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martes, 26 de abril de 2016

Existe el demonio y hay una guerra contra la verdad y la vida, advierte el Papa Francisco



VATICANO, 31 Dic. 15 / 09:19 am (ACI).- El Papa Francisco habló hoy en el Vaticano de la existencia de una lucha entre el bien y el mal, que no es otra que “la del demonio contra Dios”.

Al recibir esta mañana en el Aula Pablo VI a seis mil “Niños Cantores” de 127 coros y 18 países, Francisco recordó que hasta el final de los tiempos existirá esa maldad, pero también aseguró que Dios hace muchas cosas buenas y denunció que la televisión parece empeñada en ocultarlas.

“Hay mucha gente que sufre en el mundo hoy: hay guerras, en África, en Oriente Medio, donde ha nacido Jesús, en Ucrania… en muchos sitios, en América latina…”, dijo sobre la situación actual del mundo.

El Papa explicó que las guerras causan “pobreza, dolor, mal” y pidió a los jóvenes cantores que piensen en los niños que lo sufren.


“Hay niños que no tienen qué comer en el mundo, que no pueden ir a la escuela por la guerra, la pobreza o porque no las hay. Hay niños que cuando se enferman no pueden ir al hospital. Recen por estos niños”.

“¿El mundo será siempre así?”, se preguntó.  “Puede mejorar, pero hay algo de lo que no gusta hablar, pero se debe hablar. En el mundo existe la lucha entre el bien y el mal, dicen los filósofos. Es la lucha entre el demonio y Dios. Esto existe todavía. Cuando a cada uno de nosotros le vienen las ganas de hacer una maldad. Esa pequeña maldad es una inspiración del diablo. Que a través de la debilidad que ha dejado en nosotros el pecado original te lleva a esto. Se hace el mal en las pequeñas cosas como en las cosas grandes”, señaló.

“Es una guerra contra la verdad de Dios, la verdad de la vida, contra la alegría. Esta lucha entre el diablo y Dios dice la Biblia que continuará hasta el fin”, explicó.

“Todos tenemos dentro un campo de batalla, se lucha entre el bien y el mal, tenemos tentaciones, y tenemos que hablar con los párrocos o los catequistas sobre estas cosas para conocer el bien”.

Francisco también dijo que existen muchas cosas buenas en el mundo. “¿Por qué estas cosa no se publicitan? Parece que a la gente le gusta más ver noticias malas y feas”.

Puso de ejemplo África, donde también hay “misioneros, sacerdotes, religiosas, que han dejado toda su vida allí predicando el Evangelio, en pobreza”.

Estas cosas no se ven en la televisión porque “hay esta atracción por el mal, parece que gusta más ver las cosas feas que las cosas buenas y grandes”. “El diablo hace de las suyas, pero también Dios hace de las suyas y hay mucha gente santa en el mundo, en el trabajo, en las familias, mucho abuelos… y esto no se ve en la televisión porque esto no da rating o audiencia, no da publicidad”, aseguró.

Parece “que con las cosas buenas la gente se aburre, o no saben presentar bien las cosas buenas”, denunció. “Cuando vean ustedes la televisión en su casa recuerden esto: hay una lucha entre el bien y el mal” es “la lucha entre Dios y el diablo”. “Pero hay mucha gente santa, que da la vida por ayudar a los otros”.

“¿Por qué en la televisión no se ven monjas de clausura que se pasan la vida rezando por nosotros? Esto no interesa, quizás interesan más los joyeros de una vida importante que se hacen ver, las cosas que se hacen vanidad. No nos dejemos engañar. En el mundo hay cosas, feas, feas, feas, es el trabajo del diablo contra Dios, pero hay cosas santas, grandes cosas que son la obra de Dios. Existen los santos escondidos, aquellos que no vemos”. 

lunes, 25 de abril de 2016

Un exmasón detalla la relación que existe entre el demonio y la masonería



MADRID, 03 May. 15 / 08:15 pm (ACI/EWTN Noticias).- Serge Abad-Gallardo fue miembro de la masonería durante más de 25 años, llegó a ser maestro grado 14. Tras una peregrinación a Lourdes todo cambió e inició su proceso de conversión que lo llevó luego a escribir un libro. En entrevista con ACI Prensa explica además la relación que existe entre el demonio y la organización.

