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lunes, 4 de abril de 2016

Papa Francisco: ¿Respondemos a Dios con un “sí” como María o miramos a otro lado?



VATICANO, 04 Abr. 16 / 10:06 am (ACI/EWTN Noticias).- Durante la Misa matutina en la Casa Santa Marta, tras la pausa por las fiestas de Pascua, el Papa Francisco reflexionó sobre la Solemnidad de la Anunciación y preguntó a los fieles si son cristianos que responden a Dios con “sí” como María o si miran hacia otro lado para evitar dar una respuesta.

En su homilía, el Santo Padre hizo un recuento sobre la historia de la salvación y recordó que el primero en decir “sí” a la llamada de Dios fue Abraham, quien parte de su tierra sin saber a dónde llegaría.

En ese sentido, señaló que hay una “cadena de los sí” que se inicia con Abraham. Esa “humanidad de hombres y mujeres” que aun siendo “ancianos”, como Abraham y Moisés, “dijeron sí a la esperanza del Señor”, dijo el Papa; así como Isaías, quien responde que sus labios son impuros, cuando Dios le pide que vaya a decir las cosas al pueblo.



El Papa también afirmó que el Señor “purifica los labios de Isaías, ¡e Isaías dice sí!”. Añadió que esto mismo vale para Jeremías, quien consideraba que no sabía hablar, pero después también dice “sí” al Señor.

“Y hoy el Evangelio nos habla del final de esta cadena de los 'sí', pero que es el inicio de otro 'sí', que comienza a crecer: el sí de María. Y este 'sí' hace que Dios, no sólo mire al hombre, no sólo camine con su pueblo, sino que se haga uno de nosotros y tome nuestra carne. El ‘sí’ de María que abre la puerta al 'sí' de Jesús: ‘Yo vengo para hacer Tu voluntad’, este ‘sí’ que va con Jesús durante toda su vida, hasta la Cruz”.

En su homilía, Pontífice señaló que Jesús también responde “sí” al Padre, si bien le había pedido que aleje de él el cáliz. Y teniendo en cuenta que le respondió que “se haga Tu voluntad”, Francisco añadió que ahí vemos el “sí” de Dios”. Es más, “Él es el sí”.

El Obispo de Roma dijo que éste es “un hermoso día para dar gracias al Señor por habernos enseñado este camino del “sí”, y también para pensar en nuestra vida”. En ese sentido, se dirigió a algunos sacerdotes presentes en esta Misa que celebran su 50 aniversario de ordenación.

“Todos nosotros, cada día, debemos decir ‘sí’ o ‘no’, y pensar si siempre decimos ‘sí’, o tantas veces nos escondemos, con la cabeza gacha, como Adán y Eva, para no decir ‘no’, sino para hacer un poco como que no se entiende… el que no entiende lo que Dios pide. Hoy es la fiesta del ‘sí’. En el ‘sí’ de María está el ‘sí’ de toda la historia de la Salvación, y comienza allí el último ‘sí’ del hombre y de Dios”, afirmó.

El Papa dijo que allí Dios recrea con un “sí” como cuando al inicio hizo al mundo y al hombre. Y ahora, con este “sí” “recrea el mundo maravillosamente, nos recrea a todos nosotros”. Es “el ‘sí’ de Dios, el que nos santifica, el que nos hace ir adelante en Jesucristo”.

Por ello, señaló que hoy “es una jornada para dar gracias al Señor y para preguntarnos: ¿Yo soy un hombre o una mujer del ‘sí’ o soy un hombre o una mujer del ‘no’, o soy un hombre o una mujer que mira un poco hacia otra parte, para no responder? Que el Señor nos de la gracias de entrar en este camino de hombres y mujeres que han sabido decir ‘sí’”.

Al término de la homilía, las religiosas vicentinas que prestan su servicio en la Casa de Santa Marta renovaron sus votos. “Lo hacen cada año porque San Vicente era inteligente y sabía que la misión que les encomendaba era muy difícil y por eso quiso que cada año renovaran los votos”, destacó el Papa.

