martes, 26 de enero de 2016

"Misericordia quiero y no sacrificio" - Mensaje del Papa Francisco para la Cuaresma 2016

VATICANO, 26 Ene. 16 / 06:05 am (ACI).- Hoy se dio a conocer el mensaje del Papa Francisco para la Cuaresma 2016 que lleva como título «'Misericordia quiero y no sacrificio' (Mt 9,13). Las obras de misericordia en el camino jubilar». El texto ha sido dado a conocer por la Santa Sede en conferencia de prensa. Los idiomas en los que puede encontrarse son el italiano, español, inglés, polaco, alemán, portugués, francés y árabe.
A continuación el texto completo en español:
«'Misericordia quiero y no sacrificio' (Mt 9,13).
Las obras de misericordia en el camino jubilar»

1. María, icono de una Iglesia que evangeliza porque es evangelizada
En la Bula de convocación del Jubileo invité a que «la Cuaresma de este Año Jubilar sea vivida con mayor intensidad, como momento fuerte para celebrar y experimentar la misericordia de Dios» (Misericordiae vultus, 17). Con la invitación a escuchar la Palabra de Dios y a participar en la iniciativa «24 horas para el Señor» quise hacer hincapié en la primacía de la escucha orante de la Palabra, especialmente de la palabra profética. La misericordia de Dios, en efecto, es un anuncio al mundo: pero cada cristiano está llamado a experimentar en primera persona ese anuncio. Por eso, en el tiempo de la Cuaresma enviaré a los Misioneros de la Misericordia, a fin de que sean para todos un signo concreto de la cercanía y del perdón de Dios.
María, después de haber acogido la Buena Noticia que le dirige el arcángel Gabriel, María canta proféticamente en el Magnificat la misericordia con la que Dios la ha elegido. La Virgen de Nazaret, prometida con José, se convierte así en el icono perfecto de la Iglesia que evangeliza, porque fue y sigue siendo evangelizada por obra del Espíritu Santo, que hizo fecundo su vientre virginal. En la tradición profética, en su etimología, la misericordia está estrechamente vinculada, precisamente con las entrañas maternas (rahamim) y con una bondad generosa, fiel y compasiva (hesed) que se tiene en el seno de las relaciones conyugales y parentales.
2. La alianza de Dios con los hombres: una historia de misericordia
El misterio de la misericordia divina se revela a lo largo de la historia de la alianza entre Dios y su pueblo Israel. Dios, en efecto, se muestra siempre rico en misericordia, dispuesto a derramar en su pueblo, en cada circunstancia, una ternura y una compasión visceral, especialmente en los momentos más dramáticos, cuando la infidelidad rompe el vínculo del Pacto y es preciso ratificar la alianza de modo más estable en la justicia y la verdad. Aquí estamos frente a un auténtico drama de amor, en el cual Dios desempña el papel de padre y de marido traicionado, mientras que Israel el de hijo/hija y el de esposa infiel. Son justamente las imágenes familiares —como en el caso de Oseas (cf. Os 1-2)— las que expresan hasta qué punto Dios desea unirse a su pueblo.
Este drama de amor alcanza su culmen en el Hijo hecho hombre. En él Dios derrama su ilimitada misericordia hasta tal punto que hace de él la «Misericordia encarnada» (Misericordiae vultus, 8). En efecto, como hombre, Jesús de Nazaret es hijo de Israel a todos los efectos. Y lo es hasta tal punto que encarna la escucha perfecta de Dios que el Shemà requiere a todo judío, y que todavía hoy es el corazón de la alianza de Dios con Israel: «Escucha, Israel: El Señor es nuestro Dios, el Señor es uno solo. Amarás, pues, al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas» (Dt 6,4-5). El Hijo de Dios es el Esposo que hace cualquier cosa por ganarse el amor de su Esposa, con quien está unido con un amor incondicional, que se hace visible en las nupcias eternas con ella.
Es éste el corazón del kerygma apostólico, en el cual la misericordia divina ocupa un lugar central y fundamental. Es «la belleza del amor salvífico de Dios manifestado en Jesucristo muerto y resucitado» (Exh. ap. Evangelii gaudium, 36), el primer anuncio que «siempre hay que volver a escuchar de diversas maneras y siempre hay que volver a anunciar de una forma o de otra a lo largo de la catequesis» (ibíd., 164). La Misericordia entonces «expresa el comportamiento de Dios hacia el pecador, ofreciéndole una ulterior posibilidad para examinarse, convertirse y creer» (Misericordiae vultus, 21), restableciendo de ese modo la relación con él. Y, en Jesús crucificado, Dios quiere alcanzar al pecador incluso en su lejanía más extrema, justamente allí donde se perdió y se alejó de Él. Y esto lo hace con la esperanza de poder así, finalmente, enternecer el corazón endurecido de su Esposa.
3. Las obras de misericordia
La misericordia de Dios transforma el corazón del hombre haciéndole experimentar un amor fiel, y lo hace a su vez capaz de misericordia. Es siempre un milagro el que la misericordia divina se irradie en la vida de cada uno de nosotros, impulsándonos a amar al prójimo y animándonos a vivir lo que la tradición de la Iglesia llama las obras de misericordia corporales y espirituales. Ellas nos recuerdan que nuestra fe se traduce en gestos concretos y cotidianos, destinados a ayudar a nuestro prójimo en el cuerpo y en el espíritu, y sobre los que seremos juzgados: nutrirlo, visitarlo, consolarlo y educarlo. Por eso, expresé mi deseo de que «el pueblo cristiano reflexione durante el Jubileo sobre las obras de misericordia corporales y espirituales. Será un modo para despertar nuestra conciencia, muchas veces aletargada ante el drama de la pobreza, y para entrar todavía más en el corazón del Evangelio, donde los pobres son los privilegiados de la misericordia divina» (ibíd., 15). En el pobre, en efecto, la carne de Cristo «se hace de nuevo visible como cuerpo martirizado, llagado, flagelado, desnutrido, en fuga... para que nosotros lo reconozcamos, lo toquemos y lo asistamos con cuidado» (ibíd.). Misterio inaudito y escandaloso la continuación en la historia del sufrimiento del Cordero Inocente, zarza ardiente de amor gratuito ante el cual, como Moisés, sólo podemos quitarnos las sandalias (cf. Ex 3,5); más aún cuando el pobre es el hermano o la hermana en Cristo que sufren a causa de su fe.
Ante este amor fuerte como la muerte (cf. Ct 8,6), el pobre más miserable es quien no acepta reconocerse como tal. Cree que es rico, pero en realidad es el más pobre de los pobres. Esto es así porque es esclavo del pecado, que lo empuja a utilizar la riqueza y el poder no para servir a Dios y a los demás, sino parar sofocar dentro de sí la íntima convicción de que tampoco él es más que un pobre mendigo. Y cuanto mayor es el poder y la riqueza a su disposición, tanto mayor puede llegar a ser este engañoso ofuscamiento. Llega hasta tal punto que ni siquiera ve al pobre Lázaro, que mendiga a la puerta de su casa (cf. Lc 16,20-21), y que es figura de Cristo que en los pobres mendiga nuestra conversión. Lázaro es la posibilidad de conversión que Dios nos ofrece y que quizá no vemos. Y este ofuscamiento va acompañado de un soberbio delirio de omnipotencia, en el cual resuena siniestramente el demoníaco «seréis como Dios» (Gn 3,5) que es la raíz de todo pecado. Ese delirio también puede asumir formas sociales y políticas, como han mostrado los totalitarismos del siglo XX, y como muestran hoy las ideologías del pensamiento único y de la tecnociencia, que pretenden hacer que Dios sea irrelevante y que el hombre se reduzca a una masa para utilizar. Y actualmente también pueden mostrarlo las estructuras de pecado vinculadas a un modelo falso de desarrollo, basado en la idolatría del dinero, como consecuencia del cual las personas y las sociedades más ricas se vuelven indiferentes al destino de los pobres, a quienes cierran sus puertas, negándose incluso a mirarlos.
La Cuaresma de este Año Jubilar, pues, es para todos un tiempo favorable para salir por fin de nuestra alienación existencial gracias a la escucha de la Palabra y a las obras de misericordia. Mediante las corporales tocamos la carne de Cristo en los hermanos y hermanas que necesitan ser nutridos, vestidos, alojados, visitados, mientras que las espirituales tocan más directamente nuestra condición de pecadores: aconsejar, enseñar, perdonar, amonestar, rezar. Por tanto, nunca hay que separar las obras corporales de las espirituales. Precisamente tocando en el mísero la carne de Jesús crucificado el pecador podrá recibir como don la conciencia de que él mismo es un pobre mendigo. A través de este camino también los «soberbios», los «poderosos» y los «ricos», de los que habla el Magnificat, tienen la posibilidad de darse cuenta de que son inmerecidamente amados por Cristo crucificado, muerto y resucitado por ellos. Sólo en este amor está la respuesta a la sed de felicidad y de amor infinitos que el hombre —engañándose— cree poder colmar con los ídolos del saber, del poder y del poseer. Sin embargo, siempre queda el peligro de que, a causa de un cerrarse cada vez más herméticamente a Cristo, que en el pobre sigue llamando a la puerta de su corazón, los soberbios, los ricos y los poderosos acaben por condenarse a sí mismos a caer en el eterno abismo de soledad que es el infierno. He aquí, pues, que resuenan de nuevo para ellos, al igual que para todos nosotros, las lacerantes palabras de Abrahán: «Tienen a Moisés y los Profetas; que los escuchen» (Lc 16,29). Esta escucha activa nos preparará del mejor modo posible para celebrar la victoria definitiva sobre el pecado y sobre la muerte del Esposo ya resucitado, que desea purificar a su Esposa prometida, a la espera de su venida.
No perdamos este tiempo de Cuaresma favorable para la conversión. Lo pedimos por la intercesión materna de la Virgen María, que fue la primera que, frente a la grandeza de la misericordia divina que recibió gratuitamente, confesó su propia pequeñez (cf. Lc 1,48), reconociéndose como la humilde esclava del Señor (cf. Lc 1,38).
Vaticano, 4 de octubre de 2015
Fiesta de San Francisco de Assis

