza el sacerdote cuando vamos a confesar: “Dios, Padre misericordioso, que reconcilió consigo al mundo por la muerte y la resurrección de su Hijo y derramó el Espíritu Santo para la remisión de los pecados, te conceda, por el ministerio de la Iglesia, el perdón y la paz...

Aquí les dejamos los párrafos de la carta “Misericordia et misera” en los que se trata de este tema. Escribe el Papa Francisco:

«Nosotros, confesores, somos testigos de tantas conversiones que suceden delante de nuestros ojos (...) El Sacramento de la Reconciliación necesita volver a encontrar su puesto central en la vida cristiana; por esto se requieren sacerdotes que pongan su vida al servicio del “ministerio de la reconciliación” (2 Co 5,18), para que a nadie que se haya arrepentido sinceramente se le impida acceder al amor del Padre, que espera su retorno, y a todos se les ofrezca la posibilidad de experimentar la fuerza liberadora del perdón. (...)

12. En virtud de esta exigencia, para que ningún obstáculo se interponga entre la petición de reconciliación y el perdón de Dios, de ahora en adelante concedo a todos los sacerdotes, en razón de su ministerio, la facultad de absolver a quienes hayan procurado el pecado del aborto. Cuanto había concedido de modo limitado para el período jubilar, lo extiendo ahora en el tiempo, no obstante cualquier cosa en contrario.

Quiero enfatizar con todas mis fuerzas que el aborto es un pecado grave, porque pone fin a una vida humana inocente. Con la misma fuerza, sin embargo, puedo y debo afirmar que no existe ningún pecado que la misericordia de Dios no pueda alcanzar y destruir, allí donde encuentra un corazón arrepentido que pide reconciliarse con el Padre. Por tanto, que cada sacerdote sea guía, apoyo y alivio a la hora de acompañar a los penitentes en este camino de reconciliación especial”.

lunes, 25 de abril de 2016

Ex directiva de Planned Parenthood: Abortistas también se pueden convertir



WASHINGTON D.C., 24 Abr. 16 / 02:18 pm (ACI).- "Nadie está más allá del poder de la conversión, porque nadie está más allá del poder de Cristo", dijo Abby Johnson, la ex directora de una clínica de Texas de la multinacional Planned Parenthood, a un grupo de estudiantes de la Universidad de Georgetown (Estados Unidos) el pasado miércoles.

"Hoy estoy de pie frente a ustedes como un testimonio del poder de la conversión", dijo la ex directiva conversa al catolicismo y hoy activista pro vida en una charla programada el mismo día en que la presidenta de Planned Parenthood, Cecile Richards, pronunció una conferencia para los estudiantes del campus.

Haciendo una reflexión sobre la exposición de Richards, Abby expresó: “creo que un día -tengo fe- no voy a ser yo quien esté aquí hablando y defendiendo la santidad de la vida humana. Creo que un día Cecile Richards estará en mi lugar".

El discurso de Johnson fue parte de la Semana de la Vida 2016 a Georgetown. El día martes 19, liderando el panel pro vida, estuvo la congresista republicana Marsha Blackburn, quien además preside la comisión que investiga a Planned Parenthood, acusada de traficar órganos de bebés abortados.

Por otra parte, un grupo de Students for Life (Estudiantes por la Vida) organizaron una protesta contra Cecile Richards el mismo miércoles, previo de la ponencia de Abby Johnson.

Richards fue invitado al campus por el grupo de estudiantes Lecture Fund, que recibió todo el apoyo de la universidad. Esto provocó críticas por parte de la Arquidiócesis de Washington “por la falta de conciencia de aquellos que impulsan la violencia del aborto".

Planned Parenthood es la proveedora de aborto más grande de la nación, pues realiza más de 300.000 abortos al año. "La comunidad jesuita en el campus claramente ha visto reducido su trabajo por esta organización y tiene un largo camino por recorrer ya que trata de inculcar en Georgetown algunos de los valores del Papa Francisco", indicó la arquidiócesis.

En 2012, la universidad también encendió la polémica al invitar a la entonces Secretaria del Departamento de Salud y Servicios Sociales de los Estados Unidos (HHS), Kathleen Sebelius, para dar un discurso en las ceremonias de graduación.

En aquel entonces muchas organizaciones católicas, bajo la amenaza de fuertes multas, recibieron un mandato del HHS que iba en contra la enseñanza de la Iglesia y obligaba a proporcionar cobertura para el “control de la natalidad” de sus empleados.

Durante su ponencia, Abby Johnson hizo hincapié en la importancia de la oración, la perseverancia y la confianza en Dios para superar el mal del aborto. “Desde el corazón de Cristo podemos crear los argumentos más bellos del mundo para estar a favor de la vida”, añadió.

También exhortó a los estudiantes a tener esperanza en la conversión de más trabajadores de la clínica y líderes pro aborto. "Y si somos personas de fe, debemos creer eso. Creer en la amabilidad, bondad y fidelidad de nuestro Dios ", acotó Abby.

Señaló además que su organización “And Then There Were None”, dedicada a ayudar a ex trabajadores de la clínica aborto y médicos, es un ejemplo de éxito. Al principio ella pensó que 10 trabajadores al año dejando a la industria sería un total éxito, pero ya se han registrado 218 personas que abandonaron la industria en tres años, incluyendo 6 abortistas de tiempo completo.

"Ser pro-vida no se trata solo de salvar al bebé. Porque si lo fuera, entonces no sería más que ser ‘pro bebé’. Estamos a favor de la vida, y creemos en la dignidad y el valor inherente de esa mujer que trabaja en esas clínicas, y sabemos que ella se merece algo mejor que cualquier cosa que pueda recibir dentro de esas instalaciones”, explicó Johnson.

