sábado, 4 de abril de 2015

Meditaciones del Vía Crucis presidido por el Papa Francisco


VATICANO, 31 Mar. 15 / 11:04 am (ACI/EWTN Noticias).- La Oficina para las Celebraciones Litúrgicas del Sumo Pontífice publicó el texto de las meditaciones que serán leídas durante el Vía Crucis que presidirá el Papa Francisco este Viernes Santo en el Coliseo Romano, y que fueron elaboradas por el Obispo emérito de Novara (Italia), Mons. Renato Corti.

Mons. Corti ha titulado las meditaciones “La Cruz, cima luminosa del amor de Dios que nos protege - Llamados, también nosotros, a proteger por amor”.

A continuación reproducimos el texto de las meditaciones.

La Cruz, cima  luminosa del amor de Dios que nos protege

Llamados, también nosotros, a proteger por amor

INTRODUCCIÓN

Era el 19 de marzo de 2013. El Papa Francisco había sido elegido pocos días antes. Pronunció la homilía sobre san José, que fue el «custodio» de María y de Jesús, y cuyo estilo estaba urdido de discreción, humildad y silencio, de presencia constante y total fidelidad.

En el vía crucis que vamos a comenzar, habrá una referencia constante al don de estar protegidos por el amor de Dios, sobre todo por Jesús crucificado, y a la tarea de cuidar, también nosotros, por amor, de toda la creación, de todos los hombres, especialmente de los más pobres, de nosotros mismos y nuestras familias, para hacer brillar la estrella de la esperanza.

Participemos en este vía crucis íntimamente unidos a Jesús. Atentos a lo que está escrito en los Evangelios, se irán observando con discreción algunos sentimientos y pensamientos que pudieron embargar la mente y el corazón de Jesús en aquellas horas de prueba.

Al mismo tiempo, nos dejaremos interpelar por algunas situaciones de la vida que caracterizan –para bien o para mal– nuestros días. Expresaremos así una resonancia que manifieste nuestro deseo de dar algún paso en la imitación de nuestro Señor Jesucristo en su pasión.

ORACIÓN

Señor, Dios nuestro,

que has querido realizar la salvación de todos los hombres

por medio de tu Hijo muerto en la cruz,

concédenos, te rogamos, a quienes hemos conocido en la tierra

este misterio de amor,

dar testimonio de él, con palabras y obras,

ante cuantos, en tu bondad, se cruzan en nuestro camino cada día.

Por Jesucristo, nuestro Señor.

Amén.

PRIMERA ESTACIÓN:
Jesús es condenado a muerte

Intimidad, traición, condena

Adoramus te, Christe,
et benedicimus tibi,

quia per sanctam crucem tuam

redemisti mundum.

Qui passus es pro nobis,

Domine, Domine, miserere nobis.

Del Evangelio según san Lucas

«Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros... Esta copa es la nueva alianza, sellada con mi sangre, que se derrama por vosotros».

Del Evangelio según san Marcos

«Pilato tomó de nuevo la palabra y les preguntó: “¿Qué hago con el que llamáis rey de los judíos?”. Ellos gritaron de nuevo: “¡Crucifícalo!”... Y Pilato, queriendo dar gusto a la gente, les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran».

Sentimientos y pensamientos de Jesús

Acabo de celebrar la Pascua con mis discípulos. Era algo que había deseado ardientemente: la última Pascua, antes de la pasión, antes de volver a ti. Pero, de pronto, se ha visto alterada. El diablo había metido en la cabeza de un discípulo mío que me traicionara. En el huerto de Getsemaní ha venido hacia mí. Con un gesto que es expresión de amor, me ha saludado diciéndome: «Salve, Maestro». Y me ha besado. ¡Qué amargura en aquel momento!

Durante la cena, te he suplicado, Padre, que guardes a mis discípulos en tu nombre, para que sean uno, como nosotros.

Nuestra resonancia

Señor Jesús, nosotros somos todavía más frágiles en la fe que los primeros discípulos. También nosotros corremos el riesgo de traicionarte, cuando tu amor debería alentarnos a amarte cada vez más.

Nos hace falta oración, vigilancia, sinceridad y verdad. Así, la fe crecerá. Y será fuerte y gozosa.

Oremos

Protegidos por la Eucaristía 

«El Cuerpo y la Sangre de nuestro Señor Jesucristo, unidos en este cáliz, nos guarden para la vida eterna». Que este milagro se cumpla en los sacerdotes que presiden la Eucaristía y en todos nosotros, los fieles, que nos acercamos al altar para recibirte a ti, Pan vivo bajado del cielo.

Todos: Pater noster... Stabat Mater…

SEGUNDA ESTACIÓN

Jesús con la cruz a cuestas

«Contado entre los pecadores»

Adoramus…

Del Evangelio según San Marcos

«Terminada la burla, le quitaron la púrpura y le pusieron su ropa. Y lo sacaron para crucificarlo».

Sentimientos y pensamientos de Jesús

Me rodean los soldados del gobernador. Para ellos, ya no soy una persona, sino un objeto. Quieren divertirse conmigo, burlarse de mí. Por eso me visten de rey. Han preparado incluso una corona, pero de espinas. Me golpean en la cabeza con una caña. Me escupen. Me sacan afuera.

Resuenan en mí las dramáticas palabras del profeta Isaías sobre el Siervo del Señor. Dicen de él que no tiene aspecto atrayente; que es despreciado, varón de dolores, como un cordero llevado al matadero; que es arrancado de la tierra de los vivos, maltratado hasta la muerte. Ese Siervo soy yo, para desvelar la grandeza del amor de Dios por el hombre.

Nuestra resonancia

Tú, Jesús, has sido «contado entre los pecadores». En la primera generación cristiana, precisamente por hablar públicamente de ti, Pedro y Juan, Pablo y Silas, entraron en prisión. Así ha ocurrido muchas veces a lo largo de los siglos.

También en nuestros días hay hombres y mujeres que son encarcelados, condenados e incluso asesinados simplemente por ser creyentes o por su compromiso en favor de la justicia y la paz. Ellos no se avergüenzan de tu cruz. Son ejemplos admirables para que los imitemos.

Oremos con las palabras de un mártir

Shahbaz Bhatti

En la mañana del 2 de marzo de 2011, el paquistaní Shahbaz Bhatti, Ministro de las Minorías, fue asesinado por un grupo de hombres armados. En su testamento espiritual escribe:

«Recuerdo que un viernes de Pascua, cuando sólo tenía trece años, escuché un sermón sobre el sacrificio de Jesús por nuestra redención y por la salvación del mundo. Y pensé corresponder a su amor dando amor a nuestros hermanos y hermanas, poniéndome al servicio de los cristianos, especialmente de los pobres, los necesitados y los perseguidos que viven en este país islámico.

Quiero que mi vida, mi carácter, mis actos, hablen por mí y digan que estoy siguiendo a Jesucristo. Este deseo es tan fuerte en mí, que me sentiría privilegiado si Jesús aceptara el sacrificio de mi vida».

A la luz de este testimonio, oremos: Señor Jesús, conforta interiormente a los perseguidos. Que se extienda por todo el mundo el derecho fundamental a la libertad religiosa. Te damos gracias por todos aquellos que, como «ángeles», ofrecen maravillosos signos de la venida de tu Reino.