FRANCISCUS

jueves, 14 de enero de 2016

Catequesis del Papa Francisco sobre la misericordia de Dios en la Biblia



VATICANO, 13 Ene. 16 / 04:38 am (ACI).- El Papa Francisco presidió esta mañana la primera Audiencia General del año 2016, dando inicio a un ciclo de catequesis sobre la misericordia de Dios en la Biblia y reflexionó sobre la frase del libro del Éxodo: «El Señor, Dios misericordioso y bondadoso, lento para enojarse, y pródigo en amor y fidelidad».

Este es el texto completo de la catequesis del Papa Francisco difundido por Radio Vaticano:

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hoy iniciamos las catequesis sobre la misericordia según la perspectiva bíblica,para aprender sobre la misericordia al escuchar aquello que Dios mismo nos enseña con su Palabra. Iniciamos por el Antiguo Testamento, que nos prepara y nos conduce a la revelación plena de Jesucristo, en el cual se realiza la revelación de la misericordia del Padre.



En las Sagradas Escrituras, el Señor es presentado como “Dios misericordioso”. Este es su nombre,  a través del cual nos revela, por así decir, su rostro y su corazón. Él mismo, como narra el Libro del Éxodo, revelándose a Moisés  se autodefinió como: «El Señor, Dios misericordioso y bondadoso, lento para enojarse, y pródigo en amor y fidelidad» (34,6). También en otros textos encontramos esta fórmula, con alguna variación, pero siempre la insistencia está puesta en la misericordia y en el amor de Dios que no se cansa nunca de perdonar (cfr Gn 4,2; Gl 2,13; Sal 86,15; 103,8; 145,8; Ne 9,17). Veamos juntos, una por una, estas palabras de la Sagrada Escritura que nos hablan de Dios.

El Señor es “misericordioso”: esta palabra evoca una actitud de ternura como la de una madre con su hijo. De hecho, el término hebreo usado en la Biblia hace pensar a las vísceras o también en el vientre materno. Por eso, la imagen que sugiere es aquella de un Dios que se conmueve y se enternece por nosotros como una madre cuando toma en brazos a su niño, deseosa sólo de amar, proteger, ayudar, lista a donar todo, incluso a sí misma. Esa es la imagen que sugiere este término. Un amor, por lo tanto, que se puede definir en sentido bueno “visceral”.

Después está escrito que el Señor es “bondadoso”, en el sentido que hace gracia, tiene compasión y, en su grandeza, se inclina sobre quien es débil y pobre, siempre listo para acoger, comprender, perdonar. Es como el padre de la parábola del Evangelio de Luca (cfr Lc 15,11-32): un padre que no se cierra en el resentimiento por el abandono del hijo menor, sino al contrario continúa a esperarlo, lo ha generado, y después corre a su encuentro y lo abraza, no lo deja ni siquiera terminar su confesión, como si le cubriera la boca, qué grande es el amor y la alegría por haberlo reencontrado; y después va también a llamar al hijo mayor, que está indignado y no quiere hacer fiesta, el hijo que ha permanecido siempre en la casa, pero viviendo como un siervo más que como un hijo, y también sobre él el padre se inclina, lo invita a entrar, busca abrir su corazón al amor, para que ninguno quede excluso de la fiesta de la misericordia. La misericordia es una fiesta.

