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domingo, 27 de abril de 2014

Homilía del Papa Francisco en la canonización de San Juan Pablo II y San Juan XXIII

VATICANO, 27 Abr. 14 / 04:12 am (ACI).- En una ceremonia sin precedentes en la historia de la Iglesia, el Papa Francisco declaró santos a San Juan Pablo II y San Juan XXIII durante una Misa concelebrada por más de mil pastores entre cardenales, obispos y sacerdotes, incluyendo al Pontífice Emérito Benedicto XVI.
Este es el texto completo de la homilía que pronunció el Papa Francisco:
“En el centro de este domingo, con el que se termina la octava de pascua, y que San Juan Pablo II quiso dedicar a la Divina Misericordia, están las llagas gloriosas de Cristo resucitado.
Él ya las enseñó la primera vez que se apareció a los apóstoles la misma tarde del primer día de la semana, el día de la resurrección. Pero Tomás aquella tarde no estaba; y, cuando los demás le dijeron que habían visto al Señor, respondió que, mientras no viera y tocara aquellas llagas, no lo creería. Ocho días después, Jesús se apareció de nuevo en el cenáculo, en medio de los discípulos, y Tomás también estaba; se dirigió a él y lo invitó a tocar sus llagas. Y entonces, aquel hombre sincero, aquel hombre acostumbrado a comprobar personalmente las cosas, se arrodilló delante de Jesús y dijo: «Señor mío y Dios mío» (Jn 20,28).
Las llagas de Jesús son un escándalo para la fe, pero son también la comprobación de la fe. Por eso, en el cuerpo de Cristo resucitado las llagas no desaparecen, permanecen, porque aquellas llagas son el signo permanente del amor de Dios por nosotros, y son indispensables para creer en Dios. No para creer que Dios existe, sino para creer que Dios es amor, misericordia, fidelidad. San Pedro, citando a Isaías, escribe a los cristianos: «Sus heridas nos han curado» (1 P 2,24; cf. Is 53,5).
San Juan XXIII y San Juan Pablo II tuvieron el valor de mirar las heridas de Jesús, de tocar sus manos llagadas y su costado traspasado. No se avergonzaron de la carne de Cristo, no se escandalizaron de él, de su cruz; no se avergonzaron de la carne del hermano (cf. Is 58,7), porque en cada persona que sufría veían a Jesús. Fueron dos hombres valerosos, llenos de la parresía del Espíritu Santo, y dieron testimonio ante la Iglesia y el mundo de la bondad de Dios, de su misericordia.
Fueron sacerdotes, obispos y papas del siglo XX. Conocieron sus tragedias, pero no se abrumaron. En ellos, Dios fue más fuerte; fue más fuerte la fe en Jesucristo Redentor del hombre y Señor de la historia; en ellos fue más fuerte la misericordia de Dios que se manifiesta en estas cinco llagas; más fuerte la cercanía materna de María.
En estos dos hombres contemplativos de las llagas de Cristo y testigos de su misericordia había «una esperanza viva», junto a un «gozo inefable y radiante» (1 P 1,3.8). La esperanza y el gozo que Cristo resucitado da a sus discípulos, y de los que nada ni nadie les podrá privar. La esperanza y el gozo pascual, purificados en el crisol de la humillación, del vaciamiento, de la cercanía a los pecadores hasta el extremo, hasta la náusea a causa de la amargura de aquel cáliz. Ésta es la esperanza y el gozo que los dos papas santos recibieron como un don del Señor resucitado, y que a su vez dieron abundantemente al Pueblo de Dios, recibiendo de él un reconocimiento eterno.
Esta esperanza y esta alegría se respiraban en la primera comunidad de los creyentes, en Jerusalén, como se nos narra en los Hechos de los Apóstoles (cf. 2,42-47). Es una comunidad en la que se vive la esencia del Evangelio, esto es, el amor, la misericordia, con simplicidad y fraternidad.
Y ésta es la imagen de la Iglesia que el Concilio Vaticano II tuvo ante sí. Juan XXIII y Juan Pablo II colaboraron con el Espíritu Santo para restaurar y actualizar la Iglesia según su fisonomía originaria, la fisonomía que le dieron los santos a lo largo de los siglos.
No olvidemos que son precisamente los santos quienes llevan adelante y hacen crecer la Iglesia. En la convocatoria del Concilio, San Juan XXIII demostró una delicada docilidad al Espíritu Santo, se dejó conducir y fue para la Iglesia un pastor, un guía-guiado. Éste fue su gran servicio a la Iglesia; fue el Papa de la docilidad al Espíritu.
En este servicio al Pueblo de Dios, San Juan Pablo II fue el Papa de la familia. Él mismo, una vez, dijo que así le habría gustado ser recordado, como el Papa de la familia. Me gusta subrayarlo ahora que estamos viviendo un camino sinodal sobre la familia y con las familias, un camino que él, desde el Cielo, ciertamente acompaña y sostiene.
Que estos dos nuevos santos pastores del Pueblo de Dios intercedan por la Iglesia, para que, durante estos dos años de camino sinodal, sea dócil al Espíritu Santo en el servicio pastoral a la familia. Que ambos nos enseñen a no escandalizarnos de las llagas de Cristo, a adentrarnos en el misterio de la misericordia divina que siempre espera, siempre perdona, porque siempre ama”.

El Papa Francisco declara santos a San Juan Pablo II y San Juan XXIII

VATICANO, 27 Abr. 14 / 03:15 am (ACI).- Con la lectura de la fórmula propia del rito de canonización, esta mañana el Papa Francisco declaró santos a San Juan Pablo II y San Juan XXIII, en una ceremonia histórica y sin precedentes en la que están reunidos cuatro Pontífices, con la participación del Sumo Pontífice Emérito Benedicto XVI.
En una Plaza de San Pedro totalmente abarrotada desde las primeras horas de la mañana, el Santo Padre preside la Misa en la que ya se han rezado las letanías de los santos y en la que el coro y la multitud han entonado los himnos dedicados a ambos.
Luego el Papa Francisco ha escuchado el pedido del Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, Cardenal Angelo Amato, quien, de acuerdo al rito de la canonización, solicitó tres veces que se declare santos a Juan Pablo II y a Juan XXIII.
Tras escuchar la “tertia petitio”, Francisco pronunció la fórmula de la canonización con la que Juan Pablo II y Juan XXIII han sido declarados santos en este Domingo de la Misericordia, la misma ocasión en la que en el año 2005 falleció el Papa polaco.
Esta es la fórmula que leyó el Papa para declarar santos a San Juan Pablo II y San Juan XXIII
“Por honor de la Santísima Trinidad,
exaltación de la fe católica
y el incremento de la vida cristiana,
por la autoridad de Nuestro Señor Jesucristo
y de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, y nuestra
luego de una adecuada deliberación
y tras frecuente oración pidiendo la asistencia divina
y habiendo recibido el consejo de muchos de nuestros hermanos obispos
declaramos y definimos Santos a los Beatos
Juan XXIII
y Juan Pablo II
y los inscribimos en el libro de los santos
y establecemos que en toda la Iglesia ambos sean devotamente honrados
En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”.

ORACIÓN PARA PEDIR UNA GRACIA POR LA INTERCESIÓN DE SAN JUAN XXIII


Dios, Padre amado, que nos diste como Santo Padre a San Juan XXIII, llamado por todos el Papa de la paz y el Papa bueno,

te pedimos, Padre, por su intercesión ser portadores en esta tierra del don maravilloso de tu paz y ser por tanto hombres y mujeres de diálogo, comprensión y tolerancia.