Todos: Pater noster… Stabat Mater…

TERCERA ESTACIÓN

Jesús cae bajo el peso de la cruz

«Este es el Cordero de Dios»

Adoramus…

Del Libro del profeta Isaías

«Él fue traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes. Nuestro castigo saludable cayó sobre él, sus cicatrices nos curaron».

Sentimientos y pensamientos de Jesús

Me tambaleo al dar los primeros pasos hacia el Calvario. He perdido ya mucha sangre. Me resulta difícil sostener el peso del madero que he de llevar. Y caigo a tierra.

Alguien me levanta. A mi alrededor veo mucha gente. Entre ellos, hay quien me quiere bien. Otros son sólo curiosos. Pienso en Juan Bautista que, al comienzo de mi vida pública, dijo: «Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo». Ahora se revela la verdad de esas palabras.

Nuestra resonancia

Señor Jesús, en este día no podemos parecernos al fariseo que se ensalza a sí mismo, sino al publicano que no se atreve siquiera a levantar la cabeza. Como él, te pedimos con confianza, a ti que eres el Cordero de Dios, perdón por nuestros pecados de pensamiento, palabra, obra y omisión.

Meditando sobre el peso de tu cruz, no nos avergonzaremos de hacer sobre nuestro cuerpo la señal de la cruz: «Es una ayuda eficaz: gratuita para los pobres y, para quien es débil, no exige ningún esfuerzo. Se trata, ciertamente, de una gracia de Dios».

Oremos

Tu Hijo ha compartido nuestra vida humana

Te alabamos, Padre santo, porque muchas veces, a través de los profetas nos has enseñado a esperar tu salvación. Te alabamos porque tanto amaste al mundo, que nos enviaste a tu Hijo único. Para cumplir tus designios, él compartió en todo nuestra condición humana, menos en el pecado; anunció la salvación a los pobres, la liberación a los oprimidos y la alegría a los afligidos.

Gracias, Padre.

Todos: Pater noster…, Stabat Mater…

CUARTA ESTACIÓN 

Jesús se encuentra con su Madre

Una espada traspasa su alma

Adoramus…

Del Evangelio según san Lucas

«Simeón los bendijo diciendo a María, su madre: “Mira, este está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida; así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el alma”… Su madre conservaba todo esto en su corazón».

Sentimientos y pensamientos de Jesús

Mi Madre está entre la gente. Mi corazón late con fuerza. No consigo verla bien. La sangre me cubre la cara.

Cuando tenía cuarenta días, me llevaron al Templo para presentar la ofrenda, según la Ley de Moisés. A mis padres les habló un profeta. Se llamaba Simeón. Me tomó en brazos. Dijo que yo sería «una bandera discutida» y que a mi madre «una espada le traspasaría el alma». Palabras que en este momento se han hecho amarga realidad para ambos. Hoy se realiza plenamente la ofrenda de aquel día.

Resonancia de María

«¡Ay de mí! ¿Qué veo? Hijo mío, de estirpe divina. ¡Te arrastran las manos de esos criminales y lo soportas! Te conducen a las cadenas y por tu propia voluntad te diriges hacia ellas, tú que eres quien libra de sus cadenas al linaje de los encadenados… ¡Yo me muero! Dime, dime una sola palabra, tú, Palabra de Dios Padre; no, no pases en silencio ante la esclava convertida en madre».

Señor Jesús, el drama que afrontas junto a tu Madre por una callejuela de Jerusalén nos hace pensar en tantas tragedias familiares de nuestro mundo. Hay para todos: madres, padres, hijos, abuelos y abuelas. Es fácil juzgar a los demás, pero lo más importante es saber ponerse en su lugar y ayudarles en la medida de lo posible. Lo intentaremos.

Oremos

«Haced lo que él os diga»

María Santísima, madre de Jesús, esposa de José, te pedimos que acompañes el Sínodo de los Obispos dedicado a la familia. Intercede por el Papa, por los Obispos y por cuantos están directamente involucrados en él. Que sean dóciles al Espíritu Santo y logren discernir con acierto. Que tengan siempre presente lo que dice el salmo: «La misericordia y la verdad se encontrarán». En Caná, tú, María, dijiste a los siervos: «Haced lo que él os diga». Acude en ayuda de los esposos y a los padres cristianos, llamados a dar testimonio de la belleza de una familia inspirada y guiada por las enseñanzas de Jesús.

Todos: Pater noster…, Stabat Mater…

QUINTA ESTACIÓN

El Cirineo ayuda a Jesús a llevar la cruz

Regresando del campo

Adoramus…

Del Evangelio según San Lucas

«Mientras lo conducían, echaron mano de un cierto Simón de Cirene, que volvía del campo, y le cargaron la cruz, para que la llevase detrás de Jesús».

Sentimientos y pensamientos de Jesús

Oigo gritos a mi alrededor. Toman a la fuerza a un campesino que pasaba por allí, seguramente por casualidad. Sin muchas explicaciones, lo obligan a llevar mi peso. Me siento aliviado. Le mandan que vaya detrás de mí. Iremos juntos hasta el lugar de mi suplicio.

Más de una vez, predicando el Reino de Dios, dije: «Quien no lleve su cruz detrás de mí, no puede ser discípulo mío». Sin embargo, ahora este hombre carga incluso con la mía. Quizás ni siquiera sabe quién soy, pero igualmente me ayuda y me sigue.

Nuestra resonancia en alabanza de Simón

«Dichoso tú, Simón, que durante la vida llevaste la cruz detrás de nuestro Rey. Los que llevan las insignias de los reyes se sienten orgullosos, pero los reyes y sus insignias pasarán. Dichosas tus manos que levantaron y llevaron en procesión la cruz de Jesús que nos dio la vida».

Señor, quizás también para algunos de nosotros el encuentro contigo sucedió de modo fortuito. Pero luego se ha hecho más profundo.

Consideramos un gran don de tu gracia que no falten entre nosotros cirineos, que lleven la cruz de los otros. Lo hacen con perseverancia. Los motiva el amor. Su presencia es fuente de esperanza. Ponen en práctica la invitación de san Pablo: «Llevad los unos las cargas de los otros». Y así cuidan de sus hermanos.

Oremos

¿Quién no tiene necesidad de un cirineo?

Señor Jesús, tú has dicho que «hay más dicha en dar que en recibir». Haznos disponibles para que también nosotros llevemos a cabo la tarea del «cirineo». Que quien vea nuestra forma de vida se sienta animado al vernos cultivar lo bello, lo justo, lo verdadero, lo esencial. Que quien sea frágil nos vea humildes porque, en muchos aspectos, también nosotros somos frágiles. Que quien reciba de nosotros signos de gratuidad perciba que nosotros mismos tenemos mil motivos para decir «gracias». Que quien no pueda correr se sienta tranquilo, porque le queremos. Estamos dispuestos a ir más despacio: no queremos dejarlo atrás.

Todos: Pater noster… Stabat Mater…

SEXTA ESTACIÓN

La Verónica enjuga el rostro de Jesús

Discípulas

Adoramus…

Del Evangelio según San Lucas

«En aquel tiempo, Jesús iba caminando de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo, predicando la Buena Noticia del Reino de Dios; lo acompañaban los Doce y algunas mujeres que él había curado de malos espíritus y enfermedades: María la Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, mujer de Cusa, intendente de Herodes; Susana y otras muchas que le ayudaban con sus bienes».