También aseguró que su meta no es solo hacer ilegal el aborto, sino “hacer que el aborto impensable para una mujer, que nunca piense que tomar la vida de un ser humano inocente es aceptable", continuó.

Finalmente recordó que a pesar de estar cansados, enojados o frustrados siempre “tenemos que recordar la bondad de Dios".

Traducido por Diego López Marina. Originalmente publicado en CNA.

lunes, 4 de abril de 2016

Solemnidad de la Anunciación: No, al Aborto!









Testimonio impactante de un aborto


Solemnidad de la Anunciación: Esperanza y sanación para la mujer que ha abortado




Ayuda pastoral a la mujer que ha tenido un aborto


Por: Pbro. Gilberto Gómez Botero,Director de CENPAFAL | Fuente: CENPAFAL 




El hijo abortado

Son muchas las preguntas que están en la mente de la mujer que abortó y deben tenerse en cuenta: "Dónde estará mi hijo? Será que me ama aún después de lo que le hice?". Las respuestas dependen de nuestra formación religiosa. Una respuesta es que el niño es feliz en el cielo, que no sufre, y que un día se reunirá con ella.

Aunque manejemos estos temas, tenemos que dejarla expresar sus fantasías. Ella siempre quiere decir a su bebé: "Yo quisiera no haberlo hecho. Puedes amarme todavía?". Pero ella necesita poderlo compartir también con alguien. Me he dado cuenta de que, cuando estas mujeres hacen algo por un niño que no es suyo, comienzan a sentir que están redimiendo su pasado y que lo que ellas hagan en este sentido, en nombre del bebé abortado, tiene cierto poder para exorcizar su angustia.

Perdonarse a sí misma. 

Es el punto más difícil en todo este proceso de sanación. Es frecuente que la mujer se eche encima toda la culpa, inclusive la de los otros. Entre negar la culpa que se tiene y echarse toda la culpa hay un término medio que no siempre es fácil de lograr. Pero hay que hacerlo. Quisiera conocer un método para lograrlo. Pero no lo conozco. Sólo sé que es la oración la que abre el camino, o un testimonio de fe lo que nos ayuda a saltar la valla y perdonarnos a nosotros mismos. Pero no tengo las claves para esto. Sólo sé que ha ocurrido y que es un paso importante que la mujer tiene que dar.

A veces es sólo cuando la mujer llega a convencerse de que Dios sí nos ha perdonado y el apoyo de otras personas cuando comienza a verse a sí misma desde otro ángulo, como hija de Dios a quien el Señor ama y comprende, cuando mejoran su autoimagen y su autoestima.

Los pasos hacia el perdón y la sanación.

Entre las muchas cosas que he leído sobre el tema, llegó a mis manos un artículo escrito por una mujer que firma bajo el seudónimo de Loraine Alison y que fue publicado en la revista americana Marriage & Family (Enero 1990 - pgs.7-9). La autora, una mujer casada, describe minuciosamente su experiencia del aborto provocado, así como el proceso de sanación. El título del artículo es de por sí ya muy sugestivo: "Hay derecho a vivir después de cometer un aborto?". Y luégo el subtítulo nos entrega una clave muy valiosa: "El deseo de ser perdonada y de sanarse emocionalmente es el punto de partida".

Para mí constituye un aporte muy valioso, que ilumina mucho este difícil proceso. Lo traduje al español y copias del mismo se las he dado a muchas mujeres que se debaten en la lucha para lograr su sanación espiritual.

Quiero destacar lo que me parece más importante: los pasos del proceso de sanación. La sanación es un resultado que no se puede manipular a voluntad. Sólo se pueden poner circunstancias favorables para que éste opere. Y considero que conocer los pasos puede ayudar.

Ante todo, ella es testigo de primera mano de su propia historia. Y por eso afirma:

"Puede una mujer experimentar el perdón y la sanación después de un aborto?" 

Por mi propia experiencia yo sé que esto es posible si hay un deseo sincero de ser perdonada y sanada emocionalmente. No se trata de un procedimiento fácil o instantáneo, pero lo puede lograr quienquiera que busque verdaderamente la misericordia de Dios. El mismo procedimiento puede aplicarse a todos aquellos que estuvieron implicados indirectamente en el hecho del aborto: esposo, novio, padres, profesionales, médicos y psicólogos, a todos los que se hallan afligidos y sufren las heridas consecuentes de un aborto provocado. Aquí resumo brevemente los pasos que fueron necesarios para mí y para otras mujeres que fueron víctimas de esta tragedia" (los párrafos que siguen son textuales de la autora).

1. Experimentar el proceso de duelo.

El duelo es un sentimiento sano. Es un momento triste e incómodo pero hay que vivirlo necesariamente. Al involucrarme activamente en estos programas de recuperación, he aprendido que el camino hacia reintegración de la persona es muy arduo. La cólera, la incapacidad para perdonar a todos los que directa o indirectamente se implicaron en el aborto, la culpabilidad, la tristeza indecible por la destrucción del bebé, se entrelazan en la experiencia. Pero uno debe llegar a sobreponerse a estos sentimientos y reconocer el duelo como parte del proceso que conduce a la sanación.

2. Deseo de perdonarse uno a sí mismo.

El perdón de sí mismo es quizá la fase más difícil de todo este recorrido. Uno ha reducido a añicos su propia imagen, creyendo haber cometido el más detestable de los pecados. Muchas de nosotras sentimos la necesidad de castigarnos a nosotras mismas a consecuencia del aborto cometido. Con frecuencia muchas lo hacemos inconscientemente; porque no podemos perdonarnos, sentimos que se ahonda en nosotras la necesidad de autodestruírnos. Al experimentar personalmente el amor de Dios y su perdón, he descubierto que Dios no es el Juez iracundo que yo veía en El cuando era niña, sino que es un Dios que quiere que yo esté en paz y que se acabe mi propio silencioso sufrimiento. Dios sabía que, como seres humanos que somos, íbamos a cometer el pecado, pero Dios, como padre amoroso que es, está dispuesto al perdón. Si nos proponemos reflexionar detenidamente en ese amor que El nos tiene poco a poco encontraremos la fuerza que necesitamos para perdonarnos a nosotros mismos.

