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domingo, 28 de febrero de 2016

Papa Francisco recuerda en Cuaresma: Nunca es tarde para convertirse, ¡pero es urgente!



VATICANO, 28 Feb. 16 / 06:23 am (ACI).- El Papa Francisco presidió hoy de nuevo el Ángelus desde la ventana de su estudio pontificio en el tercer domingo de Cuaresma y recordó el significado de la Cuaresma al invitar a los fieles a convertirse con la mirada fija en la paciencia de Dios.

El Papa explicó que nos encontramos en un “año de gracia”: “el ministerio de Cristo, el tiempo de la Iglesia antes de su regreso glorioso, el tiempo de nuestra vida, que está marcada por una serie de Cuaresmas que nos son ofrecidas como ocasión de arrepentimiento y salvación”.

Aludiendo a la paciencia de Dios, el Santo Padre aseguró que “nunca es tarde para convertirse, ¡pero es urgente, es la hora!”.

Francisco, como es habitual, comentó las lecturas de la liturgia del día y se refirió también a los terribles sucesos y tragedias que acontecen. “Cada día, por desgracia, las crónicas reportan noticias feas: homicidios, incidentes, catástrofes… en el pasaje del Evangelio de hoy, Jesús se refiere a dos acontecimientos trágicos que en aquel tiempo habían suscitado un gran revuelo: una represión cruenta a manos de los soldados romanos en el interior del templo; y el derrumbe de la torre de Siloé, en Jerusalén”.



El Papa explicó que “Jesús conoce la mentalidad supersticiosa de aquellos que le escuchan y sabe que interpretan ese tipo de acontecimientos de modo equivocado”. Creen que “esos hombres que han muerto han sido castigados por Dios”.

Sin embargo, Jesús “rechaza esta visión porque Dios no permite las tragedias para castigar las culpas, y afirma que aquellas pobres víctimas no eran peor que los otros”. Incluso les dice: “Si ustedes no se convierten, morirán de la misma manera”.

“También hoy, frente a ciertas desgracias y eventos de luto, puede venir la tentación de ‘descargar’ la responsabilidad sobre las víctimas, o incluso sobre el mismo Dios”, alertó Francisco.

“Pero el Evangelio nos invita a reflexionar: ¿qué idea nos hemos hecho de Dios?, ¿estamos convencidos de que Dios es así o no es más que una proyección nuestra, un dios hecho ‘a nuestra imagen y semejanza’?”.

El Pontífice recordó entonces que Jesús “nos llama a cambiar el corazón, a hacer una inversión radical en el camino de nuestra vida, abandonando los compromisos con el mal, las hipocresías, para tomar decididamente el camino del Evangelio”.

A su vez, pidió a los fieles que no intenten justificarse porque “cada uno de nosotros se parece a un árbol que durante años ha dado múltiples pruebas de su esterilidad”, como narra la parábola del Evangelio del día.

“Que la Virgen María nos sostenga, para que podamos abrir el corazón a la gracia de Dios, a su misericordia; y nos ayude a no juzgar nunca a los otros, sino a dejarnos provocar por las desgracias cotidianas para hacer un serio examen de conciencia y arrepentirnos”


jueves, 11 de febrero de 2016

5 cosas que debes saber sobre la Cuaresma



REDACCIÓN CENTRAL, 09 Feb. 16 / 05:20 pm (ACI/EWTN Noticias).- La Cuaresma es un tiempo litúrgico en el que por 40 días la Iglesia llama a los fieles a la penitencia y conversión, para prepararse verdaderamente a vivir los misterios de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo en la Semana Santa.

Estos son cinco puntos que debes saber sobre la Cuaresma:

1.- Oración, mortificación y caridad: Las tres grandes prácticas cuaresmales

La oración es la condición indispensable para el encuentro con Dios. En la oración, el cristiano ingresa en el diálogo íntimo con el Señor, deja que la gracia entre en su corazón y, a semejanza de Santa María, se abre a la oración del Espíritu cooperando a ella con su respuesta libre y generosa (ver Lc 1,38).

La mortificación se realiza cotidianamente y sin necesidad de hacer grandes sacrificios. Con ella se ofrece a Cristo aquellos momentos que nos generan molestias en el transcurrir del día, y se acepta con humildad, gozo y alegría, todas las adversidades que lleguen.

De la misma manera, saber renunciar a ciertas cosas legítimas nos ayuda a vivir el desapego y desprendimiento. Dentro de esta práctica cuaresmal están el ayuno y la abstinencia las cuales serán explicadas luego.



La caridad es necesaria como refiere San León Magno: “si deseamos llegar a la Pascua santificados en nuestro ser, debemos poner un interés especialísimo en la adquisición de esta virtud, que contiene en sí a las demás y cubre multitud de pecados".

Sobre esta práctica San Juan Pablo II explica que este llamado a dar "está radicado en lo más hondo del corazón humano: toda persona siente el deseo de ponerse en contacto con los otros, y se realiza plenamente cuando se da libremente a los demás".

2.- El ayuno y la abstinencia

El ayuno consiste en hacer una sola comida fuerte al día, mientras que la abstinencia consiste en no comer carne. Con ambos sacrificios reconocemos la necesidad de hacer obras para reparar el daño causado por nuestros pecados y para el bien de la Iglesia.

Además, de forma voluntaria se dejan de lado las necesidades terrenas y se redescubre la necesidad de la vida del cielo. "No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios" (Mt 4,4).

El ayuno no prohíbe tomar un poco de alimento por la mañana y por la noche. Es obligatoria desde los 18 hasta los 59 años. 

Por otro lado para la abstinencia, si bien se prohíbe el uso de carnes, no es el caso para huevos, lácteos y cualquier condimento a base de grasa de animales. Es día de abstinencia todos los viernes del año y es obligatorio a partir de los 14 años.