De este Dios misericordioso se dice también que es “lento para enojarse”, literalmente, “largo de respiro”, es decir, con el respiro amplio de la pacienciay de la capacidad de soportar. Dios sabe esperar, sus tiempos no son aquellos impacientes de los hombres; Es como un sabio agricultor que sabe esperar, da tiempo a la buena semilla para que crezca, a pesar de la cizaña (cfr Mt 13,24-30).

Y por último, el Señor se proclama “grande en el amor y en la fidelidad”. ¡Qué hermosa es esta definición de Dios! Aquí está todo. Porque Dios es grande y poderoso, pero esta grandeza y poder se despliegan en el amarnos, nosotros así pequeños, así incapaces. La palabra “amor”, aquí utilizada, indica el afecto, la gracia, la bondad. No es un amor de telenovela. Es el amor que da el primer paso, que no depende de los méritos humanos sino de una inmensa gratuidad. Es la solicitud divina que nada la puede detener, ni siquiera el pecado, porque sabe ir más allá del pecado, vencer el mal y perdonarlo.

Una “fidelidad” sin límites: he aquí la última palabra de la revelación de Dios a Moisés. La fidelidad de Dios nunca falla, porque el Señor es el Custodio que, como dice el Salmo, no se adormenta sino que vigila continuamente sobre nosotros para llevarnos a la vida:

«El no dejará que resbale tu pie:
¡tu guardián no duerme!
No, no duerme ni dormita
el guardián de Israel.

[...]

El Señor te protegerá de todo mal
y cuidará tu vida.
El te protegerá en la partida y el regreso,
ahora y para siempre» (121,3-4.7-8).

Y este Dios misericordioso es fiel en su misericordia. Y Pablo dice algo bello: si tú, delante a Él, no eres fiel, Él permanecerá fiel porque no puede renegarse a sí mismo, la fidelidad en la misericordia es el ser de Dios. Y por esto Dios es totalmente y siempre confiable. Una presencia sólida y estable. Es esta la certeza de nuestra fe. Y luego, en este Jubileo de la Misericordia, confiemos totalmente en Él, y experimentemos la alegría de ser amados por este “Dios misericordioso y bondadoso, lento para enojarse y grande en el amor y en la fidelidad”.

miércoles, 6 de enero de 2016

El Papa explica en la Epifanía la misión de la Iglesia y el significado de los Reyes Magos



VATICANO, 06 Ene. 16 / 04:48 am (ACI).- El Papa Francisco aseguró hoy que la misión de la Iglesia es la de anunciar el Evangelio  e iluminar la vida de las personas y de los pueblos. Además, pidió seguir la luz que conduce a Jesús y habló de los Reyes Magos como “prueba viva de que las semillas de verdad están presentes en todas partes”.

Esta mañana, el Pontífice presidió la Misa con motivo de la Solemnidad de la Epifanía del Señor en la Basílica de San Pedro y dijo que “la Iglesia no puede pretender brillar con luz propia”, sino que debe brillar “con la luz de Cristo”.

“Cristo es la luz verdadera que brilla; y, en la medida en que la Iglesia está unida a él, en la medida en que se deja iluminar por él, ilumina también la vida de las personas y de los pueblos”, añadió.

El Papa aseguró que todos necesitan de esta luz puesto que “anunciar el Evangelio de Cristo no es una opción más entre otras posibles, ni tampoco una profesión”.



“Para la Iglesia, ser misionera no significa hacer proselitismo; para la Iglesia, ser misionera equivale a manifestar su propia naturaleza: dejarse iluminar por Dios y reflejar su luz. No hay otro camino. La misión es su vocación. Muchas personas esperan de nosotros este compromiso misionero, porque necesitan a Cristo, necesitan conocer el rostro del Padre”.

El Santo Padre también habló de los Reyes Magos y explicó que son “una prueba viva de que las semillas de verdad están presentes en todas partes, porque son un don del Creador que llama a todos para que lo reconozcan como Padre bueno y fiel”.

“Los Magos representan a los hombres de cualquier parte del mundo que son acogidos en la casa de Dios. Delante de Jesús ya no hay distinción de raza, lengua y cultura: en ese Niño, toda la humanidad encuentra su unidad. Y la Iglesia tiene la tarea de que se reconozca y venga a la luz con más claridad el deseo de Dios que anida en cada uno”. 

Francisco señaló que al igual que sucedió con los Magos, “hoy muchas personas viven con el ‘corazón inquieto’, haciéndose preguntas que no encuentran respuestas seguras. También ellos están en busca de la estrella que muestre el camino hacia Belén”.

La atención que prestaron “a la voz que dentro les empujaba a seguir aquella luz” y la travesía que realizaron “encierra una enseñanza para nosotros.

“Hoy será bueno que nos repitamos la pregunta de los Magos: ‘¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo’. Nos sentimos urgidos, sobre todo en un momento como el actual, a escrutar los signos que Dios nos ofrece, sabiendo que debemos esforzarnos para descifrarlos y comprender así su voluntad”.

Para concluir, el Papa afirmó que “estamos llamados a ir a Belén para encontrar al Niño y a su Madre. Sigamos la luz que Dios nos da. La luz que proviene del rostro de Cristo, lleno de misericordia y fidelidad”.

“Una vez que estemos ante él, adorémoslo con todo el corazón, y ofrezcámosle nuestros dones: nuestra libertad, nuestra inteligencia, nuestro amor” porque “aquí está la fuente de esa luz que atrae a sí a todas las personas y guía a los pueblos por el camino de la paz”, dijo al terminar. 

¿Qué enseñan los pastores de Belén y los Reyes Magos? El Papa responde en el Ángelus



VATICANO, 06 Ene. 16 / 06:33 am (ACI).- Luego de la Santa Misa por la Solemnidad de la Epifanía del Señor, el Papa Francisco presidió el rezo del ángelus como es habitual desde la ventana del estudio del Palacio Apostólico.

Francisco explicó el significado de los Reyes Magos y de los pastores de Belén que fueron a adorar al Niño Jesús al ver la estrella.

Los primeros le dan a la Epifanía “un aire de universalidad”. “Este es el respirar de la Iglesia, la cual desea que todos los pueblos de la tierra puedan encontrar a Jesús, tener experiencia de su amor misericordioso”, dijo el Papa.

El Pontífice manifestó que para todos “hay una gran consuelo al ver la estrella, es decir, en el sentirse guiados y no abandonados a nuestro destino”.

“La estrella es el Evangelio, la Palabra del Señor”. “Esta luz nos guía hacia Cristo. ¡Sin la escucha del Evangelio no es posible encontrarlo!”, exclamó.