Durante el embarazo nuestro pensamiento se halla obnubilado por el dolor y el pesar. Con esta torcida manera de pensar tomamos esa terrible decisión: aborto. Ponemos por obra la decisión y aquí ya no es posible volver atrás. Para nada nos sirve pasarnos el resto de la vida odiándonos a nosotras mismas y cargando nuestras miserias. Pero buscar el perdón, experimentarlo y permitirle a Dios que nos sane, puede dar otra vez sentido a nuestra vida y comunicarnos la capacidad de vibrar ante el sufrimiento que otros padecen - o pueden padecer - como hemos sufrido nosotras mismas. Cumplimos así el mandamiento de "amarnos unos a otros" cuando compartimos nuestras experiencias de perdón y de sanación con aquellas que no las han vivido todavía.

3. Aceptar que uno sí cometió un pecado.

Cuando por fin uno ha llegado a perdonarse a sí mismo, ya ha superado un gran obstáculo. Confiando que hemos sido perdonados, buscamos que se termine el sufrimiento y el dolor que nos hemos infligido nosotros mismos y comenzamos a caminar hacia la sanación. Admitimos nuestro pecado y nos responsabilizamos de la acción que hemos cometido. Al declararnos autores de nuestro pecado, podremos experimentar una gran sensación de alivio, larga mente esperada. "En verdad lo hice. No puedo deshacer lo que hice pero espero ser perdonada". Háblele a Dios; El comprende y reconoce el verdadero arrepentimiento. Si no tiene una oración propia suya, le ofrezco ésta que yo empleé:

"Padre Celestial, vengo ahora a confesarte el pecado de aborto que he cometido. Por mis propias acciones he traído el tormento y la muerte a mi hijo y mucha tribulación a mí misma. Te ruego, Señor, me perdones. Al reconocer que por mi propia voluntad he destruído mucho en mi propia vida, te pido tu ayuda para vivir de acuerdo con el plan que tienes para mí. Como tu hija que soy, te pido que sanes cada parte de mi mente y de mi cuerpo que sufre todavía de las consecuencias del aborto y dame tu paz. Te agradezco el amor que me tienes y la piedad que me demuestras. En el nombre de Jesús. Amén".

Recuerda que Dios, con el amor de un perfecto padre, desea mucho más que uno mismo, que el sufrimiento que padecemos termine. Indudablemente que vamos a experimentar momentos de angustia y dolor por ese bebé que nunca tuvimos en nuestros brazos, al que nunca le prodigamos cuidados. Pero la sanación es un proceso continuo.

3. Decidirse a perdonar a otros.

Tal vez el marido, el novio o los padres hayan presionado para cometer el aborto o retiraron su apoyo durante este tormentoso momento de nuestras vidas. La desaparición de los sentimientos de amargura y de rabia hace parte de la sanación. Necesitamos pedir a Dios ayuda para perdonar a todas las personas que hayan podido influír en la decisión de abortar. Necesitamos perdonar al personal de la clínica de abortos. A veces esto parece imposible, pero con la ayuda de Dios se torna posible.

4. Experimentar la realidad.

Para muchas de nosotras el tiempo que sigue al aborto es un tiempo de negación. Este mecanismo de defensa se apodera de nuestros cuerpos y de nuestras mentes hasta que seamos capaces de manejar este tremendo dolor y esa sensación de pérdida. Cuando por fin somos capaces de lograrlo, debemos enfrentar el dolor y poner cara a la realidad de nuestra acción. Y hacerlo paso a paso. No importa lo doloroso que pueda ser, es parte del proceso de sanación.

5. Establecer una relación con el niño abortado.

Esto es algo íntimo y a la vez doloroso que hay que hacer. Pensando que el niño abortado fue justamente eso - un niño - uno puede comenzar a hablarle durante los momentos tranquilos. La aflicción que tal vez uno llegue a sentir puede ser ciertamente saludable y es sin duda necesario experimentarla para lograr perdonarse a sí misma. En estos momentos uno tiene que abrirse a sus propios sentimientos. Es posible que estas serenas conversaciones se llenen de lágrimas y dolor, pero abrirán camino a la sanación y al perdón.

6. Llegar a otros.

Cada una de nosotras decide cómo alcanzar a otras personas. Cuando nos ponemos en contacto con otras personas que están heridas, surgen sentimientos agradables, positivos, respecto de nosotras mismas. El mismo perdón y la misma sanación que estamos experimentando pueden ofrecérseles a ellas también. Y una decisión que debemos tomar en consideración cada una de nosotras es la de comprometernos en la lucha contra la legalización del aborto. El perdón y la sanación que hemos conocido nos darán, sin duda, la fuerza para compartir con otros esa paz que hemos logrado.

Cada día yo pido a Dios que me dé un corazón capaz de compadecerse de las personas que se hieren a sí mismas, especialmente de aquellas que sufren a consecuencia del aborto. Cuando uno llega por fin a sanarse de este tremendo dolor, lo que uno más quiere es compartir esta esperanza con quienes todavía no han llegado a experimentarla".