Ayúdanos, Señor, a ver a todos los que nos rodean como hermanos e hijos de un mismo Dios y a buscar en todo momento el entendimiento sin desvirtuar tu luz y tu verdad.

Queremos, como San Juan XXIII, que nos reconozca el mundo entero porque, como discípulos tuyos, nos amamos unos a otros.

Gracias por este ejemplo de virtudes. Y unidos a todos los santos del Cielo y en especial a este Papa bueno, te suplico, Padre, esta gracia particular que necesito (.......). Gracias te doy de antemano, Señor, porque estoy seguro de que me será concedida por el ruego de tan gran intercesor. Amén.

Padre nuestro, Avemaría y Gloria.

sábado, 26 de abril de 2014

Comienza en Roma Vigilia por canonización de Juan Pablo II y Juan XXIII

ROMA, 26 Abr. 14 / 02:30 pm (ACI/EWTN Noticias).- Decenas de miles de fieles participan en estos momentos en trece iglesias de Roma (Italia), en la Vigilia de oración con ocasión de la canonización de Juan Pablo II y Juan XXIII mañana domingo en una ceremonia que será presidida por el Papa Francisco y donde estará presente Benedicto XVI.
La Noche Blanca de oración se inició este sábado a las 21:00 horas de Roma en once templos del centro de la ciudad con ceremonias litúrgicas en diversos idiomas y en las que los peregrinos también pueden acercarse al sacramento de la Reconciliación.
Así, la iglesia de Santa Inés en Agone, la celebración es en polaco; San Marcos en el Capitolio, en italiano e inglés; Santa Anastasia, en portugués; Santísimo Nombre de Jesús, en italiano y español; San Andrés della Valle, en francés; San Bartolomé en la Isla Tiberina, en italiano y árabe.
Las celebraciones se realizan solo en italiano en San Ignacio de Loyola en Campo Marzio, las Santísimas Estigmadas, los Doce Apóstoles, Basílica del Sagrado Corazón de Jesús, Santa María en Montesanto, Santa María en Vallicella, San Juan Bautista de los Florentinos.
Por su parte, los jóvenes de la Acción Católica se reunirán en la parroquia de Santa María de las Gracias en una vigilia de oración desde las 22:30 del sábado a las 5 de la mañana del domingo 27.
También en otros países
Por su parte, las diócesis de todo el mundo también han organizados vigilias de oración que se irán realizando de acuerdo a la hora local.
Así, la Iglesia en Costa Rica –nación de Floribeth Mora, la mujer beneficiada con la intercesión de Juan Pablo II-, se espera la asistencia de unos 30.000 mil personas en el Estadio Nacional a partir de las 22:00 horas.
En Buenos Aires (Argentina), miles de personas, especialmente jóvenes, se reunirán a partir de las 19:30 en la Basílica del Voto Nacional para la vigilia.
Convocatorias similares se han realizado en la Catedral de México y en la Quito (Ecuador). Por su parte, los fieles de Los Ángeles (EEUU), participarán en la vigilia organizada en la Catedral de Nuestra Señora de Los Ángeles desde las 19:00 horas hasta las 23:00.

Llevaremos tus intenciones de oración a las tumbas de Juan XXIII y Juan Pablo II



LIMA, 25 Abr. 14 / 11:46 pm (ACI).- El equipo del Grupo ACI en Roma que este fin de semana cubrirá la canonización de Juan XXIII y Juan Pablo II, llevará las intenciones de los lectores de ACI Prensa a las tumbas de los nuevos santos después de la ceremonia de canonización de este domingo 27 de abril.

Los lectores que deseen compartir sus intenciones y pedidos de oración pueden escribirlas en los comentarios al pie de esta nota, así como a través del correo electrónico oracion@aciprensa.com

Quienes siguen a ACI Prensa a través de las redes sociales, como Facebook y Twitter, pueden dejar también sus pedidos, usando el hashtag (etiqueta) #ACIOracion adicionalmente a su intención.

Recogeremos todas las intenciones enviadas hasta concluida la ceremonia de canonización de Juan XXIII y Juan Pablo II, en la mañana del domingo 27 de abril.

viernes, 25 de abril de 2014

El Papa Francisco enfatiza la indisolubilidad del matrimonio cristiano


VATICANO, 25 Abr. 14 / 05:02 pm (ACI).- El Papa Francisco enfatizó la santidad e indisolubilidad del matrimonio cristiano durante el encuentro que tuvo este viernes 25 de abril con un grupo de obispos africanos, a los que también exhortó a ser testimonios de la verdad y no olvidar que la asistencia material debe ir acompañada de una sólida guía moral y espiritual.

“La santidad y la indisolubilidad del matrimonio cristiano, que con frecuencia se desintegra bajo la tremenda presión del mundo secular, debe ser profundizada por una clara doctrina y apoyada por el testimonio de parejas casadas comprometidas”, expresó el Papa durante el encuentro con los obispos de la Conferencia Episcopal de Sudáfrica y los obispos de Botswana y Swazilandia.

Afirmó que “el matrimonio cristiano es una alianza de amor para toda la vida entre un hombre y una mujer que implica sacrificios reales para alejarse de las nociones ilusorias de la libertad sexual y fomentar la fidelidad conyugal”. Además, expresó su aprecio por los programas de preparación para el matrimonio que dan a los jóvenes ''una nueva esperanza para su futuro como esposos y esposas, padres y madres''.

En su discurso, Francisco también recordó la ardua labor de los misioneros y de los hombres y mujeres de esos países, y destacó el florecimiento de las parroquias a pesar de obstáculos como las grandes distancias entre las comunidades y la escasez de recursos materiales. Además elogió el esfuerzo en la preparación de diáconos permanentes y catequistas laicos que ayudan donde los sacerdotes son pocos.

''Los sacerdotes, los religiosos y religiosas son una mente y un corazón solo a la hora de servir a los hijos e hijas de Dios más vulnerables: viudas, madres solteras, divorciados, niños en situación de riesgo y especialmente a los varios millones de huérfanos del SIDA, muchos de los cuales son cabezas de familia en las zonas rurales'', expresó el Pontífice.

Asimismo, destacó que siendo una minoría, las comunidades católicas comparten ''la riqueza y la alegría del Evangelio con todos los que tienen a su alrededor'' y pidió a Dios que sigan ''perseverando en la construcción del Reino de Dios con sus vidas que dan testimonio de la verdad y con la obra de sus manos que alivia los sufrimientos de tantas personas''.

Francisco también abordó los desafíos pastorales, como la disminución de la natalidad, el alejamiento de los fieles de la Iglesia, el aborto que “agrava el dolor de muchas mujeres que ahora llevan consigo profundas heridas físicas y espirituales después de sucumbir a las presiones de una cultura secular que devalúa el regalo de Dios de la sexualidad y el derecho a la vida del no nacido” y el aumento de las separaciones incluso en familias cristianas.

''También observamos con gran preocupación, y sólo podemos lamentar un incremento de la violencia contra las mujeres y los niños. Todas estas realidades amenazan la santidad del matrimonio, la estabilidad de la vida en el hogar y, en consecuencia, la vida de la sociedad en su conjunto. En este mar de dificultades, nosotros obispos y sacerdotes debemos dar un testimonio coherente de la enseñanza moral del Evangelio'', afirmó.

El Papa dijo que la mayor parte de los fieles pueden identificarse “con Jesús, que era pobre y marginado, que no tenía dónde recostar la cabeza” y pidió a los prelados que junto con la ayuda material que ya brindan no se olviden de dar también una mayor asistencia espiritual acompañada por una sólida guía moral.