6 cosas que debe saber sobre la Solemnidad de la Anunciación



REDACCIÓN CENTRAL, 04 Abr. 16 / 02:03 pm (ACI).- Este lunes celebramos la solemnidad de la Anunciación. Es decir, la aparición del Ángel Gabriel a la Virgen María para anunciar el nacimiento de Cristo. ¿Por qué es importante este día? Aquí hay 6 cosas que debes saber.

1. ¿Qué significa la palabra “Anunciación”?

Se deriva de la misma raíz que la palabra "anunciar". El ángel Gabriel anuncia el nacimiento de Cristo con antelación. "Anunciación" es simplemente una manera antigua de decir "el anuncio".

Aunque estamos más familiarizados con el uso de este término aplicado al nacimiento de Cristo, se puede utilizar también en otros casos.

Por ejemplo, en su libro “La infancia de Jesús”, Benedicto XVI tiene secciones como "La anunciación del nacimiento de Juan" y "La anunciación a María" porque el nacimiento de Juan Bautista también se anunció con antelación.

2. ¿Cuándo se celebra normalmente la Anunciación y por qué a veces se cambia la fecha?



Normalmente la solemnidad de la Anunciación se celebra el 25 de marzo. Esta fecha se utiliza para que concuerde nueve meses antes de Navidad (25 de diciembre), en representación de los nueve meses que pasó Jesús en el vientre materno.

Sin embargo, la Anunciación cae a veces en Semana Santa, cuyos días tienen un rango litúrgico superior a esta solemnidad. Según el Misal Romano: “Cada vez que se produce esta solemnidad durante la Semana Santa, se transfiere al lunes siguiente al segundo domingo de Pascua”.

3. ¿Por qué esta historia es paralela al nacimiento de Juan Bautista?

Como se señaló anteriormente, el nacimiento de Juan el Bautista fue también anunciado con antelación. En ambas historias hay varios paralelismos:

El ángel Gabriel hace el anuncio
Se anuncia a una sola persona: Zacarías en el caso de Juan Bautista, y María en el caso de Jesús
Se anuncia el nacimiento milagroso de un individuo que tiene un lugar prominente en el plan de Dios
En ambos casos realizan una pregunta al ángel (Zacarías pregunta cómo puede saber si lo anunciado sucederá; María pregunta cómo va a suceder
Una señal milagrosa es presentada como prueba (Zacarías se quedó mudo; a María se le informa del embarazo milagroso de Isabel, que se encuentra en su sexto mes)
Gabriel se aparta
4. ¿Por qué la reacción de María es diferente a la de Zacarías?

A primera vista la reacción de María ante Gabriel podría parecerse a la reacción incrédula de Zacarías, pero es fundamentalmente diferente:

Zacarías preguntó cómo podía saber si lo que decía el ángel sería verdad. Su actitud era de escepticismo.
María, en cambio, se pregunta cómo se cumplirán las palabras del ángel. Su actitud es de una fe que busca comprender, pero no de falta de la misma.
5. ¿Cómo responde el ángel Gabriel a la pregunta de María?

Gabriel le dice: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios”.

Aquí el ángel indica la participación de las tres Personas de la Santísima Trinidad: a través de la acción del Espíritu Santo, el Padre hace que el Hijo sea concebido en forma humana. No habrá ningún padre humano, dejando claro el hecho de que el Niño va a ser el Hijo de Dios.

Como un ejemplo más del poder de Dios, el ángel acota que Isabel, aunque anciana y aparentemente estéril, ha concebido milagrosamente un hijo y está en el sexto mes de embarazo. "Para Dios no hay nada imposible".

6. ¿Por qué el “Sí” de María es importante?

La aceptación de María de este papel es trascendental porque ella será la madre del Hijo de Dios. A pesar de los sufrimientos, en sus diversas formas, ella se colocó por completo al servicio de la voluntad de Dios convirtiéndose en protectora del Niño que un día nacería y salvaría con amor al mundo.

Solemnidad de la Anunciación: No, al Aborto!









Testimonio impactante de un aborto


Solemnidad de la Anunciación: Esperanza y sanación para la mujer que ha abortado




Ayuda pastoral a la mujer que ha tenido un aborto


Por: Pbro. Gilberto Gómez Botero,Director de CENPAFAL | Fuente: CENPAFAL 




El hijo abortado

Son muchas las preguntas que están en la mente de la mujer que abortó y deben tenerse en cuenta: "Dónde estará mi hijo? Será que me ama aún después de lo que le hice?". Las respuestas dependen de nuestra formación religiosa. Una respuesta es que el niño es feliz en el cielo, que no sufre, y que un día se reunirá con ella.