“Los pastores y los Magos son muy distintos entre ellos, pero tienen algo en común: el cielo. Los pastores de Belén corrieron a ver a Jesús no porque fueran particularmente buenos, sino porque velaban en la noche y, alzando los ojos al cielo, vieron una señal, escucharon su mensaje y lo siguieron”.

Los Magos “escrutaron el cielo, vieron una nueva estrella, interpretaron la señal y se pusieron en camino”, dijo Francisco.

Así, “los pastores y los Magos nos enseñan que para encontrar a Jesús es necesario saber alzar la mirada al cielo, no replegarse sobre sí mismo, sino tener el corazón y la mente abiertos al horizonte de Dios, que siempre nos sorprende, saber acoger sus mensajes y responder con prontitud y generosidad”.

“Los Magos, en efecto, siguiendo la estrella llegaron al lugar donde se encontraba Jesús” y su experiencia “nos exhorta a no contentarnos con la mediocridad, a no ‘ir tirando’, sino a buscar el sentido de las cosas, a escrutar con pasión el gran misterio de la vida”, dijo el Papa.

Además, “nos enseña a no escandalizarnos de la pequeñez y de la pobreza, sino a reconocer la majestad en la humildad y sabernos arrodillar frente a ella”.

En definitiva, “eran hombres prestigiosos, de regiones lejanas y culturas diversas, y se habían encaminado hacia la tierra de Israel para adorar al rey que había nacido”.

“La Iglesia desde siempre ha visto en ellos la imagen de toda la humanidad, y con la celebración de la Epifanía quiere casi guiar respetuosamente a cada hombre y mujer de este mundo hacia el Niño que ha nacido para la salvación de todos”.

El Santo Padre también recordó que en la noche de Navidad Jesús se manifestó a los pastores, “hombres humildes y despreciados”. “Fueron ellos los primeros en llevar un poco de calor en aquella fría gruta de Belén”, añadió.

Después de rezar el ángelus, el Papa saludó a los fieles que se encontraban en la Plaza de San Pedro y envió un saluda especial a los cristianos de Oriente Medio. “Hoy expresamos nuestra cercanía espiritual a los hermanos y hermanas del Oriente Cristiano, católicos y ortodoxos, muchos de los cuales celebran mañana la Navidad del Señor”. “Que les llegue nuestro deseo de paz y de bien”, dijo Francisco.

También recordó que en este día se celebra la Jornada Mundial de la Infancia Misionera: “es la fiesta de los niños que, con sus oraciones y sacrificios, ayudan a los de su misma edad más necesitados haciéndose misioneros y testimonio de fraternidad y del compartir”.

sábado, 2 de enero de 2016

Mensaje del Obispo Marcelo Colombo, en la Procesión de san Nicolás de Bari: 1 de Enero de 2016



Mis queridos hermanos,

Una vez más hemos venido a este Santuario donde se cultiva la comunión espiritual de los riojanos en la fiesta de nuestro Padre y Patrón tutelar San Nicolás.

“Año nuevo pacarí, Niño Jesús cancha” hemos rezado junto a los aillis.  “Amanece el Año Nuevo, ilumina el Niño Jesús.” Esa certeza de una luz que no viene de nosotros mismos pero que nos alcanza y abre paso frente a las dificultades del camino, nos llena de alegría y de confianza. No estamos solos. El Señor viene con nosotros.  

Año de la Misericordia
Celebramos con toda la Iglesia un Año de la Misericordia convocado para volver a Dios, quien nos espera en su ternura y fidelidad.

“Siempre tenemos necesidad de contemplar el misterio de la misericordia. Es fuente de alegría, de serenidad y de paz. Es condición para nuestra salvación. Misericordia: es la palabra que revela el misterio de la Santísima Trinidad. Misericordia: es el acto último y supremo con el cual Dios viene a nuestro encuentro. Misericordia: es la ley fundamental que habita en el corazón de cada persona cuando mira con ojos sinceros al hermano que encuentra en el camino de la vida. Misericordia: es la vía que une Dios y el hombre, porque abre el corazón a la esperanza de ser amados para siempre no obstante el límite de nuestro pecado.” (Francisco, Misericordia vultus, n. 2).

El Año de la Misericordia es así, para todos nosotros, una gran oportunidad para crecer espiritual, personal y socialmente, fortaleciendo nuestra amistad con Dios, fortaleciendo nuestros vínculos fraternos,  y resignificando nuestra relación con la Creación y con los bienes materiales puestos a nuestra disposición por el Señor.

XI Congreso Eucarístico Nacional, Tucumán.
La Iglesia argentina celebrará el próximo mes de junio, el XI Congreso Eucarístico Nacional. En el marco del bicentenario de la Declaración de la Independencia Nacional, nos reuniremos junto a Jesús, Pan de Vida y Esperanza de los hombres, para alimentar nuestros deseos de amar y servir.

El Congreso Eucarístico nos invita a unirnos como Iglesia y profesar solemnemente nuestra voluntad de comunión, arraigándola en Aquél que garantiza en plenitud la fe, la esperanza y el amor. Invito a todas las comunidades a prepararnos con entusiasmo para participar de este encuentro tan importante.

Con las palabras de nuestra oración de estos días lo hemos dicho en la sencillez de nuestra centenaria oración: “Valla y valla y Santisi, Santísimo y Sacramento.” “Tu Hijo es el Santísimo, el Santísimo Sacramento.” Que la Iglesia de La Rioja sea testigo feliz de la presencia de Cristo Eucaristía entre los hombres, animando la conversión del corazón para hacernos pan para los hermanos.

40° Aniversario de la muerte de Mons. Angelelli, los padres Murias y Longueville y del laico Wenceslao Pedernera.
En 2016 se cumplirán cuarenta años de la muerte de nuestros queridos Enrique, Carlos, Gabriel y Wenceslao, asesinados en 1976 para acallar el Evangelio de Jesucristo y la aplicación de las enseñanzas del Concilio Vaticano II, que ellos cada uno según su vocación enseñaban con sus propias vidas.

“(…) ese día alguno se puso contento, creyó que era su triunfo pero fue la derrota de los adversarios. Uno de los primeros cristianos tenía una frase linda, “sangre de mártires, semilla de cristianos”, sangre de estos hombres que dieron su vida por la predicación del Evangelio es triunfo verdadero y hoy clama por vida, por vida de esta Iglesia riojana que hoy es depositaria.” (Homilía del Cardenal Bergoglio, La Rioja, 4 de agosto de 2006).

La entrega de sus vidas nos invita a ser una Iglesia que fermente la vida social como la levadura a la masa. En su evocación, tomemos la posta, asumiendo decididamente la conversión de nuestras estructuras pastorales y proclamando a tiempo y a destiempo, con fidelidad creativa, las bienaventuranzas del Reino de Dios, asumiendo el mensaje y los gestos de Jesús de Nazaret.