“Me fui de la masonería y pensé que tenía que escribirlo primero para entenderme a mí mismo y después para contarlo a la gente. Cada uno es libre de hacer lo que quiera pero en la masonería no se habla francamente”, asegura el autor del libro “Por qué dejé de ser masón”.

“Con mi libro quiero demostrar que el catolicismo y la masonería no pueden ir juntos”, subraya.

Serge es arquitecto y entró en la logia masónica por un amigo, intentando encontrar en ella las respuestas a las preguntas más profundas del hombre. “Yo no pensaba dejar la masonería. Tuve algunos problemas serios en mi vida y me preguntaba qué respuesta podía darme la masonería a ellos y no encontré ninguna. Sin embargo en el camino con Cristo sí las he encontrado”, precisa.

Abad-Gallardo cuenta que el camino para dejar la masonería fue difícil: “durante un año o año y medio estuve convencido de que había encontrado la fe y no sabía si tenía que quedarme en la masonería, ése podía ser mi sitio en donde hablarles a los masones del Evangelio. Pero hablando con un sacerdote me hizo entender de que nada serviría hablarles si ellos no estaban dispuesto a escuchar”.

Ante los repetidos comentarios anticlericales de varios altos grados de la logia, Serge no podía callarse y defendía a la Iglesia. Pero además de las críticas a la Iglesia y al Papa descubrió que en el ritual del inicio del año masónico "se le daba gloria a Lucifer". “Ellos no dicen que se trata del diablo, sino que toman la etimología de la palabra y dicen que es ‘el portador de luz’”, explica a ACI Prensa.

Algo similar también sucedió cuando vio que entre los altos grados de la masonería se alaba a la serpiente de la que se habla en el Génesis, por la que Adán y Eva cayeron en el pecado original. “Dicen que ella trajo la luz y el conocimiento al hombre que Dios no quería dárselo. Esto es una perversión muy grave”, declara.

Según afirma, entre la masonería y el demonio "hay una relación pero no es tan directa. La mayoría de los masones ni se dan cuenta de la influencia del demonio en los rituales masónicos. Ellos piensan, con todo la intención posible que están trabajando por la 'Felicidad de la Humanidad' o por el 'Progreso de la Humanidad'". Es decir, “no hay un culto al diablo abiertamente, pero se decora con palabras y uno debe darse cuenta de lo peligroso que es para un católico estar dentro de una sociedad así”, insiste.

El exmasón cree que "puede que haya algunos, aunque pocos, que tengan clara esta relación con el demonio y que cumplen estos ritos sabiendo perfectamente lo que están haciendo. Pero, según mi experiencia, la mayoría de ellos no se dan ni cuenta", "no hay que olvidar que el demonio es el 'padre de la mentira'".

Según explica esta relación indirecta con el demonio se manifiesta de muchas maneras, pero todas confluyen en apartar a la persona que entra en masonería de la fe y especialmente de la Iglesia Católica. "La masonería intenta de convencer que la fe y la Iglesia son supersticiones y oscurantismo", apunta.

En ese sentido Abad-Gallardo también explica que "el ritual masónico influye en la mente, en el subconsciente y en el alma de las personas. El ya iniciado, el que es ya masón mira hacia los símbolos y los rituales masónicos como si estos fueran verdades profundas y esotéricas".

Insiste luego en que a pesar de que "la masonería no tiene ritos directamente satánicos, éstos sí constituyen una puerta de entrada para el demonio".

Una de las palabras secretas y sagradas de los maestros masones, según explica Serge, es “Tubalcaïn”, que se traduce como “descendiente directo de Caín”. "Ya se sabe qué hizo, mató a su hermano por celos e inspirado por el demonio. Y éste es el modelo para los maestros masones", afirma.

"Los rituales no han cambiado, solo han tenido pequeñas modificaciones. De hecho en los Altos Grados, donde se encuentran las referencias las más esotéricas y ocultas se precisaron en los años 1800, unos 70 años después de que naciera en 1717 la masonería", afirma.