3.- La Cuaresma comienza con el Miércoles de Ceniza y termina el Jueves Santo

En el Miércoles de Ceniza se inician los 40 días de preparación para la Pascua. Al término de la misa el sacerdote bendice e impone las cenizas hechas de los ramos de olivo bendecidos en el Domingo de Ramos del año anterior. Estas son impuestas haciendo la señal de la cruz en la frente y pronunciando las palabras Bíblicas: «Acuérdate que eres polvo y en polvo te convertirás», o «Conviértete y cree en el Evangelio». De esta forma la ceniza representa un signo de humildad y le recuerda al cristiano su origen y su fin.

La Cuaresma termina en el Jueves Santo. En aquel día la Iglesia conmemora La Última Cena del Señor, donde Jesús de Nazaret compartió por última vez con sus apóstoles antes de ser crucificado en Viernes Santo.

4.- La duración de la Cuaresma está basada en el símbolo del número 40 en la Biblia

Los 40 días de la Cuaresma representan la misma cantidad de días que Jesús pasó en el desierto antes de comenzar su vida pública, los cuarenta del diluvio,  los cuarenta de la marcha del pueblo judío por el desierto,  los cuarenta días de Moisés y de Elías en la montaña, y los 400 años que duró la estancia de los judíos en Egipto.

En la Biblia el número cuatro simboliza el universo material, seguido de ceros significa el tiempo de nuestra vida en la tierra, seguido de pruebas y dificultades.

5.- En la Cuaresma el color litúrgico es el morado

El color litúrgico de este tiempo es el morado que significa luto y penitencia. Es un tiempo de reflexión, de penitencia, de conversión espiritual; tiempo de preparación al misterio pascual.

Miércoles de Ceniza: Papa Francisco propone 3 medicinas que curan del pecado en Cuaresma



VATICANO, 10 Feb. 16 / 11:43 am (ACI/EWTN Noticias).- El Papa Francisco preside esta tarde (hora local) en la Basílica de San Pedro la Santa Misa con el Rito de bendición e imposición de las Cenizas, dando así inicio a la Cuaresma. En esta Eucaristía el Papa también envía a los Misioneros de la Misericordia en ocasión del Jubileo.

En la celebración el Santo Padre estuvo acompañado de cardenales, obispos y más de 700 Misioneros de la Misericordia que son enviados a todo el mundo con la facultad de absolver algunos pecados reservados a la Sede Apostólica.


Francisco propuso en su homilía tres “medicinas o remedios” que los cristianos pueden abrazar para “curarse del pecado” en esta Cuaresma: la oración, la caridad y el ayuno.

1.- Oración: “Expresión de apertura y de fidelidad en el Señor, es el encuentro personal con Él, que corta las distancias creadas por el pecado”, explicó el Papa. “Orar significa decir: ‘no soy autosuficiente, tengo necesidad de Ti, Tú eres mi vida y mi salvación”.

2.- Caridad: El Papa dijo que “el amor es verdadero, en efecto no es un acto exterior, no es dar cualquier cosa de modo paternalista para acallar la conciencia, sino aceptar quien tiene necesidad de nuestro tiempo, nuestra amistad, de nuestra ayuda”. Es también “vivir el servicio”.



3.- Ayuno: La penitencia, para “liberarnos de las dependencias frente a lo que pasa y entrenarnos para ser más sensibles y misericordiosos”. “Es una invitación a la simplicidad y a compartir”.


El Papa pidió también que “la Cuaresma sea un tiempo de buena ‘podadura’ de la falsedad, de la mundanidad, de la indiferencia”, entre otras cosas “para volver a encontrar la identidad cristiana, es decir, el amor que sirve, no el egoísmo que se sirve”.

Sobre la necesidad de reconciliarse con Dios, el Santo Padre explicó que “no es simplemente un buen consejo paterno ni una sugerencia, es una verdadera y propia súplica a nombre de Cristo”. “Cristo sabe cómo de frágiles y pecadores somos, conoce la debilidad de nuestro corazón”, recordó.

Cristo “vence el pecado y nos levanta de las miserias, si confiamos en Él” y este “es el primer paso del camino cristiano, se trata de entrar a través de la puerta abierta que es Cristo, donde nos espera Él mismo, el Salvador, y nos ofrece una vida nueva y alegre”.

El Santo Padre afirmó que “existe la tentación de blindar las puertas, de convivir con el propio pecado, minimizándolo, justificándolo siempre, pensando en no ser peores que los otros” pero así “se cierran las cerraduras del alma y se permanece cerrado por dentro, prisioneros del mal”.


Otro obstáculo que señaló el Pontífice es “la vergüenza de abrir la puerta secreta del corazón” y también el de “alejarnos de la puerta: sucede cuando nos encerramos en nuestras miserias”. Entonces, “nos desanimamos y somos más débiles frente a las tentaciones”.

“Esto sucede porque permanecemos solos con nosotros mismos, cerrándonos y huyendo de la luz, mientras solamente la gracia del Señor nos libera. Dejémonos por tanto reconciliar, escuchemos a Jesús que dice a quien está cansado y oprimido ‘vengan a mi’”.

Existe otra invitación de parte de Dios que es la de “retornar al Señor con todo el corazón”. “Si se necesita regresar es porque nos hemos alejado. Es el misterio del pecado”, explicó Francisco.

A los Misioneros de la Misericordia les dijo: “ustedes pueden ayudar a abrir las puertas de los corazones, a superar la vergüenza, a no huir de la luz”.

“Que vuestras manos bendigan y levanten a los hermanos y hermanas con paternidad, que a través de ustedes la mirada y las manos del Padre se posen sobre los hijos y curen las heridas”, exhortó.

viernes, 6 de marzo de 2015

Papa Francisco explica cómo lograr la conversión a la que invita el Señor



VATICANO, 03 Mar. 15 / 10:39 am (ACI).- El Papa Francisco reflexionó en su homilía de hoy en la Misa en la Casa Santa Marta sobre lo que debe hacer todo católico para obtener el perdón de Dios y en la necesidad de desterrar la hipocresía del corazón.