La amistad social en clave de Tinkunaco.
  Las nuevas autoridades a nivel nacional, provincial y municipal han comenzado a dar los primeros pasos en el desempeño de la misión que el Pueblo les ha confiado. Pedimos a Dios para que Él los ilumine para el bien de todos.

La apasionante tarea de servir pone a los gobernantes en la perspectiva de contribuir al bien de todos por encima de sus propios intereses personales. Es imprescindible profundizar en una institucionalidad respetuosa de la letra y el espíritu de las normas, cuidadosa de la vida de los pobres, alejada de privilegios y de excepciones peligrosas que impliquen la anomia o el desprecio por los valores morales superiores.  Nos toca a los ciudadanos participar a través de los ámbitos que la democracia nos ofrece. La amistad social es la atmósfera y la savia que la sustentan.

La política como el arte de lo posible, encuentra en el diálogo su camino artesanal para alcanzar el consenso social que acompañe y respalde las decisiones de gobierno. En esta perspectiva, vemos muy buena disposición en las autoridades y en los  actores sociales, lo cual nos llena de esperanza y nos compromete como ciudadanos. Por eso, el Tinkunaco es para nosotros, meta y método de la vida en comunidad. Aquel primer encuentro fundacional de la riojanidad inspira este tiempo en que vivimos, donde deben tratarse y resolverse temas de primera importancia para el presente y el futuro de nuestra provincia.

Con el Papa Francisco y en nombre de esta Iglesia en La Rioja les digo: “La Iglesia quiere colaborar en la búsqueda del bien común, desde sus actividades sociales, educativas, promoviendo los valores éticos y espirituales, siendo un signo profético que lleve un rayo de luz y esperanza a todos, especialmente a los más necesitados.” (Papa Francisco, Discurso a la sociedad civil de Ecuador, julio de 2015).

Mis queridos hermanos, los invito a vivir apasionadamente el tiempo que Dios nos ha confiado. Que no transcurra un solo día del próximo año sin que lo hayamos dado todo de nosotros mismos.

Jesús, nuestro Niño Alcalde y buen Pastor, nos asista y acompañe. Que Él ilumine el año 2016 que comienza.

¡San Nicolás, Padre y Patrón tutelar, ruega por nosotros!



La Rioja, 1° de enero de 2016

+Marcelo Colombo, Padre Obispo de La Rioja

Intenciones del Papa Fransciso para el mes de Enero de 2016






La intención universal del apostolado de la oración del Santo Padre para el mes de enero de 2016 es:

 ''Que el diálogo sincero entre hombres y mujeres de diversas religiones, conlleve frutos de paz y justicia. ''.

Su intención evangelizadora es: 

''Para que mediante el diálogo y la caridad fraterna, con la gracia del Espíritu Santo, se superen las divisiones entre los cristianos''.

El Papa en el Ángelus da las claves para lograr la paz y que 2016 sea “un poco mejor”



VATICANO, 01 Ene. 16 / 06:51 am (ACI).- El Papa Francisco inició 2016 poniendo una tarea: “comenzamos a abrir el corazón, despertando la atención del prójimo” porque esta “es la vía para la conquista de la paz”.

Esta mañana, el Pontífice presidió una Misa en la Basílica de San Pedro por la Solemnidad de Santa María Madre de Dios y después rezó el Ángelus desde la ventana del estudio del Palacio Apostólico, donde dio las claves de cómo “conquistar” la paz, puesto que hoy también se celebra la Jornada Mundial por la Paz.

“La paz, que Dios Padre desea sembrar en el mundo, debe ser cultivada por nosotros, pero no solo, porque debe ser también conquistada”, aseguró.

“Esto implica una verdadera lucha, un combate espiritual que tiene lugar en nuestro corazón”, añadió.

El Papa también afirmó que, además de la guerra, también es “enemiga de la paz” la “indiferencia, que hace pensar solo en sí misma y crea barreras, sospechas, miedos y cerrajones”.



En su saludo a los fieles, Francisco felicitó el nuevo año y pidió renovar “el deseo de que aquello que venga sea un poco mejor”. “Es, en el fondo un signo de esperanza que nos anima y nos invita a creer en la vida. Sabemos que con el año nuevo no cambiará todo y que muchos problemas de ayer permanecerán también mañana”.

El Papa, sirviéndose de las lecturas de la liturgia del día, manifestó un deseo: “que el Señor pose la mirada sobre ustedes y que puedan alegrarse, sabiendo que cada día su rostro misericordioso, más radiante que el sol, resplandece sobre ustedes y no desaparece nunca”.

Por tanto, “descubrir el rostro de Dios hace nueva la vida” porque “es un Padre enamorado del hombre, que no se cansa nunca de recomenzar de nuevo con nosotros para renovarnos”.

Sin embargo, Francisco advirtió que Dios “no promete cambios mágicos, Él no usa la varita mágica” sino que “ama cambiar la realidad desde dentro, con paciencia y amor; pide entrar en nuestra vida con delicadeza, como la lluvia en la tierra, para traer fruto”.

En este contexto, el Santo Padre aprovechó para denunciar que “a veces estamos tan inundados de noticias que nos distraemos de la realidad, del hermano y de la hermana que nos necesitan”.

Francisco pidió la ayuda de la Virgen María, “Reina de la Paz, la Madre de Dios” y aprovechó para explicar qué significa lo que dice el Evangelio del día “Y Ella custodiaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón”. “¿De qué se trata?”, preguntó.

“Ciertamente de la alegría por el nacimiento de Jesús, pero también de las dificultades que había encontrado: tuvo que poner a su Hijo en un pesebre porque no había sitio para ellos en la posada y el futuro era muy incierto”.

El Papa dijo que eran también “las esperanzas y las preocupaciones, la gratitud y los problemas: todo aquello que acontecía en la vida se transformaba, en el corazón de María, oración, diálogo con Dios”.

“He aquí el secreto de la Madre de Dios. Y Ella hace así también por nosotros: custodia las alegrías y desata los nudos de nuestra vida, llevándonos al Señor”.

Después, el Papa improvisó y propuso a los fieles acordarse de unas palabras de la Escritura y repetirlas todos los días. “Cada mañana, cuando os despertéis recuerden aquel pasaje de la bendición de Dios: ‘Hoy el Señor hace resplandecer su rostro sobre mí’. ¡Todos! –dijo invitando a repetirlo–. Hoy el Señor hace resplandecer su rostro sobre mí. ¡Otra vez! Hoy el Señor hace resplandecer su rostro sobre mí".

domingo, 27 de diciembre de 2015

Sagrada Familia, custodia de la misericordia



RV).- La Navidad es una fiesta de caridad que permite acoger la bondadosa compasión de Dios con la humanidad, don que recibimos a través de una familia: la Sagrada Familia. El Salvador hace brillar su luz desde un hogar, para hacer de la familia templo y custodia de la misericordia.