Sentimientos y pensamientos de Jesús

Entre la multitud hay muchas mujeres. Su delicadeza impulsa a una de ellas a acercarse para secarme el rostro. Este gesto me hace recordar otros encuentros. Uno de ellos, hace una semana. Fui a cenar, por amistad, a Betania, en casa de Marta, María y Lázaro. María me ungió los pies con óleo perfumado de nardo auténtico. Se sorprendió cuando le dije que lo conservara para mi sepultura.

Me veo también sentado junto al pozo de Sicar. Estaba cansado y sediento. Llega en aquel momento una mujer samaritana con un cántaro. Le pido agua. Le hablo de un agua que salta hasta la vida eterna. Parece que esperaba este don para abrir su corazón. Quería contarme todo sobre ella. La vi maravillada profundizando en su propia conciencia. Volvió a su pueblo hablando de mí y diciendo: «¿Será este el Mesías?».

Nuestra resonancia

Señor Jesús, esta tarde, entre nosotros, la presencia femenina es significativa. En los Evangelios, las mujeres tienen un lugar destacado. Os ayudaron a ti y a los apóstoles. Algunas de ellas estuvieron presentes en tu pasión. Y fueron las primeras en anunciar tu resurrección.

El genio femenino nos lleva a vivir la fe con afecto hacia ti. Nos lo enseñan todos los santos. Queremos seguir sus huellas.

Oremos

El don de la maternidad espiritual

Señor Jesús, las mujeres sostienen en gran medida el anuncio de la fe en el mundo y el camino de las comunidades cristianas. Haz que sigan siendo testigos de esa felicidad que brota del encuentro contigo y que constituye el secreto profundo de sus vidas. Cuídalas como signo luminoso de maternidad junto a los últimos que, en sus corazones, son los primeros.

Todos: Pater noster… Stabat Mater…

SÉPTIMA ESTACIÓN

Jesús cae por segunda vez

«No te quedes lejos de mí»

Adoramus…

Del Evangelio según san Mateo

«Jesús fue con sus discípulos a un huerto, llamado Getsemaní, a orar. Y llevándose a Pedro y a los dos hijos de Zebedeo, empezó a entristecerse y a angustiarse. Entonces dijo: “Me muero de tristeza: quedaos aquí y velad conmigo”. Y adelantándose un poco cayó rostro en tierra y oraba diciendo: “Padre mío, si es posible, que pase y se aleje de mí ese cáliz. Pero no se haga lo que yo quiero, sino lo que tú quieres”».

Del Evangelio según san Lucas

«Se le apareció un ángel del cielo, que lo animaba. En medio de su angustia, oraba con más insistencia. Y le bajaba hasta el suelo un sudor como de gotas de sangre».

Sentimientos y pensamientos de Jesús

No es sólo cansancio físico. Es algo más profundo lo que me pasa. Ayer tarde estuve un buen rato postrado en oración al Padre. Mi sudor era como gotas de sangre. Estaba ya en agonía. Estoy viviendo la experiencia extrema y difícil de todo ser humano que se acerca a la muerte. Gracias, Padre, por haberme enviado en ese momento un ángel del cielo a consolarme.

Nuestra resonancia

Señor Jesús, ¡qué abismo de tristeza en tantas almas heridas por la soledad, el abandono, la indiferencia, la enfermedad, la muerte de un ser querido!

Inconmensurable, el dolor de cuantos sufren la crueldad de la violencia, el odio de palabras falaces o se encuentran con corazones de piedra que hacen llorar y llevan a la desesperación.

El corazón del hombre –el corazón de cada uno de nosotros– espera otra cosa: el cuidado del amor. Tú, Jesús, nos lo enseñas a todos los hombres de buena voluntad: Amaos los unos a los otros como yo os he amado.

Oremos

Que mi corazón cuide y consuele

Que las puertas de mi corazón estén abiertas. Que sea grande como el corazón de Dios. Que esté dispuesto a llevar esperanza, a ocuparse de los demás, a escuchar, a poner bálsamo en las heridas, a iluminar a quien se encuentra en tinieblas. Que cuide y consuele hoy, mañana y siempre.

Todos: Pater noster… Stabat Mater…

OCTAVA ESTACIÓN

Jesús encuentra a las mujeres de Jerusalén 

«Vosotros sois la sal de la tierra… Vosotros sois la luz del mundo»

Adoramus…

Del Evangelio según san Lucas

«Lo seguía un gran gentío del pueblo, y de mujeres que se daban golpes y lanzaban lamentos por él. Jesús se volvió hacia ellas y les dijo: “Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, llorad por vosotras y por vuestros hijos”».

Sentimientos y pensamientos de Jesús

Hace pocos días que llegué a Jerusalén. Una comitiva de discípulos me acogió haciendo fiesta con regocijo. Incluso me aclamaban diciendo: «Bendito el que viene en el nombre del Señor». En medio de su sencillez, ese momento fue solemne. Sin embargo, no fue del agrado de los fariseos. La fiesta no impidió que llorase al ver la ciudad. Ahora que voy exhausto al Gólgota, oigo voces de mujeres que se lloran por mí y se dan golpes de pecho.

Nuestra resonancia

Señor Jesús, también hoy, viendo nuestras ciudades, tendrías motivos para llorar. Quizás también nosotros estamos ciegos y no comprendemos el camino de paz que tú nos indicas.

Pero ahora sentimos como una llamada tuya lo que dijiste en el Sermón de la Montaña: «Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Dichosos los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios». Y también cuando dijiste a tus discípulos: «Vosotros sois la sal de la tierra… Vosotros sois la luz del mundo… Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria al Padre que está en el cielo».

Oremos

A la luz de la Jerusalén del cielo

Señor y Dios nuestro, nos has llamado a la Jerusalén del cielo, que es la tienda de Dios con los hombres. Nos has prometido que allí enjugarás las lágrimas de nuestros ojos, que no habrá ya muerte, ni luto, ni llanto, ni dolor. Tú serás nuestro Dios y nosotros seremos tu pueblo. Preserva en nosotros la esperanza de que, después de sembrar con lágrimas, llegará el momento gozoso de recoger las gavillas.

Todos: Pater noster… Stabat Mater…

NOVENA ESTACIÓN

Jesús cae por tercera vez

El “viaje” de Jesús

Adoramus…

Del Evangelio según san Juan

«Salí del Padre y he venido al mundo, otra vez dejo el mundo y me voy al Padre».

Sentimientos y pensamientos de Jesús

Mi camino terreno llega a su fin. Cuando nací, mi madre me puso en un pesebre. He pasado casi toda mi vida en Nazaret. He formado parte de la historia del pueblo elegido.

Como enviado itinerante del Padre, he anunciado la amplitud de su amor, en el que todos caben; la extensión de su amor, que se mantiene fiel a lo largo todas las generaciones; la altitud de su amor, esperanza que vence incluso a la muerte; y la profundidad de su amor, que no me ha enviado para los justos, sino para los pecadores.

Muchos escucharon mi palabra y me siguieron, convirtiéndose en discípulos míos; otros no me comprendieron. Algunos me rechazaron y, al final, me condenaron. Pero, en este momento, más que nunca, me siento llamado a revelar el amor de Dios por los hombres.