En esa relación entre masonería y satanismo, Serge indica a ACI Prensa que "la mayoría de los masones están engañados por palabras altruistas y mentirosas y por eso no se dan cuenta".

De hecho precisa que en una de las planchas masónicas, es decir, un trabajo escrito y presentado por un masón, que tiene en su poder, se explica que "el que fundó el satanismo moderno es el americano Anton Szantor Lavey, un hermano (masón) que fundó en 1966 la Iglesia de Satán que es hoy la principal organización satánica y de referencia para las demás".

"La masonería aleja de Cristo. Porque aunque se trata de Jesucristo en el grado 18 de los Altos Grados masónicos, éste no tiene nada que ver con el Jesucristo de la Iglesia Católica ya que se refiere a cualquier sabio o filósofo"; insiste.

Además precisa que "hay masones que van todavía más lejos en esta blasfemia ya que quitan toda forma de divinidad a Cristo y dicen que él fue el primer masón, un hombre iniciado. Se apoyan en el hecho de que José y Jesús fueron carpinteros. Y que la palabra 'carpintero' es la etimología de 'architecto' y todos los masones, sobre todo en los Altos Grados son Gran Arquitecto".

En esta idea insiste en que "en masonería creen en el 'Gran arquitecto del Universo', que quieren hacer pasar por el Dios del catolicismo, pero que no es así. A veces consiguen engañar a los católicos diciendo que ser masón y católico es compatible por esta referencia a Cristo".

Hace tan solo dos años que dejó la masonería de manera total, pero asegura que el control que ésta tiene sobre la sociedad en Francia es creciente. “En mi primer trabajo el alcalde no lo decía pero era masón, el director de su gabinete también, el encargado de urbanismo y yo también, así como otro de los arquitectos del ayuntamiento en el que trabajaba”, recuerda.

“Cuando se trató de aprobar la última ley sobre la eutanasia, hay un párrafo que se refiere a la ‘sedación profunda’ que es la misma expresión que aparece en una plancha masónica de 2004 en donde se trata este tema. Es decir, que las leyes actuales en Francia están hechas en las logias masónicas, diez o quince años antes de que sean votadas”, afirma a ACI Prensa.

En ese sentido afirma que “en masonería no hay fraternidad ni amistad, porque son redes. Todos quieren el poder político, social y económico”.

sábado, 23 de abril de 2016

13 cosas que tal vez no sabías del diablo y sus demonios, según exorcista Fortea



REDACCIÓN CENTRAL, 30 Oct. 15 / 07:03 pm (ACI).- El reconocido exorcista P. José Antonio Fortea en su “Summa Daemoniaca” menciona un gran conjunto de cuestiones relativas al demonio que es importante que todo cristiano lo tome en cuenta para el combate espiritual por alcanzar el cielo. Aquí 13 cosas que tal vez no sabías del diablo y sus demonios.

1.- El enemigo tiene varios nombres

En el Antiguo Testamento se le llama “Satán” que significaría “adversario, enemigo, opositor”. Asimismo, en el Nuevo Testamento se le nombra como “Diablo”, que viene del verbo griego “diaballo” (acusar). En cambio la palabra demonio, del griego “daimon” (genio), es usado para designar a seres espirituales malignos.

Lucifer es un nombre que no está en las Sagradas Escrituras y que significa “estrella de la mañana” o “el que lleva la luz”. Lo cual “recuerda la pena tan grande que es que siendo tan bello, cayera”, indica el P, Fortea. Sin embargo, el presbítero sigue la misma idea de otro renombrado exorcista, P. Gabriele Amorth, quien considera que Lucifer es el nombre propio del segundo demonio en importancia en la jerarquía demoníaca.

2.- La gran prueba

Todos los ángeles al ser creaos por Dios, sabían que Él era su creador, pero pasaron por una prueba “antes de la visión de la esencia de la Divinidad”. A modo de comparación, el sacerdote explica que sería como decir que “veían a Dios como una luz, que le oían como una voz majestuosa y santa, pero que su rostro seguía sin desvelarse”.