A su vez, el Papa pidió reflexionar en Cuaresma sobre “la invitación a la conversión, el don que nos dará el Señor y que es un gran perdón, y (también) en la trampa –hacer como que uno pretende convertirse– pero que toma el camino de la hipocresía”.

La lectura del Profeta Isaías que se proclamó en la celebración sirvió al Pontífice para explicar que lo que él mismo pide al pueblo es una invitación de Dios: “paren de hacer el mal, aprendan a hacer el bien”, defendiendo a los huérfanos y a las viudas, es decir, “a aquellos que nadie recuerda”, entre los que también se encuentran “los ancianos abandonados”, “los niños que no van a la escuela” y aquellos “que no saben santiguarse”.

“Entonces, ¿cómo puedo convertirme? '¡Aprendan a hacer el bien!'. La conversión. La suciedad del corazón no se elimina como se hace con una mancha: vamos a la tintorería y salimos limpios... Se quita con 'hacer': ir por un camino distinto, otra calle distinta a la del mal. '¡Aprended a hacer el bien!'”.

A continuación, Francisco respondió a la pregunta “¿Y cómo hago el bien?”. “¡Es sencillo! Busquen la justicia, socorran al oprimido, hagan justicia con el huérfano, defiendan la causa de la viuda'”.

“Háganles justicia a ellos, vayan donde están las llagas de la humanidad, donde existe tanto dolor... Y así, haciendo el bien, lavarás tu corazón”.

En este sentido, el Papa dijo: “Si tú haces esto, si tu vienes por este camino, al cual yo te invito -nos dice el Señor- 'también si vuestros pecados fuesen rojos como escarlata, se transformarán en blancos como la nieve'”.

“Es una exageración, el Señor exagera: ¡pero es la verdad!”. El Señor nos otorga el don de su perdón. El Señor perdona generosamente. 'Yo te perdono hasta aquí, después veremos lo demás...' ¡No, no! ¡El Señor perdona siempre todo! ¡Todo!, pero si quieres ser perdonado, debes comenzar el camino de hacer el bien. ¡Este es el don!'.

Sobre el Evangelio del día en el que Jesús advierte contra los que quieren siempre tener los primeros puestos, el Papa explicó que “todos somos astutos y siempre encontramos un camino que no es justo, para parecer más justos de aquello que pensamos: es el camino de la hipocresía”.

“Estos pretenden convertirse, pero su corazón es una mentira: ¡son mentirosos! Su corazón no pertenece al Señor; pertenece al padre de todas las mentiras: a Satanás”.

El Papa aseguró que “muchas veces Jesús prefería a los pecadores antes que a estos. ¿Por qué? Los pecadores decían la verdad sobre ellos mismos. '¡Aléjate de mi Señor que soy un pecador!': lo dijo Pedro, una vez. ¡Pero estos nunca dicen eso!”. En su lugar dicen: “Te doy gracias Señor porque no soy pecador, porque soy justo...”.

martes, 18 de marzo de 2014

Cuaresma: Qués? - Cómo vivirla?





La Cuaresma (40 días), es el tiempo litúrgico penitencial durante el cual la Iglesia se prepara para la celebración gozosa de la Pascua.

El Tiempo de Cuaresma comienza el Miércoles de Ceniza y culmina en la Misa de la Cena del Señor, el Jueves Santo.

La Cuaresma es el tiempo litúrgico de conversión, que marca la Iglesia para prepararnos a la gran fiesta de la Pascua. 

Es tiempo para arrepentirnos de nuestros pecados y de cambiar algo de nosotros para ser mejores y poder vivir más cerca de Cristo.

En las celebraciones liturgias (hasta la Vigilia Pascual) no se canta ni se dice el Aleluya, no se adorna con flores el altar y se permiten sólo los instrumentos musicales necesarios para sostener el canto (excepto solemnidades y fiestas).

El color litúrgico de este tiempo es el morado que significa penitencia. Es un tiempo de reflexión, de penitencia, de conversión espiritual; tiempo de preparación al misterio pascual.

En la Cuaresma, Cristo nos invita a cambiar de vida. La Iglesia nos invita a vivir la Cuaresma como un camino hacia Jesucristo, escuchando la Palabra de Dios, orando, compartiendo con el prójimo y haciendo obras buenas. Nos invita a vivir una serie de actitudes cristianas que nos ayudan a parecernos más a Jesucristo, ya que por acción de nuestro pecado, nos alejamos más de Dios.

Por ello, la Cuaresma es el tiempo del perdón y de la reconciliación fraterna. Cada día, durante toda la vida, hemos de arrojar de nuestros corazones el odio, el rencor, la envidia, los celos que se oponen a nuestro amor a Dios y a los hermanos.

En Cuaresma, aprendemos a conocer y apreciar la Cruz de Jesús. Con esto aprendemos también a tomar nuestra cruz con alegría para alcanzar la gloria de la resurrección.


40 días
La Cuaresma tiene en su trasfondo espiritual la imagen del desierto. Éste representa, por un lado, la experiencia del pueblo de Israel después de la celebrada salida de Egipto, y por otro, el ayuno y oración de Jesús que finalizó con las tentaciones de Satanás. Por esto, los cristianos estamos llamados a retomar la alianza bautismal (prefigurada en la alianza del desierto con Moisés) y a crecer en la fidelidad a la Palabra de Dios con la cual el Señor venció toda tentación.
La duración de la Cuaresma está basada en el símbolo del número cuarenta en la Biblia. En ésta, se habla de los cuarenta días del diluvio, de los cuarenta años de la marcha del pueblo judío por el desierto, de los cuarenta días de Moisés y de Elías en la montaña, de los cuarenta días que pasó Jesús en el desierto antes de comenzar su vida pública, de los 400 años que duró la estancia de los judíos en Egipto.
En la Biblia, el número cuatro simboliza el universo material, seguido de ceros significa el tiempo de nuestra vida en la tierra, seguido de pruebas y dificultades.
 