Conclusión

Lo que he aprendido en la consejería post-aborto es que realmente el que sana es Dios. Nosotros somos sus ayudas y es un gran privilegio poder ser la persona que la escucha en nombre del Señor, diciéndole a esa mujer atribulada: "Si puedo ayudarte, estoy dispuesto a hacerlo". Y más aún poder decirle como Jesús a la mujer adúltera: "Yo tampoco te condeno. Vete y no vuelvas a pecar" (Jn. 8-11).

martes, 15 de marzo de 2016

El día en que la Madre Teresa de Calcuta dijo: “La mayor amenaza para la paz es el aborto”



MADRID, 07 Feb. 14 / 11:02 am (ACI).- Fue un día histórico. La Beata Madre Teresa de Calcuta intervino en el Desayuno de Oración Nacional que se celebra cada año en Washington (Estados Unidos). Fue el 3 de febrero de 1994 ante la clase dirigente estadounidense. La fundadora de las Misioneras de la Caridad proclamó con valentía la verdad sobre el crimen del aborto.

En su discurso ante el entonces presidente Bill Clinton, la primera dama Hillary Clinton, el vicepresidente Al Gore y su esposa y otras grandes figuras políticas que no estaban de acuerdo con ella, la religiosa de origen albanés se refirió al aborto como una amenaza para la paz.

“La amenaza más grande que sufre la paz hoy en día es el aborto, porque el aborto es hacer la guerra al niño, al niño inocente que muere a manos de su propia madre. Si aceptamos que una madre pueda matar a su propio hijo, ¿cómo podremos decir a otros que no se maten? ¿Cómo persuadir a una mujer de que no se practique un aborto? Como siempre, hay que hacerlo con amor y recordar que amar significa dar hasta que duela”.



“Jesús dio su vida por amor a nosotros. Hay que ayudar a la madre que está pensando en abortar; ayudarla a amar, aun cuando ese respeto por la vida de su hijo signifique que tenga que sacrificar proyectos o su tiempo libre. A su vez el padre de esa criatura, sea quien fuere, debe también dar hasta que duela”.

“Al abortar, la madre no ha aprendido a amar; ha tratado de solucionar sus problemas matando a su propio hijo. Y a través del aborto, se le envía un mensaje al padre de que no tiene que asumir la responsabilidad por el hijo engendrado. Un padre así es capaz de poner a otras mujeres en esa misma situación. De ese modo un aborto puede llevar a otros abortos. El país que acepta el aborto no está enseñando a su pueblo a amar sino a aplicar la violencia para conseguir lo que se quiere. Es por eso que el mayor destructor del amor y de la paz es el aborto”.

Además, recuerda Análisis Digital, la Madre Teresa pidió a las mujeres que, si pensaban abortar a sus hijos, se los dieran a ella: “el mayor regalo que Dios le ha dado a nuestra congregación es luchar contra el aborto mediante la adopción. Ya hemos dado, sólo en nuestro hogar en Calcuta, más de tres mil niños en adopción. Y puedo decirles cuánta alegría, cuánto amor y cuánta paz han llevado estos niños a esas familias. Ha sido un verdadero regalo de Dios para ellos y para nosotros”.

“Recuerdo que uno de los pequeños estaba muy enfermo, así que les pedí a los padres que me lo devolvieran y que les daría uno sano. Pero el padre me miró y me dijo: ‘Madre Teresa, llévese mi vida antes que el niño’. Es hermoso ver cuánto amor, cuánta alegría ha llevado ese niño a esa familia.

Recen por nosotros para que podamos seguir con este hermoso regalo. Y también les hago una propuesta: nuestras hermanas están aquí, si alguno no quiere un hijo, dénmelo, yo sí lo quiero”.

Con sus palabras, la fundadora de las Misioneras de la Caridad tocó el corazón de muchos de los presentes y dejó claro también que la mayor pobreza no la encontró en los arrabales de Calcuta sino en los países más ricos cuando falta el amor, en las sociedades que permiten el aborto.

“Para mí, las naciones que han legalizado el aborto son las más pobres, le tienen miedo a un niño no nacido y el niño tiene que morir”.

A pesar de su pequeña estatura, ella no se arrugó en ningún momento, más bien se mostró firme como una roca y removió las conciencias de los poderosos dando voz a los no nacidos: “tomemos una determinación, que ningún niño sea rechazado o que no sea amado, o que no se preocupen por el o que no lo asesinen y lo tiren a la basura”.

Oración para bautizar niños abortados




“Cuando Herodes se dio cuenta de que los sabios lo habían engañado, se puso muy furioso y mandó matar a todos los niños menores de dos años, que vivieran en Belén y sus alrededores” Mt. 2, 16

Monseñor Fulton Shenn, gran predicador y maestro de la fe católica en los Estados Unidos, aconsejaba bautizar todos los días a los niños abortados o por pérdidas (abortos espontáneos), en nombre de aquellos que nunca lo hicieron. Por lo tanto, esta oración no sólo se puede hacer en nombre de un hijo no nacido, sino también como padrinos espirituales, en nombre de aquellos padres y madres que jamás bautizaron a esos millones de niños que son abortados o perdidos en el mundo entero. Entonces, se tendrá en el cielo, una multitud de intercesores.

Señor Jesucristo yo (diga su nombre completo), te pido perdón si provoqué, apoyé o colaboré con la perdida de este bebé.
Te ruego que me sanes de toda herida que me indujo a abortar o a apoyar un aborto (respire lenta y profundamente y pida ser lleno del Espíritu Santo).
Te entrego la culpa, la soledad, el dolor, la rabia, el enojo que siento en mi interior por este hijo o hija que no nació, quita también todo esto de él o de ella.
Señor Jesucristo deseo bautizar espiritualmente a mi bebé. Te pido que esté presente también nuestra Madre, la Virgen María (respire profundamente y escoja un nombre de niño o niña).
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, yo te bautizo a ti, hijo mío o hija mía (diga el nombre que ha escogido y haga la señal de la cruz con su mano derecha).
Gracias por ser mi hijo o mi hija, te pido que me perdones y aceptes el amor de Dios y el que hoy yo no quiero darte.
Te bendigo y te deposito en los brazos de Jesús y de la Virgen María.
Te ruego, Padre Dios, le concedas a mi bebé la resurrección en el cielo. Gracias Señor.