“En esa prueba unos obedecieron, otros desobedecieron. Los que desobedecieron de forma irreversible se transformaron en demonios. Ellos mismos se transformaron en lo que son. Nadie les hizo así”.

3.- La batalla en el cielo fue intelectual

Al respecto, el exorcista indica que los ángeles desobedientes empezaron a odiar a Dios y a verlo como una cadena que oprimía su libertad. La batalla entre Miguel y Lucifer, cada uno con sus ángeles, no fue con armas, ya que no tienen cuerpo, “las únicas armas que pueden blandir son los argumentos intelectuales”, explica.

“Unos se hicieron más soberbios, otros no tanto. Cada ángel rebelde fue deformándose más y más, cada uno en unos pecados específicos. Así como, por el contrario, los ángeles fieles se fueron santificando progresivamente. Unos ángeles se santificaron más en una virtud otros en otra… los ángeles fueron admitidos a la presencia divina, y a los demonios se les dejó que se alejaran”.

4.- La razón de su rebeldía


Sólo en este punto se toma como referencia el libro “Historia del Mundo Angélico”, también del P. Fortea. Allí sugiere, a modo de novela, que la prueba por la que habrían pasado los ángeles es la revelación que les hizo Dios sobre crear el mundo material con la humanidad, que Él se haría hombre para salvar a los pecadores y que nacería de una mujer, la cual sería la reina de los ángeles.

Lucifer no pudo soportar esta idea, creía que él debería engendrarlo al ser la “obra maestra” del Creador. Más adelante con otros ángeles acusaron que Dios estaba equivocado y se rebelaron por completo. Los ángeles que acataron la voluntad de Dios se postraron a adorar a su creador, aún sin ver todavía su esencia. Mientras que los rebeldes se alejaron del amor de Dios.

5.- Son seres espirituales

“Un demonio es un ser espiritual de naturaleza angélica condenado eternamente”. Es decir, no tienen cuerpo, no sienten inclinación a ningún pecado que se cometa con el cuerpo, pero pueden tentar a los hombres a pecar en esas materias. Comprenden esos pecados de un modo meramente intelectual y sus faltas son sólo espirituales.

En este sentido el exorcista precisa que Satán “sigue siendo un bellísimo ángel en su naturaleza, aunque repugnante en su aspecto moral… Su ser personal se ha deformado, pero su naturaleza permanece y permanecerá intacta haga lo que haga. Dado que ambas cosas son inseparables, él auténticamente es un monstruo, un ser deforme, alguien que produce repugnancia y aversión”.

6.- Entre los demonios también hay tiempo

Su tiempo no es material como el de los humanos, sino que es un tiempo propio de los espíritus, que es llamado “evo” (“aevum” en latín) y que es la sucesión de actos de entendimiento y voluntad en un ser espiritual.

El Creador, en cambio, vive en un eterno presente. “Sólo en Él no hay sucesión de tiempo de ninguna clase. En Él no ha transcurrido nunca ni un solo segundo, ni un solo antes ni después. La eternidad de Dios es cualitativamente distinta de la eternidad del tiempo material (con un principio, pero sin final) y de la eternidad del evo (también con un principio, también sin final)”, puntualiza Fortea.

7.- Sufren al considerar a Dios

Cada ángel caído “en el conocer encuentra placer, pero también sufrimiento. Sufre cada vez que ese conocimiento le lleva a considerar a Dios. Y el demonio percibe continuamente el orden y la gloria del Creador en todas las cosas. Hasta en las cosas aparentemente más neutras, él encuentra el reflejo y el recuerdo de los atributos divinos”.

Sin embargo, el exorcista plantea que “el demonio no está siempre en cada instante sufriendo. Muchas veces simplemente piensa. Sólo sufre en ciertos momentos, cuando se acuerda de Dios, cuando se vuelve a hacer consciente de su miserable estado, de su separación de Dios”.

8.- No conocen el futuro, ni pueden leer los pensamientos

Los demonios no ven el futuro, pero con su inteligencia muy superior a la del ser humano pueden deducir por sus causas algunas cosas que sucederán. No saben lo que uno decidirá porque “la libertad humana es el gran factor de indeterminación en sus previsiones”, sostiene el P. Fortea.