En su mensaje, el Pontífice también invocó la promoción de vocaciones, la selección prudente de los candidatos al sacerdocio, así como una formación esmerada y el acompañamiento atento después de su ordenación. Además invitó a redescubrir el sacramento de la reconciliación.

El Santo Padre también abordó la preocupación de los obispos por la “ruptura de los principios morales cristianos” y la corrupción, que “es el robo a los pobres”.

“La comunidad cristiana está llamada a ser coherente en su testimonio de las virtudes de la honestidad y la integridad, para que podamos estar ante el Señor y nuestros vecinos con las manos limpias y el corazón puro, como fermento del Evangelio en la vida de la sociedad”, expresó el Papa, que pidió acoger a los migrantes y refugiados para que encuentren en las comunidades católicas “corazones y hogares abiertos en su intento de comenzar una nueva vida”.

Los niños de la posguerra confundían al Papa Juan XXIII con Papá Noel


ROMA, 25 Abr. 14 / 12:25 am (ACI/EWTN Noticias).- El Papa Juan XXIII, que será canonizado este domingo 27 de abril, era conocido como el “Papa bueno” por su gran carisma y llegó a ser confundido con San Nicolás o Papá Noel por los niños de su época.

El 23 de abril, en una conferencia de prensa organizada por la Oficina de Prensa del Vaticano, Mons. Battista Pansa, uno de los más reconocidos expertos en la vida del beato, señaló que lo primero que hizo el pontífice después ser elegido en 1958, fue visitar a los niños y a los enfermos.

Uno de los primeros destinos que eligió fue el Hospital Pediátrico Bambino Gesù de Roma, donde debido a su peso, su sotana roja, y el gorro rojo de pompón blanco que vestía, los niños lo confundieron con Papá Noel.

El cuerpo de Juan XXIII, quien será canonizado el próximo 27 de abril en la Plaza de San Pedro del Vaticano, se encuentra en una urna de cristal situada en la Basílica de San Pedro. Su vestimenta sigue siendo parecida a la de Papá Noel: una sotana de color rojo y su característico sombrero papal.

¿Por qué el Cardenal Roncalli eligió el nombre de Juan XXIII?

Mons. Pansa refirió que cada pontífice tiene una historia especial que le hizo elegir su nombre papal. Antes de convertirse en pontífice, el Cardenal Giuseppe Roncalli, era patriarca de Venecia, pero después de un Cónclave que duró tres días, decidió llamarse Juan por dos motivos muy especiales para él: “Era el de la Iglesia donde fue bautizado en su lugar de origen, Soto Il Monte; y el nombre de la Catedral de Roma, la Catedral del Papa: San Juan de Letrán”.

Mons. Pansa, también dijo que una expresión que puede resumir la vida de este Papa es: “El arte del encuentro”. “El Papa Juan llevaba dentro de él una gran experiencia en esto, ya que conoció de cerca a los obreros”, añadió.

La revolución del Concilio Vaticano II

Por otro lado, el experto señaló que el 4 de enero de 1959 en la Basílica San Pablo Extramuros, por primera vez, el Papa Juan XXIII comunicó que quería llevar a cabo el Concilio Vaticano II. “Fue la primera vez que en cientos de años un pontífice salía de Roma, y visitó el santuario de Loreto y Asís”.

Anteriormente los Concilios se habían celebrado para reaccionar ante una herejía o grupos separados de la Iglesia Católica. “De modo que el Concilio Vaticano II fue el primero de la historia que no iba en contra de nadie”. Al final el Concilio comenzó el 11 de octubre de 1962, y aunque Juan XXIII no vivió para verlo concluir -murió un año después- cambió la historia de la Iglesia hacia una visión más misericordiosa de Dios y que hoy continúa el Papa Francisco.



Los horarios de transmisión en directo de la canonización de Juan Pablo II y Juan XXIII


LIMA, 25 Abr. 14 / 02:58 pm (ACI).- Este domingo 27 de abril siga en vivo a través de nuestro sitio web desde el Vaticano la transmisión de EWTN de la Canonización de dos Papas, Juan Pablo II y Juan XXIII, y sea parte de esta programación especial de este magno evento de la Iglesia Católica.

Esta ceremonia será presidida por el Papa Francisco y se espera la presencia del Sumo Pontífice Emérito de Roma, Benedicto XVI.

La transmisión según el horario de los diferentes países será:

Guatemala (Guatemala) / San José (Costa Rica) / San Salvador (El Salvador) / Managua (Nicaragua) / Tegucigalpa (Honduras): 1:30 a.m.

México D.F. (México) / Bogotá (Colombia) /Lima (Perú) / Quito (Ecuador) /Ciudad de Panamá (Panamá): 2:30 a.m.

Caracas (Venezuela): 3:00 a.m.

La Paz (Bolivia) / Asunción (Paraguay) / Santo Domingo (República Dominicana) / San Juan (Puerto Rico): 3:30 a.m.

Buenos Aires (Argentina) / Santiago de Chile / Río de Janeiro (Brasil): 4:30 a.m.

Madrid (España): 9:30 a.m.

Estados Unidos (Este): 3:30 a.m.

Estados Unidos (Pacífico): 12:30 a.m.

Manila (Filipinas): 3:30 p.m.

¿Cómo es el proceso de canonización?


MADRID, 23 Abr. 14 / 11:31 am (ACI/Europa Press).- Este domingo se celebra en Roma la canonización de los Papas Juan XXIII y Juan Pablo II. Pero, ¿cómo es el proceso para que la Iglesia Católica declare santa a una persona?

Declarar a una persona santa es un proceso largo que suele prolongarse durante años y que comienza en la diócesis del candidato a santo, cuando el obispo diocesano y el Postulador de la Causa presentan un informe sobre su vida y virtudes.

La Santa Sede, por medio de la Congregación para las Causas de los Santos, examina el informe, dicta el decreto 'Nihil obstat' –que indica que nada impide iniciar la Causa– y el candidato pasa a ser Siervo de Dios.

La siguiente fase es la declaración de Venerable, para lo cual, una comisión jurídica designada por el obispo diocesano recibe los testimonios de las personas que conocieron al Siervo de Dios y una comisión de censores teólogos analiza la ortodoxia de sus escritos.

El Relator de la Causa nombrado por la Congregación para las Causas de los Santos, elabora el documento denominado 'Positio' en el que se incluyen los testimonios de los testigos, los principales aspectos de su vida, virtudes y escritos.

Este documento, una vez impreso, es discutido por una Comisión de Teólogos consultores nombrados por la Congregación para las Causas de los Santos.

A continuación, en sesión solemne de cardenales y obispos, la Congregación para las Causas de los Santos discute el parecer de la Comisión de Teólogos. Si la Congregación aprueba la 'Positio', el Papa puede proceder a promulgar el Decreto de heroicidad de virtudes. El que era Siervo de Dios pasaría a ser considerado Venerable.

Para que la persona sea proclamada Beata, el Postulador de la Causa debe probar ante la Congregación para las Causas de los Santos: la fama de santidad del Venerable –para lo que elabora una lista con las gracias y favores pedidos a Dios por los fieles por su mediación–; y la realización de un milagro atribuido a su intercesión. El "presunto" milagro es examinado en la diócesis y, a continuación, pasa a la Congregación para las Causas de los Santos.

Una vez allí, dos médicos peritos examinan si las condiciones del caso merecen un estudio detallado y su parecer es discutido por la Consulta médica de la Congregación para las Causas de los Santos (cinco médicos peritos).

Después, el hecho extraordinario es discutido por ocho teólogos del Congreso de Teólogos de la Congregación para las Causas de los Santos que estudian el nexo entre el hecho señalado por los médicos y la intercesión atribuida.