La práctica de la Cuaresma data desde el siglo IV, cuando se da la tendencia a constituirla en tiempo de penitencia y de renovación para toda la Iglesia, con la práctica del ayuno y de la abstinencia. Conservada con bastante vigor, al menos en un principio, en las iglesias de oriente, la práctica penitencial de la Cuaresma ha sido cada vez más aligerada en occidente, pero debe observarse un espíritu penitencial y de conversión.
 

Pidamos la gracia, para poder convertirnos de corazón, para que podamos vivir una Cuaresma, una semana Santa y una Pascua, tal como Jesús nos pide en su Palabra! 

Nos dejemos reconciliar con Dios, con nosotros mismos y con nuestros hermanos! Nos levantemos y vayamos a la Casa del Padre! Dios nos espera! Es tiempo de volver!!!

En nuestra Comunidad, podemos acercarnos al Sacramento de la Reconciliación, todos los días de 18:00 a 20:00 hs. Seremos recibidos por el padre Claudio Minué, por orden de llegada al confesionario.

Luego, a las 20:00 hs, todos los días, podemos participar de la Cena del Señor!!!

Nuestro Padre Dios, nos espera como al Hijo Pródigo!!! Hagamos feliz al Padre, y permitamos que haya fiesta en el Cielo, con nuestra conversión de corazón!!!!



Oración de Cuaresma


Padre nuestro, que estás en el Cielo,
en esta época de arrepentimiento,
ten misericordia de nosotros.
Con nuestra oración, nuestro ayuno y nuestras buenas obras,
transforma nuestros corazones a tu Palabra,
sana nuestras heridas del pecado,
ayúdanos a hacer el bien en este mundo.
Que transformemos la oscuridad y el dolor en vida y alegría.
Concédenos estas cosas por nuestro Señor Jesucristo. Amén.

lunes, 3 de marzo de 2014

Mensaje del Papa Francisco para la Cuaresma 2014

VATICANO, 04 Feb. 14 / 10:20 am (ACI/EWTN Noticias).- Hoy se dio a conocer el mensaje del Papa Francisco para la Cuaresma 2014, el primero de su pontificado para este tiempo de la liturgia de la Iglesia, que ha titulado “Se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza” (cfr. 2 Cor 8, 9).
A continuación el texto completo del mensaje. Si desea descargarlo en PDF, haga click en este enlace: 
http://www.aciprensa.com/Docum/MensajeCuaresma2014.pdf