“Los demonios pueden tentarnos pero no pueden leer nuestros pensamientos. Aunque dada su gran inteligencia pueden conjeturar lo que pensamos. Al ser seres más inteligentes que nosotros, deducen muchas más cosas y con más seguridad con muy pocos signos externos que lo que deduciríamos nosotros. Pero siempre hay que recordar que ellos están fuera de nuestra alma, sólo Dios puede leer nuestra alma”.


9.- Cuidado con las tentaciones

“El demonio nos puede introducir pensamientos, imágenes o recuerdos, pero no puede introducirse en nuestra voluntad. Podemos ser tentados, pero al final hacemos lo que queremos. Ni todos los poderes del infierno pueden forzar a alguien a cometer ni el más pequeño pecado”, sostiene el sacerdote.

De igual manera puntualiza que “si uno es tentado y ora, la tentación desaparece. Es incompatible la tentación con la oración. La oración crea primero una barrera contra la tentación, pues nuestra voluntad y nuestra inteligencia se centran en Dios. Y si insistimos un poco más, el demonio no puede resistirla y huye”.

10.- Odian más a los ascetas

El exorcista Fortea afirma con seguridad que de todos los cristianos que están en la Iglesia, al que más odia el demonio es al que se dedica a la ascesis (disciplina, ayuno, meditación, oración, sacrificios, etc. para alcanzar la virtud).

“El demonio odia mucho más al asceta que a la jerarquía eclesiástica o a los mismos exorcistas. El exorcista expulsa a uno, dos, una docena de demonios... El hombre que se mortifica, quebranta de un modo mucho más poderoso la influencia demoníaca en este mundo por el mero hecho de sobrellevar sobre su cuerpo y su espíritu la pasión cotidiana de su vida crucificada”.

11.- El significado de la cruz para los demonios

El presbítero describe que “todos y cada uno de los demonios estaban allí, rodeando la Cruz, contemplando con delectación su triunfo”. No obstante, ellos no podían imaginar que era la mayor victoria del Reino de los Cielos que los dejó “sin habla” con la Resurrección.

“Dios Padre no había perdonado la Pasión ni a su mismo Hijo… La Pasión en la Cruz suponía la prueba palpable de que la Justicia Divina no era trasgredida en vano. Fue en ese momento cuando se hicieron plenamente conscientes todos los demonios de que su condenación no tendría indulto alguno por los siglos de los siglos”.

“Por eso ellos de estar contemplando la Cruz con la alegría de su victoria maligna, pasaron a entender que para ellos sería para siempre el recuerdo terrible de la Justicia Divina. Y por eso por encima de todo, los demonios odian la imagen de la cruz, más que la imagen de la Santísima Virgen María o la imagen de cualquier otro santo o la representación de otro misterio sagrado”.

12.- Los objetos que atormentan a los demonios

“La Iglesia con el poder que ha recibido de Cristo puede unir un efecto espiritual a un objeto”, explica el P. Fortea. Cuenta que en una ocasión no había agua durante un exorcismo y bendijo el contenido de una botella de limonada, pero el efecto que producía era mucho menor.

“Al cabo de unos minutos ordené en el nombre de Jesús al demonio que me dijera por qué era eso así. Se resistió, pero al final dijo que el agua era símbolo de pureza y limpieza. Si bien, dijo que aquel otro líquido bendito también le producía algún efecto, pero menos”.

Otros objetos que atormentan a los demonios son las reliquias de los santos y la cruz. Asimismo, las imágenes religiosas también los atormentan, más si están bendecidas, y con mayor fuerza “si en la bendición expresamente se pidió a Dios que repelieran a los demonios”.

13.- No es el 666

El exorcista afirma que identificar la figura bíblica del Anticristo con la del diablo es un error ya que el “666” que menciona el Apocalipsis es número de un ser humano. Por lo tanto es un hombre que propaga el odio, la guerra y el mal. “Nerón, Napoleón, y especialmente Hitler, son figura y bosquejo del Anticristo definitivo y perfecto”, señala.