La Sagrada Familia es custodia de la misericordia, cuidando a quien trae la salvación y la paz. Muchos fueron al pesebre a presentar sus ofrendas, a conocer el mesías, a reconocerle como el Redentor. Esta imagen de Jesús, María y José, la contemplamos para nutrirnos de su compromiso como padre y madre, protagonistas irremplazables en el seno de cualquier hogar.

En el evangelio encontramos rasgos de la delicada e importante tarea de estos padres, María y José, que luego de llevar a su Jesús al templo sintieron la “angustia” al perderlo entre la multitud. Pero Él luego de explicarles que estaba en las cosas de su Padre, “bajó con ellos a Nazaret y siguió bajo su autoridad. Su madre conservaba todo esto en su corazón. Y Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres” (Lucas 2, 41-52).

Es un profundo significado para los padres de familia, que también vive la inquietud de dar lo mejor de sí a sus hijos. Y que hermoso aprendizaje para los hijos, que sus gestos de amor y respeto a los padres puedan edificar en sus corazones este templo de la misericordia. Es la misericordia vivida en casa, es abrir la puerta de la familia para experimentar un verdadero encuentro con los demás.

Decía el Papa Francisco en una catequesis (18-XI-2015): “La Sagrada Familia de Nazaret sabe bien qué cosa significa una puerta abierta o cerrada, para quien espera un hijo, para quien no tiene refugio, para quien huye del peligro. Que las familias cristianas hagan del umbral de sus casas un pequeño gran signo de la Puerta de la misericordia y de la acogida de Dios. Es precisamente así como deberá ser reconocida la Iglesia, en cada rincón de la tierra: como la custodia de un Dios que llama, como la acogida de un Dios que no te cierra la puerta en la cara”.

La familia como templo de la misericordia, es invitada a vivir a imagen de la Sagrada Familia la contemplación del Salvador para custodiar también su misericordia, que ha de ser enseñada y vivida en cada hogar con la misma angustia, deseo y apostolado que los hicieron la Virgen María y San José.

Padre Johan Pacheco para RADIO VATICANO.

sábado, 26 de diciembre de 2015

El Papa en Nochebuena: Hoy ha nacido el Hijo de Dios, todo cambia, ya no estamos solos



VATICANO, 24 Dic. 15 / 04:15 pm (ACI).- El Papa Francisco presidió a las 21:30 horas de Roma, en la Basílica de San Pedro del Vaticano, la Santa Misa de la Noche del Nacimiento del Señor.

En la homilía, el Pontífice recordó el sentido último de la Navidad: "hoy ha nacido el Hijo de Dios: todo cambia. El Salvador del mundo viene a compartir nuestra naturaleza humana, no estamos ya solos ni abandonados".

El Papa invitó a no estar tristes puesto que “la promesa se ha cumplido, por fin se ha realizado. El gozo y la alegría nos aseguran que el mensaje contenido en el misterio de esta noche viene verdaderamente de Dios”.

El Papa aseguró que no hay lugar para la duda y únicamente son los escépticos aquellos que “interrogando sólo a la razón, no encuentran nunca la verdad”.



“El Salvador del mundo viene a compartir nuestra naturaleza humana, no estamos ya solos ni abandonados”, dijo Francisco. “En esta noche se nos muestra claro el camino a seguir para alcanzar la meta. Ahora tiene que cesar el miedo y el temor, porque la luz nos señala el camino hacia Belén, agregó.

Francisco pidió a los fieles dejarse abrazar por el Niño Jesús y “tener un comportamiento sobrio, es decir, sencillo, equilibrado, lineal, capaz de entender y vivir lo que es importante” en un mundo “de consumo y de placeres, de abundancia y de lujo, de apariencia y de narcisismo”.

Texto completo de la homilía del Papa Francisco en la Santa Misa de Nochebuena:

En esta noche brilla una «luz grande» (Is 9,1); sobre nosotros resplandece la luz del nacimiento de Jesús. Qué actuales y ciertas son las palabras del profeta Isaías, que acabamos de escuchar: «Acreciste la alegría, aumentaste el gozo» (Is 9,2). Nuestro corazón estaba ya lleno de alegría mientras esperaba este momento; ahora, ese sentimiento se ha incrementado hasta rebosar, porque la promesa se ha cumplido, por fin se ha realizado. El gozo y la alegría nos aseguran que el mensaje contenido en el misterio de esta noche viene verdaderamente de Dios. No hay lugar para la duda; dejémosla a los escépticos que, interrogando sólo a la razón, no encuentran nunca la verdad. No hay sitio para la indiferencia, que se apodera del corazón de quien no sabe querer, porque tiene miedo de perder algo. La tristeza es arrojada fuera, porque el Niño Jesús es el verdadero consolador del corazón.

Hoy ha nacido el Hijo de Dios: todo cambia. El Salvador del mundo viene a compartir nuestra naturaleza humana, no estamos ya solos ni abandonados. La Virgen nos ofrece a su Hijo como principio de vida nueva. La luz verdadera viene a iluminar nuestra existencia, recluida con frecuencia bajo la sombra del pecado. Hoy descubrimos nuevamente quiénes somos. En esta noche se nos muestra claro el camino a seguir para alcanzar la meta. Ahora tiene que cesar el miedo y el temor, porque la luz nos señala el camino hacia Belén. No podemos quedarnos inermes. No es justo que estemos parados. Tenemos que ir y ver a nuestro Salvador recostado en el pesebre. Este es el motivo del gozo y la alegría: este Niño «ha nacido para nosotros», «se nos ha dado», como anuncia Isaías (cf. 9,5). Al pueblo que desde hace dos mil años recorre todos los caminos del mundo, para que todos los hombres compartan esta alegría, se le confía la misión de dar a conocer al «Príncipe de la paz» y ser entre las naciones su instrumento eficaz.

Cuando oigamos hablar del nacimiento de Cristo, guardemos silencio y dejemos que ese Niño nos hable; grabemos en nuestro corazón sus palabras sin apartar la mirada de su rostro. Si lo tomamos en brazos y dejamos que nos abrace, nos dará la paz del corazón que no conoce ocaso. Este Niño nos enseña lo que es verdaderamente importante en nuestra vida. Nace en la pobreza del mundo, porque no hay un puesto en la posada para Él y su familia. Encuentra cobijo y amparo en un establo y viene recostado en un pesebre de animales. Y, sin embargo, de esta nada brota la luz de la gloria de Dios. Desde aquí, comienza para los hombres de corazón sencillo el camino de la verdadera liberación y del rescate perpetuo. De este Niño, que lleva grabados en su rostro los rasgos de la bondad, de la misericordia y del amor de Dios Padre, brota para todos nosotros sus discípulos, como enseña el apóstol Pablo, el compromiso de «renunciar a la impiedad» y a las riquezas del mundo, para vivir una vida «sobria, justa y piadosa» (Tt 2,12).