Oración extraída del libro 40 oraciones para sanar el cuerpo y las heridas del alma y del cuerpo del padre Gustavo Jamut

Adopción espiritual de bebés en peligro de ser abortados - Oración para adoptar un bebé no nacido



El informativo Novo Millennio de María Visión, el canal de televisión católico mexicano, ha lanzado una campaña de adopción espiritual de bebés en peligro de ser abortados inspirada en la que realizó hace años el Arzobispo de Nueva York, Fulton J. Sheen (+1979)


Un velo de muerte e injusticia cubre nuestra Nación y el mundo entero.
Nosotros podemos descorrerlo con nuestras oraciones, que consuelan los Corazones de Jesús y de María, y que irán iluminando poco a poco este momento de oscuridad.

Adoptar espiritualmente a un bebé en peligro de ser abortado, consiste en rezar por un bebé durante nueve meses, convirtiéndote así en el papá o en la mamá espiritual de ese pequeño. En el archivo adjunto encontrarás la oración que ya han recibido miles de personas. Puedes rezarla sola, o acompañada del Rosario, o de una misa, o de una visita al Santísimo, o de tres Aves Marías. Como cada persona quiera y pueda. Lo que pedimos es que no se olvide ni un solo día el compromiso de orar por el pequeño adoptado.

Tú eliges la fecha de adopción, que es la fecha en la que en algún lugar del mundo ha sido concebido un bebé, y que correrá el riesgo de morir. Le pones el nombre que tú quieras y tu compromiso es cuidarlo con tu oración amorosa durante nueve meses. Muchas personas deciden seguir rezando en forma indefinida por su hijo espiritual, pero eso ya depende de cada persona.

Estamos elaborando una base de datos con el nombre de la mamá o el papá, o pareja adoptivos, el nombre del bebé, la fecha de adopción y el lugar desde el que escriben. Cuando me den la fecha de adopción, yo les informaré la fecha de su nacimiento.

Nombre de quien adopta:
Nombre del bebé:
Fecha de adopción:
Lugar de residencia:

La base de datos contiene esta información. Cuando lleguemos al millón de niños adoptados, acudiremos a ponerla a los pies de Nuestra Señora en la Basílica de Guadalupe en México, para decirle a Nuestra Madre que su resto fiel no quiere que derrame más lágrimas por las muertes de tantos y tantos inocentes.

¿Quién puede adoptar? Cualquier persona: hombres, mujeres, niños (con la ayuda de un adulto, si es muy chiquito), jóvenes, matrimonios, parejas de novios, sacerdotes, religiosas, ancianos, es decir, cualquier persona de buena voluntad que quiera asumir esta preciosa responsabilidad en serio.

Algunas personas adoptan varios bebés, pero saben que tienen el compromiso de rezar por cada bebé en particular. No tendría sentido nuestra campaña de oración y amor, si no fuera así.

Y además de salvar la vida de un niño en peligro de ser abortado, estamos también salvando a sus papás de caer en la terrible trampa del aborto.

Recibe un abrazo en el Niño Jesús

+Isabel Álvarez de la Peza

¡Mándame tu adopción! a novomillennio@mariavision.com


ORACION PARA ADOPTAR A UN BEBE NO NACIDO

Se reza durante nueve meses:

Señor Jesús: por mediación de María, Tu Madre, que te dio a luz con amor, y por intercesión de San José, quien contempló extasiado el Misterio de la Encarnación y se ocupó de Ti tras tu nacimiento, te pido por________________, este pequeño no nacido que he adoptado espiritualmente, y que se encuentra en peligro de ser abortado. Te pido que des a los padres de este bebé amor y valor para que le permitan vivir la vida que Tú mismo le has preparado. Amén.

La siguiente oración se reza diariamente a la hora de rezar el Santo Rosario o sola:

Oración matutina:

Bendito seas, Señor, por este nuevo día. Te alabo por el don de la vida. Al despertar del sueño, te pido especialmente por aquellos que serán trágicamente privados de la vida porque serán abortados. Recíbelos, Señor. Y en tu gran misericordia, guía con tu sabiduría a todas las mujeres embarazadas que estén pensando hoy en destruir a los niños que llevan en su seno. Dales la gracia, el valor y la fortaleza para vivir diariamente según tu voluntad. Te lo pido por Cristo, Nuestro Señor, Amén.

Jaculatoria:
Madre de los niños que no han nacido, ruega por nosotros.


"Durante su vida terrenal este niño adoptado por ti será conocido sólo por Dios, pero en el mundo venidero y por toda la eternidad tanto tú, como el niño, encontrarán la felicidad cada uno en la compañía del otro."

Fuente: 
http://es.catholic.net/op/articulos/15774/oracin-para-adoptar-espiritualmente-a-un-bebe-no-nacido.html

Todos los sacerdotes podrán absolver pecado del aborto en Año de la Misericordia



VATICANO, 01 Sep. 15 / 09:35 am (ACI).- Entre los diversos temas a los que se refiere en la carta dada a conocer hoy, el Papa Francisco decidió que por el Año de la Misericordia todos los sacerdotes del mundo, “no obstante cualquier cuestión contraria”, estarán facultados para perdonar el pecado del aborto.
En el texto dirigido al Presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización, Arzobispo Rino Fisichella, el Santo Padre señala que ha decidido “conceder a todos los sacerdotes para el Año jubilar, no obstante cualquier cuestión contraria, la facultad de absolver del pecado del aborto a quienes lo han practicado y arrepentidos de corazón piden por ello perdón”.

Por este motivo, prosigue el Papa, “los sacerdotes se deben preparar para esta gran tarea sabiendo conjugar palabras de genuina acogida con una reflexión que ayude a comprender el pecado cometido, e indicar un itinerario de conversión verdadera para llegar a acoger el auténtico y generoso perdón del Padre que todo lo renueva con su presencia”.