A continuación, lo estudiado es comunicado por un cardenal –el cardenal ponente– a los demás integrantes de la Congregación que, reunidos en sesión solemne dan su veredicto final sobre el milagro.

Si el veredicto es positivo, el prefecto de la Congregación ordena la confección del decreto correspondiente para ser sometido a la aprobación del Santo Padre que será el encargado de aprobar el Decreto de Beatificación, determinar la fecha de la ceremonia litúrgica y celebrarla.

Finalmente, para que el Beato sea proclamado Santo, debe ser aprobado un segundo milagro que es presentado y examinado por la Congregación para las Causas de los Santos, siguiendo los mismos pasos que con el primer milagro.

Se requiere que este segundo hecho milagroso haya sucedido en una fecha posterior a la beatificación. El Santo Padre aprueba el Decreto de Canonización, convoca un Consistorio Ordinario Público en el que informa a los cardenales, determina la fecha de la canonización y celebra la ceremonia.

El milagro que hizo Beato a Juan XXIII ocurrió hace casi 50 años


ROMA, 25 Abr. 14 / 06:45 am (ACI/EWTN Noticias).- En 1966, Dios escuchó las plegarias de Sor Adele Labianca, una religiosa Hija de la Caridad, que pidió un milagro por intercesión del Papa Juan XXIII fallecido tres años atrás.

El milagro ocurrió el 25 de mayo de 1966. Sor Caterina Capitani, una religiosa a la que le diagnosticaron una perforación gástrica hemorrágica con fistulación externa y peritonitis aguda, se encontraba al borde de la muerte. Por ella, Sor Adele había rezado en diversas ocasiones al Papa Juan.

Sor Adele está en Roma para asistir a la canonización de quien ayudó a salvar la vida de su hermana.

Según explicó la religiosa en una conferencia celebrada en la Oficina de Prensa de la Santa Sede, Sor Caterina narró que tuvo una visión con el Papa Juan XXIII quien le dijo que la oración de Sor Adele había sido tan fuerte, que le habían sacado el milagro del corazón.

“Sor Caterina me has rezado, y también otras muchas religiosas. Pero especialmente una de ellas –Sor Adele-. Este milagro me lo habéis sacado del corazón. Ahora todo ha pasado y te has curado”, escuchó Sor Caterina.

Sor Caterina solo tenía 23 años cuando ocurrió la sanación milagrosa. El Papa Juan había muerto y era tradición rezar el Rosario en su nombre. Pero las cosas empeoraron, una noche tuvo una fiebre muy alta y fue enviada en ambulancia al hospital. “Estaba llena de dolor y moribunda y llegó a pedir el Sacramento de la Unción de Enfermos. Ahora le tocaba confiar en la providencia divina”.

Sor Adele explica que la situación era muy grave, la consternación era evidente en todos los presentes, “estábamos sin esperanza” y “cuando las fuerzas físicas la habían abandonado, ocurrió el milagro”.

El 22 de mayo de 1966 le colocaron sobre las heridas del estómago unas reliquias del Papa Juan y más tarde, Sor Caterina se levantó sin ningún dolor, era el 25 de mayo de 1966.

Sor Caterina contaba que estaba sola cuando sintió una mano apoyada en el estómago y escuchó una voz. Vio al Papa Juan sentado en su cama, vestido de pontífice sonriente y hablándole. Después se levantó anunciando su sanación. “Nadie creía lo que decía. Pero la herida estaba cerrada”, afirmó Sor Adele.

El milagro ocurrió, lo comprobaron las pericias médicas del 8 de junio de 1966 y todos los actos del proceso que establecieron su autenticidad. El proceso de beatificación se cerró el 29 de marzo de 1971. Sin embargo, su beatificación recién se celebró el 3 de septiembre del año 2000.

Sor Caterina vivió el resto de su vida una gran devoción al Papa Juan, la difundió y la transmitió. Murió el 3 de abril de 2010 dejando un inmenso testimonio espiritual.

Juan XXIII será canonizado junto al Beato Juan Pablo II el próximo 27 de abril, fiesta de la Divina Misericordia, en una ceremonia dirigida por el Papa Francisco en la Plaza de San Pedro del Vaticano y para la que han llegado a Roma miles de fieles. El Pontífice lo proclamará santo sin requerir un segundo milagro atribuido a su intercesión.

jueves, 24 de abril de 2014

Floribeth Mora: Gracias a Juan Pablo II el día del milagro volví a nacer


ROMA, 24 Abr. 14 / 06:26 pm (ACI/EWTN Noticias).- “Ese fue el día en que volví a nacer: el 1 de mayo de 2011”, afirmó Floribeth Mora, la mujer costarricense a quien la intercesión de Juan Pablo II permitió curarse milagrosamente de un aneurisma para el cual la ciencia no tenía solución.

En declaraciones a ACI Prensa, Floribeth contó que “desde mi enfermedad llevaba una estampita de Juan Pablo II en mi mano, he creído en su intercesión, soy una mujer muy creyente” y que incluso sigue pidiendo “su intercesión en todo momento para que él me ayude”.

La mujer y madre de familia recordó que su admiración por el papa polaco nació cuando éste visitó Costa Rica en 1983. “Era un hombre totalmente lleno de santidad. Eso me impactó de él. Tal vez por eso creció mi admiración y lo he seguido tanto y pedí su intercesión”, expresó.

En ese sentido, indicó que al futuro santo le reza de una manera personal.

Durante la entrevista, Floribeth también manifestó su admiración por el Papa Francisco, “por su humildad y sencillez”, y se animó a “pedirle que si en algún momento tiene a disposición viajar, que nos visite en Costa Rica que lo esperamos con los brazos abiertos”.

“Estábamos seguros del milagro”

Por su parte, el esposo Edwin Arce afirmó que como familia no les fue difícil creer en que la curación de Floribeth había sido producto de un milagro. “Cuando empecé a ver la mejoría en ella, en nosotros estábamos seguros que fue un milagro…nosotros vimos que ahí estaba la mano de Dios”, aseguró.

En declaraciones a ACI Prensa, Arce recordó los difíciles momentos que pasaron durante la enfermedad. “En el hospital, estando yo en esa desesperación, pidiéndole a Dios, sentado en la grada, decía ‘Dios mío ayúdame, Karol Wojtyla intercede ante Dios, ayúdame a salir adelante, ya no puedo con esto’, y yo oí la voz que me dice ‘llévatela’, pero yo no quería sacarla del hospital…y cuando me vuelve a decir ‘llévatela, no tengas miedo’…es Dios, es Juan Pablo II’”, relató.

El esposo dijo que, ya en su casa, Floribeth le dice “mi amor le voy a contar algo, pero usted tal vez va a creer que estoy loca”. Sin embargo, para darle confianza, Arce le respondió: “Le digo ‘no mi amor, tranquila, cuéntame’. Cuando ella empezó a contarme, hasta me agarró escalofríos, porque le dije ‘mi amor, tranquila, si usted está loca, yo estoy loco, porque yo también oí estas palabras en el hospital’”.

Asimismo, Mariano Ramírez Carbajal, médico asignado por la curia metropolitana de Costa Rica como perito médico en el caso de Floribeth Mora, afirmó a ACI Prensa que como experto certificó “que la historia clínica, que los documentos clínicos y que las imágenes clínicas eran verdaderas”.

“Yo nunca he visto desaparecer un aneurisma espontáneamente. Es la primera vez que veo un aneurisma que desaparece”, señaló.

Por su parte, el embajador de Costa Rica ante la Santa Sede, Fernando Sánchez, relató que para la ceremonia de canonización han llegado un numeroso grupo de costarricenses, pues para el país centroamericano esto “ha significado una gran fiesta nacional”.