Nuestra resonancia

Señor Jesús, ante tu amor y el amor del Padre, nos preguntamos si no nos estaremos dejando contagiar por el mundo, que considera tu pasión y muerte «necedad y escándalo», siendo así que es «fuerza y sabiduría de Dios». ¿No estaremos siendo cristianos tibios, cuando tu amor es un misterio de fuego?

¿Nos damos cuenta de que antes de que Dios viniese a nosotros, ni siquiera sabíamos quién era Dios? Cuando tú, Hijo Unigénito, llegaste, Dios, que nos hizo a su imagen, nos permitió levantar los ojos a él y nos prometió el Reino de los cielos. ¿Cómo no amar a Aquel que nos ha amado primero»?

Oremos

«Abba, Padre»

Señor y Dios nuestro, nos atrevemos a llamarte «Padre nuestro». Sentirnos hijos tuyos es un don maravilloso del que te estaremos eternamente agradecidos. Sabemos, Padre, que no somos una mota de polvo en el universo. Nos has dado una gran dignidad, nos has llamado a ser libres. Líbranos de toda forma de esclavitud. No dejes que nos perdamos lejos de ti. Padre, cuida de cada uno de nosotros. Cuida de todos los hombres sobre la faz de tierra.

Todos: Pater noster… Stabat Mater…

DÉCIMA ESTACIÓN

Jesús es despojado de sus vestiduras

La túnica

Adoramus…

Del Libro de los Salmos

«Se reparten mi ropa, echan a suerte mi túnica».

Sentimientos y pensamientos de Jesús

Me quedo en silencio. Me siento humillado por un gesto aparentemente banal. Hace horas que me quitaron la ropa. Pienso en mi Madre, aquí presente. Mi humillación es también la suya. También de esta manera una espada traspasó su alma. A ella le debía la túnica que me arrebataron. Era un símbolo de su amor por mí.

Nuestra resonancia

Tu túnica, Señor, nos lleva a meditar en un momento de gracia y también en todas las veces que se viola la dignidad del hombre.

La gracia es la del Bautismo. Al niño que acaba de convertirse en cristiano, se le dice: «Eres ya nueva creatura y has sido revestido de Cristo. Esta vestidura blanca sea signo de tu dignidad de cristiano. Ayudado por la palabra y el ejemplo de los tuyos, consérvala sin mancha hasta la vida eterna». Esta es la verdad más profunda de la existencia humana.

Al mismo tiempo, el amor con que cuidas a todas las criaturas nos lleva también a pensar en situaciones terribles: el tráfico de seres humanos, los niños soldados, el trabajo esclavo, los niños y adolescentes a los que han robado su inocencia, heridos en su intimidad, profanados sin piedad.

Tú nos haces pedir humildemente perdón a cuantos sufren estos ultrajes y rezar para que finalmente se despierte la conciencia de los que oscurecen el cielo en la vida de los demás. Ante ti, Señor Jesús, renovamos nuestro propósito de «vencer el mal con el bien».

Oremos

Las dos vías

«Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos, ni entra por la senda de los pecadores, ni se sienta en la reunión de los cínicos; sino que su gozo es la ley del Señor, y medita su ley día y noche. Será como un árbol plantado al borde de la acequia: da fruto en su sazón y no se marchitan sus hojas; y cuanto emprende tiene buen fin».

Todos: Pater noster… Stabat Mater…

UNDÉCIMA ESTACIÓN

Jesús es clavado en la cruz

La suprema cátedra del amor de Dios

Adoramus…

Del Evangelio según san Juan

«Entonces se lo entregó para que lo crucificaran… Y Pilato escribió un letrero y lo puso encima de la cruz; en él estaba escrito: Jesús el Nazareno, el rey de los judíos».

Sentimientos y pensamientos de Jesús

Me están taladrando los pies y las manos. Los brazos estirados. Los clavos atraviesan mi carne con dolor. Tengo el cuerpo inmovilizado, pero libre el corazón, y con esa libertad fui hacia mi pasión. Libre, porque está lleno de amor, de un amor que quiere incluir a todos.

Miro a los que me crucifican. Pienso en los que se lo han mandado: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen». Junto a mí hay otros dos condenados a morir en cruz. Uno de ellos me pide que me acuerde de él cuando esté en mi reino. Sí –le digo–, «hoy estarás conmigo en el paraíso».

Nuestra resonancia

Te vemos, Señor Jesús, clavado en la cruz. Y nos asaltan preguntas apremiantes: ¿Cuándo quedará abolida la pena de muerte, vigente aún hoy en numerosos Estados? ¿Cuándo desaparecerá todo tipo de tortura y la muerte violenta de personas inocentes? Tu Evangelio es la mejor defensa para el hombre, para todos los hombres.

Oremos

«Ten piedad de nosotros»

Señor Jesús, tú aceptaste la cruz para enseñarnos a dar nuestra vida por amor;

en la hora de la muerte, escuchaste al ladrón arrepentido. 

Salvador inocente, fuiste contado entre los malhechores

y te sometiste al juicio de los pecadores.

Ten piedad de nosotros.

Todos: Pater noster… Stabat Mater…

DUODÉCIMA ESTACIÓN

Jesús muere en la cruz

Señor, te necesitamos» (Beato Pablo VI)

Adoramus…

Palabras de Jesús en la cruz

Jesús dijo a voz en grito: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?». Después, dirigiéndose a su Madre, dijo: «Mujer, ahí tienes a tu hijo»; y al discípulo Juan: «Ahí tienes a tu madre». Añadió: «Tengo sed»; dijo: «Está cumplido»; y, finalmente: «Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu».

Nuestra resonancia

En la cruz, Jesús, rezaste. Así viviste el momento culminante de tu vocación y misión.

Te dirigiste a tu Madre y al discípulo Juan. A través de ellos, nos hablabas también a nosotros. Nos confiaste a tu Madre. Nos pediste que la acogiéramos en nuestra vida, para que nos cuidase a nosotros igual que cuidó de ti.

Nos impresiona mucho que, en tu larga agonía de horas, te hayas dirigido a voz en grito a Dios con las palabras del salmo 21, que expresan los sufrimientos, pero también las esperanzas del justo.

El evangelista Lucas recuerda que, poco antes de morir, dijiste: «Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu». La respuesta que el Padre dará será tu resurrección.

Oremos

«Omnia nobis est Christus» (San Ambrosio)

- «Te necesitamos, Señor, para saber quién somos y adónde vamos.

- Te necesitamos para reencontrar las verdaderas razones de la fraternidad entre los hombres, el fundamento de la justicia, los tesoros de la caridad, el sumo bien de la paz.

- Te necesitamos, gran Paciente de nuestros dolores, para conocer el sentido del sufrimiento.

- Te necesitamos, Vencedor de la muerte, para librarnos de la desesperación y del vacío.

- Te necesitamos, Señor, para aprender el amor verdadero y para proseguir, con la alegría y la fuerza de tu caridad, nuestro arduo camino hasta el encuentro final contigo, amado, esperado, bendito por los siglos».

Todos: Pater noster… Stabat Mater…

DECIMOTERCERA ESTACIÓN

Jesús es bajado de la cruz

La vía regia para la Iglesia

Adoramus…

Del Evangelio según san Mateo

«El centurión y sus hombres, que custodiaban a Jesús… dijeron aterrorizados: “Verdaderamente este era Hijo de Dios”. Había allí muchas mujeres… Entre ellas, María Magdalena y María, la madre de Santiago y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo».