Aunque manejemos estos temas, tenemos que dejarla expresar sus fantasías. Ella siempre quiere decir a su bebé: "Yo quisiera no haberlo hecho. Puedes amarme todavía?". Pero ella necesita poderlo compartir también con alguien. Me he dado cuenta de que, cuando estas mujeres hacen algo por un niño que no es suyo, comienzan a sentir que están redimiendo su pasado y que lo que ellas hagan en este sentido, en nombre del bebé abortado, tiene cierto poder para exorcizar su angustia.

Perdonarse a sí misma. 

Es el punto más difícil en todo este proceso de sanación. Es frecuente que la mujer se eche encima toda la culpa, inclusive la de los otros. Entre negar la culpa que se tiene y echarse toda la culpa hay un término medio que no siempre es fácil de lograr. Pero hay que hacerlo. Quisiera conocer un método para lograrlo. Pero no lo conozco. Sólo sé que es la oración la que abre el camino, o un testimonio de fe lo que nos ayuda a saltar la valla y perdonarnos a nosotros mismos. Pero no tengo las claves para esto. Sólo sé que ha ocurrido y que es un paso importante que la mujer tiene que dar.

A veces es sólo cuando la mujer llega a convencerse de que Dios sí nos ha perdonado y el apoyo de otras personas cuando comienza a verse a sí misma desde otro ángulo, como hija de Dios a quien el Señor ama y comprende, cuando mejoran su autoimagen y su autoestima.

Los pasos hacia el perdón y la sanación.

Entre las muchas cosas que he leído sobre el tema, llegó a mis manos un artículo escrito por una mujer que firma bajo el seudónimo de Loraine Alison y que fue publicado en la revista americana Marriage & Family (Enero 1990 - pgs.7-9). La autora, una mujer casada, describe minuciosamente su experiencia del aborto provocado, así como el proceso de sanación. El título del artículo es de por sí ya muy sugestivo: "Hay derecho a vivir después de cometer un aborto?". Y luégo el subtítulo nos entrega una clave muy valiosa: "El deseo de ser perdonada y de sanarse emocionalmente es el punto de partida".

Para mí constituye un aporte muy valioso, que ilumina mucho este difícil proceso. Lo traduje al español y copias del mismo se las he dado a muchas mujeres que se debaten en la lucha para lograr su sanación espiritual.

Quiero destacar lo que me parece más importante: los pasos del proceso de sanación. La sanación es un resultado que no se puede manipular a voluntad. Sólo se pueden poner circunstancias favorables para que éste opere. Y considero que conocer los pasos puede ayudar.

Ante todo, ella es testigo de primera mano de su propia historia. Y por eso afirma:

"Puede una mujer experimentar el perdón y la sanación después de un aborto?" 

Por mi propia experiencia yo sé que esto es posible si hay un deseo sincero de ser perdonada y sanada emocionalmente. No se trata de un procedimiento fácil o instantáneo, pero lo puede lograr quienquiera que busque verdaderamente la misericordia de Dios. El mismo procedimiento puede aplicarse a todos aquellos que estuvieron implicados indirectamente en el hecho del aborto: esposo, novio, padres, profesionales, médicos y psicólogos, a todos los que se hallan afligidos y sufren las heridas consecuentes de un aborto provocado. Aquí resumo brevemente los pasos que fueron necesarios para mí y para otras mujeres que fueron víctimas de esta tragedia" (los párrafos que siguen son textuales de la autora).

1. Experimentar el proceso de duelo.

El duelo es un sentimiento sano. Es un momento triste e incómodo pero hay que vivirlo necesariamente. Al involucrarme activamente en estos programas de recuperación, he aprendido que el camino hacia reintegración de la persona es muy arduo. La cólera, la incapacidad para perdonar a todos los que directa o indirectamente se implicaron en el aborto, la culpabilidad, la tristeza indecible por la destrucción del bebé, se entrelazan en la experiencia. Pero uno debe llegar a sobreponerse a estos sentimientos y reconocer el duelo como parte del proceso que conduce a la sanación.