“El pueblo lo está viviendo como una especie de privilegio y reconocimiento de su fe. Es un pueblo muy piadoso el pueblo costarricense”, afirmó.

Dos mil millones de personas seguirán canonización de Juan Pablo II y Juan XXIII a través de los medios


VATICANO, 23 Abr. 14 / 08:42 pm (ACI/EWTN Noticias).- Unos dos mil millones de personas en todo el mundo serán testigos este 27 de abril de la canonización de Juan Pablo II y Juan XXIII, gracias al gran despliegue mediático que junto a la radio y televisión, incluirá el uso de las redes sociales, Youtube en vivo, 500 salas de cine y la utilización de nueve satélites televisivos.

"Este evento será enorme en términos de la demanda de la señal satelital. Para los Juegos Olímpicos de Sochi, se requirieron tres de nuestros satélites. Las canonizaciones usarán nueve", sostuvo Cristiano Benzi, director de Video y Broadcasting de Eutelsat, según un artículo de la última edición de Newsweek.

Así, la canonización de ambos pontífices será seguida minuto a minuto por los fieles católicos también a través de las cuentas de Facebook, Twitter e Instagram del Vaticano, el cual solicitó Eutelsat que la transmisión sea en alta definición y añada tecnología 3D.

Además, se habilitarán 500 salas de cine en Europa, los Estados Unidos y América Latina. Argentina, Brasil, México, Colombia y Uruguay tendrán sus transmisiones en la pantalla grande. El Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales (PCCS) publicó en su sitio web el listado de cines participantes.

Además, como se recuerda, la Santa Sede lanzó el sitio web 2popesaints.org para seguir las canonizaciones en línea. Asimismo, en Twitter se utilizará el hashtag #2popesaints.

En cuanto a radio, habrá servicio en 40 idiomas.

El 27 de abril los productores estarán en un estudio instalado en el ático de la Basílica de San Pedro, y el Centro Televisivo Vaticano (CTV) transmitirá por su canal de streaming que podrá ser seguido en YouTube.

La lista de cines donde se transmitirá la ceremonia puede consultarse en http://www.canonizationliveincinemas.com/cinemalist.htm

Conozca los milagros que llevaron a Juan XXIII y Juan Pablo II a los altares


VATICANO, 24 Abr. 14 / 06:01 am (ACI/EWTN Noticias).- Este 27 de abril Juan XXIII y Juan Pablo II, dos de los Papas del siglo XX, llegarán a los altares gracias a las intercesiones reconocidas por la Santa Sede como milagrosas; sin embargo, mientras para Karol Wojtyla el Vaticano aprobó dos milagros, en el caso de Angelo Roncalli un milagro lo llevó a la beatificación y ahora será canonizado gracias a la facultad del Papa Francisco.

El caso de Juan XXIII

Juan XXIII fue Papa entre el 28 de octubre de 1958 y el 3 de junio de 1963 y fue beatificado en el 2000 por Juan Pablo II gracias a la curación milagrosa de la religiosa Caterina Capitani en 1966, que sufría de una perforación gástrica hemorrágica con fistulación externa y peritonitis aguda.

El informe de la Congregación para las Causas de los Santos indica que el 22 de mayo de 1966 las hermanas de la religiosa le colocaron una imagen del fallecido Pontífice en el estómago. A los pocos minutos la religiosa se recuperó y pidió de comer.

Durante su testimonio, la hermana Capitani relató que Juan XXIII se sentó al pie de su cama y le aseguró que su plegaria había sido escuchada en el Cielo.

Por su parte, los médicos que la atendían en Nápoles (Italia), le practicaron una radiografía al estómago y comprobaron la desaparición completa de la enfermedad, sin señales de cicatrices causadas por la fístula.

Años después, a principios de julio de 2013, el Papa Francisco aprobaba los decretos que canonizan a Juan XXIII junto con Juan Pablo II, sin requerir el reconocimiento de una intercesión milagrosa por parte del Papa Bueno.

En declaraciones a ACI Prensa el 5 de julio, el Director de la Sala de Prensa de la Santa Sede, P. Federico Lombardi, explicó que sobre la canonización del Papa Juan XXIII, en la que se prescindirá de la aprobación del milagro tras su beatificación, "esto es algo que está en el poder del Papa, no es una cosa particularmente especial".

"Un milagro es una visión teológica de la Iglesia, la prueba, la demostración del poder de intercesión, y la confirmación por parte de Dios de la santidad de una persona, pero no es un dogma de fe que de alguna manera sea necesario", indicó.

Recordó que "por ejemplo, los mártires son beatificados sin milagro alguno, lo que quiere decir que los milagros por tradición y teología se dan comúnmente pedidos, pero no es una necesidad absoluta".

Las intercesiones de Juan Pablo II

El Papa polaco guió la barca de Pedro entre el 16 de octubre de 1978 y el 2 de abril de 2005 y en su camino a los altares la Santa Sede le reconoce dos intercesiones milagrosas.

El primero corresponde al proceso de beatificación y la beneficiada fue la religiosa francesa Marie Simon-Pierre, quien padecía de Parkinson y trabaja en una clínica de maternidad en París (Francia).

El 14 de enero de 2011 la religiosa contó a la cadena francesa KTOtv y a la cadena italiana RAI Vaticano que su curación sucedió el 2 de junio de 2005. “Ese día por la mañana yo estaba completamente impedida y ya no podía más”, indicó, por lo que solicitó su dimisión a la superiora de su comunidad para “dejar de brindar mi servicio en la maternidad donde trabajaba (…). Yo no puedo hacer que esto deje de avanzar, no es posible".

Sin embargo, su pedido fue rechazado con amabilidad y a cambio la superiora le propuso pedir la gracia de su curación a Juan Pablo II, quien al final de su vida también padeció Parkinson.

Cuando esto sucedió, "sentimos por un buen momento un gran cambio en su oficina, diría que una gran paz, una paz muy grande y una gran serenidad, me sentía muy apacible, ella también".

En ese momento, le pidió escribir el nombre de Juan Pablo II en un papel. El avance de la enfermedad había afectado su brazo izquierdo y sufría de intensos temblores. Su superiora le propuso escribir con la mano derecha. "Le dije que no podía porque mi mano derecha también se ponía a temblar, pero ella insistió: ‘sí puedes, sí puedes’".

Escribió algo ilegible pero pensó que de repente "ocurre un milagro si es que creo". "Esa noche seguí la jornada como de costumbre con la comida comunitaria, luego un poco más de servicio y después la oración nocturna en la capilla".

En su cuarto, la religiosa se obligó a escribir y vio con sorpresa que podía hacerlo.

A las 4:30 de la madrugada del 3 de junio despertó sintiendo que "ya no era la misma. Había una alegría interior y una gran paz; y luego me sorprendí mucho por los gestos de mi cuerpo".

Tras rezar en la madrugada, Sor Marie acudió al oratorio de la capilla pues su comunidad celebraba Misa a las 6am. En el trayecto "me di cuenta de que mi brazo izquierdo ya no se quedaba inmóvil al caminar sino que se balanceaba normalmente. En la Eucaristía tuve la certeza de que estaba curada".

La Congregación para las Causas de los Santos estudió la curación de Simon-Pierre y determinó que fue por intercesión de Juan Pablo II, a quien Benedicto XVI beatificó el 1 de mayo de 2011.

El segundo milagro atribuido a la intercesión de Karol Wojtyla fue la curación de Floribeth Mora, una mujer costarricense que padecía un aneurisma cerebral.