“También nos aclara mucho la figura del Anticristo su mismo nombre ANTI-CRISTO. Es decir, se trata de la figura contraria a Cristo. Cristo era un hombre, el Anticristo también. Cristo extendió el amor, la paz, la misericordia. El Anticristo extenderá el odio, la guerra, la venganza”.

Puede descargar y leer el libro “Summa Daemoniaca” completamente gratis en: https://www.aciprensa.com/fortea/

sábado, 31 de octubre de 2015

Papa Francisco: El diablo no es un mito y debemos combatirlo



VATICANO, 30 Oct. 14 / 08:06 pm (ACI).- En la Misa de este jueves que presidió en la capilla de la Casa Santa Marta en donde reside, el Papa Francisco explicó que el diablo sí existe, no es un mito y debemos luchar contra él con las armas de la verdad y la fe.

En su homilía de esta mañana, señala Radio Vaticano, el Santo Padre reflexionó en las palabras del Apóstol San Pablo que, en la Carta a los Efesios, “desarrolla en un lenguaje militar la vida cristiana”.

Tras indicar que “la vida en Dios se debe defender, se debe luchar para llevarla adelante», resaltó que se necesita fortaleza y valentía “para resistir y anunciar”. Para “ir adelante en la vida espiritual se debe combatir. No es una simple lucha, sino un combate continuo”.

El Papa explicó asimismo que los enemigos de la vida cristiana son el demonio, el mundo y la carne. A continuación cuestionó. Entonces “¿de qué me tengo que defender? ¿Qué tengo que hacer? ‘Revístanse con la armadura de Dios’ nos dice Pablo. Es decir que lo que es de Dios nos defiende, para resistir a las insidias del diablo. ¿Está claro? Claro. No se puede pensar en una vida espiritual, en una vida cristiana, sin revestirse de esta armadura de Dios, que nos da fuerza y nos defiende”.



San Pablo subraya que esta lucha no es contra las cosas pequeñas, “sino contra los Principados y Potestades, contra los Soberanos de este mundo de tinieblas, contra los espíritus del mal. Es decir, contra el diablo y los suyos”.

Sin embargo, continuó el Papa, “a esta generación y a muchas otras se les ha hecho creer que el diablo era un mito, una figura, una idea, la idea del mal ¡pero el diablo existe y nosotros debemos combatir contra él! ¡Lo dice San Pablo, no lo digo yo! ¡Lo dice la Palabra de Dios! Aunque no estamos muy convencidos de ello”.

Además “San Pablo dice cómo es la armadura de Dios, cuáles son las diversas armaduras, que conforman esta armadura de Dios. Y señala: ‘Permanezcan de pie, ceñidos con el cinturón de la verdad y vistiendo la justicia como coraza’. Ésta es la armadura de Dios: la verdad”.

Luego de recordar que “el diablo es mentiroso, es el padre de los mentirosos, el padre de la mentira” y reiterando con San Pablo, que hay que estar “ceñidos con el cinturón de la verdad y vistiendo la justicia como coraza”, el Santo Padre volvió a destacar que “no se puede ser cristianos, sin trabajar continuamente para ser justos. No se puede”.

“Nos ayudaría mucho preguntarnos ¿creo o no creo? ¿creo un poco sí y un poco no? ¿soy un poco mundano y un poco creyente? Sin fe no se puede ir adelante, no se puede defender la salvación de Jesús”, insistió el Papa.

“Necesitamos el escudo de la fe, porque el diablo no nos tira flores, sino flechas encendidas, para asesinarnos”. Por ello, exhortó a “tomar el casco de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios y a “elevar constantemente toda clase de oraciones y súplicas, animadas por el Espíritu”.

“La vida cristiana es una lucha, una lucha bellísima, porque cuando el Señor vence en cada paso de nuestra vida, nos da una alegría, una felicidad grande: esa alegría que el Señor ha vencido en nosotros, con la gratuidad de su salvación”.

“Pero sí –concluyó el Pontífice– todos somos un poco perezosos, no, en la lucha, y nos dejamos llevar por las pasiones, por algunas tentaciones. Es porque somos pecadores ¡todos! Pero no se desalienten. Ánimo, valentía y fortaleza, porque el Señor está con nosotros”.