Jesús ha pasado de este mundo al Padre. Su pasión nos da la gracia de descubrir, dentro de la historia, la pasión de Dios por el hombre. Los santos han correspondido convirtiéndose en discípulos y apóstoles. A esto mismo estamos llamados también nosotros.

Nuestra resonancia

- «En ti, Jesús –Palabra hecha carne–, estamos llamados a ser la Iglesia de la misericordia.

- En ti –pobre por elección–, la Iglesia está llamada a ser pobre y amiga de los pobres.

- Contemplando tu rostro, el nuestro no podrá ser distinto del tuyo.

- Nuestra debilidad será fuerza y victoria si manifiesta la humildad y de la mansedumbre de nuestro Dios».

Oremos

«Extiende, Padre, a toda la familia humana el reino de justicia y de paz que has preparado por medio de tu Hijo Unigénito, nuestro rey y salvador, de modo que los hombres tengan paz dulce y verdadera, los pobres encuentren justicia, los afligidos sean consolados y todas las tribus de la tierra sean bendecidas en él, nuestro Dios y Señor, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos».

Todos: Pater noster… Stabat Mater…

DECIMOCUARTA ESTACIÓN

Jesús es puesto en el sepulcro

Protegidos para siempre

Adoramus…

Del Evangelio según san Juan

«Después de esto, José de Arimatea… pidió a Pilato que le dejara llevarse el cuerpo de Jesús. Y Pilato le autorizó. El fue entonces y se llevó el cuerpo. Llegó también Nicodemo… y trajo unas cien libras de una mixtura de mirra y áloe. Tomaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en los lienzos con los aromas, según se acostumbra a enterrar entre los judíos».

Sentimientos de dos amigos de Jesús

El cuerpo de los condenados a la crucifixión no era considerado digno ni siquiera de recibir sepultura. Sin embargo, dos hombres importantes, José de Arimatea y Nicodemo, cuidaron con esmero del cuerpo de Jesús.

«¡Qué fortuna, para mí y para vosotros –nos dice José de Arimatea–, que nos hayamos convertido en discípulos de Jesús! Yo antes me escondía. Ahora, en cambio, siento dentro de mí una fuerte determinación. Me he presentado incluso ante Pilato para obtener el cuerpo de Jesús. Más que la determinación, me han movido el amor y la alegría. Estoy contento de haber podido ofrecer una tumba nueva, escavada en la roca. A vosotros os digo: Amad a nuestro Salvador».

Nicodemo podría añadir: «Mi primer encuentro con Jesús fue en horas nocturnas. Me invitó a nacer de nuevo, a nacer de lo alto. Solamente poco a poco he comprendido aquellas palabras suyas. Ahora estoy aquí para honrar su cuerpo. Por eso, he comprado una mixtura de mirra y áloe. Pero, la verdad es que él ha hecho mucho más por mí: ha perfumado mi vida».

María habla a nuestro corazón

«Juan ha permanecido junto a mí. Al pie de la cruz, mi fe ha sufrido una dura prueba. Como en Belén y después en Nazaret, también ahora medito todas estas cosas en silencio. Confío en Dios. No he perdido mi esperanza de madre. Confiad también vosotros. Para todos vosotros pido la gracia de una fe fuerte. Para aquellos que atraviesan días de oscuridad, el consuelo».

Oremos

Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo; bendita tú eres entre todas la mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

Todos: Pater noster… Stabat Mater…

La conmovedora oración del Papa Francisco a Cristo Crucificado



VATICANO, 04 Abr. 15 / 10:57 am (ACI).- Al concluir el Via Crucis del Viernes Santo, el Papa Francisco dirigió unas sentidas palabras a los presentes y elevó una emotiva oración al Señor. A continuación el texto completo de su alocución:

Oh Cristo crucificado y victorioso, tu Vía Crucis es la síntesis de tu vida, es el ícono de tu obediencia a la voluntad del Padre, es la realización de tu infinito amor por nosotros pecadores, es la prueba de tu misión, es el cumplimiento definitivo de la Revelación y de la historia de la salvación. El peso de tu cruz nos libera de todos nuestros yugos.

En tu obediencia a la voluntad del Padre nos damos cuenta de nuestra rebelión y desobediencia. En ti vendido, traicionado y crucificado por tu gente y por los que te son queridos, vemos nuestras traiciones cotidianas y nuestras infidelidades frecuentes. En tu inocencia, Cordero inmaculado, vemos nuestra culpa. En tu rostro abofeteado, escupido y desfigurado vemos toda la brutalidad de nuestros pecados.

En la crueldad de tu Pasión vemos la crueldad de nuestro corazón y de nuestras acciones. En tu sentirte “abandonado” vemos a todos los abandonados por los familiares, por la sociedad, por la atención y la solidaridad. En tu cuerpo despojado, malherido y arrastrado vemos los cuerpos de nuestros hermanos abandonados en las calles, desfigurados por nuestra negligencia y nuestra indiferencia.

En tu sed, Señor, vemos la sed de Tu Padre misericordioso que en Ti ha querido abrazar, perdonar y salvar a toda la humanidad. En Ti, divino amor, vemos aún hoy a nuestros hermanos perseguidos, decapitados y crucificados por su fe en Ti, ante nuestros ojos o con frecuencia con nuestro silencio cómplice.

Imprime Señor en nuestros corazones sentimientos de fe, esperanza, caridad, de dolor de nuestros pecados y ayúdanos a arrepentirnos de nuestros pecados que te han crucificado. Llévanos a transformar nuestra conversión hecha de palabras en conversión de vida y obras. Haznos custodiar en nosotros el recuerdo vivo de tu Rostro desfigurados, para no olvidar nunca el inmenso precio que has pagado para liberarnos.

Jesús crucificado, refuerza en nosotros la fe que no cede a las tentaciones, reaviva en nosotros la esperanza que no se desvía siguiendo las seducciones del mundo, custodia en nosotros la caridad que no se deja engañar por la corrupción y la mundanidad. Enséñanos que la Cruz es el camino a la Resurrección.

Enséñanos que el Viernes Santo es el camino hacia la Pascua de la luz, enséñanos que Dios no olvida nunca a ninguno de sus hijos y no se cansa nunca de perdonarnos y de abrazarnos con su infinitita misericordia y enséñanos también a no cansarnos nunca de pedir perdón y de creer en la misericordia sin límites del Padre.

Alma de Cristo, santifícanos
Cuerpo de Cristo, sálvanos
Sangre de Cristo, embriáganos
Agua del costado de Cristo, lávanos
Pasión de Cristo, confórtanos
Oh buen Jesús, óyenos
Dentro de tus llagas, escóndenos.
No permitas que nos apartemos de ti.
Del enemigo, defiéndenos
En la hora de nuestra muerte, llámanos
Y mándanos ir a Ti 
Para que te alabemos con tus santos
Por los siglos de los siglos, amén.

Luego de concluir la oración, el Papa dijo: “ahora volvamos a casa con el recuerdo de Jesús y de su Pasión, su gran amor y también con la esperanza de su feliz resurrección".

jueves, 2 de abril de 2015

Jueves Santo: Hoy también es el día del sacerdote - Oración por la Santificación de los Sacerdotes, de Santa Teresita del Niño Jesús.