Queridos hermanos y hermanas:
Con ocasión de la Cuaresma os propongo algunas reflexiones, a fin de que os sirvan para el camino personal y comunitario de conversión. Comienzo recordando las palabras de San Pablo: «Pues conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, el cual, siendo rico, se hizo pobre por vosotros para enriqueceros con su pobreza» (2 Cor 8, 9). El Apóstol se dirige a los cristianos de Corinto para alentarlos a ser generosos y ayudar a los fieles de Jerusalén que pasan necesidad. ¿Qué nos dicen, a los cristianos de hoy, estas palabras de San Pablo? ¿Qué nos dice hoy, a nosotros, la invitación a la pobreza, a una vida pobre en sentido evangélico?
La gracia de Cristo
Ante todo, nos dicen cuál es el estilo de Dios. Dios no se revela mediante el poder y la riqueza del mundo, sino mediante la debilidad y la pobreza: «Siendo rico, se hizo pobre por vosotros…». Cristo, el Hijo eterno de Dios, igual al Padre en poder y gloria, se hizo pobre; descendió en medio de nosotros, se acercó a cada uno de nosotros; se desnudó, se "vació", para ser en todo semejante a nosotros (cfr. Flp 2, 7; Heb 4, 15). ¡Qué gran misterio la encarnación de Dios! La razón de todo esto es el amor divino, un amor que es gracia, generosidad, deseo de proximidad, y que no duda en darse y sacrificarse por las criaturas a las que ama.
La caridad, el amor es compartir en todo la suerte del amado. El amor nos hace semejantes, crea igualdad, derriba los muros y las distancias. Y Dios hizo esto con nosotros. Jesús, en efecto, «trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre. Nacido de la Virgen María, se hizo verdaderamente uno de nosotros, en todo semejante a nosotros excepto en el pecado» (Conc. Ecum. Vat. II, Const. past. Gaudium et spes, 22).
La finalidad de Jesús al hacerse pobre no es la pobreza en sí misma, sino —dice San Pablo— «...para enriqueceros con su pobreza». No se trata de un juego de palabras ni de una expresión para causar sensación. Al contrario, es una síntesis de la lógica de Dios, la lógica del amor, la lógica de la Encarnación y la Cruz. Dios no hizo caer sobre nosotros la salvación desde lo alto, como la limosna de quien da parte de lo que para él es superfluo con aparente piedad filantrópica.
¡El amor de Cristo no es esto! Cuando Jesús entra en las aguas del Jordán y se hace bautizar por Juan el Bautista, no lo hace porque necesita penitencia, conversión; lo hace para estar en medio de la gente, necesitada de perdón, entre nosotros, pecadores, y cargar con el peso de nuestros pecados. Este es el camino que ha elegido para consolarnos, salvarnos, liberarnos de nuestra miseria. Nos sorprende que el Apóstol diga que fuimos liberados no por medio de la riqueza de Cristo, sino por medio de su pobreza. Y, sin embargo, San Pablo conoce bien la «riqueza insondable de Cristo» (Ef 3, 8), «heredero de todo» (Heb 1, 2).
¿Qué es, pues, esta pobreza con la que Jesús nos libera y nos enriquece? Es precisamente su modo de amarnos, de estar cerca de nosotros, como el buen samaritano que se acerca a ese hombre que todos habían abandonado medio muerto al borde del camino (cfr. Lc 10, 25ss). Lo que nos da verdadera libertad, verdadera salvación y verdadera felicidad es su amor lleno de compasión, de ternura, que quiere compartir con nosotros.
La pobreza de Cristo que nos enriquece consiste en el hecho que se hizo carne, cargó con nuestras debilidades y nuestros pecados, comunicándonos la misericordia infinita de Dios. La pobreza de Cristo es la mayor riqueza: la riqueza de Jesús es su confianza ilimitada en Dios Padre, es encomendarse a Él en todo momento, buscando siempre y solamente su voluntad y su gloria. Es rico como lo es un niño que se siente amado por sus padres y los ama, sin dudar ni un instante de su amor y su ternura.
La riqueza de Jesús radica en el hecho de ser el Hijo, su relación única con el Padre es la prerrogativa soberana de este Mesías pobre. Cuando Jesús nos invita a tomar su "yugo llevadero", nos invita a enriquecernos con esta "rica pobreza" y "pobre riqueza" suyas, a compartir con Él su espíritu filial y fraterno, a convertirnos en hijos en el Hijo, hermanos en el Hermano Primogénito (cfr Rom 8, 29).
Se ha dicho que la única verdadera tristeza es no ser santos (L. Bloy); podríamos decir también que hay una única verdadera miseria: no vivir como hijos de Dios y hermanos de Cristo.
Nuestro testimonio
Podríamos pensar que este "camino" de la pobreza fue el de Jesús, mientras que nosotros, que venimos después de Él, podemos salvar el mundo con los medios humanos adecuados. No es así. En toda época y en todo lugar, Dios sigue salvando a los hombres y salvando el mundo mediante la pobreza de Cristo, el cual se hace pobre en los Sacramentos, en la Palabra y en su Iglesia, que es un pueblo de pobres. La riqueza de Dios no puede pasar a través de nuestra riqueza, sino siempre y solamente a través de nuestra pobreza, personal y comunitaria, animada por el Espíritu de Cristo.
A imitación de nuestro Maestro, los cristianos estamos llamados a mirar las miserias de los hermanos, a tocarlas, a hacernos cargo de ellas y a realizar obras concretas a fin de aliviarlas. La miseria no coincide con la pobreza; la miseria es la pobreza sin confianza, sin solidaridad, sin esperanza. Podemos distinguir tres tipos de miseria: la miseria material, la miseria moral y la miseria espiritual.
La miseria material es la que habitualmente llamamos pobreza y toca a cuantos viven en una condición que no es digna de la persona humana: privados de sus derechos fundamentales y de los bienes de primera necesidad como la comida, el agua, las condiciones higiénicas, el trabajo, la posibilidad de desarrollo y de crecimiento cultural. Frente a esta miseria la Iglesia ofrece su servicio, su diakonia, para responder a las necesidades y curar estas heridas que desfiguran el rostro de la humanidad.
En los pobres y en los últimos vemos el rostro de Cristo; amando y ayudando a los pobres amamos y servimos a Cristo. Nuestros esfuerzos se orientan asimismo a encontrar el modo de que cesen en el mundo las violaciones de la dignidad humana, las discriminaciones y los abusos, que, en tantos casos, son el origen de la miseria. Cuando el poder, el lujo y el dinero se convierten en ídolos, se anteponen a la exigencia de una distribución justa de las riquezas. Por tanto, es necesario que las conciencias se conviertan a la justicia, a la igualdad, a la sobriedad y al compartir.
No es menos preocupante la miseria moral, que consiste en convertirse en esclavos del vicio y del pecado. ¡Cuántas familias viven angustiadas porque alguno de sus miembros —a menudo joven— tiene dependencia del alcohol, las drogas, el juego o la pornografía! ¡Cuántas personas han perdido el sentido de la vida, están privadas de perspectivas para el futuro y han perdido la esperanza! Y cuántas personas se ven obligadas a vivir esta miseria por condiciones sociales injustas, por falta de un trabajo, lo cual les priva de la dignidad que da llevar el pan a casa, por falta de igualdad respecto de los derechos a la educación y la salud. En estos casos la miseria moral bien podría llamarse casi suicidio incipiente.
Esta forma de miseria, que también es causa de ruina económica, siempre va unida a la miseria espiritual, que nos golpea cuando nos alejamos de Dios y rechazamos su amor. Si consideramos que no necesitamos a Dios, que en Cristo nos tiende la mano, porque pensamos que nos bastamos a nosotros mismos, nos encaminamos por un camino de fracaso. Dios es el único que verdaderamente salva y libera.
El Evangelio es el verdadero antídoto contra la miseria espiritual: en cada ambiente el cristiano está llamado a llevar el anuncio liberador de que existe el perdón del mal cometido, que Dios es más grande que nuestro pecado y nos ama gratuitamente, siempre, y que estamos hechos para la comunión y para la vida eterna. ¡El Señor nos invita a anunciar con gozo este mensaje de misericordia y de esperanza!
Es hermoso experimentar la alegría de extender esta buena nueva, de compartir el tesoro que se nos ha confiado, para consolar los corazones afligidos y dar esperanza a tantos hermanos y hermanas sumidos en el vacío. Se trata de seguir e imitar a Jesús, que fue en busca de los pobres y los pecadores como el pastor con la oveja perdida, y lo hizo lleno de amor. Unidos a Él, podemos abrir con valentía nuevos caminos de evangelización y promoción humana.
Queridos hermanos y hermanas, que este tiempo de Cuaresma encuentre a toda la Iglesia dispuesta y solícita a la hora de testimoniar a cuantos viven en la miseria material, moral y espiritual el mensaje evangélico, que se resume en el anuncio del amor del Padre misericordioso, listo para abrazar en Cristo a cada persona. Podremos hacerlo en la medida en que nos conformemos a Cristo, que se hizo pobre y nos enriqueció con su pobreza.
La Cuaresma es un tiempo adecuado para despojarse; y nos hará bien preguntarnos de qué podemos privarnos a fin de ayudar y enriquecer a otros con nuestra pobreza. No olvidemos que la verdadera pobreza duele: no sería válido un despojo sin esta dimensión penitencial. Desconfío de la limosna que no cuesta y no duele.
Que el Espíritu Santo, gracias al cual «[somos] como pobres, pero que enriquecen a muchos; como necesitados, pero poseyéndolo todo» (2 Cor 6, 10), sostenga nuestros propósitos y fortalezca en nosotros la atención y la responsabilidad ante la miseria humana, para que seamos misericordiosos y agentes de misericordia. Con este deseo, aseguro mi oración por todos los creyentes. Que cada comunidad eclesial recorra provechosamente el camino cuaresmal. Os pido que recéis por mí. Que el Señor os bendiga y la Virgen os guarde.
Vaticano, 26 de diciembre de 2013
Fiesta de San Esteban, diácono y protomártir
FRANCISCUS