Para explicar su decisión el Pontífice afirma que “uno de los graves problemas de nuestro tiempo es, ciertamente, la modificación de la relación con la vida. Una mentalidad muy generalizada que ya ha provocado una pérdida de la debida sensibilidad personal y social hacia la acogida de una nueva vida”.


 
“Algunos viven el drama del aborto con una consciencia superficial, casi sin darse cuenta del gravísimo mal que comporta un acto de ese tipo”.

El Papa Francisco prosigue su reflexión y resalta que “muchos otros, en cambio, incluso viviendo ese momento como una derrota, consideran no tener otro camino por donde ir. Pienso, de forma especial, en todas las mujeres que han recurrido al aborto. Conozco bien los condicionamientos que las condujeron a esa decisión. Sé que es un drama existencial y moral”.

“He encontrado a muchas mujeres que llevaban en su corazón una cicatriz por esa elección sufrida y dolorosa. Lo sucedido es profundamente injusto; sin embargo, solo el hecho de comprenderlo en su verdad puede consentir no perder la esperanza”.

El Santo Padre precisa asimismo que “el perdón de Dios no se puede negar a todo el que se haya arrepentido, sobre todo cuando con corazón sincero se acerca al Sacramento de la Confesión para obtener la reconciliación con el Padre”.

De acuerdo al derecho canónico solo los obispos y algunos sacerdotes facultados por ellos pueden perdonar el pecado del aborto por la gravedad del mismo, que implica acabar con la vida del ser humano más inocente e indefenso: el no nacido.

En los últimos años diversos obispos han concedido la facultad de perdonar el pecado del aborto a todos los sacerdotes de sus diócesis en tiempos penitenciales como la Cuaresma.

La decisión del Santo Padre se enmarca en la clara perspectiva de hacer que la misericordia de Dios llegue a todos, algo que ha marcado todo su pontificado.

El año de la Misericordia se inicia el 8 de diciembre de 2015 en la Solemnidad de la Inmaculada Concepción y concluye el 20 de noviembre de 2016 en la Solemnidad de Cristo Rey.


Los Católicos ante el aborto



¿Qué entiende la Iglesia por aborto?

La Iglesia Católica entiende por aborto la muerte provocada del feto, realizada por cualquier método y en cualquier momento del embarazo desde el instante mismo de la concepción. Así ha sido declarado el 23 de mayo de 1 988 por la Comisión para la Interpretación Auténtica del Código de Derecho Canónico.

La cuestión del aborto provocado, ¿es sólo un problema científico, político o social?

Ciertamente, no. Esta cuestión es, desde luego, un problema científico, político y social grave. Pero también es, y en gran medida, un serio problema moral para cualquiera, sea o no creyente.

¿Tenemos los católicos obligaciones adicionales acerca de la cuestión del aborto, respecto de los no católicos o no creyentes?

Todo hombre y toda mujer, si no quieren negar la realidad de las cosas y defienden la vida y la dignidad humanas, han de procurar por todos los medios lícitos a su alcance que las leyes no permitan la muerte violenta de seres inocentes e indefensos. Pero los cristianos, entre los que nos contamos los católicos, sabemos que la dignidad de la persona humana tiene su más profundo fundamento en el hecho de ser hijos de Dios y hermanos de Jesucristo, que quiso ser hombre por amor a todos y cada uno de nosotros.

Por eso los católicos, si vivimos nuestra fe, valoramos en toda su dimensión el drama terrible del aborto como un atentado contra esta dignidad sagrada. Más que de obligaciones adicionales, pues, habría que hablar de una más profunda y plena comprensión del valor de la persona humana, gracias a nuestra fe, como fundamento para nuestra actitud en favor de la vida, ya que sabemos que el olvido de Dios lleva con más facilidad al olvido de la dignidad humana.

Como católica, ¿en qué incurre una persona que realiza o consiente que le realicen un aborto?

Quien consiente y deliberadamente practica un aborto, acepta que se lo practiquen o presta una colaboración indispensable a su realización, incurre en una culpa moral y en una pena canónica, es decir, comete un pecado y un delito.

¿En qué consiste la culpa moral?

La culpa moral es un pecado grave contra el valor sagrado de la vida humana. El quinto Mandamiento ordena no matar. Es un pecado excepcionalmente grave, porque la víctima es inocente e indefensa y su muerte es causada precisamente por quienes tienen una especial obligación de velar por su vida.

Además, hay que tener en cuenta que al niño abortado se le priva del Sacramento del Bautismo.

¿Qué es una pena canónica?

La pena canónica es una sanción que la Iglesia impone a algunas conductas particularmente relevantes, y que está establecida en el Código de Derecho Canónico, vigente para todos los católicos.

¿En qué pena canónica incurre quien procura un aborto?

El que procura un aborto, si sabe que la Iglesia lo castiga de este modo riguroso, queda excomulgado. El Canon 1398 dice: "Quien procura un aborto, si éste se produce, incurre en excomunión Latae sententiae"

Por otra parte, el Canon 1041 establece que el que procura un aborto, si éste se consuma, así como los que hayan cooperado positivamente, incurre en irregularidad, que es el impedimento perpetuo para recibir órdenes sagradas.

¿Qué quiere decir incurrir en excomunión?

Significa que un católico queda privado de recibir los Sacramentos mientras no le sea levantada la pena: no se puede confesar válidamente, no puede acercarse a comulgar, no se puede casar por la Iglesia, etc. El excomulgado queda también privado de desempeñar cargos en la organización de la Iglesia.

¿Qué quiere decir que una excomunión es Latae sententiae?

Con esta expresión se quiere decir que el que incurre en ella queda excomulgado automáticamente, sin necesidad de que ninguna autoridad de la Iglesia lo declare para su caso concreto de manera expresa.