2. Deseo de perdonarse uno a sí mismo.

El perdón de sí mismo es quizá la fase más difícil de todo este recorrido. Uno ha reducido a añicos su propia imagen, creyendo haber cometido el más detestable de los pecados. Muchas de nosotras sentimos la necesidad de castigarnos a nosotras mismas a consecuencia del aborto cometido. Con frecuencia muchas lo hacemos inconscientemente; porque no podemos perdonarnos, sentimos que se ahonda en nosotras la necesidad de autodestruírnos. Al experimentar personalmente el amor de Dios y su perdón, he descubierto que Dios no es el Juez iracundo que yo veía en El cuando era niña, sino que es un Dios que quiere que yo esté en paz y que se acabe mi propio silencioso sufrimiento. Dios sabía que, como seres humanos que somos, íbamos a cometer el pecado, pero Dios, como padre amoroso que es, está dispuesto al perdón. Si nos proponemos reflexionar detenidamente en ese amor que El nos tiene poco a poco encontraremos la fuerza que necesitamos para perdonarnos a nosotros mismos.

Durante el embarazo nuestro pensamiento se halla obnubilado por el dolor y el pesar. Con esta torcida manera de pensar tomamos esa terrible decisión: aborto. Ponemos por obra la decisión y aquí ya no es posible volver atrás. Para nada nos sirve pasarnos el resto de la vida odiándonos a nosotras mismas y cargando nuestras miserias. Pero buscar el perdón, experimentarlo y permitirle a Dios que nos sane, puede dar otra vez sentido a nuestra vida y comunicarnos la capacidad de vibrar ante el sufrimiento que otros padecen - o pueden padecer - como hemos sufrido nosotras mismas. Cumplimos así el mandamiento de "amarnos unos a otros" cuando compartimos nuestras experiencias de perdón y de sanación con aquellas que no las han vivido todavía.

3. Aceptar que uno sí cometió un pecado.

Cuando por fin uno ha llegado a perdonarse a sí mismo, ya ha superado un gran obstáculo. Confiando que hemos sido perdonados, buscamos que se termine el sufrimiento y el dolor que nos hemos infligido nosotros mismos y comenzamos a caminar hacia la sanación. Admitimos nuestro pecado y nos responsabilizamos de la acción que hemos cometido. Al declararnos autores de nuestro pecado, podremos experimentar una gran sensación de alivio, larga mente esperada. "En verdad lo hice. No puedo deshacer lo que hice pero espero ser perdonada". Háblele a Dios; El comprende y reconoce el verdadero arrepentimiento. Si no tiene una oración propia suya, le ofrezco ésta que yo empleé:

"Padre Celestial, vengo ahora a confesarte el pecado de aborto que he cometido. Por mis propias acciones he traído el tormento y la muerte a mi hijo y mucha tribulación a mí misma. Te ruego, Señor, me perdones. Al reconocer que por mi propia voluntad he destruído mucho en mi propia vida, te pido tu ayuda para vivir de acuerdo con el plan que tienes para mí. Como tu hija que soy, te pido que sanes cada parte de mi mente y de mi cuerpo que sufre todavía de las consecuencias del aborto y dame tu paz. Te agradezco el amor que me tienes y la piedad que me demuestras. En el nombre de Jesús. Amén".

Recuerda que Dios, con el amor de un perfecto padre, desea mucho más que uno mismo, que el sufrimiento que padecemos termine. Indudablemente que vamos a experimentar momentos de angustia y dolor por ese bebé que nunca tuvimos en nuestros brazos, al que nunca le prodigamos cuidados. Pero la sanación es un proceso continuo.

3. Decidirse a perdonar a otros.

Tal vez el marido, el novio o los padres hayan presionado para cometer el aborto o retiraron su apoyo durante este tormentoso momento de nuestras vidas. La desaparición de los sentimientos de amargura y de rabia hace parte de la sanación. Necesitamos pedir a Dios ayuda para perdonar a todas las personas que hayan podido influír en la decisión de abortar. Necesitamos perdonar al personal de la clínica de abortos. A veces esto parece imposible, pero con la ayuda de Dios se torna posible.