miércoles, 22 de febrero de 2012

MIÉRCOLES DE CENIZA - AYUNO Y ABSTINENCIA

Con la imposición de las cenizas, se inicia una estación espiritual particularmente relevante para todo cristiano que quiera prepararse dignamente para la vivir el Misterio Pascual, es decir, la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor Jesús.

Este tiempo vigoroso del Año Litúrgico se caracteriza por el mensaje bíblico que puede ser resumido en una sola palabra: "metanoeiete", es decir "Convertíos". Este imperativo es propuesto a la mente de los fieles mediante el rito austero de la imposición de ceniza, el cual, con las palabras "Convertíos y creed en el Evangelio" y con la expresión "Acuérdate que eres polvo y al polvo volverás", invita a todos a reflexionar acerca del deber de la conversión, recordando la inexorable caducidad y efímera fragilidad de la vida humana, sujeta a la muerte.

La sugestiva ceremonia de la ceniza eleva nuestras mentes a la realidad eterna que no pasa jamás, a Dios; principio y fin, alfa y omega de nuestra existencia. La conversión no es, en efecto, sino un volver a Dios, valorando las realidades terrenales bajo la luz indefectible de su verdad. Una valoración que implica una conciencia cada vez más diáfana del hecho de que estamos de paso en este fatigoso itinerario sobre la tierra, y que nos impulsa y estimula a trabajar hasta el final, a fin de que el Reino de Dios se instaure dentro de nosotros y triunfe su justicia.

Sinónimo de "conversión" es así mismo la palabra "penitencia"... Penitencia como cambio de mentalidad. Penitencia como expresión de libre y positivo esfuerzo en el seguimiento de Cristo.


Tradición

En la Iglesia primitiva, variaba la duración de la Cuaresma, pero eventualmente comenzaba seis semanas (42 días) antes de la Pascua. Esto sólo daba por resultado 36 días de ayuno (ya que se excluyen los domingos). En el siglo VII se agregaron cuatro días antes del primer domingo de Cuaresma estableciendo los cuarenta días de ayuno, para imitar el ayuno de Cristo en el desierto.

Era práctica común en Roma que los penitentes comenzaran su penitencia pública el primer día de Cuaresma. Ellos eran salpicados de cenizas, vestidos en sayal y obligados a mantenerse lejos hasta que se reconciliaran con la Iglesia el Jueves Santo o el Jueves antes de la Pascua. Cuando estas prácticas cayeron en desuso (del siglo VIII al X), el inicio de la temporada penitencial de la Cuaresma fué simbolizada colocando ceniza en las cabezas de toda la congregación.

Hoy en día en la Iglesia, el Miércoles de Ceniza, el cristiano recibe una cruz en la frente con las cenizas obtenidas al quemar las palmas usadas en el Domingo de Ramos previo. Esta tradición de la Iglesia ha quedado como un simple servicio en algunas Iglesias protestantes como la anglicana y la luterana. La Iglesia Ortodoxa comienza la cuaresma desde el lunes anterior y no celebra el Miércoles de Ceniza.


Significado simbólico de la Ceniza

La ceniza, del latín "cinis", es producto de la combustión de algo por el fuego. Muy fácilmente adquirió un sentido simbólico de muerte, caducidad, y en sentido trasladado, de humildad y penitencia. En Jonás 3,6 sirve, por ejemplo, para describir la conversión de los habitantes de Nínive. Muchas veces se une al "polvo" de la tierra: "en verdad soy polvo y ceniza", dice Abraham en Gén. 18,27. El Miércoles de Ceniza, el anterior al primer domingo de Cuaresma (muchos lo entenderán mejor diciendo que es le que sigue al carnaval), realizamos el gesto simbólico de la imposición de ceniza en la frente (fruto de la cremación de las palmas del año pasado). Se hace como respuesta a la Palabra de Dios que nos invita a la conversión, como inicio y puerta del ayuno cuaresmal y de la marcha de preparación a la Pascua. La Cuaresma empieza con ceniza y termina con el fuego, el agua y la luz de la Vigilia Pascual. Algo debe quemarse y destruirse en nosotros -el hombre viejo- para dar lugar a la novedad de la vida pascual de Cristo.

Mientras el ministro impone la ceniza dice estas dos expresiones, alternativamente: "Arrepiéntete y cree en el Evangelio" (Cf Mc1,15) y "Acuérdate de que eres polvo y al polvo has de volver" (Cf Gén 3,19): un signo y unas palabras que expresan muy bien nuestra caducidad, nuestra conversión y aceptación del Evangelio, o sea, la novedad de vida que Cristo cada año quiere comunicarnos en la Pascua.

http://www.aciprensa.com/fiestas/cuaresma/ceniza.htm


Ayuno y Abstiencia

Abstinencia La ley de abstinencia exige a un Católico de 14 años de edad y hasta su muerte, a abstenerse de comer carne los Viernes en honor a la Pasión de Jesús el Viernes Santo. La carne es considerada carne y órganos de mamíferos y aves de corral. También se encuentran prohibidas las sopas y cremas de ellos. Peces de mar y de agua dulce, anfibios, reptiles y mariscos son permitidos, así como productos derivados de animales como margarina y gelatina sin sabor a carne.