REDACCIÓN CENTRAL, 02 Abr. 15 / 02:30 am (ACI).- El Jueves Santo, día en que Jesús instituyó el Sacramento del Orden sacerdotal, se celebra el día del sacerdote. ¿Quién no conoce algún obispo o presbítero que ayudó a ver la vida más alegre con un gesto o una palabra? A todos esos buenos pastores van dedicadas estas canciones y una oración especial.

“Este día es especialmente grande para nosotros, queridos hermanos sacerdotes. Es la fiesta de los sacerdotes. Es el día en que nació nuestro Sacerdocio, el cual es participación del único Sacerdocio de Cristo Mediador”, escribió San Juan Pablo II a los presbíteros con ocasión del Jueves Santo de 1986.

“En este día, los sacerdotes del mundo entero son invitados a concelebrar la Eucaristía con sus obispos y a renovar a su alrededor las promesas de sus compromisos sacerdotales al servicio de Cristo y de su Iglesia”, añadió.



Según las estadísticas de la Iglesia Católica del 2014, el número de sacerdotes en el mundo ha crecido, alcanzando la cifra de 414.313. Ellos tienen la gracia de hacer que Cristo se haga presente en cuerpo, sangre, alma y divinidad con la consagración del pan y del vino. Así como la de perdonar los pecados.

Con la gracia de Dios se ha mantenido en la Iglesia Católica una línea de sucesión jerárquica desde los apóstoles y que se mantiene hasta hoy. Sólo los Obispos pueden ordenar sacerdotes y todos ellos le deben obediencia al Papa, el Obispo de Roma, sucesor de Pedro y Vicario de Cristo.



La vida del sacerdote no es fácil. Tiene que dejar el hogar de sus padres y privarse de tener una familia propia. Educan y forman a miles de fieles, que muchas veces terminan haciendo lo contrario a sus consejos.

Algunos incluso pasan hambre, sed y frío por llevar el Evangelio a lugares recónditos. Otros son incomprendidos, perseguidos y calumniados por anunciar la verdad.

Lo importante, como recordó el Papa Francisco el Jueves Santo del 2013, es que el sacerdote debe hacer “que nuestra gente nos sienta discípulos del Señor, sienta que estamos revestidos con sus nombres, que no buscamos otra identidad; y pueda recibir a través de nuestras palabras y obras ese óleo de alegría que les vino a traer Jesús, el Ungido”.



A continuación una Oración por la Santificación de los Sacerdotes, de Santa Teresita del Niño Jesús.

Oh Jesús que has instituido el sacerdocio para continuar en la tierra

la obra divina de salvar a las almas

protege a tus sacerdotes (especialmente a: ..............)

en el refugio de tu SAGRADO CORAZÓN.

Guarda sin mancha sus MANOS CONSAGRADAS,

que a diario tocan tu SAGRADO CUERPO,

y conserva puros sus labios teñidos con tu PRECIOSA SANGRE.

Haz que se preserven puros sus Corazones,

marcados con el sello sublime del SACERDOCIO,

y no permitas que el espíritu del mundo los contamine.

Aumenta el número de tus apóstoles,

y que tu Santo Amor los proteja de todo peligro.

Bendice Sus trabajos y fatigas,

y que como fruto de su apostolado obtenga la salvación de muchas almas

que sean su consuelo aquí en la tierra y su corona eterna en el Cielo. Amén.

Papa Francisco en Misa de la Cena del Señor: Dios no se cansa de abrazarnos


VATICANO, 02 Abr. 15 / 12:02 pm (ACI/EWTN Noticias).- El Papa Francisco recordó este Jueves Santo que Dios “nunca defrauda” y “no se cansa de abrazarnos”. Subrayó además que Dios amó tanto al mundo que ofreció a su Hijo para la salvación de todos y “se ha hecho esclavo para servirnos”.

El Pontífice celebró la Misa de la Cena del Señor a las 17, 30 horas de Roma en la Iglesia del Padre Nuestro, perteneciente al Nuevo Complejo Penitenciario de Rebibbia, en la periferia de la ciudad. Allí, lavó los pies a dos mujeres detenidas nigerianas, una congoleña, dos italianas y una ecuatoriana. También a un hombre detenido de nacionalidad brasileña, a otro nigeriano y a cuatro italianos. Comenzó lavando el pie de un niño africano hijo de una de las reclusas.

 El Papa Francisco entró en procesión en la iglesia y fue recibido por aplausos por las 150 mujeres (incluidas 15 madres con sus hijos) que cumplen condena en la cárcel, así como por los 150 hombres que también se encuentran en esta prisión.

Francisco explicó que Jesús, “habiendo amado a los suyos, que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo, hasta el final”.

“Jesús nos amó, Jesús nos ama sin límites, siempre, hasta el final. El amor de Jesús por nosotros no tienen límites. Siempre es más, siempre es más. No se cansa de amar, a ninguno”, dijo el Papa.

 Durante su breve homilía, remarcó en varias ocasiones que Cristo “nos ama a todos nosotros hasta el punto de dar la vida por nosotros” y aseguró que cada uno puede decir “ha dado su vida por mí”.

El Santo Padre destacó además que “su amor es así, personal. El amor de Jesús no defrauda jamás, porque no se cansa de amar, como no se cansa de perdonar, no se cansa de abrazarnos”.

Sobre el gesto de Jesús de lavar los pies a sus discípulos, el Papa aclaró que “en aquel tiempo se usaba esto, era habitual. La gente cuando llegaba a una casa tenía los pies sucios del polvo del camino” y “a la entraba de la casa se lavaban los pies”.

“Esto no lo hacía el dueño de la casa, lo hacían los esclavos, era trabajo de esclavos. Y Jesús lava como esclavo nuestros pies. Y por eso les dice a Pedro: ‘esto que yo hago no lo entenderás ahora, sino después’”.

“Es tanto el amor de Jesús que se ha hecho esclavo para servirnos, para sanarnos, para limpiarnos y hoy en esta Misa  la Iglesia quiere que el sacerdote lave los pies de doce personas, como memoria de los Doce Apóstoles”.


El Papa explicó que “en nuestro corazón debemos tener la certeza de que el Señor, cuando nos lava los pies, nos lava todo, nos purifica, nos hace sentir una vez más su amor”.

A continuación, recordó un pasaje de la Escritura en el que el Profeta Isaías se pregunta: ‘¿Puede una madre olvidarse de su hijo? Pero si una madre se olvidara de su hijo yo jamás me olvidare de ti’”.

“Así es el amor de Dios por nosotros. Yo hoy lavaré los pies de doce de ustedes. Pero en estos hermanos y hermanas están representados todos, todos aquellos que viven aquí. Ustedes los representan”, dijo a los detenidos.

“Pero yo también necesito ser lavado por el Señor, por esto recen por esta Misa para que el Señor también me lave la suciedad, para que yo me haga más esclavo de vosotros, más esclavo en el servicio de la gente como ha sido Jesús”, concluyó para dar paso al lavatorio de los pies.

Intenciones del Papa Francisco para el mes de Abril de 2015



VATICANO, 31 Mar. 15 / 10:43 am (ACI/EWTN Noticias).- La Santa Sede dio a conocer este martes las intenciones de oración del Papa Francisco para el mes de abril, dedicadas a los enfermos y a los gobernantes.

La intención universal del apostolado de la oración del Santo Padre para el mes de abril de 2015 es: ''Para que los gobernantes promuevan el cuidado de la creación y la justa distribución de los bienes y recursos naturales''.