En una sociedad frecuentemente ebria de consumo y de placeres, de abundancia y de lujo, de apariencia y de narcisismo, Él nos llama a tener un comportamiento sobrio, es decir, sencillo, equilibrado, lineal, capaz de entender y vivir lo que es importante. En un mundo, a menudo duro con el pecador e indulgente con el pecado, es necesario cultivar un fuerte sentido de la justicia, de la búsqueda y el poner en práctica la voluntad de Dios. Ante una cultura de la indiferencia, que con frecuencia termina por ser despiadada, nuestro estilo de vida ha de estar lleno de piedad, de empatía, de compasión, de misericordia, que extraemos cada día del pozo de la oración.

Que, al igual que el de los pastores de Belén, nuestros ojos se llenen de asombro y maravilla al contemplar en el Niño Jesús al Hijo de Dios. Y que, ante Él, brote de nuestros corazones la invocación: «Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación» (Sal 85,8).

El Papa pide acabar con las guerras, ayudar a los refugiados y proteger a los más débiles



VATICANO, 25 Dic. 15 / 06:23 am (ACI).- El Papa Francisco dirigió este viernes su mensaje Urbi et Orbi (a la ciudad y al mundo) con ocasión de la fiesta de Navidad. En él aseguró que solo el Señor “nos puede salvar”. “Sólo la misericordia de Dios puede liberar a la humanidad de tantas formas de mal, a veces monstruosas, que el egoísmo genera en ella. La gracia de Dios puede convertir los corazones y abrir nuevas perspectivas para realidades humanamente insuperables”.

El Papa Francisco impartió a las 12 horas de Roma la tradicional bendición desde el balcón de la Basílica de San Pedro y también recordó a los cristianos perseguidos y todos aquellos que sufren conflictos en diversos países del mundo como Irak, Siria, Ucrania, países de África, Libia, Líbano Burundi. Pidió que los israelíes y palestinos retomen los diálogos de paz y lleguen a acuerdos que les permitan vivir en armonía y recordó especialmente a los golpeados por “los atroces actos terroristas” en París, Egipto y otros lugares.


A continuación, el mensaje completo del Papa Francisco durante la Bendición Urbi et Orbi en la Solemnidad de Navidad:

Queridos hermanos y hermanas, feliz Navidad.

Cristo nos ha nacido, exultemos en el día de nuestra salvación.

Abramos nuestros corazones para recibir la gracia de este día, que es Él mismo: Jesús es el «día» luminoso que surgió en el horizonte de la humanidad. El día de la misericordia, en el cual Dios Padre ha revelado a la humanidad su inmensa ternura. Día de luz que disipa las tinieblas del miedo y de la angustia. Día de paz, en el que es posible encontrarse, dialogar, reconciliarse. Día de alegría: una «gran alegría» para los pequeños y los humildes, para todo el pueblo (cf. Lc 2,10).



En este día, ha nacido de la Virgen María Jesús, el Salvador. El pesebre nos muestra la «señal» que Dios nos ha dado: «un niño recién nacido envuelto en pañales y acostado en un pesebre» (Lc 2,12). Como los pastores de Belén, también nosotros vamos a ver esta señal, este acontecimiento que cada año se renueva en la Iglesia. La Navidad es un acontecimiento que se renueva en cada familia, en cada parroquia, en cada comunidad que acoge el amor de Dios encarnado en Jesucristo. Como María, la Iglesia muestra a todos la «señal» de Dios: el niño que ella ha llevado en su seno y ha dado a luz, pero que es el Hijo del Altísimo, porque «proviene del Espíritu Santo» (Mt 1,20). Por eso es el Salvador, porque es el Cordero de Dios que toma sobre sí el pecado del mundo (cf. Jn 1,29). Junto a los pastores, postrémonos ante el Cordero, adoremos la Bondad de Dios hecha carne, y dejemos que las lágrimas del arrepentimiento llenen nuestros ojos y laven nuestro corazón.

Sólo él, sólo él nos puede salvar. Sólo la misericordia de Dios puede liberar a la humanidad de tantas formas de mal, a veces monstruosas, que el egoísmo genera en ella. La gracia de Dios puede convertir los corazones y abrir nuevas perspectivas para realidades humanamente insuperables.

Donde nace Dios, nace la esperanza. Donde nace Dios, nace la paz. Y donde nace la paz, no hay lugar para el odio ni para la guerra. Sin embargo, precisamente allí donde el Hijo de Dios vino al mundo, continúan las tensiones y las violencias y la paz queda como un don que se debe pedir y construir. Que los israelíes y palestinos puedan retomar el diálogo directo y alcanzar un entendimiento que permita a los dos pueblos convivir en armonía, superando un conflicto que les enfrenta desde hace tanto tiempo, con graves consecuencias para toda la región.

Pidamos al Señor que el acuerdo alcanzado en el seno de las Naciones Unidas logre cuanto antes acallar el fragor de las armas en Siria y remediar la gravísima situación humanitaria de la población extenuada. Es igualmente urgente que el acuerdo sobre Libia encuentre el apoyo de todos, para que se superen las graves divisiones y violencias que afligen el país. Que toda la Comunidad internacional ponga su atención de manera unánime en que cesen las atrocidades que, tanto en estos países como también en Irak, Yemen y en el África subsahariana, causan todavía numerosas víctimas, provocan enormes sufrimientos y no respetan ni siquiera el patrimonio histórico y cultural de pueblos enteros. Quiero recordar también a cuantos han sido golpeados por los atroces actos terroristas, particularmente en las recientes masacres sucedidas en los cielos de Egipto, en Beirut, París, Bamako y Túnez.

Que el Niño Jesús les dé consuelo y fuerza a nuestros hermanos, perseguidos por causa de su fe en distintas partes del mundo. Son nuestros mártires de hoy.

Pidamos Paz y concordia para las queridas poblaciones de la República Democrática del Congo, de Burundi y del Sudán del Sur para que, mediante el diálogo, se refuerce el compromiso común en vista de la edificación de sociedades civiles animadas por un sincero espíritu de reconciliación y de comprensión recíproca.

Que la Navidad lleve la verdadera paz también a Ucrania, ofrezca alivio a quienes padecen las consecuencias del conflicto e inspire la voluntad de llevar a término los acuerdos tomados, para restablecer la concordia en todo el país.