El hecho ocurrió el 1 de mayo de 2011, el mismo día de la beatificación de Juan Pablo II.

Ese día, fue con su familia a la Misa dominical. En el centro del barrio se estaba celebrando una procesión. “En ese momento estaba pasando una carroza con la imagen de Jesús Sacramentado y sentí un frío en el cuerpo. Me bajé del coche y fui hasta allí”. Entonces, el sacerdote que acompañaba a la procesión declamaba una oración: “¡Oh, Señor! Hay una sanación”.

“Le pedimos a nuestro Papa Juan Pablo que nos ayudara a pedirle a Dios que me ayudara”. Y en ese preciso instante, algo empezó a cambiar. “Salí de ese parque con la fe de que yo fui la sanada”, expresó Floribeth.

Días después fue al Santuario de la Virgen de Ujarrás para rezar, consciente de que el templo había recibido un relicario con muestras de sangre del nuevo Beato. “De nuevo, un milagro”, apostilla. Sin embargo, cuando llegó ya había terminado la exposición. Sin embargo, el P. Dónald Solano hizo una excepción. “Me la enseñó y la toqué. Seis meses después me hicieron otro examen en el cerebro y me indicaron que el aneurisma había desaparecido para la honra y la gloria de mi Dios”, afirmó Floribeth.

Según publicó el diario “La Nación” de Costa Rica, el neurocirujano Alejandro Vargas Román, que atendió a Floribeth Mora durante su enfermedad, confirmó que no encontró explicación científica a la desaparición repentina del aneurisma que padecía cuando analizaron exámenes posteriores a aquel 1 de mayo de 2011.

Así será la canonización de Juan Pablo II y de Juan XXIII


ROMA, 24 Abr. 14 / 11:25 am (ACI/Europa Press).- La ceremonia de canonización de Juan Pablo II y Juan XXIII, que se celebrará el próximo domingo a partir de las 10:00 horas (hora local) en la Plaza de San Pedro del Vaticano, seguirá un rito simplificado y contará con las reliquias de sangre y piel de Juan Pablo II y Juan XXIII, respectivamente.

La misa en latín estará precedida por la coronilla de la Divina Misericordia, que se recita empleando el Rosario, y por cantos interpretados por los coros de Roma, Bérgamo, Cracovia y el coro oficial de la Capilla Sixtina.

El acto comienza con el canto de la Letanía de los Santos y, a continuación, el Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, el Cardenal Angelo Amato, hace tres peticiones al Pontífice para que inscriba a los beatos –en este caso, Juan Pablo II y Juan XXIII– en el libro de los Santos. Primero lo pide con "gran fuerza", una vez más con "mayor fuerza" y, por último, con "grandísima fuerza".

A continuación, el Santo Padre ejercerá toda su autoridad como cabeza de la Iglesia universal a través de una oración: "En honor de la Santísima Trinidad, por la exaltación de la fe católica y el incremento de la vida cristiana, con la autoridad de nuestro Señor Jesucristo y de los santos apóstoles Pedro y Pablo, después de haber reflexionado largamente e invocado la ayuda divina y escuchando el parecer de muchos de nuestros hermanos obispos, declaramos santos a Juan XXIII y a Juan Pablo II".

Francisco continuará diciendo que les inscriben en el libro de los Santos y que establecen que sean venerados por toda la Iglesia. Y concluirá: "En nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo".

Después, se llevarán hasta el altar los relicarios que contienen las reliquias de los santos, una ampolla de sangre en el caso de Juan Pablo II y un pedazo de piel desprendido durante la exhumación, en el caso de Juan XXIII. Concretamente, la reliquia de Roncalli la portarán familiares del santo, entre ellos, su sobrino, mientras que la del Papa Wojtyla será portada por personas cercanas a él, quizá por aquellas sobre las que obró el milagro.

Tras la procesión, el Cardenal Amato mostrará su agradecimiento al Papa Francisco por la canonización, se cantará el Gloria y se escucharán las lecturas correspondientes al segundo domingo de Pascua. Además, debido a la solemnidad de la celebración, el Evangelio será cantado en latín y griego.

También se leerán cinco peticiones, la primera de ellas en español –para que la belleza de la vida nueva resplandezca siempre en la Iglesia y que todos los hombres reconozcan en ella a Jesús resucitado y vivo–. A esta le seguirán los ruegos en árabe, inglés, chino y francés, en los que se cita a los hombres de la cultura, de la ciencia y del gobierno.

Además, en la plegaria eucarística se escuchará por primera vez los nombres de los papas como San Juan Pablo II y San Juan XXIII. La ceremonia durará aproximadamente dos horas y concluirá con el Regina Caeli, oración mariana típica del tiempo de Pascua.

Las imágenes de los futuros santos que se colocarán durante la ceremonia serán las mismas que se utilizaron para la beatificación. Los días que se asignarán para la veneración serán el 11 de octubre para Juan XXIII y el 22 de octubre para Juan Pablo II.

Benedicto XVI

El portavoz de la Santa Sede ha indicado que el Papa Emérito Benedicto XVI no ha confirmado aún su presencia en la ceremonia aunque ha insistido en que está invitado y en que tienen que respetar su decisión de acudir o no, teniendo en cuenta su edad y sus fuerzas. En cualquier caso, ha precisado que si finalmente participa en la ceremonia estarán "encantados" y reservarán una silla para él.


Benedicto XVI: « Juan Pablo II era un santo que no buscaba el aplauso» -


20 de abril de 2014. 19:45h
Wlodzimierz Redzioch.
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Santidad, los nombres de Karol Wojtyla y Joseph Ratzinger están vinculados, por varios motivos, con el Concilio Vaticano II. ¿Se conocieron durante el Concilio?

El primer encuentro consciente entre el cardenal Wojtyla y yo tuvo lugar solamente en el Cónclave en el que fue elegido el Papa Juan Pablo I. Durante el Concilio, habíamos colaborado los dos en la Constitución sobre la Iglesia en el mundo contemporáneo, pero en secciones diversas, de modo que no nos encontramos. En septiembre de 1978, con ocasión de la visita de los obispos polacos a Alemania, yo estaba en Ecuador como representante personal de Juan Pablo I. La Iglesia de Munich y Frisinga está vinculada con la Iglesia ecuatoriana por una fraternidad llevada a cabo por el arzobispo Echevarría Ruiz (Guayaqui) y el cardenal Döpfner. Y así, con enorme disgusto, perdí la ocasión de conocer personalmente al arzobispo de Cracovia. Naturalmente había oído hablar de su obra de filósofo y de pastor, y desde hace tiempo deseaba conocerle.

Wojtyla por su parte había leído mi Introducción al cristianismo, que había también citado en los Ejercicios Espirituales predicados por él a Pablo VI y a la Curia en la Cuaresma de 1976. Por ello es como si interiormente los dos hubiéramos estado esperando encontrarnos. He experimentado desde el principio una gran veneración y una cordial simpatía por el Metropolitano de Cracovia. En el pre-cónclave de 1978 él analizó para nosotros en modo sorprendente la naturaleza del marxismo. Pero sobre todo percibí enseguida con fuerza la fascinación humana que él despertaba y, de cómo rezaba, advertí cuán unido a Dios estaba.

¿Qué ha experimentado cuando el santo Padre Juan Pablo II le ha llamado para confiarle la guía de la Congregación para la Doctrina de la fe?

Juan Pablo II me llamó en 1979 para nombrarme prefecto de la Congregación para la Educación Católica.