4. Experimentar la realidad.

Para muchas de nosotras el tiempo que sigue al aborto es un tiempo de negación. Este mecanismo de defensa se apodera de nuestros cuerpos y de nuestras mentes hasta que seamos capaces de manejar este tremendo dolor y esa sensación de pérdida. Cuando por fin somos capaces de lograrlo, debemos enfrentar el dolor y poner cara a la realidad de nuestra acción. Y hacerlo paso a paso. No importa lo doloroso que pueda ser, es parte del proceso de sanación.

5. Establecer una relación con el niño abortado.

Esto es algo íntimo y a la vez doloroso que hay que hacer. Pensando que el niño abortado fue justamente eso - un niño - uno puede comenzar a hablarle durante los momentos tranquilos. La aflicción que tal vez uno llegue a sentir puede ser ciertamente saludable y es sin duda necesario experimentarla para lograr perdonarse a sí misma. En estos momentos uno tiene que abrirse a sus propios sentimientos. Es posible que estas serenas conversaciones se llenen de lágrimas y dolor, pero abrirán camino a la sanación y al perdón.

6. Llegar a otros.

Cada una de nosotras decide cómo alcanzar a otras personas. Cuando nos ponemos en contacto con otras personas que están heridas, surgen sentimientos agradables, positivos, respecto de nosotras mismas. El mismo perdón y la misma sanación que estamos experimentando pueden ofrecérseles a ellas también. Y una decisión que debemos tomar en consideración cada una de nosotras es la de comprometernos en la lucha contra la legalización del aborto. El perdón y la sanación que hemos conocido nos darán, sin duda, la fuerza para compartir con otros esa paz que hemos logrado.

Cada día yo pido a Dios que me dé un corazón capaz de compadecerse de las personas que se hieren a sí mismas, especialmente de aquellas que sufren a consecuencia del aborto. Cuando uno llega por fin a sanarse de este tremendo dolor, lo que uno más quiere es compartir esta esperanza con quienes todavía no han llegado a experimentarla".

Conclusión

Lo que he aprendido en la consejería post-aborto es que realmente el que sana es Dios. Nosotros somos sus ayudas y es un gran privilegio poder ser la persona que la escucha en nombre del Señor, diciéndole a esa mujer atribulada: "Si puedo ayudarte, estoy dispuesto a hacerlo". Y más aún poder decirle como Jesús a la mujer adúltera: "Yo tampoco te condeno. Vete y no vuelvas a pecar" (Jn. 8-11).

Oraciones por los niños por nacer


Oración de las embarazadas

María, madre del amor hermoso, 
dulce muchacha de Nazareth,
Tú que proclamaste la grandeza del Señor 
y diciendo que “sí”, te hiciste madre de nuestro Salvador 
y madre nuestra: atiende hoy las súplicas que te hago.

En mi interior, una nueva vida está creciendo:
un pequeño que traerá alegría y gozo, 
inquietudes y temores,
esperanzas y felicidad a mi hogar.
¡Cuídalo y protégelo mientras yo lo llevo en mi seno!

Y que, en el feliz momento del nacimiento,
cuando escuche sus primeros sonidos 
y vea sus manos chiquitas,
pueda dar gracias al Creador
por la maravilla de este don, que Él me regala.

Que, siguiendo tu ejemplo y modelo,
pueda acompañar y ver crecer a mi hijo.
Ayúdame e inspírame para que él
encuentre en mí un refugio donde cobijarse 
y, a la vez, un punto de partida 
para tomar sus propios caminos.

Además, dulce Madre mía, 
fíjate especialmente en aquellas mujeres 
que enfrentan este momento solas, sin apoyo o sin cariño.
Que puedan sentir el amor del Padre
y que descubran que cada niño 
que viene al mundo es una bendición.

Que sepan que la decisión heroica
de acoger y nutrir al hijo les es tenida en cuenta.
¡Nuestra Señora de la Dulce Espera,
danos tu consuelo y valor! ¡Amén!