¿Significa algo especial la frase "si éste -el aborto- se produce"?

Sí. Quiere decir que, para que se produzca la pena de excomunión, el aborto debe consumarse, es decir, el hijo ha de morir como consecuencia del aborto. Si, por cualquier circunstancia, el aborto no llega a consumarse, no se producirá la excomunión, aunque se dará el pecado.

En el caso del aborto, ¿quiénes incurren en la pena de excomunión?

Si se dan las condiciones que configuran la pena de excomunión, en este caso quedan excomulgados, además de la mujer que aborta voluntariamente, todos los que han prestado colaboración indispensable a que se cometa el aborto: quienes lo practican, quienes los ayudan de modo que sin esa ayuda no se hubiera producido el aborto, etc.

¿Qué razón de ser tiene que el aborto está condenado por una pena canónica tan grave como es la excomunión?

La razón de ser de esta norma es proteger -también de esta manera, no sólo con la catequesis y la recta formación de la conciencia- la vida del hijo desde el instante mismo de la concepción, porque la Iglesia se da cuenta de que la frágil vida de los hijos en el seno materno depende decisivamente de la actitud de los más cercanos, que son, además, quienes tienen más directa y especial obligación de protegerla: padres, médico, etc. Luego, cuando el niño nazca, estará ya además protegido de alguna manera por la sociedad misma.

La Iglesia ha entendido siempre que el aborto provocado es uno de los peores crímenes desde el punto de vista moral. El Concilio Vaticano II dice a este respecto: "Dios, Señor de la vida, ha confiado a los hombres la insigne misión de proteger la vida, que se ha de llevar a cabo de un modo digno del hombre. Por ello, la vida ya concebida ha de ser salvaguardada con extremados cuidados; el aborto y el infanticidio son crímenes abominables" (Const. "Gaudium et Spes").

Pero ya que en los últimos años cada vez hay más Estados que permiten el aborto, ¿no habría sido un gesto de benevolencia de la Iglesia el haber mitigado las penas para los católicos que aborten?

La Iglesia pudo haber cambiado, en la última y profunda revisión del Código de Derecho Canónico culminada en 1983, la pena de excomunión que pesa sobre los que procuran conscientemente un aborto, pero no lo hizo así precisamente porque en las últimas décadas se ha producido en todo el mundo una acusada relajación de la sensibilidad de las gentes (y también de muchos creyentes) hacia este crimen. Y si bien esta mayor laxitud social, que ejerce una presión cierta sobre las conciencias, puede disminuir la gravedad del delito en algunos casos, una atenuación de la pena habría suscitado, inevitablemente, la errónea idea de que la Iglesia considera hoy el aborto provocado como menos grave que antes, cuando, evidentemente, no es así.

La Iglesia es Madre y Maestra; como Madre, es lenta para la ira y fácil para el perdón, pero como Maestra no puede desvirtuar el depósito de la doctrina legado por Dios, y no puede decir que está bien lo que está mal, ni puede dar pie a que nadie suponga que actúa de esta manera.

¿Puede suceder que alguna persona consienta o colabore en un aborto y no incurra en excomunión?

Sí. Dado que en Derecho Canónico no existe delito si no hay pecado grave, hay circunstancias en las que no se incurre en esta pena, que requiere plena imputabilidad. Por ejemplo, no quedan excomulgados los que procuran un aborto si ignoran que se castiga con la excomunión; los que no tengan conciencia de que abortar voluntariamente es pecado mortal; los que han intervenido en un aborto forzados con violencia irresistible contra su voluntad o por miedo grave; los menores de edad...; en general, los que han obrado sin plena advertencia y pleno consentimiento.

En el caso de que un médico (o un anestesista o una enfermera), por no estar dispuesto a realizar este tipo de intervenciones, fuese despedido y padecieran necesidad él y su familia, ¿podría colaborar?

Nunca se puede colaborar de modo positivo en la comisión de un acto que va contra la ley de Dios, que hay que obedecer antes que a la ley de los hombres. El católico que se halla en esta situación tiene la obligación grave de ampararse en el derecho a la objeción de conciencia, aunque esta actitud pueda acarrearle represalias.

El profesional sanitario cristiano ha de tener presente, además, que si es conocida su condición de creyente puede provocar un grave escándalo si colabora a la práctica de abortos.

Si los familiares de ese profesional son también cristianos, tienen la responsabilidad humana y moral de ayudarle a sobrellevar las dificultades, apoyarle en sus decisiones y hacer causa común con él en esos momentos de tribulación. Y esta responsabilidad alcanza también a sus amigos y colegas, si son cristianos y quieren vivir auténticamente su fe, así como a los miembros de la comunidad católica en que el profesional sanitario se desenvuelva.

¿Y qué ha de hacer el resto de las personas que trabajan en un hospital donde se practican habitualmente abortos?

Esas personas han de poner todos los medios lícitos a su alcance para que se dejen de practicar abortos. En cualquier caso, han de negar su colaboración directa a esas acciones.

¿No es la doctrina católica sobre el aborto una dura doctrina, que muy pocos podrán seguir?

Casi con estas mismas palabras replicaron los contemporáneos de Jesús cuando oyeren su predicación. Y el mismo Jesús nos dijo que hay que seguir el sendero estrecho para llegar al Reino de los Cielos. Seguir a Cristo en Su Iglesia no es fácil, pero con la Gracia de Dios se allana el camino y se superan las dificultades, por grandes que parezcan. También nos dijo Jesús que fuéramos a Él con confianza, y Él nos aliviaría de nuestras angustias.