Los Viernes fuera de Cuaresma, la Conferencia de Obispos de USA obtuvo permiso de la Santa Sede para que los Católicos en los Estados Unidos pudieran sustituir esta penitencia por un acto de caridad o algún otro de su propia escogencia. Ellos deben llevar a cabo alguna práctica de caridad o penitencia en estos Viernes. Para la mayoría de las personas la práctica más sencilla para cumplir con constancia, sería la tradicional de abstenerse de comer carne todos los Viernes del año. En Cuaresma la abstinencia de comer carne los Viernes es obligatoria en Estados Unidos así como en otro lugar.

Ayuno La ley de ayuno requiere que el Católico desde los 18 hasta los 59 años reduzca la cantidad de comida usual. La Iglesia define esto como una comida más dos comidas pequeñas que sumadas no sobrepasen la comida principal en cantidad. Este ayuno es obligatorio el Miercoles de Ceniza y el Viernes Santo. El ayuno se rompe si se come entre comidas o se toma algún líquido que es considerado comida ( batidos, pero no leche ). Bebidas alcoholicas no rompen el ayuno; pero parecieran contrarias al espíritu de hacer penitencia.

Aquellos excluídos del ayuno y la abstinencia Aparte de los ya excluídos por su edad, aquellos que tienen problemas mentales, los enfermos, los frágiles, mujeres en estado o que alimentan a los bebés de acuerdo a la alimentación que necesitan para criar, obreros de acuerdo a su necesidad, invitados a comidas que no pueden excusarse sin ofender gravemente causando enemistad u otras situaciones morales o imposibilidad física de mantener el ayuno.

Aparte de estos requisitos mínimos penitenciales, los Católicos son motivados a imponerse algunas penitencias personales a si mismos en ciertas oportunidades. Pueden ser modeladas basadas en la penitencia y el ayuno. Una persona puede por ejemplo, aumentar el número de días de la abstención. Algunas personas dejan completamente de comer carne por motivos religiosos ( en oposición de aquellos que lo hacen por razones de salud u otros ). Algunas ordenes religiosas nunca comen carne. Igualmente, uno pudiera hacer más ayuno que el requerido. La Iglesia primitiva practicaba el ayuno los Miercoles y Sábados. Este ayuno podía ser igual a la ley de la Iglesia ( una comida más otras dos pequeñas ) o aún más esstricto, como pan y agua. Este ayuno libremente escogido puede consistir en abstenerse de algo que a uno le gusta- dulces, refrescos, cigarillo, ese cocktail antes de la cena etc. Esto se le deja a cada individuo.

Una consideración final. Antes que nada estamos obligados a cumplir con nuestras obligaciones en la vida. Cualquier abstención que nos impida seriamente llevar adelante nuestro trabajo como estudiantes, empleados o parientes serían contrarias a la voluntad de Dios.

http://www.ewtn.com/spanish/preguntas/ayuno_y_abstinencia.htm


La Iglesia quiere ser fiel al mandato del Señor, que indicó que “vendrán días en que les será arrebatado el esposo y entonces ayunarán” (Mt, 9, 15). Por eso ha establecido tiempos y días de penitencia que incluyen el ayuno y la abstinencia, obligatorios para toda la Iglesia de rito latino. Este es el sentido del canon 1429:

Canon 1249: Todos los fieles, cada uno a su modo, están obligados por ley divina a hacer penitencia; sin embargo, para que todos se unan en alguna práctica común de penitencia, se han fijado unos días penitenciales, en los que se dediquen los fieles de manera especial a la oración, realicen obras de piedad y de caridad y se nieguen a sí mismos, cumpliendo con mayor fidelidad sus propias obligaciones y, sobre todo, observando el ayuno y la abstinencia, a tenor de los cánones que siguen.


Se puede analizar la norma del ayuno y la abstinencia, desde un punto de vista jurídico canónico. No se pretende entrar en las cuestiones morales que surgen, ni menos aún en la resolución de los múltiples casos en que se pueden encontrar los fieles católicos en su vida ordinaria, a la hora de guardar el ayuno o la abstinencia, porque sería imposible agotar todas y cada una de las posibles situaciones. Pero se pueden dar unas ideas desde el punto de vista canónico.

Conviene indicar, antes de entrar en otras cuestiones, que la obligación de que se habla en este artículo es jurídica. Los fieles están obligados, desde el momento en que queda recogida en el Código de derecho canónico, por la fuerza de la norma. Vale por lo tanto esta consideración para hacer ver que, si bien muchas veces, el cumplimiento de la norma no supone sacrificio y penitencia, no por ello los fieles puede ingerir estos alimentos. El fiel al que no le cueste sacrificio abstenerse de carne, ha de abstenerse de todas maneras: y entonces el valor de su acción será la de la obediencia a la norma de la Iglesia. No supone sacrificio la abstinencia de carne, pero tiene el mérito y el valor ejemplar de la obediencia a la ley y a la Iglesia.


La Iglesia establece unos tiempos de penitencia que incluyen el ayuno y la abstinencia. Pero se debe tener en cuenta que los fieles están obligados cada uno “a su modo”: las prácticas que se establecen no dispensan de la obligación de hacer penitencia, la cual es personal, y no se debería limitar a las pocas prácticas comunes a todos los católicos.


Estas son las prácticas de penitencia que indica el derecho canónico:


Canon 1251: Todos los viernes, a no ser que coincidan con una solemnidad, debe guardarse la abstinencia de carne, o de otro alimento que haya determinado la Conferencia Episcopal; ayuno y abstinencia se guardarán el miércoles de Ceniza y el Viernes Santo.