Oración de los esposos que esperan un hijo

Virgen María, Madre de Dios, 
que cobijaste en tu seno al Salvador,
te pedimos que nos protejas en este momento,
en que confiadamente esperamos un hijo, 
para que podamos aceptarlo con amor;
y educarlo de modo que
“crezca en sabiduría, estatura y gracia 
ante los ojos de Dios y de los hombres”;
y conducirlo con nuestro ejemplo
a la casa del Padre. ¡Amén!


Oraciones de los padres por el bebé

¡Dios Padre y Creador, te pedimos que nos ayudes a encarnar en nuestras vidas la presencia de tu Hijo, Jesús, como lo hizo María. Te pedimos que nuestro amor sea cada vez más pleno para gloria tuya y de los que nos rodean. En este momento te rogamos especialmente por: ___________ ¡Virgen de la Dulce Espera, te rogamos que nos enseñes a amar cada día más, como tu Hijo! ¡Te lo pedimos por el mismo Jesús, el Amor de los amores! ¡Qué así sea! ¡Por siempre! ¡Amén!

*  *  *

¡Señor! Te pedimos por esta vida que llega para que vos te hagas presente en ella y así todos vayamos creciendo como familia en tu presencia, guiándonos con la luz de tu amor. Virgen de la Dulce Espera, te rogamos por los bebés que están por nacer y los ya nacidos, especialmente por: ____________ para que crezcan sanos física, psíquica y espiritualmente. Para que, iluminados por tu amor, sepamos guiarlos y conducirlos a tu Reino. ¡Por tu Hijo Jesucristo, Nuestro Señor! ¡Amén!

*  *  *

¡Señor! Así como la Virgen María creyó en el amor de Dios y fue elegida para que su vientre fuera habitado, te pedimos por todas las mujeres que llevan un hijo en su seno, especialmente por: _____________ ¡Qué puedan crecer con salud, sabiduría, amor a los demás y fe en Dios! Y que su embarazo sea una bendición para toda su familia y aquellos que la rodean. ¡Te lo pedimos, por la maternal intercesión de María; Nuestra Señora de la Dulce Espera! ¡Amén!

*  *  *

¡Nuestra Señora de la Dulce Espera! Tú que viviste la maternidad como un regalo de Dios, te pedimos que afiances nuestro amor y que el hogar que proyectamos se concrete pronto con llegada de nuestro hijo. Con tu corazón de madre, intercede ante tu Hijo, el Señor de la Vida, para que nos conceda la gracia que aquí te solicitamos: ____________ y podamos crecer como familia atenta a los designios de Dios. ¡Por tu Hijo, Jesucristo, que vive y reina, por los siglos de los siglos! ¡Amén!


Oraciones por el hermanito que está por nacer

¡Querido Dios! Te pedimos por _________________, nuestro(a) hermanito(a) que va a nacer. Que crezca sano en la panza de mamá y que pronto podamos tenerlo jugando con nosotros, para quererlo y ayudarlo a crecer como hijo tuyo. ¡Gracias por todo lo que nos das y por querernos tanto! ¡Amén! ¡Aleluya!

*  *  *

¡Querido Dios! Estamos muy contentos con la llegada de nuestro(a) hermanito(a) que va a nacer en ____________ (días, semanas o meses). ¡Gracias por que con _________________ nuestra familia se va a llenar de alegría con sus muecas, sus sonrisas, sus caprichos, sus primeras palabras y, también, sus llantos… Pero, sobre todo, ¡te agradecemos porque su presencia es un regalo tuyo! ¡Muchas gracias, Señor! ¡Aleluya!

*  *  *

¡Querido Jesús! Te pedimos por este(a) hermanito(a) que pronto va a formar parte de nuestra familia. Ayúdanos a crecer juntos en armonía, con alegría y en el amor, como tú lo hiciste en la Sagrada Familia de Nazareth. ¡Bendícenos y protégenos siempre! ¡Que así sea, por siempre!



Oraciones de los abuelos por el nieto por nacer

¡Señor! Te pedimos por ___________________, a quien estamos esperando, y que ya forma parte de nuestras vidas, quien nos ayudará a dar sentido a nuestra existencia; transformando nuestra vejez con la tierna palabra de abuelos. ¡Que crezca en amor y sabiduría ante tus ojos y sea un motivo de bendición para todos los que lo rodean! ¡Que así sea!