Su intención evangelizadora es: ''Para que el Señor Resucitado llene de esperanza el corazón de quienes sufren el dolor y la enfermedad''.

Programa de la Novena y Coronilla a la Divina Misericordia



“En la Misericordia de Dios el mundo encontrará la paz y el hombre la felicidad”

Viernes 3 de abril: 18.30 hs.
Por todo el género humano, en especial por los pecadores

Sábado 4 de abril: 19,30 hs.
Por las almas de los sacerdotes. 

Domingo 5 de abril: 19,30 hs.
Por todas las almas devotas y fieles. 

Lunes 6 de abril: 19,30 hs.
Por los que no conocen a Jesús en su infinita Misericordia.

Martes 7 de abril: 19,30 hs.
Por todos los cristianos.

Miércoles 8 de abril: 19,30 hs. 
Por los niños y las madres desprotegidas.

Jueves 9 de abril: 19,30 hs.
Por el Santo Padre, por los sacerdotes y las vocaciones sacerdotales y religiosas.

Viernes 10 de abril: 19,30 hs.
Por los corazones endurecidos al amor y la Misericordia de Jesús. 

Sábado 11 de abril: 19,30 hs.
Por las almas del Purgatorio. 

Domingo 12 de abril: FIESTA EN HONOR A JESÚS DE LA DIVINA MISERICORDIA.

19,00 hs.: Procesión por las calles: AVENIDA ANGELELLI, LUIS BELTRÁN, EJÉRCITO ARGENTINO, CHILE, VENECIA, PELEGRINI Y AVENIDA ANGELELLI.

20.00 hs,: Santa Misa 

“JESÚS EN VOS CONFÍO 

Misa Crismal: Homilía del Papa Francisco



VATICANO, 02 Abr. 15 / 05:50 am (ACI/EWTN Noticias).- Al celebrar la Misa Crismal hoy, Jueves Santo, el Papa Francisco recordó a los sacerdotes que “si el Señor piensa y se preocupa tanto en cómo podrá ayudarnos, es porque sabe que la tarea de ungir al pueblo fiel es dura”.

El Pontífice habló del cansancio de este ministerio, que “es como el incienso que sube silenciosamente” y pidió tener bien presente “que una clave de la fecundidad sacerdotal está en el modo como descansamos y en cómo sentimos que el Señor trata nuestro cansancio”. Además, reflexionó sobre tres tipos de cansancio: el “cansancio de la gente”, el “cansancio de los enemigos” y el “cansancio de uno mismo”.

A continuación, el texto completo de la homilía del Papa Francisco en la Misa Crismal de Jueves Santo:

«Lo sostendrá mi mano y le dará fortaleza mi brazo» (Sal 88,22), así piensa el Señor cuando dice para sí: «He encontrado a David mi servidor y con mi aceite santo lo he ungido» (v. 21). Así piensa nuestro Padre cada vez que «encuentra» a un sacerdote. Y agrega más: «Contará con mi amor y mi lealtad. Él me podrá decir: Tú eres mi padre, el Dios que me protege y que me salva» (v. 25.27).

Es muy hermoso entrar, con el Salmista, en este soliloquio de nuestro Dios. Él habla de nosotros, sus sacerdotes, sus curas; pero no es realmente un soliloquio, no habla solo: es el Padre que le dice a Jesús: «Tus amigos, los que te aman, me podrán decir de una manera especial: ”Tú eres mi Padre”» (cf. Jn 14,21). Y, si el Señor piensa y se preocupa tanto en cómo podrá ayudarnos, es porque sabe que la tarea de ungir al pueblo fiel no es fácil; nos lleva al cansancio y a la fatiga. Lo experimentamos en todas sus formas: desde el cansancio habitual de la tarea apostólica cotidiana hasta el de la enfermedad y la muerte e incluso a la consumación en el martirio.

El cansancio de los sacerdotes... ¿Saben cuántas veces pienso en esto: en el cansancio de todos ustedes? Pienso mucho y ruego a menudo, especialmente cuando el cansado soy yo. Rezo por los que trabajan en medio del pueblo fiel de Dios que les fue confiado, y muchos en lugares muy abandonados y peligrosos. Y nuestro cansancio, queridos sacerdotes, es como el incienso que sube silenciosamente al cielo (cf. Sal 140,2; Ap 8,3-4). Nuestro cansancio va directo al corazón del Padre.

Estén seguros que la Virgen María se da cuenta de este cansancio y se lo hace notar enseguida al Señor. Ella, como Madre, sabe comprender cuándo sus hijos están cansados y no se fija en nada más. «Bienvenido. Descansa, hijo mío. Después hablaremos... ¿No estoy yo aquí, que soy tu Madre?», nos dirá siempre que nos acerquemos a Ella (cf. Evangelii gaudium, 28,6). Y a su Hijo le dirá, como en Caná: «No tienen vino».

Sucede también que, cuando sentimos el peso del trabajo pastoral, nos puede venir la tentación de descansar de cualquier manera, como si el descanso no fuera una cosa de Dios. No caigamos en esta tentación. Nuestra fatiga es preciosa a los ojos de Jesús, que nos acoge y nos pone de pie: «Vengan a mí cuando estén cansados y agobiados, que yo los aliviaré» (Mt 11,28).

Cuando uno sabe que, muerto de cansancio, puede postrarse en adoración, decir: «Basta por hoy, Señor», y claudicar ante el Padre; uno sabe también que no se hunde sino que se renueva porque, al que ha ungido con óleo de alegría al pueblo fiel de Dios, el Señor también lo unge, «le cambia su ceniza en diadema, sus lágrimas en aceite perfumado de alegría, su abatimiento en cánticos» (Is 61,3).

Tengamos bien presente que una clave de la fecundidad sacerdotal está en el modo como descansamos y en cómo sentimos que el Señor trata nuestro cansancio. ¡Qué difícil es aprender a descansar! En esto se juega nuestra confianza y nuestro recordar que también somos ovejas y también necesitamos del pastor, que nos ayude. Pueden ayudarnos algunas preguntas a este respecto.

¿Sé descansar recibiendo el amor, la gratitud y todo el cariño que me da el pueblo fiel de Dios? O, luego del trabajo pastoral, ¿busco descansos más refinados, no los de los pobres sino los que ofrece el mundo del consumo? ¿El Espíritu Santo es verdaderamente para mí «descanso en el trabajo» o sólo aquel que me da trabajo? ¿Sé pedir ayuda a algún sacerdote sabio? ¿Sé descansar de mí mismo, de mi auto-exigencia, de mi auto-complacencia, de mi auto-referencialidad? ¿Sé conversar con Jesús, con el Padre, con la Virgen y San José, con mis santos protectores amigos para reposarme en sus exigencias – que son suaves y ligeras –,  en sus complacencias – a ellos les agrada estar en mi compañía –, en sus intereses y referencias – a ellos sólo les interesa la mayor gloria de Dios –?

¿Sé descansar de mis enemigos bajo la protección del Señor? ¿Argumento y maquino yo solo, rumiando una y otra vez mi defensa, o me confío al Espíritu Santo que me enseña lo que tengo que decir en cada ocasión? ¿Me preocupo y me angustio excesivamente o, como Pablo, encuentro descanso diciendo: «Sé en Quién me he confiado»(2 Tm 1,12)?