Canon 1252: La ley de la abstinencia obliga a los que han cumplido catorce años; la del ayuno, a todos los mayores de edad, hasta que hayan cumplido cincuenta y nueve años. Cuiden sin embargo los pastores de almas y los padres de que también se formen en un auténtico espíritu de penitencia quienes, por no haber alcanzado la edad, no están obligados al ayuno o a la abstinencia.


Por lo tanto, existen las siguientes posibilidades según la edad:


Hasta los 14 años cumplidos: no hay obligación de guardar ayuno ni abstinencia.


Desde los 14 y hasta los 18 años (mayoría de edad canónica): Existe la obligación de guardar la abstinencia de carne o de otro alimento todos los viernes del año, salvo si coincide con solemnidad.


Desde los 18 hasta los 59 años cumplidos: existe la obligación de abstenerse de tomar carne u otro alimento los días indicados anteriormente y de ayunar el miércoles de ceniza y el viernes santo.


Desde los 59 años de edad: desaparece la obligación de ayunar, pero subsiste la obligación de abstenerse de la carne u otro alimento.


Dispensa y conmutación


El canon 1245 establece unas facultades de dispensa amplias:


Canon 1245: Quedando a salvo el derecho de los Obispos diocesanos contenido en el c. 87, con causa justa y según las prescripciones del Obispo diocesano, el párroco puede conceder, en casos particulares, dispensa de la obligación de guardar un día de fiesta o de penitencia, o conmutarla por otras obras piadosas; y lo mismo puede hacer el Superior de un instituto religioso o de una sociedad de vida apostólica, si son clericales de derecho pontificio, respecto a sus propios súbditos y a otros que viven día y noche en la casa.


Por lo tanto, pueden dispensar tanto el Obispo diocesano para sus súbditos -así lo indica el canon 87, al que se remite el canon 1245- como el párroco. En este caso, sin embargo, se debe matizar que sólo puede dispensar en casos particulares: no puede conceder una dispensa general, por lo tanto. También puede dispensar el Superior de un instituto religioso o de una sociedad de vida apostólica clerical de derecho pontificio para las personas indicadas en el canon. En todos los casos, se debe tener en cuenta el canon 90: debe haber justa causa para conceder la dispensa.

En cuanto al modo de hacer el ayuno, se indican aquí la normas dadas por la Conferencia Episcopal española: “En cuanto al ayuno, que ha de guardarse el miércoles de ceniza y el Viernes Santo, consiste en no hacer sino una sola comida al día; pero no se prohíbe tomar algo de alimento a la mañana y a la noche, guardando las legítimas costumbres respecto a la cantidad y calidad de los alimentos”. Otras Conferencias episcopales han dado normas semejantes.

http://es.catholic.net/estudiososdelderechocanonico/218/939/articulo.php?id=9590


lunes, 14 de marzo de 2011

CUARESMA - MIÉRCOLES DE CENIZAS



La imposición de las cenizas nos trae un mensaje, debemos ser humildes y convertir nuestro corazón. El sacerdote se impone primero él mismo la ceniza en la frente -o se la impone el diácono u otro concelebrante- porque también él, hombre débil, necesita convertirse a la Pascua del Señor. Luego la impone sobre la frente de los fieles, diciéndole: Conviértete y Cree en el Evangelio”.
¡Conviértete y Cree en el Evangelio!

La Cuaresma es el tiempo del año litúrgico que nos prepara para la Pascua o Domingo de Resurrección del Señor, donde celebramos la victoria de Cristo sobre el pecado, la muerte y el mal. Es un tiempo favorable para convertirnos y volver a Dios Padre, como el hijo pródigo (Lucas 15, 11-32). Es un tiempo apropiado para purificarnos de nuestras faltas y pecados pasados y presentes, y por ello, debemos acercarnos al Sacramento de la Confesión y experimentar el Amor Misericordiosos de Dios, que todo lo perdona, si hay un arrepentimiento de corazón. Nuestra madre Iglesia nos recomienda realizar algunas prácticas para llegar preparados y limpios interiormente, y poder vivir así, la Semana Santa. Estas prácticas son el ayuno, la oración y la limosna. Ayuno no sólo de comida y bebida, sobre todo, ayuno y abstinencia de nuestros egoísmos, vanidades, orgullos, odios, perezas, murmuraciones, deseos malos, venganzas, impurezas, iras, envidias, rencores, etc. No sólo la limosna material, unas pocas monedas que ponemos en la bolsita de la limosna en la misa. La limosna significa la actitud de apertura y la caridad hacia mi hermano que me necesita: enseñar al que no sabe, dar buen consejo al que nos lo pide, compartir alegrías, repartir sonrisa, ofrecer nuestro perdón a quien nos ha ofendido. Sin oración, tanto el ayuno como la limosna no se sostendrían. En la oración, Dios va cambiando nuestro corazón, va transformando nuestras actitudes negativas y creando en nosotros un corazón nuevo y lleno de caridad.




Fragmentos extraídos del Sermón de San Pedro Crisólogo, Obispo y Padre de la Iglesia




“Tres son, hermanos, los resortes que hacen que la fe se mantenga firme, la devoción sea constante y la virtud permanente. Estos tres resortes son: la oración, el ayuno y la misericordia. Oración, misericordia y ayuno constituyen una sola y única cosa, y se vitalizan recíprocamente. El ayuno, en efecto, es el alma de la oración, y la misericordia es la vida del ayuno. Que nadie trate de dividirlos, pues no pueden separarse. Quien posee uno solo de los tres, si al mismo tiempo no posee a los otros, no posee ninguno. Por tanto, quien ora que ayune; quien ayuna que se compadezca; que preste oídos a quien le suplica…”. “Por más que perfeccione su corazón, purifique su carne, desarraigue los vicios y siembre las virtudes, como no produzca caudales de misericordia, el que ayuna no cosechará fruto alguno”. “Para que no pierdas a fuerza de guardar, recoge a fuerza de repartir; al dar al pobre, te haces limosna a ti mismo: porque lo que dejes de dar a otro no lo tendrás tampoco para ti”.