Habían transcurrido apenas dos años desde mi consagración episcopal en Munich y me parecía imposible dejar tan rápido la sede de san Corbiniano. La consagración episcopal representaba de alguna manera una promesa de fidelidad hacia mi diócesis de pertenencia. Pedí por ello al Papa que no hiciera ese nombramiento; y él llamó para ese encargo al cardenal Baum de Washington, preanunciándome, con todo, desde aquel momento, que enseguida me llamaría para otro encargo. Fue en el curso del año 1980 cuando me dijo que me quería nombrar, a finales de 1981, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, como sucesor del cardenal Šeper.

Dado que continuaba sintiéndome obligado ante mi diócesis de pertenencia, para la aceptación del encargo me permití poner una condición, que por lo demás consideraba irrealizable. Dije que sentía el deber de continuar publicando trabajos teológicos. Podría responder afirmativamente sólo si esto fuera compatible con la tarea de prefecto. El Papa, que conmigo era siempre muy benévolo y comprensivo, me dijo que se informaría sobre esa cuestión para hacerse una idea. Cuando más tarde le hice una visita, me explicó que las publicaciones teológicas son compatibles con el oficio de prefecto; también el cardenal Garrone, dijo, había publicado trabajos teológicos cuando era prefecto de la Congregación para la Educación Católica.

Así que acepté el encargo, bien consciente de la gravedad de la tarea, pero sabiendo también que la obediencia al Papa exigía ahora de mí un «sí».

¿Podría decirnos cómo se desarrollaba la colaboración entre ustedes?

La colaboración con el santo Padre estuvo siempre caracterizada por la amistad y el afecto. Ésta se desarrolló sobre todo en dos planos: el oficial y el privado.

El Papa cada viernes, a las seis de la tarde, recibía en audiencia al prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, que sometía a su decisión los problemas aparecidos. Tenían naturalmente prioridad los problemas doctrinales, a los que se añadían cuestiones de tipo disciplinar (la reducción al estado laical de sacerdotes que hacen una petición, la concesión del privilegio paulino para aquellos matrimonios en los que uno de los dos cónyuges no es cristiano, y otras cuestiones). Enseguida se añadió también el trabajo en vía de elaboración del Catecismo de la Iglesia Católica.

Algunas veces, el santo Padre recibía con tiempo la documentación esencial y por tanto conocía anticipadamente las cuestiones de las que iba a tratar. De este modo, sobre problemas teológicos hemos podido siempre conversar fructuosamente. El Papa era muy versado en literatura alemana contemporánea y era siempre hermoso (para los dos) buscar juntos la decisión justa sobre todas estas cosas.

Junto a las verdaderas y específicas citas oficiales, había diversos tipos de encuentros semioficiales o no oficiales.

Llamaría semioficiales a las audiencias en las que, por diversos años, cada martes por la mañana, se trataban las catequesis del miércoles con grupos compuestos cada vez en modo diverso. Por medio de las catequesis, el Papa había decidido ofrecer con el tiempo un catecismo. Él indicaba los temas y hacía preparar breves consideraciones preliminares para desarrollar luego. Dado que estaban siempre presentes representantes de diversas disciplinas, esas conversaciones eran siempre muy hermosas e instructivas; las recuerdo con gusto. También aquí emergía la competencia teológica del Papa. Pero al mismo tiempo, yo admiraba su disponibilidad a aprender.

En fin, era costumbre del Papa, invitar a comer a los obispos en visita ad limina, como también a grupos de obispos y sacerdotes de diversa composición, según la circunstancia. Eran casi siempre «comidas de trabajo» en las cuales a menudo se proponía un tema teológico.

En los primeros tiempos hubo toda una serie de comidas en las que se discutía paso a paso el nuevo Código. Era una versión semi-definitiva sobre la que trabajábamos durante esas comidas, elaborando de este modo la redacción final. Más tarde, se discutieron los temas más variados.

El gran número de presentes hacía siempre variada la conversación y de amplios vuelos. Y, sin embargo, había siempre un puesto para el buen humor. El Papa reía con gusto y así aquellas comidas de trabajo, a pesar de la seriedad que se imponía, eran de hecho también ocasiones para estar en gozosa compañía.

¿Cuáles han sido los desafíos doctrinales que han afrontado juntos durante su mandato al frente de la Congregación para la Doctrina de la Fe?

El primer gran desafío que afrontamos fue la Teología de la Liberación que se estaba difundiendo en América Latina. Tanto en Europa como en América del Norte era opinión común que se trataba de un apoyo a los pobres y por tanto de una causa que se debía aprobar sin más. Pero era un error. La pobreza y los pobres eran sin duda tematizados por la Teología de la liberación pero con una perspectiva muy específica. Las formas de ayuda inmediata a los pobres y las reformas que mejoraban la condición venían condenadas como reformismo que tiene el efecto de consolidar el sistema: provocaban, se decía, rabia e indignación que, con todo, eran necesarias para la transformación revolucionaria del sistema. No era cuestión de ayudas y de reformas, se decía, sino de la gran revuelta, de la que debía salir un mundo nuevo. La fe cristiana era usada como motor para este movimiento revolucionario, transformándola así en una fuerza de tipo político. Las tradiciones religiosas de la fe eran puestas al servicio de la acción política. De este modo, la fe era profundamente alienada de sí misma y se debilitaba así también el verdadero amor por los pobres. Naturalmente, estas ideas se presentaban con diversas variantes y no siempre se asomaban con absoluta nitidez, pero, en el conjunto, esta era la dirección. A una tal falsificación de la fe cristiana era necesario oponerse también precisamente por amor de los pobres y en favor del servicio a ellos. Sobre la base de las experiencias hechas en su patria polaca, Juan Pablo II nos facilitó las reflexiones fundamentales. Por una parte, él había vivido la esclavitud operada por esa ideología marxista que hacía de madrina de la Teología de la Liberación. Sobre la base de su dolorosa experiencia, le resultaba claro que era necesario contrastar ese tipo de «liberación». Por otra parte, precisamente la situación de su patria le había mostrado que la Iglesia debe verdaderamente actuar para la libertad y la liberación no en modo político, sino despertando en los hombres, a través de la fe, las fuerzas de la auténtica liberación. El Papa nos guió para tratar los dos aspectos: por un lado, desenmascarar una falsa idea de liberación, por otro, exponer la auténtica vocación de la Iglesia a la liberación del hombre. Esto es lo que hemos tratado de decir en las dos Instrucciones sobre la Teología de la liberación que están al principio de mi trabajo en la Congregación para la Doctrina de la Fe.

Uno de los principales problemas de nuestro trabajo, en los años en los que fui Prefecto, era el esfuerzo por llegar a una correcta comprensión del ecumenismo.

También en este caso se trata de una cuestión que tiene un doble perfil: por un lado, se debe afirmar con toda urgencia la tarea de actuar a favor de la unidad y se deben abrir caminos que conduzcan a ella; por otro, es necesario rechazar falsas concepciones de la unidad, que querrían alcanzar la unidad de la fe a través del atajo de la disolución de la fe.

Han nacido en este contexto los documentos sobre varios aspectos del ecumenismo. Entre ellos, el que suscitó las mayores reacciones fue la declaración Dominus Jesus del 2000, que resumió los elementos irrenunciables de la fe católica. Por último, nos hemos ocupado también de la cuestión relativa a la naturaleza y a la tarea de la teología en nuestro tiempo. Cientificidad y vinculación con la Iglesia les parecen hoy a muchos elementos en contradicción. Y, sin embargo, la teología puede subsistir únicamente en la Iglesia y con la Iglesia. Sobre esta cuestión hemos publicado una Instrucción. El diálogo entre las religiones es y sigue siendo un tema central; sobre él, sin embargo, hemos podido publicar sólo algunos textos más bien breves. Hemos tratado de acercarnos a la cuestión con prudencia, sobre todo a través del diálogo con los teólogos y las conferencias episcopales. Importante fue sobre todo el encuentro con las comisiones doctrinales de las Conferencias Episcopales de los países asiáticos en Hong Kong.