Repasemos un momento, brevemente, las tareas de los sacerdotes que hoy nos proclama la liturgia: llevar a los pobres la Buena Nueva, anunciar la liberación a los cautivos y la curación a los ciegos, dar libertad a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor. E Isaías agrega: curar a los de corazón quebrantado y consolar a los afligidos.

No son tareas fáciles, no son tareas exteriores, como por ejemplo el manejo de cosas – construir un nuevo salón parroquial, o delinear una cancha de fútbol para los jóvenes del Oratorio... –; las tareas mencionadas por Jesús implican nuestra capacidad de compasión, son tareas en las que nuestro corazón es «movido» y conmovido. Nos alegramos con los novios que se casan, reímos con el bebé que traen a bautizar; acompañamos a los jóvenes que se preparan para el matrimonio y a las familias; nos apenamos con el que recibe la unción en la cama del hospital, lloramos con los que entierran a un ser querido... Tantas emociones… Si nosotros tenemos el corazón abierto, esta emoción y tanto afecto, fatigan el corazón del Pastor.

Para nosotros sacerdotes las historias de nuestra gente no son un noticiero: nosotros conocemos a nuestro pueblo, podemos adivinar lo que les está pasando en su corazón; y el nuestro, al compadecernos (al padecer con ellos), se nos va deshilachando, se nos parte en mil pedacitos, y es conmovido y hasta parece comido por la gente: «Tomen, coman». Esa es la palabra que musita constantemente el sacerdote de Jesús cuando va atendiendo a su pueblo fiel: «Tomen y coman, tomen y beban...». Y así nuestra vida sacerdotal se va entregando en el servicio, en la cercanía al pueblo fiel de Dios... que siempre, siempre cansa.

Quisiera ahora compartir con ustedes algunos cansancios en los que he meditado.

Está el que podemos llamar «el cansancio de la gente, el cansancio de las multitudes»: para el Señor, como para nosotros, era agotador – lo dice el evangelio –, pero es cansancio del bueno, cansancio lleno de frutos y de alegría. La gente que lo seguía, las familias que le traían sus niños para que los bendijera, los que habían sido curados, que venían con sus amigos, los jóvenes que se entusiasmaban con el Rabí..., no le dejaban tiempo ni para comer. Pero el Señor no se hastiaba de estar con la gente. Al contrario, parecía que se renovaba (cf. Evangelii gaudium, 11).

Este cansancio en medio de nuestra actividad suele ser una gracia que está al alcance de la mano de todos nosotros, sacerdotes (cf. ibíd., 279). iQué bueno es esto: la gente ama, quiere y necesita a sus pastores! El pueblo fiel no nos deja sin tarea directa, salvo que uno se esconda en una oficina o ande por la ciudad en un auto con vidrios polarizados. Y este cansancio es bueno, es un cansancio sano. Es el cansancio del sacerdote con olor a oveja..., pero con la sonrisa de papá que contempla a sus hijos o a sus nietos pequeños. Nada que ver con esos que huelen a perfume caro y te miran de lejos y desde arriba (cf. ibíd., 97).

Somos los amigos del Novio, esa es nuestra alegría. Si Jesús está pastoreando en medio de nosotros, no podemos ser pastores con cara de vinagre, quejosos ni, lo que es peor, pastores aburridos. Olor a oveja y sonrisa de padres... Sí, bien cansados, pero con la alegría de los que escuchan a su Señor decir: «Vengan a mí, benditos de mi Padre» (Mt 25,34).

También se da lo que podemos llamar «el cansancio de los enemigos». El demonio y sus secuaces no duermen y, como sus oídos no soportan la Palabra, trabajan incansablemente para acallarla o tergiversarla. Aquí el cansancio de enfrentarlos es más arduo. No sólo se trata de hacer el bien, con toda la fatiga que conlleva, sino que hay que defender al rebaño y defenderse uno mismo contra el mal (cf. Evangelii gaudium, 83).

El maligno es más astuto que nosotros y es capaz de tirar abajo en un momento lo que construimos con paciencia durante largo tiempo. Aquí necesitamos pedir la gracia de aprender a neutralizar – es un hábito importante: aprender a neutralizar – : neutralizar el mal, no arrancar la cizaña, no pretender defender como superhombres lo que sólo el Señor tiene que defender. Todo esto ayuda a no bajar los brazos ante la espesura de la iniquidad, ante la burla de los malvados. La palabra del Señor para estas situaciones de cansancio es: «No teman, yo he vencido al mundo» (Jn 16,33). Y esta palabra nos dará fuerza.

Y por último – último para que esta homilía no los canse demasiado – está también «el cansancio de uno mismo» (cf. Evangelii gaudium, 277). Es quizás el más peligroso. Porque los otros dos provienen de estar expuestos, de salir de nosotros mismos a ungir y a pelear (somos los que cuidamos).

En cambio, este cansancio, es más auto-referencial; es la desilusión de uno mismo pero no mirada de frente, con la serena alegría del que se descubre pecador y necesitado de perdón, de ayuda: este pide ayuda y va adelante. Se trata del cansancio que da el «querer y no querer», el haberse jugado todo y después añorar los ajos y las cebollas de Egipto, el jugar con la ilusión de ser otra cosa. A este cansancio, me gusta llamarlo «coquetear con la mundanidad espiritual».

Y, cuando uno se queda solo, se da cuenta de que grandes sectores de la vida quedaron impregnados por esta mundanidad y hasta nos da la impresión de que ningún baño la puede limpiar. Aquí sí puede haber cansancio malo. La palabra del Apocalipsis nos indica la causa de este cansancio: «Has sufrido, has sido perseverante, has trabajado arduamente por amor de mi nombre y no has desmayado. Pero tengo contra ti que has dejado tu primer amor» (2,3-4). Sólo el amor descansa. Lo que no se ama cansa mal y, a la larga, cansa peor.

La imagen más honda y misteriosa de cómo trata el Señor nuestro cansancio pastoral es aquella del que «habiendo amado a los suyos, los amó hasta el extremo» (Jn 13,1): la escena del lavatorio de los pies. Me gusta contemplarla como el lavatorio del seguimiento. El Señor purifica el seguimiento mismo, él se «involucra» con nosotros (cf. Evangelii gaudium, 24), se encarga en persona de limpiar toda mancha, ese mundano smog untuoso que se nos pegó en el camino que hemos hecho en su nombre.

Sabemos que en los pies se puede ver cómo anda todo nuestro cuerpo. En el modo de seguir al Señor se expresa cómo anda nuestro corazón. Las llagas de los pies, las torceduras y el cansancio son signo de cómo lo hemos seguido, por qué caminos nos metimos buscando a sus ovejas perdidas, tratando de llevar el rebaño a las verdes praderas y a las fuentes tranquilas (cf. ibíd. 270). El Señor nos lava y purifica de todo lo que se ha acumulado en nuestros pies por seguirlo. Y Esto es sagrado. No permite que quede manchado. Así como las heridas de guerra él las besa, la suciedad del trabajo él la lava.

El seguimiento de Jesús es lavado por el mismo Señor para que nos sintamos con derecho a estar «alegres», «plenos», «sin temores ni culpas» y nos animemos así a salir e ir «hasta los confines del mundo, a todas las periferias», a llevar esta buena noticia a los más abandonados, sabiendo que él está con nosotros, todos los días, hasta el fin del mundo» (cf. Mt 28,21). Y por favor, pidamos la gracia de aprender a estar cansados, pero ¡bien cansados!