La doctrina católica sobre el aborto no proviene de la voluntad de la autoridad eclesiástica, sino que está fundamentada en lo más profundo de la naturaleza de las cosas queridas por Dios, que se expresa en la Ley que Él nos ha dado a conocer, y que la Iglesia tiene la misión de transmitir. Pero la Iglesia cumple también con su deber siendo el ámbito en que los cristianos pueden fortalecer mejor su fe y ser ayudados y estimulados a vivir más intensamente su vida cristiana.

¿Cómo puede levantarse una excomunión, tras haber colaborado en un aborto consumado?

Si un católico se encuentra en esta situación, debe acudir al obispo o al sacerdote en quien éste delegue. En la práctica, puede dirigirse a cualquier sacerdote, que le indicará lo que debe hacer.

¿Tienen los católicos, además de la obligación grave de no colaborar en ningún aborto provocado, otras obligaciones en esta materia?

Todos los católicos estamos llamados a una vida plena, es decir, a la santidad, y a contribuir activamente a la extensión del Reino de Dios en la tierra llevando el Evangelio hasta el último rincón del mundo. Si todo miembro responsable de una sociedad que se proclama civilizada tiene el deber de defender la vida y la dignidad humanas, por muchas más razones los católicos hemos de asumir esta tarea.

¿Cómo se puede hacer esto, en el caso del aborto?

El lograr que en una sociedad se respete el derecho a la vida es responsabilidad de todos en su actividad cotidiana, pues todos, con el ejemplo de su conducta, sus palabras, sus escritos, sus opiniones, su voto, la educación de sus hijos, etc., influyen en lo que se piensa, en cómo se vive Y en lo que se legisla.

Ciertamente, un papel importante corresponde a políticos, educadores y responsables de medios de Comunicación social, por la repercusión que sus palabras o sus acciones tienen en la colectividad; pero ellos, al tiempo que influyen sobre la sociedad, son influidos a su vez también por ella.

¿Qué puede hacer para influir en esta materia un cristiano corriente, un ciudadano normal que ni sale en la televisión, ni habla desde una cátedra o una tribuna pública?

Lo primero que cada uno puede y debe hacer para afirmar la vida es vivir con la conciencia de su dignidad. Sólo afirmaremos la vida de otros si nosotros percibimos la nuestra en toda su grandeza y si nuestra conducta es coherente con nuestra convicción. El ejemplo de Jesús, tomando en serio a cada una de las personas que se encontraba, debe servirnos para que todos los que se crucen en nuestra vida se sientan valorados y tenidos en cuenta como seres únicos. Una afirmación así de la vida personal en nuestras experiencias cotidianas hará posible que surja, naturalmente, la estima por todos y cada uno de los seres humanos, también los concebidos y no nacidos. Pero junto a esta actitud general, caben muchas maneras concretas de trabajar específicamente en favor de la vida:

Rogando al Señor por los legisladores y los dirigentes sociales en general, para que sepan comprender que los hijos concebidos y no nacidos son los más inocentes y los más indefensos miembros de, nuestra sociedad, y que, como ha dicho repetidamente el Papa Juan Pablo li, nunca se puede legitimar la muerte de un inocente.

No despreciando el valor moral del dolor y del sacrificio, cuyo rechazo lleva a justificar cualquier intento de acabar con lo que se cree que son sus causas, incluidos los ancianos o enfermos inútiles, los deficientes que son una carga o los nuevos hijos que pueden complicar la vida o disminuir el bienestar de la familia.

Acogiendo y ayudando, también económicamente, a quienes, por razón de su maternidad, se encuentran en situaciones difíciles.

Recibiendo con alegría, por duro que pueda ser, al nuevo hijo enfermo o deficiente que llegue a la familia, como una bendición de Dios. Es ejemplar el testimonio de numerosísimos padres cristianos en este sentido.

Reaccionando positivamente ante escritos públicos o programas audiovisuales que defiendan la vida humana, y críticamente ante los que la ataquen.

Orientando el voto hacia las alternativas que merezcan más confianza por sus actitudes ante la vida en general, y ante la cuestión del aborto provocado en particular.

Informando a quienes nos rodean, con caridad, pero con firmeza y claridad, de la realidad del hijo no nacido y de la importancia de defender su derecho a vivir.

Los médicos, en especial los ginecólogos, y otros profesionales sanitarios, empleando los medios técnicos que permiten que una madre vea en una ecografía, con sus propios ojos, al hijo en sus entrañas, moviéndose, nadando, chupándose el dedo. Se ha dicho que si el vientre de las madres fuera transparente, muchos verían la cuestión del aborto provocado de otra manera.

Son sólo algunos ejemplos que puedan dar idea del enorme campo que un cristiano tiene ante sí en relación con este gravísimo problema.

¿Es razonable pensar que un día la vida y la dignidad humanas se respetarán desde la concepción hasta la muerte?

No es posible contestar rotundamente a esta cuestión, pero hacia este objetivo deben encaminarse los esfuerzos de todos los que aspiran a un mundo justo. Las agresiones a la vida humana, especialmente de los inocentes, han tenido siempre en la historia consecuencias dramáticas. Los cristianos sabemos que cuando las personas y las colectividades han reconocido a Jesucristo, este reconocimiento ha supuesto una afirmación de la vida sin parangón con cualquier otra cultura. Por eso debemos empeñarnos en la extensión de la presencia de Cristo en la sociedad, porque de este modo los hombres reconocerán su propia grandeza y podrán vivir con una nueva conciencia propia dignidad. Con el auxilio de Jesús y de su madre, que lo concibió en su seno, y con el ejemplo nuestra propia vida, será posible trabajar mejor en defensa de este ideal.

Fuente: "EL ABORTO" 
100 CUESTIONES Y RESPUESTAS SOBRE LA DEFENSA DE LA VIDA HUMANA
Y LA ACTITUD DE LOS CATÓLICOS
Conferencia Episcopal Española
Comité para la Defensa de la Vida
Madrid, 25 de marzo de 1991