Que la alegría de este día ilumine los esfuerzos del pueblo colombiano para que, animado por la esperanza, continúe buscando con tesón la anhelada paz.

Donde nace Dios, nace la esperanza¸ y donde nace la esperanza, las personas encuentran la dignidad. Sin embargo, todavía hoy muchos hombres y mujeres son privados de su dignidad humana y, como el Niño Jesús, sufren el frío, la pobreza y el rechazo de los hombres.

Que hoy llegue nuestra cercanía a los más indefensos, sobre todo a los niños soldado, a las mujeres que padecen violencia, a las víctimas de la trata de personas y del narcotráfico.

Que no falte nuestro consuelo a cuantos huyen de la miseria y de la guerra, viajando en condiciones muchas veces inhumanas y con serio peligro de su vida.

Que sean recompensados con abundantes bendiciones todos aquellos, personas privadas o Estados, que trabajan con generosidad para socorrer y acoger a los numerosos emigrantes y refugiados, ayudándoles a construir un futuro digno para ellos y para sus seres queridos, y a integrarse dentro de las sociedades que los reciben.

Que en este día de fiesta, el Señor vuelva a dar esperanza a cuantos no tienen trabajo y sostenga el compromiso de quienes tienen responsabilidades públicas en el campo político y económico para que se empeñen en buscar el bien común y tutelar la dignidad toda vida humana.

Donde nace Dios, florece la misericordia. Este es el don más precioso que Dios nos da, particularmente en este año jubilar, en el que estamos llamados a descubrir la ternura que nuestro Padre celestial tiene con cada uno de nosotros.

Que el Señor conceda, especialmente a los presos, la experiencia de su amor misericordioso que sana las heridas y vence el mal. Y de este modo, hoy todos juntos exultemos en el día de nuestra salvación. Contemplando el portal de Belén, fijemos la mirada en los brazos de Jesús que nos muestran el abrazo misericordioso de Dios, mientras escuchamos el gemido del Niño que nos susurra: «Por mis hermanos y compañeros voy a decir: “La paz contigo”» (Sal 121 [122], 8).

Octava de Navidad



REDACCIÓN CENTRAL, 25 Dic. 15 / 12:01 am (ACI).- Como es tradición en la Iglesia, la noche del 24 de diciembre se empieza a celebrar de manera solemne la Natividad del Señor y luego siguen ocho días llamados “Octava de Navidad”, que comienza el 25 de diciembre y concluye el 1 de enero, en los que igualmente se festeja el nacimiento del Niño Dios.

La celebración de la “Octava” tiene sus raíces en el Antiguo Testamento, en el que los judíos festejaban las grandes fiestas por ocho días. Asimismo, tal como se lee en el Génesis (17, 9-14), hace muchos siglos Dios hizo una alianza con Abraham y su descendencia cuyo signo es la circuncisión al octavo día después del nacimiento.



Jesús mismo, como todo judío, también fue circuncidado al octavo día y resucitó el “día después del séptimo día de la semana”. Es así que la Octava (ocho días) sigue siendo una tradición muy importante en la Iglesia y por ello se ha establecido sólo dos en el calendario litúrgico: la “Octava de Navidad” y la “Octava de Pascua”.

En la Octava de Navidad también se celebran las siguientes fiestas importantes:

26 de diciembre: San Esteban es el primer mártir del cristianismo y representa a todos los que murieron por Cristo voluntariamente.
27 de diciembre: San Juan Evangelista es el joven y valiente apóstol que permaneció al pie de la cruz con la Virgen María. Es considerado el “discípulo amado” y representa a los que estuvieron dispuestos a morir por Cristo, pero no los mataron.
28 de diciembre: Los Santos inocentes representan a los que murieron por Cristo sin saberlo y a los millones de bebés que mueren hoy día con el aborto.
Domingo después de Navidad: La Sagrada Familia es modelo para todas las familias y símbolo de la unión de la Santísima Trinidad. Este año cae el 28 de diciembre.
1 de enero: María Madre de Dios. Todos los títulos atribuidos a la Virgen María tienen su raíz en este dogma de fe.

martes, 22 de diciembre de 2015

Origen de los pesebres y villancicos navideños


ROMA, 21 Dic. 15 / 04:04 pm (ACI).- Se sabe que los primeros villancicos fueron compuestos por el S. V y que los pesebres se popularizaron con un santo muy famoso del S. XIII. Conozca aquí el origen de estas tradiciones que el paso de los siglos no ha podido detener y que mantienen su finalidad para el que fueron creados.

Con el paso del tiempo, un conjunto de costumbres han contribuido a crear un ambiente festivo en las familias, calles, aldeas y ciudades para profundizar en el verdadero sentido de la Navidad.

Uno de ellos son los villancicos que se remontan al S. V, cuando se compusieron cantos populares referentes al misterio de la Encarnación con inspiración en la teología y liturgia de Navidad. De esta manera se buscaba llevar la Buena Nueva a los aldeanos y campesinos que no sabían leer.



Se llamaba "villanus" al aldeano y con el tiempo el nombre cambió a "villancicos". Estos cantos se caracterizan por el tono sensible e ingenuo de sus letras y de sus melodías que hacen referencia a los sentimientos de la Virgen y de los pastores ante la decisión de Dios de hacerse hombre.

Cantar villancicos es un modo de demostrar la alegría y gratitud a Jesús y escucharlos ayuda a la preparación del corazón para el acontecimiento de la Navidad.

Más adelante, en el S. XIII, el humilde San Francisco de Asís y sus discípulos propagaron la práctica de los “belenes” en templos y casas.

En la Navidad de 1223, el Santo hizo una representación viviente del Nacimiento de Jesús. Para ello preparó un establo e invitó a las personas del pueblo a hacer una representación real con pesebre y animales de verdad.

A esta actividad le llamó “crèche”, que significa “cuna” en francés, y fue vista por hombres, mujeres y niños que se acercaron a ver la bellísima obra con sus antorchas encendidas. La idea gustó muchísimo y se empezaron a hacer representaciones en toda Italia.

En los siglos XIV y XV, en Nápoles, se hicieron las primeras figuras que representaban el nacimiento del Niño Dios. Posteriormente, con la llegada a América de los primeros misioneros, estas tradiciones se extendieron más.

Hoy, en las casas cristianas, se sigue escogiendo un rincón especial y se colocan las figuras del pesebre, dejándose un espacio entre José y María para poner al niño el 25 de diciembre, generalmente a las 00:00 horas.

Los pesebres vivientes o materiales son una invitación a reflexionar sobre la pobreza de la Sagrada Familia que nos llama a imitarle en auténtica sencillez evangélica, renunciando a los apegos materiales.