*  *  *

¡Señor! Te pedimos que protejas a nuestro(a) nieto(a) _______________ que está por venir, anticipo del cielo en nuestras vidas, para que lo guíes y lo cuides en su largo camino hacia Ti. Te rogamos que podamos verlo crecer sano, en cuerpo y alma, y que nunca se aleje de la palma de tu mano. ¡Por Jesucristo, Nuestro Señor! ¡Amén!

*  *  *

¡Señor! Te pedimos por nuestros hijos ______________ y _____________ que se convertirán pronto en papás, para que los acompañes e ilumines, en esta comprometedora y maravillosa experiencia de engendrar vida, como lo hicieron María y José con Jesús. ¡A ti, que vives y reinas, por los siglos de los siglos! ¡Amén!



Oración a Nuestra Señora de la Dulce Espera
Nuestra Señora de la Dulce Espera,
en la experiencia de tu maternidad
protegida por el Espíritu Santo,
has compartido nuestra esperanza,
así como nuestras penas y alegrías.
Ya que reinas gloriosa junto a tu Hijo
Jesucristo, Salvador y Señor Nuestro,
sabemos que quieres venir en nuestra ayuda.
Atiende esta súplica
y protégenos en el momento
en que confiadamente esperamos un hijo,
para que podamos aceptarlo con amor,
educarlo en la fe católica,
y conducirlo con nuestro ejemplo
hasta la casa de Dios Padre. ¡Amén!



Oración a Nuestra Señora de la Dulce Espera

¡Bendita seas María, Virgen y Madre,
el Señor te llenó de gracia y alegría
en la Dulce espera de Jesús!

Te rogamos por los esposos
que desean el don de un hijo,
ayúdalos en esta esperanza
y a apoyarse en el camino de la vida.

Acuérdate de los que han abierto
su corazón a la adopción,
mantenlos en la alegría de su generosidad.

También únete a quienes han recibido
los hermosos nombres de padre y madre,
para que con vos den gracias a Dios
por su grandeza manifestada
en el niño recién nacido.

Finalmente, recógenos a todos
en el gran abrazo del Espíritu Santo,
para que mostremos al mundo
que podemos vivir como hermanos,
porque todos somos Hijos de Dios.
¡Amén! ¡Qué así sea!

¡Hoy celebramos la Anunciación! El “Sí” de una mujer que cambió la historia




REDACCIÓN CENTRAL, 04 Abr. 16 / 12:03 am (ACI).- Cada 25 de marzo la Iglesia celebra la Solemnidad de la Anunciación, sin embargo, al coincidir este año con el Viernes Santo, esta pasó a celebrarse hoy 4 de abril.


Un día como hoy la historia de la humanidad cambió cuando María dio su “Sí” valiente a Dios, concibiendo desde aquel momento a Jesús y convirtiéndose en protectora del Niño que un día nacería y salvaría con amor al mundo.



“‘El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible’. María contestó: ‘Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra’. Y la dejó el ángel” (Lc. 1, 35 - 38).


La Solemnidad de la Anunciación se celebra nueve meses antes de la Navidad. Si se analiza la historia, María “no la tuvo fácil”. Ella estaba comprometida con José y ciertamente esta decisión de concebir al Hijo de Dios trajo inestabilidad.


Tanto así que el justo José decidió repudiarla en secreto para que los dos no tuvieran muchos problemas. María, además, era joven y pobre, pero confiaba en la Providencia de Dios.



Por lo tanto el Señor interviene y el ángel en sueños le habla a José, quien acepta el plan de Dios, obteniendo así el privilegio de ser padre de Jesús en la tierra y de formar la Sagrada Familia con María.



En el Evangelio de hoy (Lc. 1, 26-38) se aprecia el diálogo del mensajero de Dios con la Virgen. No fue una imposición sino una propuesta a la que María pudo haber dicho no. Pero la “bendita entre las mujeres” aceptó y se produjo el milagro de Encarnación del Hijo de Dios.



Desde aquel momento María tuvo en su vientre a Jesús, no a los tres meses o cuando el embrión tenía forma humana, sino desde el momento de la concepción. He aquí una razón más por la que la Iglesia defiende al bebé desde el primer instante de su vida y por la que hoy se celebra en algunos países el Día del Niño por Nacer.