Entre las muchas encíclicas de Juan Pablo II, ¿cuál considera la más importante?

Pienso que son tres las encíclicas de particular importancia. En primer lugar, querría mencionar la «Redemptor hominis», la primera encíclica del Papa, en la que él ofreció su síntesis personal de la fe cristiana.

Este texto es una especie de compendio de su personal confrontación y encuentro con la fe y presenta así una visión completa de la lógica del cristianismo.

Como respuesta a la pregunta sobre cómo se puede ser cristiano hoy y creer como católico, este texto totalmente personal y a la vez totalmente eclesial puede ser de gran ayuda a todos aquellos que están buscando.

En segundo lugar, querría mencionar la encíclica «Redemptoris missio».

Se trata de un texto que pone de manifiesto la importancia permanente de la tarea misionera de la Iglesia, deteniéndose particularmente en las cuestiones que se plantean a la cristiandad en Asia y que ocupan a la teología en el mundo occidental.

Se examina la relación entre el diálogo de las religiones y la tarea misionera y se muestra por qué, también hoy, es importante anunciar la Buena Nueva de Cristo, el Redentor de todos los hombres, a los hombres de todo lugar de la tierra y de toda cultura.

En tercer lugar, querría citar la encíclica sobre los problemas morales, «Veritatis splendor».

Ha precisado de largos años de maduración y sigue siendo de permanente actualidad. La Constitución del Vaticano II sobre la Iglesia en el mundo contemporáneo, frente a la orientación de la época, prevalentemente iusnaturalista de la teología moral, quería que la doctrina moral católica sobre la figura de Jesús y su mensaje tuviera un fundamento bíblico. Esto se intentó a través de las referencias bíblicas sólo durante un breve periodo, luego se fue afirmando la opinión de que la Biblia no tenía una moral propia que anunciar, sino que se remitía a los modelos morales válidos según la ocasión. La moral es cuestión de la razón, se decía, no de la fe.

Desapareció así, por una parte, la moral entendida en sentido iusnaturalista, pero en su lugar no se afirmó ninguna concepción cristiana. Y dado que no se podía reconocer ni un fundamento metafísico ni uno cristológico de la moral, se recurrió a soluciones pragmáticas: una moral fundada sobre el principio del equilibrio de bienes, en la cual no existe ya lo que está verdaderamente mal o lo que está verdaderamente bien, sino sólo aquello que, desde el punto de vista de la eficacia, es mejor o peor.

La gran tarea que el Papa tuvo en esta encíclica fue la de recuperar nuevamente un fundamento metafísico en la antropología, como también una concreción cristiana en la nueva imagen del hombre de la Sagrada Escritura.

Estudiar y asimilar esta encíclica sigue siendo un gran e importante deber.

De gran significado es también la encíclica «Fides et ratio», en la que el Papa se esfuerza por ofrecer una nueva visión de la relación entre fe cristiana y razón filosófica. Por último es absolutamente necesario mencionar la «Evangelium Vitae», que desarrolla uno de los temas fundamentales de todo el pontificado de Juan Pablo II: la dignidad intangible de la vida humana, desde el momento mismo de la concepción.

¿Cuáles eran las características sobresalientes de la espiritualidad de Juan Pablo II?

La espiritualidad del Papa estaba caracterizada sobre todo por la intensidad de su oración y por tanto estaba profundamente arraigada en la celebración de la Santa Eucaristía y era practicada junto con toda la Iglesia mediante el rezo del Breviario. En su libro autobiográfico «Don y misterio» es posible ver cómo el sacramento del sacerdocio determinó su vida y su pensamiento. Así, su devoción no podía nunca ser puramente individual, sino que estaba siempre también llena de solicitud por la Iglesia y por los hombres. La tarea de llevar a Cristo a los demás estaba arraigada en el centro de su piedad. Todos nosotros hemos conocido su gran amor por la Madre de Dios. Donarse del todo a María significó ser, con ella, totalmente para el Señor. Así como María no vivió para sí misma sino para Él, del mismo modo, él aprendió de ella y del estar con ella una completa y rápida dedicación a Cristo.

Ha abierto el iter para la beatificación antes de los tiempos establecidos por el Derecho Canónico. ¿Desde cuándo y cómo se ha convencido de la santidad de Juan Pablo II?

Que Juan Pablo II fuera un santo, en los años de la colaboración con él me ha sido continuamente cada vez más claro. Hay que tener en cuenta ante todo naturalmente su intensa relación con Dios, ese estar inmerso en la comunión con el Señor del que acabo de hablar. De aquí venía su alegría en medio de las grandes fatigas que tenía que soportar, y la valentía con la que asumió su tarea en un tiempo realmente difícil. Juan Pablo II no pedía aplausos, ni ha mirado nunca alrededor preocupado por cómo eran acogidas sus decisiones. Él ha actuado a partir de su fe y de sus convicciones y estaba también dispuesto a sufrir golpes. La valentía de la verdad es, a mi modo de ver, un criterio de primer orden de la santidad. Sólo a partir de su relación con Dios es posible entender también su indefectible empeño pastoral.

Su empeño fue infatigable, y no sólo en los grandes viajes, cuyos programas estaban llenos de citas, desde el comienzo hasta el fin, sino también día a día, desde la misa de la mañana hasta las altas horas de la noche.

Durante la primera visita a Alemania (1980), tuve por primera vez una experiencia muy concreta de este empeño enorme. Para su estancia en Múnich, decidí que debía tener un descanso más largo a mediodía. Durante la pausa me llamó a su habitación. Lo encontré mientras rezaba el Breviario y le dije: «Santo Padre, usted debería descansar»; y él: «Podré hacerlo en el cielo».

Sólo quien está profundamente lleno de la urgencia de su misión puede actuar así. Pero debo honrar también su extraordinaria bondad y comprensión. A menudo habría tenido motivos suficientes para criticarme o poner fin a mi tarea de Prefecto. Y sin embargo me sostuvo con una fidelidad y una bondad absolutamente incomprensible.Querría poner un ejemplo. Frente al torbellino que se había desatado por la declaración Dominus Jesus, me dijo que en el Angelus quería defender inequívocamente el documento. Me invitó a escribir un texto para el Angelus que fuera estanco y no permitiera ninguna interpretación diversa. Tenía que emerger de formainequívoca que él aprobaba el documento. Preparé por tanto un breve discurso; no pretendía, sin embargo, ser demasiado brusco y por ello traté de expresarme con claridad pero sin dureza. Después de leerlo, me dijo : «¿Es de verdad suficientemente claro?». Yo respondí que sí. Quien conoce a los teólogos no se sorprenderá por el hecho de que hubo quien sostuvo que el Papa había prudentemente tomado distancia de la «Dominus Jesus».

¿Qué experimenta hoy que la Iglesia reconoce la santidad de «su» Papa, Juan Pablo II, del que ha sido un estrecho colaborador?

Mi recuerdo de Juan Pablo II está lleno de gratitud. No podía y no debía intentar imitarle, pero he tratado de seguir llevando adelante su herencia y su tarea lo mejor que he podido.

Fuente: LA RAZÓN. 

http://www.larazon.es/detalle_normal/noticias/6155624/religion/benedicto-xvi-juan-pablo-ii-era-un-santo-que-no-buscaba-el-aplauso#.U1lF5uXLWrB